Es más fácil quejarse que Vender, es más fácil culpar a la Economía que preocuparse en ser buenos en lo que Vendemos.


Este post lo escribo como usuario; ¿A quién no le pasó que estando en la parada de ómnibus, el nuestro, el que esperábamos, el mismo sigue de largo – vacío – o pasa por atrás de otros ómnibus?, y luego vemos informes que la venta de boletos baja año a año; que deberían incentivarse el uso del ómnibus y que la gente no apueste a trasladarse en su auto hasta el trabajo; ¿Alguien puede medir los boletos que se pueden vender y no se venden?, no; y además vaya a quejarse a la web de esas empresas o de la IMM, es prácticamente otro trámite tan complejo que más vale dejarlo pasar. Otro ejemplo, ¿A quién no le pasó que trata de comunicarse con un Hotel y no le responden?, quiero creer que no me pasa solo a mi, pero ya leo algunos artículos periodísticos, que la temporada no será muy buena a partir de la segunda quincena de febrero; a mi me ha pasado, que trato de comunicarme con uno hotel, con otro, con otro, y no miento si digo que sólo uno cada diez responde. Es como si no les interesara vender. 

Siguiendo con el tema de los hoteles; sinceramente muchas veces me genera un sentimiento de fracaso navegar por sus web; no sólo no hay un lugar para comunicarse fácilmente (hay excepciones, sí; y justamente es en donde termino, en aquél que me atiende); y pienso: ¿Quiere comunicarse conmigo o no le interesa?, aparentemente no le interesa. Si quiero ver cuánto me costaría una estadía con mi familia, y comienzo a realizar la prueba de la reserva, pero mi familia está compuesta por el matrimonio y dos hijos, uno de los hijos es ya mayor de edad, y eso ya lo complica, porque en muchos lugares me dicen que se permite en una habitación dos adultos y hasta dos niños, ¿Y al otro hijo que es adulto, tiene que ir en una habitación aparte?, el costo se me dispara, y esos hoteles tienen habitaciones en que pueden entrar tres adultos y 1 niño, pero no hay forma de ver en el programa de reserva. Ahí pasamos entonces a la comunicación telefónica, y nuevamente se genera otro drama, quien sabe de las reservas no está en ese horario, o te dan un dato y al día siguiente si quieres volver a concretar algo que había quedado pendiente, te vuelven a cambiar el precio. Buscas tenerlo por escrito, y no te responden. Entonces optamos por ir a otro, y pasa exactamente lo mismo, uno y otro y otro, en definitiva, ¿Por qué se quejan?, si no quieren vender!!!.

Otro caso son las promociones, te llega una promoción de una tarjeta, de un banco, etc; y de pronto caes en esa tentación, cuando vas a consultar te dan un precio, y preguntas: ¿Y a ese precio hay que aplicarle la promoción de mengano?, ahhh, no – te responden – yo ya te di el precio final, es lo más barato. Entonces ya todo comienza a sonarte raro, una estafa a las ilusiones.

Pasemos a otros casos, hace poco había una promoción de Plan Recambio, en que podías comprar una heladera y te tomaban la usada, y que además tenía un destino solidario; bien, escribí tres o cuatro veces, nunca tuve una respuesta, NUNCA!!!, pero la promoción era interesante, y decidimos ir hasta un local, en persona; ya cuando entré vi una desidia total, y cuando hice una consulta sentí que molestaba más que fuese a comprar algo, una intuición me hizo pensar que lo mejor que me podía pasar, era no comprar. Y así fue. No compré nada.

Otro ejemplo reciente que me pasó, fui a un local importante, a comprar un regalo para las fiestas; lo pagué en la primer visita, y no me lo pudieron entrega (ya había pagado), ok, me prometieron que estaba al día siguiente, fui especialmente, y cuando llego al local, el producto no lo tenían a pesar de que previamente nos habíamos comunicado para ver si lo tenían, y se me dijo que sí, (seguro lo habían vendido a otro), y me pidieron que volviera al día siguiente. Con lo cual les pedí la devolución, y noté que los empleados poco les importó, les daba lo mismo si me vendían o no me vendían. Total!, no era su negocio.

Lo que quiero comentar, no son casos de frustración; sino la dejadez que uno nota cuando entra a un local a comprar, se nota claramente que el empleado que está allí no le importa realmente vender, está cumpliendo un horario, y uno trata de defender lo que va a gastar; y después nos enteramos que tal negocio se va, o que tal negocio cierra, o que no es rentable, pero es que la actitud que tienen para vender es nula y si venden es más porque la gente quiere comprar que porque ellos deseen vender.

Por eso pienso, que hay negocios; que son cautivos, en que no hay ningún mérito del que vende, que esos tienen que pagar más Impuesto a la Renta que la tasa normal.

Cr. Darío Abilleira

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