Ley 19438 articulo 164 – Dividendos Fictos. ¿Es un activo o es un impuesto?. Respuesta: No se considera ni activo ni pérdida


La última reforma tributaria, la del año 2006 que comenzó a regir el 1/07/2007; tuvo como principales argumentos el de simplificar; el de la equidad, que pague más quien más tiene y otros como ser que debíamos modernizarnos porque los extranjeros no nos entendían; etc. Y bueno, ni esto último se ha logrado porque nadie nos entiende; lo de la Equidad ya está más que demostrado que no es cierto, al punto que el principal impuesto recaudador es el IRPF y por último, tampoco es cierto que sea más sencillo. Y la última Rendición de Cuentas, se encargó de ponerle la frutilla al sistema, dejándolo sumamente complejo. Pero no termina ahí, lo mínimo que uno desearía es tener explicaciones técnicas, y lo del título del Post, fue dicho en la Interpelación que hizo el Senador Larrañaga al titular del MEF, hay que leerlo, se las comparto más abajo.

2017-01-03_pie-de-post_miradas

En esta oportunidad, no haré el análisis del Artículo 164 de la Ley 19438; pero sí lo compartiré, sólo para que lo miren, si quieren a distancia nada más, es UN ARTÍCULO, y es tan largo que ya de por sí, habla de la complejidad.

Artículo 164 – Agréganse al Título 7 del Texto Ordenado 1996, los siguientes artículos:

«ARTÍCULO 16 BIS. (Dividendos y Utilidades Fictos).- La renta neta fiscal gravada por el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE) que al cierre de cada ejercicio fiscal presente una antigüedad mayor a tres ejercicios, será imputada como dividendos o utilidades fictos en el tercer mes del ejercicio siguiente al del cómputo del referido plazo. A tales efectos, las pérdidas fiscales de ejercicios anteriores no se considerarán integrantes de la renta neta fiscal.

El importe de los dividendos y utilidades fictos gravados surgirá de deducir de la renta neta fiscal acumulada a partir de ejercicios iniciados desde el 1° de julio de 2007, determinada según lo establecido en el inciso anterior, el monto de las siguientes partidas:

i) Los dividendos y utilidades gravados a que refiere el apartado i) del inciso primero del literal C) del artículo 27 del presente Título, que se hubieran devengado, hasta el cierre del último ejercicio fiscal del contribuyente del IRAE.

ii) Los dividendos y utilidades fictos determinados de conformidad con el presente artículo, que se hubieran imputado hasta el cierre del último ejercicio fiscal del contribuyente del IRAE.

iii) El monto de las inversiones realizadas por el contribuyente del IRAE en participaciones patrimoniales de otras entidades residentes, en activo fijo e intangibles, desde el primer ejercicio de liquidación del referido impuesto hasta el cierre del último ejercicio fiscal, siempre que se identifique al enajenante.

iv) El incremento en el capital de trabajo bruto del contribuyente del IRAE, resultante de la comparación entre el saldo al cierre del último ejercicio fiscal y el del primer ejercicio de liquidación del referido impuesto ajustado por el Índice de Precios del Consumo (IPC) hasta dicho cierre. El referido incremento no podrá superar el 80% (ochenta por ciento) del monto a que refiere el numeral anterior. A estos efectos se considerará capital de trabajo bruto la diferencia entre el valor fiscal de los saldos de créditos por ventas e inventario de mercaderías corrientes, menos el pasivo corriente.

Cuando en el ejercicio en que se hayan efectuado las referidas inversiones o en los tres siguientes, se enajenen los bienes que dieron origen a la referida deducción, deberá computarse en la renta neta fiscal acumulada determinada de acuerdo al presente inciso, el importe equivalente a la inversión previamente deducido.

En ningún caso el importe gravado podrá superar los resultados acumulados al cierre del ejercicio fiscal del contribuyente del IRAE, deducido el monto a que refiere el apartado ii) del inciso anterior. A tales efectos, el concepto de resultados acumulados comprenderá a las ganancias y pérdidas contables acumuladas sin asignación específica, a las reservas legales, a las estatutarias y en general a todas aquellas creadas de acuerdo al artículo 93 de la Ley N° 16.060, de 4 de setiembre de 1989.

Se considerarán, asimismo, comprendidas en dicho concepto las capitalizaciones de resultados acumulados, así como cualquier otra disminución de los resultados acumulados que no determine una variación en el patrimonio contable del contribuyente del IRAE, que se hayan verificado a partir del 1° de enero de 2016.

Los dividendos y utilidades fictos estarán gravados en la proporción que corresponda a cada socio o accionista de acuerdo a lo dispuesto en el contrato social o en la Ley N° 16.060, de 4 de setiembre de 1989, en su defecto.

Se incluye en el concepto de dividendos y utilidades fictos gravados a la renta neta fiscal gravada obtenida por contribuyentes del IRAE, que cumpla las condiciones establecidas en el inciso primero, cuando los socios o accionistas, sean contribuyentes de dicho impuesto. Los referidos dividendos y utilidades fictos serán imputados directamente a las personas físicas residentes que participen en el capital de los referidos socios o accionistas, en la proporción correspondiente a su participación en el patrimonio, considerando la entidad que realizó la primera imputación. Dicha entidad deberá comunicar a los referidos socios o accionistas, el importe del impuesto pagado por este concepto. En este caso, los referidos socios o accionistas contribuyentes del IRAE, al realizar el cálculo de dividendos o utilidades fictos, deducirán el importe ya imputado a las personas físicas por la entidad que realizó la primera imputación.

A los solos efectos de lo dispuesto en el inciso anterior, los dividendos y utilidades a que refiere el literal M) del artículo 52 del Título 4 del Texto Ordenado 1996, se considerarán rentas gravadas por el IRAE.

Exceptúase del cómputo a que refiere el inciso primero, a la renta neta fiscal obtenida por las sociedades personales y entidades unipersonales, que en el ejercicio fiscal que le dio origen, los ingresos no superen el límite a que refiere el inciso quinto del literal C) del artículo 27 del presente Título.

Quedan excluidos de la determinación de los dividendos y utilidades fictos, los contribuyentes del IRAE y del Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios, cuyas acciones coticen en Bolsas de Valores habilitadas a operar en la República.

El presente régimen regirá a partir del 1° de marzo de 2017.

ARTÍCULO 16 TER. (Cómputo de las retenciones por Dividendos y Utilidades Fictos).- Los pagos realizados por el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas por los dividendos o utilidades fictos a que refiere el artículo anterior, serán imputados al impuesto generado por los dividendos o utilidades a que refiere el apartado i) del inciso primero, del literal C) del artículo 27 del presente Título, debiendo el responsable designado retener el impuesto por la diferencia resultante entre ambos conceptos en caso que corresponda. De resultar un excedente, el mismo será imputado al impuesto correspondiente a futuras distribuciones de dividendos o utilidades a que refiere dicho apartado i)».

Ahora veamos la Interpelación y les marcaré con color la parte en que se explica que esto no es ni un activo ni una pérdida … upsss!!!, mejor paso directo a compartirlo:

N.º 26 – TOMO 554 – 4 DE AGOSTO DE 2016

REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

DIARIO DE SESIONES

DE LA

CÁMARA DE SENADORES

SEGUNDO PERÍODO DE LA XLVIII LEGISLATURA

26.ª SESIÓN EXTRAORDINARIA

PRESIDEN EL SEÑOR RAÚL SENDIC Presidente EL SEÑOR GUILLERMO BESOZZI Primer vicepresidente y EL SEÑOR GERMÁN COUTINHO Tercer vicepresidente

ACTÚAN EN SECRETARÍA LOS TITULARES, JOSÉ PEDRO MONTERO Y HEBERT PAGUAS, Y LA PROSECRETARIA SILVANA CHARLONE

Concurren: el señor ministro de Economía y Finanzas, Cr. Danilo Astori; el señor subsecretario, Cr. Pablo Ferreri; el presidente del BCU, Ec. Mario Bergara; el director de la OPP, Cr. Álvaro García; el subdirector de la OPP, Cr. Martín Dibarboure; el director de la Asesoría Macroeconómica, Ec. Andrés Masoller; el director de la Unidad de Presupuesto, Ec. Michael Borchardt, y el asesor Ec. Martín Vallcorba.

Para consultar las presentaciones exhibidas en sala: Senador Dr. Jorge Larrañaga – Ministro de Economía Cr. Danilo Astori

SUMARIO

1) Texto de la citación

2) Asistencia

3) Asuntos entrados

4) Pedido de informes

– El señor senador García solicita se curse un pedido de informes con destino al Ministerio de Salud Pública, relacionado con la utilización de la denominación de dicho ministerio.

  • Oportunamente fue tramitado.

5) Inasistencias anteriores

– Por secretaría se da cuenta de las inasistencias registradas a las últimas convocatorias.

6) y 8) Llamado a sala al señor ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori

– De acuerdo con lo resuelto oportunamente, el Senado lo recibe en régimen de interpelación.

– Exposición del señor senador Larrañaga, manifestaciones del señor ministro, e intervenciones del señor subsecretario, contador Pablo Ferreri, y de varios señores senadores.

– Los integrantes de la bancada del Frente Amplio presentan una moción declarando su beneplácito por las explicaciones del señor ministro y reiterando el total respaldo a su gestión y la de su equipo económico, y los señores senadores de la oposición presentan otra moción declarando insatisfactorias las explicaciones brindadas por el señor ministro, contador Danilo Astori.

  • Se vota afirmativamente la moción presentada por los integrantes de la bancada de gobierno.

7) Solicitudes de licencia e integración del Cuerpo

– El Senado concede las licencias solicitadas por los señores senadores Lacalle Pou y Delgado.

– Quedan convocados los señores senadores Saravia y Argimón.

