Jubilaciones de los Presidentes en Uruguay; ¿Son las más altas?; ¿Por qué pueden seguir trabajando?


Hace poco leía, que un diputado que podría haberle dado la mayoría en la Cámara Baja al Frente Amplio para lograr sacar la Ley que le pusiera un Impuesto «adicional» a las pasividades militares, no lo hizo; porque quiere un análisis más general (entre otras razones) y está dispuesto a revisar todas las Jubilaciones altas, sin importar si son de militares, o de civiles y a todas tratar de recortarlas; supongo que no por un impuesto porque otro de sus argumentos (para no dar su voto) era que ponerle un impuesto a las jubilaciones sería inconstitucional; con lo cual descartó que esa sea la vía para lograr su objetivo, sino entraría en una incongruencia; y de paso dijo que ese recorte (de las altas); su destino sería para mejorar a las jubilaciones de miseria que existen (con lo cual tendrá que dejar en la miseria a todos para tratar de darle algunos pesitos a los demás, sin lograr sacar a nadie de la miseria, lo que sí lograría es una equidad de miseria general). Y ayer, escuchaba en una entrevista al ex Presidente Julio María Sanguinetti en radio Oriental, en el programa En Perspectiva, que se define como Periodista por encima de Abogado, etc; y que seguirá publicando mientras un medio le publique sus artículos, la pregunta es: ¿Cómo puede seguir trabajando si está Jubilado?.

2017-01-03_pie-de-post_miradas

Está bien, yo no tengo nada contra él, y el tema no es tratarlo desde el punto de vista político, es más; hasta lo admiro, me encanta escucharlo, es de las pocas personas que me hace surfear en la cultura; nos lleva de la mano como si fuese fácil. Cuando él era Presidente, y citaba una vez y otra, a Ortega y Gasset, era como haber leído sus libros sin pasar las hojas, o como en esta entrevista que menciono, que de pronto en una respuesta dice que lo que él decía; estaba en la biblia cuando allí está escrito que al César lo que es del César … y claro, uno queda como atontado ante tamaño alud de sabiduría. En definitiva, no es por ahí que va este post.

El post va por el camino de pensar, ¿Por qué hay ciertas personas que todo pareciera que es fácil cuando en realidad es muy difícil jubilarse y lograr seguir teniendo ingresos, sin ser un día llamado al orden con un tirón de orejas, ya sea por el BPS o por la DGI?.

A ver, la idea no es realizar un análisis profundo de cuáles son las compatibilidades entre una pasividad y una actividad laboral, que las hay y bastantes (aunque difíciles de cumplir), sino dejar la inquietud planteada, ¿Para qué?, para en otra oportunidad encararlo con mayor profundidad o seguir aprendiendo.

La primer regla, es que la compatibilidad, es la de que si uno trabaja ante distintas Cajas, por más que se jubile de una, puede seguir trabajando por la otra. Por ejemplo, la que es muy común, es ser Jubilado Policial o Militar, y luego trabajar amparado ante BPS, es totalmente legal.

Después existe la compatibilidad mismo dentro del BPS, algo que es difícil de entender para quienes no conocen la historia de la unificación de Cajas, pero puede ser Peón Rural y estar Jubilado por Industria y Comercio.

Y la otra gran compatibilidad con la mayoría de los casos, es la actividad docente.

Volvamos al caso del Presidente, yo supongo que está Jubilado por el BPS (después compartiré unos artículos que dicen que sí), con lo cual, podría seguir trabajando siempre que su actividad sea docente, pero él dice que publica libros, y que es Periodista. Si lo hace honorariamente, todo lo anterior y lo que sigue, no tiene sentido porque estaría perfecto, sin problema ninguno, ¿Lo hará honorariamente?, quizás sí, así como yo hago este blog gratis, es probable que lo haga honorariamente. Pero si cobra, no lo puede hacer por el BPS. ¿Cómo lo hará?

Él dice que es Periodista, pero su Profesión es la de Abogado, supongo que realizó los aportes en la Caja de Jubilaciones Profesionales, en este mismo blog, hay un post, en que puse un video de Marylin Monroe cantándole el feliz cumpleaños al Presidente de EE.UU. JF Kennedy, en que habla de una ley interpretativa de que si un Profesional aportaba por dos períodos consecutivos en la décima categoría, y se jubilaba, podía seguir desarrollando su actividad como profesional, de forma dependiente. Fue el caso del Presidente actual, que siguió trabajando en La Española, ejerciendo como Médico.