9) Levantamiento de la sesión

1) TEXTO DE LA CITACIÓN

«Montevideo, 2 de agosto de 2016

La CÁMARA DE SENADORES se reunirá en sesión extraordinaria el próximo jueves 4 de agosto, a las 10:00, al amparo de lo dispuesto por el artículo 119 de la Constitución de la república y de los artículos 47 y siguientes del Reglamento del Senado, a fin de recibir al señor ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori, a los efectos de informar y responder sobre política económica, finanzas públicas, política tributaria y tarifaria, empresas públicas, modificaciones proyectadas sobre el sistema impositivo y proyecto de ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al ejercicio 2015.

Hebert Paguas Secretario – José Pedro Montero Secretario».

2) ASISTENCIA

ASISTEN: los señores senadores AgazziAlonsoAmorínArgimónAristimuñoAviagaAyalaBerterrecheBianchiBordaberryCamyCarámbulaCardosoDe LeónDelgadoGarcíaHeberLacalle PouLarrañagaMartínez HuelmoMicheliniMieresPassadaPaternainPaysséPintadoSaraviaTopolanskyTourné y Xavier.

FALTAN: con licencia, los señores senadores MoreiraMujica y Otheguy, y a partir de las 19:00, los señores senadores Delgado y Lacalle Pou.

3) ASUNTOS ENTRADOS

SEÑOR PRESIDENTE.- Habiendo número, está abierta la sesión.

(Son las 10:03).

–Dese cuenta de los asuntos entrados.

(Se da de los siguientes).

SEÑOR SECRETARIO (Hebert Paguas).- «El Poder Ejecutivo remite un mensaje por el que solicita la venia correspondiente, de conformidad con lo establecido en el artículo 168 numeral 13 de la Constitución de la república, a fin de designar en el cargo de fiscal letrado adjunto a la doctora María Cristina Falcomer Guillama.

–A LA COMISIÓN DE ASUNTOS ADMINISTRATIVOS.

El Ministerio de Economía y Finanzas remite respuesta del Banco de Seguros del Estado a un pedido de informes solicitado por el señor senador Sebastián da Silva el 15 de junio de 2016, relacionado con la adquisición de vehículos oficiales durante el período 2010-2016.

–OPORTUNAMENTE FUE ENTREGADA AL SEÑOR SENADOR DA SILVA.

El Ministerio de Relaciones Exteriores remite respuesta a un pedido de informes solicitado por el señor senador Pedro Bordaberry, relacionado con los límites de la plataforma continental uruguaya.

–OPORTUNAMENTE FUE ENTREGADA AL SEÑOR SENADOR BORDABERRY.

El presidente de la Cámara de Senadores comunica que el señor senador Pedro Bordaberry participará como delegado de sector ante la Comisión de Asuntos Internacionales, en representación del Partido Colorado.

–TÉNGASE PRESENTE.

La Junta Departamental de Cerro Largo remite copia de la versión taquigráfica de las palabras pronunciadas por el señor edil Emilio Domínguez, relacionadas con las disposiciones previstas en el proyecto de ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al ejercicio 2015, con respecto a los sueldos de los militares retirados y pensionistas.

–OPORTUNAMENTE FUE REMITIDO A LAS COMISIONES DE ASUNTOS LABORALES Y SEGURIDAD SOCIAL, DE CONSTITUCIÓN Y LEGISLACIÓN, DE DEFENSA NACIONAL, DE HACIENDA Y DE PRESUPUESTO.

4) PEDIDO DE INFORMES

SEÑOR PRESIDENTE.- Dese cuenta de un pedido de informes.

(Se da del siguiente).

SEÑOR SECRETARIO (Hebert Paguas).- «El señor senador Javier García, de conformidad con lo establecido en el artículo 118 de la Constitución de la república, solicita se curse un pedido de informes con destino al Ministerio de Salud Pública, relacionado con la utilización de la denominación de dicho ministerio.

–OPORTUNAMENTE FUE TRAMITADO».

(Texto del pedido de informes).

5) INASISTENCIAS ANTERIORES

SEÑOR PRESIDENTE.- Dando cumplimiento a lo que establece el artículo 53 del Reglamento de la Cámara de Senadores, dese cuenta de las inasistencias a las anteriores convocatorias.

(Se da de las siguientes).

SEÑOR SECRETARIO (Hebert Paguas).- A la sesión ordinaria del 3 de agosto faltó con aviso la señora senadora Alonso.

6) LLAMADO A SALA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA Y FINANZAS, CONTADOR DANILO ASTORI

SEÑOR PRESIDENTE.- El Senado ingresa a la consideración del único punto del orden del día: recibir, al amparo de lo dispuesto por el artículo 119 de la Constitución de la república y de los artículos 47 y siguientes del Reglamento del Senado, al señor ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori, a los efectos de que informe y responda sobre política económica, finanzas públicas, política tributaria y tarifaria, empresas públicas, modificaciones proyectadas sobre el sistema impositivo y proyecto de ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al ejercicio 2015.

Se invita al señor ministro a ingresar a sala.

(Ingresan a sala el señor ministro y el señor subsecretario de Economía y Finanzas).

–Bienvenido, señor ministro.

En uso de la facultad que le otorga el artículo 119 de la Constitución de la república, la Cámara de Senadores tiene el agrado de recibir al señor ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori.

Antes de comenzar, solicitamos al señor ministro que nos indique los nombres de las personas que lo acompañarán en sala.

SEÑOR MINISTRO.- Gracias, señor presidente.

Solicito al Cuerpo la autorización para que ingresen a sala el presidente del Banco Central, economista Mario Bergara; el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, contador Álvaro García, y nuestros asesores, los economistas Andrés Masoller, Martín Vallcorba y Michael Borchardt.

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar la autorización que acaba de solicitar el señor ministro.

(Se vota).

–25 en 26. Afirmativa.

El Senado invita a pasar a sala a los señores asesores que acompañarán al señor ministro de Economía y Finanzas.

(Ingresan a sala los asesores).

–Como sabe el señor ministro, a partir de una propuesta realizada por el señor senador Larrañaga, esta cámara ha resuelto convocarlo a los efectos de que informe y responda sobre la política económica, las finanzas públicas, la política tributaria y tarifaria, las empresas públicas, las modificaciones proyectadas sobre el sistema impositivo y el proyecto de ley de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al ejercicio 2015.

Corresponde ceder el uso de la palabra, en primer lugar, al miembro interpelante, señor senador Larrañaga.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Muchas gracias, señor presidente.

Agradezco la presencia del señor ministro de Economía y Finanzas y de todos sus asesores –que conforman una amplia e importante delegación–, así como también, y muy especialmente, a mi partido y a los demás integrantes de la oposición por respaldar la realización de esta interpelación.

Antes que nada, queremos aclarar que, por lo menos en la primera intervención que realizaremos, no concederemos interrupciones.

Hemos decidido ejercer este derecho porque interpelar a un ministro es interpelar al Gobierno: es el instrumento que tiene la oposición para velar, a su entender, por los derechos de la gente en democracia; es un acto republicano que no se puede menospreciar con la etiqueta de la discusión vacía e inconducente; es la institucionalidad que cimienta la democracia, y es trasladar a la opinión pública la verdad del Gobierno y la verdad de la oposición. No es un torneo de palabras –por más que se van a decir muchas– ni una competencia de agravios, sino la aplicación de la Constitución de la república que, en el marco de las diferencias más acentuadas, nos permite progresar, aun en la dureza de las distintas posiciones y de adjetivos terminantes, sobre el hacer de los gobernantes.

Los Gobiernos deberían saber que en democracia aprenden más de la crítica que de la lisonja; del cuestionamiento que del palmoteo compañero, y de la aceptación de los errores que de la pertinaz y obstinada repetición de los mismos. El político convive entre lo políticamente correcto y el deber y, porque muchas veces actúa en función de lo primero, se equivoca y no cumple con lo segundo.

Señor presidente: me importa que esta interpelación arroje información a nuestros empleadores, que son los ciudadanos. Me importa que en el libre juego de las instituciones y la democracia, el país y la gente sepan de qué se trata. Este es un acto de responsabilidad ciudadana que me permito ejercer como legislador.

Hemos pedido esta interpelación en virtud de la situación económica por la que atraviesa el país y, en particular, para analizar y discutir con el equipo económico el ajuste fiscal incorporado en el proyecto de ley de rendición de cuentas que está a consideración del Parlamento.

Paradójicamente, a nuestro modo de ver, el señor ministro no ha sido convocado solo por haberse equivocado, sino también por hacer las cosas que considera que están bien. Es su idea de éxito lo que nos lleva a interpelarlo, porque algunos de sus éxitos para nosotros son un fracaso. En definitiva, fue convocado porque es la cara de un proyecto que democráticamente consideramos se está agotando, está entrando en una peligrosa pendiente, barranca abajo. Hemos venido a interpelar el modelo, un proyecto que se basa en la voracidad impositiva y en el sobregiro del gasto público, desatando procesos complejos de inflación y, por supuesto, endeudamiento. Consideramos que este sistema no resiste y que, tarde o temprano, está llamado a implosionar. Ese modelo del cual el señor ministro es símbolo técnico y político, a nuestro modo de ver desnuda que fracasó porque, en definitiva, tal proyecto no ha logrado satisfacer ni solucionar los grandes problemas nacionales: la educación, el trabajo, la seguridad, la salud, el desarrollo del interior y la inserción internacional, entre otros. Por lo tanto, no es el despilfarro, no son las «Pluna», las «Ancap» o los demás fracasos puntuales –que han colaborado– los que nos colocan en esta situación. Hay algo más general: es el propio modelo del Frente Amplio el que está cuestionado, y tenemos el legítimo derecho de cuestionarlo.

Ustedes vienen haciendo estos ajustes por distintas vías, sin reconocer que no está siendo un proyecto viable en el mediano y largo plazo. Cuando se pinchó el globo, se frenó el proyecto y es claro por qué nos encontramos en esta instancia.

A nuestro juicio, han basado su proyecto de poder en colonizar el Estado, aumentar el gasto, subsidiar la pobreza y no estimular el trabajo. Se han focalizado en impulsar el consumo y no en apoyar a la producción. Sofocan la iniciativa privada, porque la siguen viendo con desconfianza. Están olvidando al individuo para centrarse en una visión colectivista. Han convivido y se han dejado ganar por los empujes populistas que ahora se precipitan por la confesa lucha de poder interna de la fuerza política oficialista.