Entonces podría ser (es todo un ejercicio teórico), en que el Ex Presidente Sanguinetti, esté aportando como dependiente ante el BPS, en cada oportunidad que vende un artículo periodístico; de lo contrario no podría estar trabajando.

Volviendo al tema de las Jubilaciones altas, ¿Los Presidentes no tienen sus Jubilaciones topeadas como todos los demás?; antes no la tenían, pero hoy sí la tienen; justamente no serían los que tendrían las Jubilaciones más altas (los futuros, desde Tabaré Vázquez, a Mujica). Lo que sí no sé, es el caso del actual Presidente, si estaba Jubilado y luego es electo Presidente, ¿Renuncia a la Jubilación?, ¿Hay alguna norma que diga que un Presidente puede ser un Jubilado?, no lo sé; me encantaría saberlo.

Miren, les voy a compartir estos artículos, unos son de Uruguay, y otro del Presidente de EE.UU, que es muy interesante para comparar:

Artículo que no se publica porque tiene una aclaración sobre «derechos reservados», pero pueden ir a verlo pinchando el link.

http://www.180.com.uy/articulo/6464

Picardías políticas profesionales

Publicado el Domingo 6 abril de 2014

Emilio Cafassi

Varias han sido las expresiones e iniciativas cuestionadoras de la magnitud salarial de los políticos tanto en sus inserciones estatales como civiles, que no pueden desconocerse por el hecho de que no hayan obtenido resultados prácticos institucionales.

Las hay amplias e ingenuas, como la preocupación por los “costos de la democracia”, que expresa en cuatro palabras -epidérmicamente untadas por el sentido común- varias falacias. Entre ellas, que la democracia se reduciría al ejercicio de cargos por parte de profesionales, negando las múltiples alternativas de distribución del poder en el demos, hasta la propia noción de “ahorro” que por oposición a “costo” se cuela en la aserción, sugiriendo implícitamente variantes más autoritarias y concentradoras aún de tal poder. También otras más ceñidas, como las que retoman el rescate marxiano de la experiencia comunera de 1871 en París, que restringía los salarios al de un obrero. O, para no ir tan lejos, como formularon los profesores secundarios uruguayos el año pasado cuando propusieron la equiparación de los sueldos parlamentarios al de un docente grado uno, cosa que representaba algo más de un 10% de tal sueldo. Algunos incluso proponían extenderlo a todos los cargos políticos de organismos y entes del Estado.

La respuesta de Gandini, diputado del conservador partido blanco, no se hizo esperar: “No estoy dispuesto a ganar ese sueldo ($ 14.305 contra los $ 116.713 que recibía); la verdad que me dedicaría a otra actividad, no puedo mantener a mi familia con ese dinero”, afirmó al portal “librementeuruguay”. El caso uruguayo tiene además particularidades contrastantes, porque por ejemplo a nivel departamental, cobran salarios los intendentes y todo su gabinete (el ejecutivo municipal), pero no así los ediles (el legislativo) que cumplen sus funciones ad-honorem. Lo mismo sucede en las ciudades y/o circunscripciones capitalinas, donde perciben salarios los alcaldes, mientras los concejales lo hacen también honorariamente. Pero para mensurar las tasas de desigualdad (cualquier magnitud dividida por cero -tal el caso de los ad-honorem- nos da infinito) no se trata de remuneraciones simbólicas sino bastante jugosas, como surge del sinceramiento del diputado citado, que cree que en vez de haber ganado una elección para representar conciudadanos, ganó un concurso para un puesto ejecutivo en una multinacional, donde si no le pagan bien, se va a buscar a un mejor postor. En términos aproximados, un legislador recibe una retribución mensual que supera los US$ 6.000 y en el caso del presidente de la asamblea legislativa, los US$ 10.000, con algunos rubros insólitos en la composición de todos los parlamentarios como partidas para compra de diarios y publicaciones de más de US$ 750 (¿no hay una hemeroteca en el congreso?).