Ustedes tenían, señor presidente, una enorme responsabilidad. Me consta que, para muchos uruguayos, su proyecto fue el último refugio de esperanza. Muchos uruguayos los vieron como el último muro para creer en los políticos y en la política como instrumento. Y están desencantando, defraudando y, lo que es peor, han trampeado, generando engaño en muchos uruguayos que creyeron en sus promesas.

Ahora queremos presentar algunos números que, a nuestro juicio, son prueba irrefutable de esta situación. En la gráfica que se está proyectando se puede observar cómo creció el PIB anualmente. La economía creció un 79 % desde 2004. Se podrá observar, asimismo, que la tasa de crecimiento del PIB en 2005 alcanzó el 7,5 %; en 2008 llegó al 7,2 %; en 2010 fue de 7,8 %, y en 2012 comenzó el declive, siendo los porcentajes 3,5 %, 4,6 %, 3,2 %, hasta llegar al 1 % en 2015.

Los ingresos del sector público, en ese mismo período, pasaron de USD 3.842:000.000 en 2004 a USD 15.547:000.000 en 2015. Asumieron el gobierno con un déficit de 1,9 % con relación al PIB en el año 2004 y, luego de todos estos años de crecimiento económico, nos encontramos con un déficit de cuatro puntos del PIB, lo que equivale a USD 2.000:000.000, y se proyecta para 2016 un déficit de 4,3 % del PIB.

La siguiente gráfica –que representa el déficit, expresado en millones de dólares, en función del producto– es por demás demostrativa: 1,9 % en 2004, que representaba USD 262:000.000; USD 451:000.000 en 2008; USD 543:000.000 en 2009; USD 1957:000.000 en 2014. Casualmente, en la proximidad del año electoral, crece y crece.

En los lineamientos del Poder Ejecutivo para la rendición de cuentas de 2006 se expresó: «Este Gobierno se ha comprometido a llevar adelante una política fiscal responsable que persigue metas estrictas y transparentes, orientadas a conservar la estabilidad de nuestra economía». Eran palabras, señor presidente, del Gobierno, de su Gobierno.

Diez años después, crecimiento económico de por medio, aquella responsabilidad se tradujo en un ajuste fiscal de, por lo menos, USD 460:000.000. Al menos esa es la estimación inicial del Gobierno. Como siempre, con el correr del tiempo, los aumentos de impuestos terminan siendo mucho más onerosos para la población de lo que al principio se anunciaba. Por ejemplo, en ocasión de la reforma tributaria, se estimaba que se iba a recaudar 2,07 % del PIB, y ahora se recauda 2,8 % por concepto de IRPF. Si se observa el PIB de 2015, esa diferencia de 0,73 %, por menor que parezca, representa USD 350:000.000. ¡Pavada de diferencia!

Las estimaciones son simplemente eso, estimaciones, y si consideramos las que tienen que ver con los impuestos, parecería que nunca favorecen a los contribuyentes. A esta altura, vamos a recordar algunas cosas porque hoy, cuando aquel futuro es presente, podemos decir que aquellas metas distan mucho de haberse concretado.

En el texto del Presupuesto 2010-2014, bajo la presidencia del hoy senador Mujica, en un párrafo contundente, a manera de resumen, se expresaba: «En síntesis, la propuesta presupuestal que se presenta es consecuente con el contenido del Plan de Gobierno y responsable –recalco “y responsable”– en la medida en que afronta los desafíos planteados en función de los recursos disponibles. Se diseña el Presupuesto nacional, por ende, con disciplina y con la preocupación por asegurar un uso adecuado de los recursos disponibles».

Más adelante, se señala: «Las metas fiscales de programación que sustentan el Presupuesto implican un resultado global del sector público de -0,7 % del PIB en 2015, de forma de alcanzar una reducción de la deuda a niveles cercanos a 40 % del PIB en dicho año». Esas eran las estimaciones.

El 2015 llegó, señor presidente, y aquel -0,7 % de déficit asociado a una política fiscal responsable y consistente resultó en un 3,6 % de déficit con relación al PIB. Aquella deuda del 40 % del producto cerró, en 2015, en 58,6 % del PIB. Ahora es de USD 30.326:000.000, o sea, un 58,7 %.

Veamos otras gráficas correspondientes a las metas del déficit del sector público contenidas en el Presupuesto de 2010 confrontadas con la realidad, con lo que pasó efectivamente. Esas fueron las metas y estos son los números. Meta y déficit, aunque diría «meta déficit», porque esta es la disonancia que aconteció. Obsérvese la separación: 2012, 2013, 2014 y 2015. En 2015 el resultado fue cinco veces peor que la meta, con USD 1.500:000.000 de diferencia.

¿Qué pasó, señor presidente? ¡¿Qué pasó?! ¿Fue la crisis de Brasil? ¿La de China? ¿Fue Cristina? ¿Fue Ancap? ¿Fue Pluna? ¿Fueron todas esas cosas juntas? Si 0,7 % era responsable, 3,6 % tiene un solo nombre: irresponsable. Ahora sí, todo junto: irresponsable. Se comprueba la irresponsabilidad de la conducción económica del Gobierno.

El ministro interpelado, señor presidente, le explicó a la población que no imaginaba que la profundización de la crisis en Brasil, en 2014, tendría el impacto que tuvo. Se había prometido otra cosa: en la campaña electoral el presidente dijo: «No más impuestos», pero en 2015 prácticamente se vio sorprendido y por eso ahora estamos donde estamos, discutiendo un ajuste fiscal. ¡¿Cómo sorprendido?! Si el interpelado ha sido el protagonista fundamental del gobierno económico, si su equipo ha estado timoneando las financias nacionales, si el señor ministro Astori fue ministro de Economía y Finanzas del primer Gobierno del Frente Amplio del doctor Vázquez, vicepresidente de la república en el Gobierno del hoy senador Mujica, responsable en ese período del equipo económico, y ahora vuelve a ser ministro de Economía y Finanzas.

Estimo, señor presidente, que el ministro interpelado ya no es más infalible. Expreso con toda franqueza que hoy no es garantía de nada porque, repito, prometieron otra cosa. Ya quedó atrás la campaña electoral en la que Vázquez decía «No proyectamos más impuestos en el horizonte». Me parece verlo en su móvil, desde la ventana diciendo eso. Bueno, en ese paisaje había neblina, mucha neblina, y el horizonte estaba difuso, borroso.

El Gobierno del señor ministro hizo promesas que hoy incumple y yo creo que el incumplimiento de las promesas no es poca cosa, porque involucra el incumplimiento de la palabra. Dijeron que no iban a aumentar impuestos, se afirmaron en ello, pero en mayo de 2015, cuando fue convocado por el señor senador Lacalle Pou para ver las perspectivas económicas, el señor ministro reafirmó en esta misma sala el compromiso que hoy incumple. El ministro dijo: «Desde ya contesto una de las preguntas: no tenemos pensado –a la inversa, si podemos haremos lo contrario– aumentar la presión fiscal sobre los uruguayos». Esto fue lo que se dijo hace un año en este Parlamento.

Hoy tenemos este impensado y sorpresivo, pero quizá premeditado, ajuste. Más aún, señor presidente: hay algo que nos llena de sorpresa. Después de doce años de crecimiento económico apareció la luz en el camino. Esa luz, señor presidente, es este ajuste. Sin embargo, para fortuna de los contribuyentes y al saber del Gobierno este es un ajuste bueno, un ajuste redistributivo. ¡Bienvenido! ¡En el Uruguay los ajustes fiscales ahora son buenos! ¡Festejen uruguayos y uruguayas! ¡Festejen! ¡Llegaron los ajustes buenos! ¡Paradoja! Tendría que sonar una corneta; yo me acuerdo de la corneta. Paradoja: ¡qué increíble lo que el tiempo logra!

Continúo: escuchen lo que el Ministerio de Economía y Finanzas de aquel entonces expresaba textualmente en la rendición de cuentas del ejercicio 2008: «Esta responsabilidad fiscal, junto al adecuado manejo de la deuda –y fíjense qué maravilla lo que viene–, es lo que permite en la actualidad no ser procíclicos ante la profunda crisis que viene caracterizando a la economía internacional desde hace varios meses –prepárense para lo que sigue–, evitando tener que recurrir a los tradicionales ajustes fiscales implementados por los Gobiernos anteriores». Este párrafo tendría que haber dicho: «Los tradicionales ajustes fiscales de los Gobiernos anteriores y los que implementarán los Gobiernos compañeros».

Me gustaría que en algún momento se nos explicara a qué responsabilidad fiscal aludía, pero sobre todo quisiera saber si en la oportunidad de cambio de mando, en el 2010, se le dejó algún apuntecito –un post it aunque más no fuera– al ministro Fernando Lorenzo, algún recordatorio de que por aquellos años la economía internacional se caracterizaba por una profunda crisis. Quisiera saber, señor presidente, si el actual equipo económico sigue considerando responsable a la gestión fiscal del Gobierno anterior. ¡Bueno, ya sabemos la respuesta! Cada tanto entran en fuego amigo y en cruce de reproches, unos calificando al Gobierno anterior y otros haciéndose los distraídos. Pero bueno, por ahora la dejo por ahí.

El tema es que en el medio de ese fuego amigo están los contribuyentes uruguayos. A partir del 2008, y como consecuencia de lo ocurrido en el sistema financiero uruguayo, la economía mundial, y sobre todo el desempeño de las economías avanzadas, generaron una enorme inestabilidad y volatilidad, como suelen decir los economistas. ¡Ese clima debería haber obligado al Gobierno a ser prudente! Ustedes mismos alertaban sobre la crisis internacional; sin embargo, les faltó prudencia. Y, a la vista de los resultados, hubo imprevisión, negligencia y también, por qué no, desprecio por la plata de la gente, por el manejo de las finanzas públicas.

¡Por eso son los números y los resultados los que interpelan al Gobierno! Los números no son de izquierda o de derecha; podrán ser manejados para un lado o para el otro, pero son concluyentes en demostrar, señor presidente, que fueron irresponsables e imprudentes.

Un ejemplo clarísimo de que no hubo prudencia fue la gestión de las empresas públicas. Uno de los símbolos fue la gestión de Ancap: USD 850:000.000 de pérdidas. No contamos la deuda con la Dirección General Impositiva. Si ustedes piden a la sociedad que pague, por lo menos, USD 335:000.000 más de impuestos, yo no tengo más remedio que recordarles que ustedes perdieron, solo con Ancap –¡solo con Ancap!– USD 850:000.000. No hablemos de Pluna, ¿no? No hablemos de Pluna.

Vuelvo al tema, a poner sobre la mesa la falta de coordinación y control del Gobierno anterior sobre las inversiones de las empresas públicas, sobre sus gastos. Esto ha sido reconocido en forma reiterada por el equipo económico. El señor ministro Astori expresó en una entrevista radial, el 8 de julio de 2015, que hubo «falta de coordinación en las inversiones». Salió en todos los medios. ¡En todos los medios salió esto! ¿Y dónde estaba el hoy ministro de Economía y Finanzas mientras «faltaba coordinación en las inversiones»? ¡Era el vicepresidente de la república y era el conductor del equipo económico que llevaba los números del país!

De nuevo voy a leer otro párrafo del Presupuesto 2010-2014 que ustedes mismos escribieron y que no cumplieron. Miren lo que dice el Presupuesto 2010: «El resultado de las empresas públicas constituye un componente fundamental de las cuentas públicas y, por tanto, también es tenido en cuenta a la hora de determinar la capacidad de gasto». ¡Ustedes decían esto! ¡No lo estoy inventando! Sigo leyendo: «Las políticas de ingresos y gastos de las empresas públicas condicionan el espacio fiscal disponible para la concreción de las prioridades del Plan de Gobierno. Por lo tanto, resulta esencial que las mismas asuman compromisos firmes, creíbles y compatibles con la programación económica y financiera que sirve de base al Presupuesto nacional». Fin de la cita.

Mire, señor presidente, si yo me pongo en los zapatos del señor ministro de Economía y Finanzas, entiendo. ¡El párrafo no era claro! No era claro. Le exigieron «compromisos firmes, creíbles y compatibles con la programación económica y financiera». Lo que nunca le dijeron era si tenía que tener ganancias o pérdidas. Eso nunca se lo dijeron.

Y obvio, señor presidente: a medida que se iban viendo las cartas sobre la mesa, las empresas públicas hicieron su juego. «Si la mano viene de fiesta, no vamos a ser menos que nadie», habrán dicho. Entonces, claro: en el 2010 se fijaron como meta llegar a un déficit de 0,7 % del producto para el 2015, pero al final terminaron en el descarrilamiento absoluto de un 3,6 % del PBI.

La conducta que determinó el desorden en las finanzas públicas en el Gobierno anterior no fue casualidad, ¡no fue un accidente!; fue responsabilidad del Gobierno, de la fuerza política oficialista, de todos ustedes. Porque acá se presentó un presupuesto que se votó, y año tras año, en medio de la peor crisis internacional –dicho por ustedes mismos–, cuando venía la rendición de cuentas proponiendo llenar nuevos espacios fiscales, es decir gastar, ustedes, todos, la votaban. ¿Y saben qué? De tanto llenar espacios fiscales, ahora imponen un ajuste a la población para llenar el vacío fiscal que dejaron. Es más, ¡se peleaban por llenar el espacio fiscal! ¡Como ahora! Como ahora.

El espacio fiscal se llamaba y se llama déficit. Ahora bien, hay que reconocerlo: tienen algo bueno, como muchas otras cosas buenas. No voy a entrar en la tesis de negar toda la gestión ni todos los resultados, porque no sería justo con lo que uno piensa. Pero tienen algo bueno aparte de eso: ustedes escriben todo, lo que van a hacer y lo que no van a cumplir. Esa es una característica.

¡Ya en 2005 definieron cómo iban a usar las rendiciones de cuentas! Decían: «Además de revisar la ejecución presupuestal del año precedente, las rendiciones de cuentas serán concebidas como oportunidades para corregir errores, superar vacíos que se vayan detectando». ¡Escuchen qué particular definición de ahorro! Decían que uno de los criterios fundamentales de formulación del Presupuesto podría ser definido como el premio al ahorro al permitir la utilización de las economías generadas en proyectos de inversión a ejecutar en el ejercicio siguiente. Dicho de otra manera: lo que ahorro este año, lo gasto de más el año que viene. ¡Eso no es ahorro! ¡Eso es calesita! ¡Es «bicicletear»! ¡Tendrían que haber ahorrado! ¡Tendrían que haber ahorrado para cuando fuera necesario! Esa línea de conducta se siguió a lo largo de los años, señor presidente. ¡El Frente Amplio ya lleva tres Presupuestos! ¡Tres Presupuestos! La justificación para usar las rendiciones de cuentas como ajustes al alza del Presupuesto en el primer período del Frente Amplio era la de atender la salida de la crisis de 2002. Hablaremos después sobre la efectividad o no de esas políticas, pero lo cierto es que esa era la justificación. ¡Pero lo que no se puede comprender es lo que hicieron en el período 2010-2014 porque el mundo estaba frenando su crecimiento! Uruguay –por suerte para todos– siguió creciendo, pero el mundo veía frenar su crecimiento y la región estaba llena de luces amarillas. ¡Y ustedes lo sabían! Por eso entiendo que hubo una conducta deliberada y equivocada de llevar el gasto público más allá de los límites que la prudencia y la responsabilidad aconsejaban.

Sería temerario si expresara o creyera que el equipo económico de aquel entonces no tenía la capacidad de darse cuenta de que esos años de crecimiento y de desacople se iban a terminar. ¡El asunto es que actuaron como si nada ocurriera! ¡Fíjense, por ejemplo, qué pasó con la asignación presupuestal de 2014! Vamos a ver una gráfica.

En el Presupuesto nacional de 2010 preveían un incremento del gasto –¡fíjense!– de USD 1.150:000.000 para el año 2014, pero con las rendiciones sucesivas lo llevaron, mediante incrementos, a USD 1.445:000.000, o sea USD 295:000.000 por encima de lo previsto originalmente. ¡Miren la gráfica! El Presupuesto de 2010 preveía un gasto de USD 1.150:000.000, pero las sucesivas rendiciones de cuenta lo fueron incrementando: la de 2010, en más USD 70:000.000; la de 2011, en más USD 150:000.000 y la de 2012, en más USD 75:000.000.

El eufemismo del espacio fiscal terminó en lo que sabemos: ¡el desquicio de las cuentas públicas! ¡El mundo venía como venía y ustedes le metían leña a la caldera a tambor batiente! Así es cómo culminó esta síntesis, no porque la coyuntura empeorara rápida y sorpresivamente, como se nos dice ahora, sino porque mientras esas cosas iban pasando, el Gobierno aumentaba y aumentaba el gasto.

¡Miren esto! La rendición de cuentas correspondiente al ejercicio 2011 y aprobada en 2012, decía: «Las proyecciones de crecimiento de la economía mundial se vienen ajustando sistemáticamente a la baja debido al recrudecimiento de la crisis de la zona euro, la lenta recuperación de Estados Unidos y la desaceleración de la economía china». Decían esto, a la vez que en esa misma rendición de cuentas, el Gobierno, como vimos, aumentó el gasto en USD 150:000.000 para el 2014. ¡Esto es falta de criterio, de diligencia de buen padre de familia!

Se aumentó el gasto al tiempo que se reconocía y se corregían las proyecciones a la baja de la economía mundial. En aquella ocasión, tal cual profesor en una tarima, tal cual un padre de familia dice a su hijo, desde el Ministerio de Economía y Finanzas se le decía a la población –lo cito textualmente–: «La experiencia reciente de los países desarrollados, particularmente de algunas economías europeas, enseña –¡enseña!, decían– que las expansiones de los desequilibrios fiscales y financieros no son sostenibles en el tiempo y luego requieren dramáticas medidas para revertir la situación». ¡Pero escuchen qué gran enseñanza nos dejaba el Ministerio de Economía y Finanzas además de lo anterior! Agregaban: «Por otro lado, la opción de aumentar impuestos y recortar severamente el gasto público en coyunturas recesivas tampoco ha probado ser la solución». ¡Esto se afirmaba desde el Ministerio de Economía y Finanzas!

Quiere decir que los ajustes de los Gobiernos anteriores al Frente Amplio eran nefastos. ¡Los ajustes de los países desarrollados no eran la solución! Entonces, me pregunto y pregunto al ministro: la tinta con la que está escrito este ajuste que hoy discutimos, ¿está hecha con agua bendita? Bueno, en realidad ha existido una bendición para este ajuste: la del Fondo Monetario Internacional. ¡Cómo se diluyen los principios!, ¿no?

Vean esto: en el diario La República, del 13 de febrero de 2003, el hoy presidente de la república dijo al Fondo Monetario Internacional que «rechaza ajustes fiscales y privatizaciones». En esa publicación se decía: «Vázquez por su parte explicitó la postura de la izquierda uruguaya. En particular el “rechazo a los ajustes fiscales que promueve el FMI, que siempre pagan los mismos, los trabajadores”». Qué maravilla, ¿no? ¿Habrá cambiado el fondo? ¡¿Habrá cambiado el fondo, esa colección de burócratas internacionales con sueldos altísimos que viajan en primera y que nos vienen a decir a los uruguayos y a los países subdesarrollados lo que tenemos que hacer?! ¿Y cuando se equivocan? ¡No pasa nada! ¿Es que el fondo se habrá transformado en un «Fondo Monetario Internacional Progresista»? ¡Es el mismo fondo que hoy felicita el ajuste del Frente Amplio! También le hace otras recomendaciones, ¿no?, sobre lo que pasa en la educación, etcétera.