Uno de los argumentos más generalizados en defensa no solo de la profesionalización de los políticos, sino particularmente de sus altos estipendios, es el que sostiene que la reducción de ellos estimularía la corrupción. La experiencia fáctica de países con altos niveles de corrupción estructural (casi todos los latinoamericanos) no solo no lo demuestra, sino que sugiere exactamente lo contrario. En Argentina, por ejemplo, prácticamente todos los políticos notorios, salvo algunas excepciones, son millonarios, cualquiera sea su origen social o su inserción en poderes del Estado u organizaciones civiles como los sindicatos. Y también sus salarios son siderales comparativamente con la media laboral. Por poner un ejemplo, el político y sindicalista Barrionuevo también se sinceró en pleno auge del neoliberalismo menemista, con una célebre frase que hasta hoy se recuerda en ese país, cuando sostuvo en televisión que, para solucionar los problemas argentinos: “tenemos que tratar de no robar por lo menos dos años”. También se recordará en Perú el caso del aristocrático periodista Jaime Bayly, quien supo tener aspiraciones presidenciales, aunque le preocupaba el magro salario presidencial que rondaba los US$ 6.000. Cuando recibió en su casa al por entonces presidente Alan García, a quien finalmente denunció, el mandatario pretendió tranquilizarlo ante la modestia salarial diciéndole que “en el cargo, si uno no es cojudo, la plata llega sola”. A diferencia del atesoramiento de formas físicas de la riqueza material, la dineraria no tiene límites subjetivos ni prácticos que limiten su codicia, ni tampoco que exhiban sus magnitudes.

El flagelo de la corrupción es un fenómeno complejo y pluricausal al que, como mínimo, las altas remuneraciones tienden a recubrir de una primera pátina ideológico-explicativa a los altos estándares de vida de los políticos. O en otros términos, ayudan a velar la corrupción aportando cierta justificación ideologizada de la meteórica escalada social ascendente de una buena parte de ellos. Entre las variables que le otorgan tal complejidad, interviene la ética (o su ausencia) del propio político, el grado de cultura cívica e intransigencia de la sociedad para con esta plaga, los niveles de control en los diferentes poderes del Estado (particularmente el judicial y su independencia), la generación de instrumentos de transparencia de la gestión pública que con las tecnologías actuales puede llegar a ser sumamente extensivo y eficaz, entre varias otras menores. Y también obviamente los institutos del régimen político que alienten o limiten la autonomía de los dirigentes respecto a sus dirigidos.

En cualquier caso, mi intención es poner a discusión la profesionalización de la política, con o sin corrupción. No necesariamente todos los casos suponen un accionar corrupto sino que pueden explicarse por los mismos enormes privilegios de la “clase política” y las picardías para valerse de ellos, haya o no corruptela. El hilarante caso del ex presidente uruguayo Lacalle es un buen ejemplo. El actual presidente Mujica, entonces oponente en la disputa presidencial, expresó directamente que Lacalle “puede hacer la donación de la jubilación (…) si quiere le hacemos una ley pero no precisa. Tiene toda la cancha abierta para donar. Le hacemos una medallita, no hay problema. Yo lo acompaño, si salgo presidente esté tranquilo que lo voy a donar (…) Ahora, él lo puede hacer ya porque él fue presidente” (como siempre Mujica, personalizando en lugar de instituir). ¿Cuál fue la respuesta que recibió?: “Si él puede hacerlo que lo haga, yo no porque es el único ingreso que tengo”. Pero lo cierto es que no solo sus ingresos, sino buena parte de su patrimonio también se deben a sus servicios como mandatario. Cuando declaró sus bienes, al igual que todos los candidatos presidenciales, lo que informó al semanario “Búsqueda” fueron 2,5 millones de dólares, lo cual duplicaba la sumatoria de todos los bienes de los otros tres postulantes. De hecho, en la elección interna previa de su propio partido, el diputado Ramírez lo acusó de haber incrementado su patrimonio en un millón de dólares en un año y medio. Lacalle explicó este incremento en base a su capacidad de ahorro durante su gobierno, “porque el Presidente gasta solo en farmacia y vestimenta, y tiene la posibilidad de ahorrar todo su sueldo, 10 mil dólares por mes”. Supongamos que así sea y le haya permitido comprar su mansión en el coqueto barrio de Carrasco en Montevideo (son unos US$ 600.000 en 5 años de mandato que en los años 90 permitían adquirir imponentes residencias). La ecuación cierra en todo sentido. Dado que el privilegio de tener un sueldo enteramente ahorrable le permitió adquirir y habitar un palacio, ahora necesita de una pensión de millonario para mantenerlo. Lo que no cierra tanto es que si además de otras propiedades urbanas declaró un campo de casi 1.000 hectáreas con forestación, 403 cabezas vacunas y 674 de lanares, no obtenga alguna renta de ello. ¿El ganado es para autoconsumo y los eucaliptos -que con subsidios y exenciones alentó plantar en Uruguay- son para echarse a su sombra?