Señor presidente: el Reglamento prohíbe hacer alusiones y por eso no voy a hacer referencia a ellos con nombre y apellido, pero aquí hay senadores de todos los sectores del Frente Amplio. Y entonces me pregunto qué sentirán. ¿Orgullo? ¿Satisfacción? ¿Identificación ideológica? ¿Qué sentirán con este reconocimiento explícito del Fondo Monetario Internacional? Lo concreto es que van a votar, ¿no? ¡Sí, van a votar! Van a hacer discursos en contra, van a levantar cortinas de humo y van a acudir a una enorme injusticia para que aplaque los fuegos artificiales del ajuste fiscal –este ajuste fiscal bendito que hoy tenemos, redistributivo–, pero van a votar. ¡Fantástico! Todos los senadores del Frente Amplio –seguramente vamos a ser testigos– van a votar este ajuste. Si antes tenían dudas, ya podrán votar tranquilos porque el Fondo Monetario Internacional dijo que era lo que el país necesita: un ajuste directo a los trabajadores. Este es un ajuste que utiliza como variable de ajuste a los trabajadores y a la educación. Esa es la variable de ajuste que se utiliza en esta rendición de cuentas.

Recuerdo que en la sesión en la que se votó el Tratado de Protección de Inversiones con Estados Unidos, un senador de la bancada de gobierno se retiró de sala para no verse obligado a votar en contra, y dejó en esa zona una flor roja como señal de desacuerdo. Ante ese gesto, que todos tenemos muy presente, muy vívido, les propongo que el día que haya que aprobar este ajuste bendecido por el Fondo Monetario Internacional, a los efectos de expiar las culpas, celebremos la sesión en el Rosedal del Prado; entonces, ahí habría una suerte de bendición colectiva. Todo esto parece sacado de la película El baño del papa, ¿se acuerda cómo terminó la película, señor presidente? Por eso se nos impone la pregunta: ¿este ajuste, en el universo de los ajustes, es la excepción? ¿Es el único bueno, sano y saludable? Por lo que venimos de ver, el responsable de esto ha sido el Gobierno al cabo de sus once años de gestión. Este punto es indiscutible, y eso a mi criterio condiciona la necesidad del ajuste, porque un ajuste implica –tal como implica este– un importante incremento en los impuestos sobre los trabajadores, empresarios y comerciantes de este país. Lo que sí es necesario hacer es una corrección en la trayectoria de las finanzas públicas; hay que recomponerlas. Pero la velocidad de esa recomposición es discutible, a menos que lo que se busque sea solamente dar una señal a las calificadoras de riesgo para evitar la pérdida del grado inversor. Me llama la atención que se plantee este ajuste y que al mismo tiempo que le piden ese esfuerzo a la población uruguaya, lo usen para ofrecerlo a la comunidad internacional al momento de solicitar un nuevo endeudamiento, como pasó a mediados del mes de julio. El objetivo debe ser reactivar la economía, y no se reactiva poniendo impuestos.

Tenemos una enorme duda con respecto a la calidad del ajuste. Uno como este, en el que se suben los impuestos en, por lo menos, USD 335:000.000, se postergan gastos y se bajan cerca de USD 40:000.000, no es bueno; nunca puede ser bueno. Además, es un ajuste abierto. ¿Por qué es abierto? Porque no sabemos cuánto produce la recaudación respecto a algunos cambios, por ejemplo, en las pérdidas fiscales de ejercicios anteriores, en el IRAE, en los sueldos fictos patronales y liquidación ficta del IRAE, en el ajuste por inflación, en dividendos y utilidades fictas, en el IRPF e impuesto a la renta de los no residentes, en utilidades de empresas unipersonales y de sujetos prestadores de servicios personales, en el IRPF, en las tasas para las jubilaciones, que no vendrán en este paquete, pero vendrán la semana que viene. La recaudación de estos rubros se podrá determinar con la implementación, pero seguramente superará con creces los USD 335:000.000. Seguro que este es un cálculo a favor de la Administración, como siempre hemos asistido a lo mismo.

Quiero que el señor ministro nos explique cuánto espera recaudar por cada uno de estos cambios que, sin ninguna duda, van a ser decenas de millones más –¡sin ninguna duda!–, porque siempre le erran en beneficio de la Administración y en perjuicio de los contribuyentes.

Pasemos al grueso del ajuste. En lo que respecta al pago del IRPF, se observa un muy importante aumento en general. Cuando hay hijos, ese pago es superior al 35 % y tiene dos vertientes: el aumento de las tasas y la caída de las deducciones, pero en el caso de las deducciones es particularmente perverso, porque porcentualmente castiga mucho más a los salarios bajos y a las familias con más hijos.

El cuadro que está en pantalla es ilustrativo. Para una persona que tiene dos hijos a cargo, cuyo salario nominal es de $ 35.000 –o sea que en la mano percibe $ 27.600–, o de $ 41.000 –cobrando en la mano $ 32.300–, el 100 % del aumento del impuesto corresponde a la caída en las deducciones permitidas. Y para esa persona que gana $ 35.000 –o sea, $ 27.600 líquidos–, el impuesto se multiplica por más de 3, llegando a aumentar un 206,7 %. Y quien gana $ 41.000 –o sea, menos de $ 32.300 líquidos–, le sube un 34,8 %.

Si tomamos otro sueldo, vemos cómo el aumento porcentual es más o menos igual que para este salario de $ 41.000, pero la incidencia de las deducciones cae. Por ejemplo, una persona que gana $ 40.000 nominales al mes –o sea, $ 31.500 en la mano– y tiene dos hijos, tendrá un aumento del 36 % del IRPF al año; y si tiene 4 hijos pagará $ 5000 cuando hasta ahora no pagaba.

En el caso de una familia con dos hijos con un ingreso de $ 40.000 –repito, son $ 31.500 en la mano–, si tributa como núcleo familiar, va a tener un aumento del 147 %. Con esto queda probado que quienes tienen más hijos tendrán más aumento de IRPF. Incluso, teniendo Uruguay tasas de IRPF relativamente bajas, las familias uruguayas pagan más impuestos que familias de otros países que tienen tasas más altas. Además, queda claro que, porcentualmente –más allá de lo que veremos más adelante–, es falso que el ajuste termine recayendo más sobre las personas con mayores ingresos, porque en todo caso en todos los niveles salariales recae parejo.

En una estimación global, con un dólar a $ 31, el aumento de recaudación sería –según algunos cálculos–: IRPF por aumento de tasas, USD 221:000.000; IRPF por caída de deducciones, USD 117:000.000; IASS –cuando venga–, USD 30:000.000; lo que hace un total de USD 368:000.000, ahí ya hay una brecha.

El pasado 27 de junio el economista Isaac Alfie escribió una columna en el suplemento Economía y Mercado, en la cual quedaba claro que por cada $ 100 por encima de los $ 50.100 –o sea, $ 40.190 líquidos– que una persona con algún hijo a cargo ganara, el Estado recibirá el 51,28 %, y quien realmente genera la riqueza se quedará con menos del 49 %. Repito: por cada $ 100 por encima de los $ 50.100 del salario que recibe una persona, entre IRPF, aporte jubilatorio, Fonasa, Fondo de Reconversión Laboral y aporte patronal, le reportará más al Estado que a quien trabaja. ¡Eso es un disparate! ¡Es, verdaderamente, un disparate!

Está claro que tal como está diseñado el impuesto a la renta de las personas físicas en Uruguay, es un impuesto a los ingresos y no a la renta, que recae con enorme fuerza sobre los salarios medios. No podemos aceptar lo que se dice en la exposición de motivos en cuanto a que el mínimo no imponible es elevado con relación a la estructura de ingresos del país, pero también resulta elevado en la comparación internacional. Tampoco es aceptable la comparación que en ella se hace. ¿Por qué digo esto? Por tres motivos. Los valores que se utilizan son relativos al producto per cápita pero, con costos similares, importan los valores absolutos y no relativos. Yendo a los motivos, primero: si el costo de vida es el mismo en Alemania, en Estados Unidos o en Uruguay, importa poco el nivel relativo al ingreso a partir del cual empezamos a pagar impuestos; importa el valor absoluto. Segundo: en todos los países los umbrales para el pago de la franja son calculados sobre salarios netos, o sea, el bruto que se gana menos todas las deducciones, y acá se abona básicamente sobre el salario bruto. Este punto es relevante porque aquí se gravan los sueldos nominales mientras que en otros países se habla de netos, con lo cual no solo no tiene nada que ver una cosa con la otra, sino que es mucho peor, ya que en los países en los que el impuesto a la renta es serio, las deducciones se descuentan de las tasas más altas y aquí se lo hace de las tasas más bajas. Es más, ahora se descontarán de tasas menores que la mínima puesto que, en general, pasan al 8 % cuando la tasa mínima es del 10 %. Tercero: las deducciones en todos los países son mucho mayores que en el Uruguay. Sin ir más lejos, en Argentina, difícilmente una persona con dos hijos y sin familiares a cargo –que pueden declararlos– pague un solo peso por IRPF con un salario nominal inferior a los $ 75.000 uruguayos. Aquí, alguien que gana un salario de $32.000 ya paga el impuesto. A su vez, las deducciones por hijos son mayores; hay complementos como familia, intereses pagos sin límites y gastos en personal doméstico, salud, educación, etcétera. En otros países como, por ejemplo, Estados Unidos, se deduce hasta la cuota del auto y, por supuesto, la cuota íntegra del préstamo para la vivienda; no es como aquí, donde las limitaciones que se establecen para deducirla lo hacen casi una quimera.

Lo cierto es que en Uruguay cualquier mortal paga más del doble de IRPF que otra persona en algún país de la región. Entonces, con estos cambios se desnaturaliza el impuesto a la renta; no se tiene en cuenta debidamente la capacidad contributiva de las familias sino que, por el contrario, se las afecta.

El próximo aumento será el del IASS. No está acá ni tampoco en el proyecto de ley de rendición de cuentas que se aprobó en la Cámara de Representantes, pero ese aumento llegará la semana que viene. Estoy diciendo todo esto porque impacta en los trabajadores y no en las empresas.

Analicemos lo relativo al IRAE, porque se afecta el salario de la gente pero también a la empresa. En este impuesto se hacen modificaciones que se pueden agrupar en distintos aspectos: aumento implícito y sin límite de la tasa real del impuesto al eliminar el ajuste por inflación, cobro retroactivo del impuesto del 7 % a la distribución de utilidades y no deducciones del salario patronal. A continuación veremos todo esto en detalle.

Lo primero que se hace es eliminar el llamado ajuste por inflación en la liquidación del impuesto. El proyecto de ley de rendición de cuentas venía con la yapa de que eso se hiciera por decreto, con facultad del Poder Ejecutivo; ¡es una barbaridad!, que fue modificada en la Cámara de Representantes. La nueva redacción establece que el ajuste dispuesto solamente se realizará en aquellos ejercicios en que el porcentaje de variación del índice de precios al consumo, cuyo aumento en los treinta y seis meses anteriores al cierre del ejercicio que se liquida, supere el 
100 %. ¡100 %! Pero ¡es un seguro enorme! ¿No les parece que es un seguro altísimo para no aplicar un ajuste por inflación en el IRAE? Quiere decir que si no hay escenarios de altísima inflación, el empresario tiene que absorber este ajuste. Esta es la realidad: con este cambio, en situaciones de inflación como la actual, para las empresas con estructuras de capital sanas, la tasa efectiva del IRAE, pasará del 25 % a una cifra del orden del 33 %. Si la inflación llega al 15 % –¡ojalá que no!–, la tasa se acercaría al 40 % y, además, a esta tasa hay que adicionarle dos impuestos: el IRPF sobre la distribución de utilidades –que ahora se pone ficto, se hayan distribuido o no–, que es del 7 % sobre el remanente, y la tasa del impuesto al patrimonio que, en el fondo, es un adicional al impuesto a la renta.

Entonces, cuando en el resto del mundo, las tasas del impuesto a la renta de las empresas están en caída y el impuesto al patrimonio no existe –o es muy bajo, porque es un impuesto a la renta pero ciego–, sin embargo, aquí, en casos de tasas de inflación alta, podemos llegar a una tasa cercana al 50 %. Inglaterra acaba de bajar el impuesto a la renta de las actividades empresariales al 15 %, y acá «les damos bombo pa’ arriba».

Señor presidente: este cambio significa una alteración muy importante de las reglas de juego, y pronto veremos otras. Eliminar el ajuste por inflación fue una de las dos medidas más importantes que tomó el Gobierno argentino a principios de la década de los 2000; la otra, imponer detracciones a las exportaciones.

Otro cambio que se impone es el cobro del 7 % sobre las utilidades no distribuidas de las empresas; repito: ¡7 % sobre las utilidades no distribuidas de las empresas! Esta medida, señor presidente, es un abuso tributario, impropio del Uruguay. Mire, señor ministro: si esto fuera Venezuela o la Argentina kirchnerista, no sorprendería, pero lamentablemente se impone a Uruguay. Se le está imponiendo al Uruguay un populismo tributario en este aspecto. Es un enorme error. Se crea una ficción –lo que es de muy mala técnica tributaria– y encima esa ficción no tiene ninguna razonabilidad. En su defensa, el Gobierno dice que si el dinero se invirtió, no se cobra. ¡Es correcto! Pero limita el concepto de inversión exclusivamente a la inversión en capital físico o en la compra de alguna licencia. Hay un universo de opciones que se dejan por fuera de la ficción. Por ejemplo, si la empresa redujo pasivos –le pagó al banco o canceló otras deudas– o aumentó su saldo en los bancos para estar más fuerte. En estas situaciones es notorio que no aumentó su cartera de crédito en la calle, pero igual se cobra.

A su vez, hay un enorme error conceptual. Si alguien tiene un patrimonio de $ 1000 y la inflación es del 10 %, cuando llegue fin de año, si su patrimonio no es de $ 1100, quiere decir que en términos del poder de compra habrá perdido. Entonces, si la empresa no retiene de su utilidad $ 100, se descapitaliza. Esos $ 100 ni siquiera son utilidad porque meramente compensan la pérdida de valor que el capital sufre por la inflación. Ahora bien, ¡se le cobraría un impuesto a la utilidad sobre algo que no lo es! Les pongo un ejemplo para que se entienda. Supongamos que una empresa que ganó $ 1:000.000 entre 2007 y 2014 –hagamos una ficción, como le gusta al Gobierno–; que como resultado neto fiscal y contable tiene menos de un millón de pesos y como resultado 2015-2016 tiene 0. Esa empresa, por encontrarse en expansión, utilizó la totalidad de lo que ganó para comprar más mercadería, para abastecerse. Le pregunto, señor ministro: ¿qué debe hacer para pagar este nuevo impuesto? ¿Ir a un banco y pedir un préstamo para pagar un impuesto que no había considerado porque pasaron 7 años? ¿O debe reducir en un 7 % su capital de trabajo? ¡Esto pega también en el trabajo! ¿Qué pasa si la empresa, además de su capital propio, pidió un préstamo y el banco le exigió que no distribuya dividendos a fin de compartir los riesgos de crecimiento y que la empresa esté sólida para afrontar las garantías en la devolución del dinero? Son cláusulas típicas de los bancos o de los contratos de PPP. ¿Qué le decimos? ¿Que vayan al ministerio a preguntar, a reclamar?

Veamos otra situación. A esa misma empresa que ganó un millón de pesos entre 2007 y 2014 y se le obliga a pagar 7 %, en 2017 pierde $ 500.000 y en 2018, $ 500.000. ¿Cómo hace esa empresa que no distribuyó dividendos para recuperar los $ 70.000 que pagó y que no le hubiera correspondido pagar de no haberse hecho retroactivo este ajuste al 2007? ¿¡Cómo hace!? ¿Y qué pasa si se cambia la titularidad de la empresa?

Esta medida, señor presidente, no existe –por lo menos que yo conozca– en ningún lado serio del mundo. No existe. El ministro sabe que esto, en los hechos, es una suba de la tasa en 7 %, pero no se sincera. Es un aumento tácito del IRAE que paga la empresa en una tasa del 7 % de la renta neta fiscal. Es claramente un impuesto que la empresa debe absorber, y no el accionista, porque no dispone de los fondos, y que termina siendo una carga adicional del IRAE. Esto es un ajuste encubierto, señor ministro. Usted nuevamente está dando señales peligrosas, de consecuencias muy gravosas e imprevisibles. Yo pido disculpas al Cuerpo por detenerme en este punto, pero sucede que es extremadamente grave porque no es serio ni constitucional.

Entiendo que el Gobierno considere lo contrario. En la comisión de la Cámara de Representantes se requirió la opinión de destacados tributaristas. Yo analicé y seguí lo que se dijo y lo voy a citar porque las cosas son claras. Acudieron al presidente del Instituto Uruguayo de Estudios Tributarios, doctor Sebastián Arcia; al grado 4 de la Cátedra de Derecho Financiero, doctor Andrés Blanco, y al grado 3 de Derecho Financiero, doctor Mario Ferrari, quienes han respaldado la opinión a favor de la constitucionalidad.

Yo procuré también asesorarme. Acudí al grado 5 en Derecho Tributario, doctor José Luis Shaw. Quienes somos abogados conocemos el peso jurídico de la opinión de este maestro del derecho tributario; es grado 5. Él me expresó de manera inequívoca, contundente, que esto es inconstitucional. Se los traslado: esto es inconstitucional. Esto está mal. ¡Lo que está mal, está mal! ¡Lo que empieza mal termina mal! Esta medida afecta el principio de seguridad o certeza jurídica que integra el artículo 72 de la Constitución de la república, y es allí donde ingresa el criterio de la irretroactividad.

Por su parte, el artículo 147 del proyecto de rendición de cuentas, el actual 161 según la numeración que se aprobó esta madrugada en la Cámara de Representantes, también vulnera el artículo 8.º de la Constitución de la república. El supuesto contribuyente, accionista o socio no tiene capacidad contributiva, señor presidente. El accionista no posee capacidad contributiva porque no tiene un activo. No tiene ningún derecho de crédito de dividendos, dado que el accionista o socio no posee ni jurídica ni económicamente derecho al dividendo hasta que la sociedad resuelva su distribución. Debe tenerse presente que las rentas por dividendos y utilidades se consideran devengadas cuando el órgano social competente haya resuelto su distribución.

Con su proyecto, señor ministro, se comenzarán a gravar con IRPF a tasas del 7 % los dividendos y utilidades fictos, por más que el órgano social competente no haya resuelto la distribución de dividendos. En definitiva, de ser el accionista el contribuyente, se estaría gravando –reitero– una capacidad contributiva inexistente. Claramente, con la existencia de la ficción, en este caso se excedió el texto constitucional dado que mediante presunciones absolutas no puede crearse o suponerse una capacidad contributiva que, reitero, no existe. Además, es claro que el nuevo contribuyente es la sociedad y no el accionista, y respecto de ello esto es retroactivo. De la realidad surge que no estamos en presencia de un responsable por deuda ajena sino de un contribuyente, que es la sociedad sujeto pasivo de IRAE, y no el accionista supuestamente previsto.

En este marco, dado que lo único que se somete a gravamen es una renta acumulada, se está aplicando la norma retroactivamente, obligando a reliquidar el IRAE ya pago por la sociedad. Existe jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia que señala que reliquidar hacia atrás un IRAE ya pago es inconstitucional. A nuestro entender, es una aberración jurídica la designación de un contribuyente como responsable, teniendo ese responsable el derecho de repetición; se está ocultando al verdadero contribuyente: la empresa. Y el derecho de repetición, por tanto, es también un grosero error jurídico. El socio accionista no posee crédito ni activo alguno contra la sociedad; solo posee un activo, que son sus acciones, pero no un crédito por dividendos. El aumento patrimonial por la existencia de resultados acumulados se ve reflejado en el valor patrimonial proporcional de las acciones de la sociedad, pero no en utilidades cuya decisión de distribución es inexistente.

(Ocupa la presidencia el señor Guillermo Besozzi).