En Uruguay las privilegiadísimas jubilaciones presidenciales (85% del salario del presidente, las más altas que paga el Estado) las impuso la dictadura hasta ser derogadas en el 96 durante la segunda presidencia de Sanguinetti. Pero curiosamente la percibe el propio Sanguinetti, también mediante la manganeta de acogerse a ella por su primer período, además de Lacalle (quien ejerció antes de la derogación e inclusive la ignoraba) y Batlle que encontró una perrería distinta: como tenía causal jubilatoria abierta como ex senador en el 95 pudo acogerse al beneficio de la jubilación anticipada al dejar de ser presidente, en el año 05. Apeló legalmente a un instrumento que ya estaba derogado pero vigente cuando inició su jubilación. ¿Quiénes son sus beneficiarios? No casualmente, los tres presidentes posdictatoriales (todos de derecha) previos al gobierno progresista. Y también las cobraron los presidentes genocidas de la dictadura.

Los perjuicios de la profesionalización de la política, además de las múltiples expropiaciones de potenciales decisiones que el propio régimen político les concede, son tan evidentes como diversificados, más allá de la economía. Sin embargo, no se concluye que la limitación marxiana o la propuesta de los profesores uruguayos sea necesariamente la alternativa a ello. Pero el debate preciso requiere de otra nota. La víctima es siempre la ciudadanía.

http://www.republica.com.uy/picardias-politicas-profesionales/446538/

Nota del blog: El tono, y conceptos del artículo periodístico, no son compartidos, pero están publicados porque así figura en la web, pueden ir al link a confirmarlo; pero ante tan poca información que existe del tema, lo que aporta es interesante con respecto a las Jubilaciones de los Presidentes.

Cuánto gana el presidente de Estados Unidos y cuánto cobrará de pensión Barack Obama

El salario presidencial se actualizó apenas cinco veces en la historia de Estados Unidos

8 de noviembre de 2016

El salario del presidente de los Estados Unidos es fijado por ley del Congreso y fue modificado apenas cinco veces desde la Independencia en 1776 hasta hoy. La última modificación fue realizada en 1999 y entró en efecto en 2001.

En ese momento, hace 15 años, el salario anual del presidente se duplicó, al saltar de los 200 mil a los 400 mil dólares. Además, de acuerdo con la misma ley, el ocupante de la Casa Blanca recibe otros USD 50 mil de viáticos, USD 100 mil para viajes y USD 19 mil para entretenimiento. Eso es lo que les corresponderá a partir de enero próximo a Hillary Clinton o Donald Trump.

Mientras que, de acuerdo con el acta de ex presidentes de 1958, los mandatarios que dejan su cargo reciben una pensión de por vida equivalente al salario de la categoría 1 del Poder Ejecutivo. En este momento, son USD 205.700 al año. Eso es lo que perciben hoy los cuatro ex presidentes vivos: Jimmy Carter, George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush.

Por último, las viudas de los ex presidentes reciben una pensión simbólica de USD 20 mil al año.

http://www.infobae.com/america/eeuu/2016/11/08/cuanto-gana-el-presidente-de-estados-unidos-y-cuanto-cobrara-de-pension-barack-obama/

Bienvenidos! Me encanta que participen; los Comentarios no son directos ya que debo filtrar los que son agresivos o dan datos de terceros o realizan denuncias. Deben ser Comentarios del artículo (por favor, así queda integrado, que otros puedan leer todo del mismo tema), si es por otro asunto, pueden realizar una consulta por Formulario que está en el Menú (arriba). Un gusto. Cr. Darío Abilleira

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.