–Asimismo, debemos recordar que, según criterios contables establecidos en el marco conceptual para la preparación y presentación de los estados financieros, el activo se define como un recurso controlado por la entidad como resultado de sucesos pasados, del que la entidad espera obtener en el futuro beneficios económicos.

Por lo tanto, la definición de activo muestra que el socio o accionista no posee un crédito contra la sociedad. No existe activo ya que no se aprobó la distribución de dividendos, no se dio el suceso pasado y, en consecuencia, no se tiene derecho legal a exigir a la sociedad el cobro de ningún monto por dividendos. No se van a recibir beneficios futuros. Aquí se avanza sobre la legalidad, no ya sobre lo jurídico; la necesidad por sobre lo jurídico. Si usted sube el IRAE retroactivamente, señor ministro –présteseme atención–, en portería de la Suprema Corte de Justicia le sentencian la inconstitucionalidad y aunque usted diga que este proyecto no lo hace, es claro que lo hace.

Además –repito– de ser de muy mala técnica acudir a una ficción, como es el caso, el Gobierno puede discutir jurídicamente –insisto en que sin razón– sobre el alcance de la retroactividad; lo que no es discutible es la retroactividad económica de esta medida. Usted sube la tasa con esto, señor ministro, y esa es la consecuencia económica: una suba encubierta. Usted sabe que está llevando la tasa a 30,25 % –¡a 30 %, como en el viejo IRIC!–, usted está haciendo por izquierda lo que le pide el PIT-CNT: subir a 30 % el IRAE. Usted sube la tasa y lo hace de esta manera porque así se asegura recaudar algo ahora y no tiene que esperar; seguramente precisa los recursos económicos y necesita un shock de recaudación. El peligro que vemos es que luego le vuelva a hacer caso al PIT-CNT y suba por derecha la tasa, la lleve a treinta y deje esto. ¡Le aviso: es lo que se le viene!

Además, en el toqueteo del IRAE también se modifica el sistema de arrastre de pérdidas, limitando al 50 % el monto de pérdidas fiscales de ejercicios anteriores que las empresas pueden deducir. Esta es una nueva mala señal para la inversión; se le está cambiando la tasa de retorno a los proyectos nuevos, muchos de los cuales comienzan acumulando un período más o menos extenso de pérdidas antes de poder obtener ganancias. Comparativamente hablando, en la región estamos en una situación menos ventajosa porque hay países que no limitan el monto ni el tiempo o lo hacen en menor medida que Uruguay.

Finalmente, tenemos la nueva elusión del salario por el cual el titular de una empresa o los socios aportan al BPS. ¡Otro exceso! La no deducción del salario ficto patronal en empresas unipersonales o sociedades personales es otro mazazo al corazón de las pequeñas empresas. Ese salario sobre el cual se aporta al BPS es la base de la jubilación de los pequeños y medianos empresarios, porque los grandes son directores de sociedades anónimas y, ellos sí, podrán deducir sus salarios del IRAE de las empresas. Hasta ahora, la legislación reconocía que ese salario por el cual aportan al BPS oficia como su salario dentro de la empresa. Es evidente que, en estas pequeñas empresas, no todo lo que se gana son utilidades, allí está implícito el sueldo del dueño por su trabajo.

Cuando se redactó la reforma tributaria se estableció que por estos salarios fictos, sobre los que los dueños o socios aportan al BPS, se abonaría IRPF. Esto era lógico, en la medida en que se deducen de las ganancias de las empresas, pero luego se les exonera del IRPF y se sigue permitiendo deducir este impuesto como gasto.

Además de esto, las unipersonales reciben un impacto enorme al inventar que se le aplique el pago del 7 % de impuesto a los dividendos, cuando la persona empresa y la persona física son la misma cosa. Pedí a algunos de mis asesores que me dieran un ejemplo y me dijeron que esto se aplica a empresas que venden, por día, $ 38.000. ¿A usted le parece, señor ministro, que esto es grande? ¿Que la facturación de $ 38.000 es alta? ¡Convengamos que no! Voy a poner un caso: una empresa que venda $ 14:000.000 al año, que tenga un sueldo ficto de $ 20.000 y una utilidad del 30 %, deberá pagar $ 23.375 más al mes, es decir, $ 5000 por el sueldo ficto patronal y $ 18.375 por retiro de utilidades. ¡O sea que el tipo abre perdiendo mil pesos por día! ¡Abrió el boliche, el negocio, y pierde mil pesos por día!

El señor ministro sabe que las empresas miden su rentabilidad en términos reales y después de impuestos, o sea que si los impuestos aumentan requerirán un mayor retorno antes de impuestos para que la tasa de rentabilidad final sea adecuada al riesgo asumido. Por lo tanto, así como se plantean las cosas, el aumento de impuestos solo impactará disminuyendo la inversión hasta igualar la rentabilidad que hoy tienen. Eso sí, usted se reserva el derecho a exonerar de todo lo que quiera a la gran inversión, en especial a la extranjera. ¡Y luego se llenan la boca con el discurso de la industria y la empresa nacional! Hoy, salvo el Banco República, la banca es prácticamente cien por ciento extranjera.

En el agro hemos asistido al mayor proceso de extranjerización de la tierra, y las industrias, en su mayor parte, pertenecen a extranjeros. Ciertamente, no tenemos nada en contra de ellos; por el contrario, bienvenidos sean, pero la competencia con los locales debe ser justa para todos, ya sea que se trate de beneficios o de cargas, no como ocurre ahora, que los locales pagan, los nacionales pagan, las pequeñas y medianas empresas pagan, mientras que los extranjeros reciben beneficios detrás de la luminaria de colores de generar puestos de trabajo.

Señor presidente: hago un punto y aparte porque también debemos establecer una alerta sobre otro peligroso artículo de la rendición de cuentas, que es muy grave, porque da superpoderes a la Dirección General Impositiva. ¡Superpoderes! Se trata del artículo 159 del proyecto de ley de rendición de cuentas, el 172 de acuerdo con el texto aprobado en la Cámara de Representantes. Este artículo declara solidarios en adeudos tributarios a los conjuntos económicos. Esto es muy embromado. Hasta acá no habría problemas, pero sucede que cuando define qué es un conjunto económico, esa disposición establece que alcanza con cumplir una sola de las tres condiciones que se fijan. Y la dispuesta bajo el literal a) incluye, al final, «o la existencia de vínculos de parentesco entre los titulares o integrantes de sus órganos de decisión». Repito, «o la existencia de vínculos de parentesco entre los titulares o integrantes de sus órganos de decisión». ¡Eso es una barbaridad! La norma proyectada refiere a la existencia de sujetos independientes que se coordinan empresarialmente. Esta norma es amplísima e incluye hasta la colaboración empresarial. Al respecto, hay que tener en cuenta todos los contratos de franquicia, distribución, agencia, etcétera. Entonces, la Dirección General Impositiva podrá cobrar los impuestos de un integrante a cualquier otro, y esto es gravísimo porque la norma no utiliza como criterio rector para imputar la deuda de un sujeto a otro –es decir, la responsabilidad por deuda ajena– ni la idea de control, de hecho o de derecho, ni la idea de dirección unificada, subordinación, sino que utiliza criterios tan amplios, como que haya directores o parientes en común. Entonces, a partir de ahora, no se podrá hacer razonablemente una planificación patrimonial a nivel familiar o empresarial o una diversificación de riesgos, etcétera, pues en materia tributaria todos serán responsables por las deudas del resto. Lo verdaderamente relevante son los accionistas o dueños de cada empresa; la existencia de parentesco entre los dueños o quienes dirigen la empresa nada quiere decir. La figura que históricamente ha utilizado la Dirección General Impositiva para responsabilizar a los integrantes de un mismo grupo económico por las deudas del resto ha sido la de unidad económicamente administrativa, con base en el principio de la realidad y con fundamento en que todos los integrantes forman parte de una misma empresa y, por lo tanto, son un mismo sujeto, un centro de imputación. Por lo tanto, los tribunales exigen a la Dirección General Impositiva que haga un balance consolidado, precisamente, para consolidar tributariamente todas las deudas del grupo. Esta norma busca ser la salvación para la Dirección General Impositiva, que perdía en el Tribunal de lo Contencioso Administrativo porque no podía comprobar la existencia de conjunto económico, y, a la vez, es inocultable que, al ampliar el elenco de responsables, busca aumentar la recaudación. ¡Confiésenlo! Esto es así, pero es un enorme error. Todos estos superpoderes para la Dirección General Impositiva buscan conformar, a mi juicio, una suerte de leviatán tributario, un leviatán fiscal que avanza e invade la privacidad de los contribuyentes y que no admite frenos, y –cuando los tiene– cambia las normas según su interés. Esto es un avance enorme sobre la privacidad de los integrantes de la sociedad uruguaya, pero además con la extraña paradoja de que el Gobierno pone un enorme celo en controlar los recursos de la gente para recaudar, pero actúa con ligereza y con negligencia en lo que respecta a los recursos públicos que administra. Celo para recaudar, mano rota para gastar. Esto es así; son perfectos a la hora de intentar escudriñar en el bolsillo de la gente, pero a la hora de administrar vemos las ineficiencias con que se ha conducido la política económica. Estamos alertando acerca de que hay que establecer límites a esa acción, porque cada garantía que se vulnera, señor presidente, implica un poco menos de estado de legalidad. Esto es así, y que nos traigan ejemplos de otros países; seguramente nos vendrán con enormes ejemplos de otros países. Pero me parece que todo esto va a generar quiebre de derechos, con la consecuencia de que lo único que dejamos al contribuyente es el derecho a una defensa esmirriada, compleja y difícil, donde se le aplica el solve et repete, es decir: pague y después reclame.

Ahora, señor presidente, quiero referirme a los efectos que vemos que va a tener este ajuste fiscal. Un efecto claro de ese ajuste tiene que ver con el ahorro. Uruguay tiene una baja capacidad de ahorro y con esto se reduce todavía más esa capacidad a las personas de ingresos medios y medios bajos. Sin ahorro no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay aumento del empleo ni del salario real a largo plazo. Lo que se haga contra las empresas quizás determine que la variable de ajuste –¡ojalá que no!– sea el trabajador. Siempre es fundamental el ahorro local para apuntalar a los nacionales, porque sin él las tasas de interés son mayores y, entonces, hay menos proyectos rentables, o sea, menor inversión. Esa es una simple lógica.

Señor presidente: el señor ministro heredó mucho –aunque no todo– de lo que se hizo antes y que el Frente Amplio no votó, como la Ley de Zonas Francas, la Ley de Puertos, el tratado de protección de inversiones con Finlandia o la conducta que asumió el país en momentos difíciles y que le dio al Uruguay un sello de seriedad en el mundo y lo posicionó como cumplidor de compromisos.

No voy a hablar de la reprogramación de los depósitos de los bancos públicos ni del canje voluntario del endeudamiento externo; tampoco voy a hablar del default que se pidió en tiempos duros y difíciles para la vida del país.

Siguiendo con el ajuste, eso bajará el ahorro y el consumo, porque las personas verán disminuidos sus ingresos. Además, el ajuste impactará en el capital humano del país porque se va a desestimular el esfuerzo. Usted hace socio al Estado de los incrementos salariales que tengan los trabajadores por encima de determinado monto, entonces, no hay estímulo para la superación, y eso es jugar al achique, como también lo es tener a la inversión pública en los niveles más bajos de los últimos años. Se podrán encontrar caminos, pero ahora esta se ubica en el 2,2 % del PBI, en un nivel similar al año 2002, y eso es su responsabilidad, señor ministro de Economía y Finanzas. Usted es el responsable de este ajuste, pero también lo es por los desajustes de la economía en el período anterior. Es responsable por lo que hizo, por lo que no hizo y por lo que dejó hacer. Quizás no lo dejaron, pero ese es su problema, aunque más bien creo que ahora es el problema que tenemos todos los uruguayos. Su problema puede haber sido falta de competencia aplicada o falta de potencia a la hora de hacer valer su opinión, porque a veces discrepa, pero vota y su gente también vota.

Quiero tener un capítulo aparte para la regla fiscal, porque aquí también está la madre del borrego, la explicación y la magnitud de la mala administración de las finanzas públicas.

Para hablar en serio, tendríamos que empezar por definir una regla fiscal en serio y no la cuasirregla del tope del endeudamiento. Una regla que se cambia por mayoría absoluta no es una regla; es un saludo a la bandera. La norma sobre el tope que entró en vigencia en el año 2006 fue modificada sucesivamente.

Veamos en la gráfica cómo han ido moviendo el arco: aumentaban el tope; aumentaron el límite por circunstancias extraordinarias y lo llevaron a UI, es decir que hicieron de goma el tope del endeudamiento. Ahí pueden ver la gráfica y, si no la entienden, luego se las puedo hacer llegar con muchísimo gusto. Como dije, fueron toqueteando el tope de endeudamiento de manera continua.

La operatividad de esta regla es limitar la capacidad de endeudamiento a futuro como mecanismo para que se defina una trayectoria del gasto dentro de los márgenes que el financiamiento permita. Sin embargo, muy lejos de que funcione así, la metodología que se ha venido siguiendo es exactamente la contraria: primero se establece el gasto, luego se lo corrige al alza, después se ve qué financiamiento se requiere como resultado de lo anterior y finalmente se ajusta la regla a las necesidades.

Señor presidente: esta regla –y sobre todo sus cambios–, año tras año, no ha sido eficiente para contener el gasto. ¿Qué culpa tiene la regla? Mayor culpa y responsabilidad tienen quienes la incumplieron. La población otorgó al Frente Amplio mayoría parlamentaria, pero en este caso la utilizó para acomodar el arco a sus necesidades y no a las del país, y así estamos ahora. Si se establece una regla en serio que topee el crecimiento del gasto discrecional y si se aplican políticas de reactivación, la trayectoria de las finanzas públicas tendrá un punto de inflexión y el modelo resultante será mucho más sustentable que este.

No tengo dudas, señor presidente, de que el equipo económico conocía la receta, pero no la aplicó y voy a demostrarlo. Legitimaron este camino al defenderlo año tras año, conferencia tras conferencia. Todo el equipo económico puso la cara por estos números y, si bien se pasaron la posta, todos estuvieron. Podemos hablar del dream team y estamos ante USD 2.000:000.000 de déficit.

El presupuesto y las rendiciones de cuentas, en definitiva la trayectoria fiscal, en última instancia son aprobados por el Parlamento. Por la fórmula de gerenciamiento político que ustedes tienen, el ministro propone en primera instancia, el Poder Ejecutivo corrige, la mesa política vuelve a corregir y, por último, la bancada de gobierno termina de definir y votar. Mediante esa negociación se termina definiendo la política fiscal del Uruguay.

Señor ministro, en muchas ocasiones durante este debate su estrategia ha estado en blanco y ha sido eludida permanentemente. El gasto es resultado de la oscilación pendular del poder político en un Frente Amplio en el que el señor ministro es minoría. Por eso, expreso que los responsables de este ajuste fiscal son todos quienes integran los distintos poderes del Estado en nombre del Frente Amplio: los que hoy integran la bancada de legisladores y los que estuvieron en el pasado. Los análisis técnicos que desde el Ministerio de Economía y Finanzas seguramente se hacen, los límites que se deben establecer y las pautas que allí se fijan, luego son cambiadas por la mesa política, entonces, entramos en un juego de poderes: si no me votás aquello, no te voto lo otro; si no subís los recursos para la educación, amago con usar las reservas para construir viviendas; si se vota esto, nos vamos del TISA y si querés que te vote el ajuste, no subas las penas a los menores infractores. Es así que la técnica presupuestal uruguaya empieza muy profesionalmente y termina en un laberinto, en controversias. Así llegamos a un déficit estimado de 4,3 % del PIB y a un ajuste fiscal. La política fiscal uruguaya es enemiga de la negociación política, del intercambio de favores dentro del FA y de la relación de favores –muchas veces– e intereses que se contraponen o convergen entre el FA y el PIT-CNT.

Ahora bien: voy a quebrar una cierta lanza por el ministro Astori, porque a principios de 2005 quiso otra cosa; quiso poner un límite, un techo a este marco de negociación. Como todos recordamos –y para el que no se acuerde, estoy yo, que se lo voy a hacer acordar–, en el proyecto de ley de Presupuesto del año 2005 el Poder Ejecutivo planteó al Parlamento una «regla fiscal». Concretamente, allí se decía lo siguiente: «El Poder Ejecutivo, en cumplimiento del cometido de velar por la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de las cuentas públicas, adoptará las medidas necesarias a los efectos de asegurar que el incremento anual del gasto primario corriente del Gobierno central no supere el 3 % (tres por ciento) en términos reales.

Entiéndase por gasto primario corriente el gasto total de los organismos que componen el Presupuesto nacional, excluidas las partidas de inversiones y las destinadas al pago de intereses de la deuda pública. Quedan excluidas asimismo todas las partidas de gastos correspondientes a los incisos 25, 26 y 27 del Presupuesto nacional».

Usted, señor ministro, en oportunidad de informar sobre ese proyecto en la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda, el 28 de octubre de 2005 –yo estaba ahí, porque era senador también–, dijo que esa regla fiscal de 3 % del gasto primario era esencial, y hablaba de ser contracíclicos. En aquella presentación repasaba el inciso tercero del artículo 31, que era el artículo de la regla, y nos decía a los integrantes de la comisión: «En el inciso tercero se establece: “En ocasión de la rendición de cuentas anual, el Poder Ejecutivo deberá presentar un informe del estado de las finanzas públicas, evaluando el cumplimiento de la presente norma”. Nos parece que esta es una regla fundamental, que incluso comienza modestamente –a la escala que permite nuestro Presupuesto y la situación de mucha restricción que vive el país– a ir contra la prociclicidad que ha caracterizado a la formulación y al cumplimiento, a la ejecución presupuestal en el Uruguay».

Esta era su regla, señor ministro; de aquí en más, la voy a llamar «la regla Astori».

¿Qué pasó con esa regla fiscal que proyectaba el señor ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, en el año 2005? Se la cambiaron. ¡Se la cambiaron en el Parlamento! ¡Se la cambiaron! Y en lugar de ese 3 % le pusieron «un monto que no afecte los parámetros de la estabilidad y la sostenibilidad». Cambiaron el 3 %, que era un número concreto, por la expresión «un monto».

Ministro: usted arrancó perdiendo en el año cero de esta película. Arrancó perdiendo en el año 2005, ¡cuando no debía perder, porque debía lograr aprobar una regla fiscal que controlara los excesos del gasto! ¡Perdió! La bancada del Frente Amplio de aquel entonces le cambió la regla fiscal del 3 % del gasto primario. Y llegamos al tema de los topes de endeudamiento y todo el fárrago de cosas, hasta el UBI que vimos. Estamos hablando de un monto que resulta de esa negociación parafiscal que ustedes tienen cada año, igual que lo que ocurre con el tope de endeudamiento. Digo «parafiscal» porque, si bien hablan explícitamente de la materia fiscal puertas adentro, en la olla de la negociación meten todo, y de ahí sale el monto que no afecte los parámetros de la estabilidad y sostenibilidad de las finanzas públicas. Tendrían que haber sido más directos y sinceros con la gente y con ustedes mismos. Deberían haber escrito: «Un monto que no afecte los parámetros de la estabilidad de la fuerza política y la sostenibilidad de la misma en el Gobierno». De esa forma ataban todo: legalizaban la interrelación entre la Mesa Política, el Poder Ejecutivo, la bancada, el PIT-CNT, y listo, a otra cosa, ¡chau!, siempre que la norma vulnerada les permitiera sostener el Gobierno de la república.

¿Cuál sería la situación fiscal hoy si le hubieran hecho caso, señor ministro, hace once años? Me tomé el trabajo de hacer el estudio, de poner a examen la «regla Astori», la regla fiscal, la que quiso poner en 2005 y sus compañeros no le dejaron. Lo hicimos, obviamente, con gente que conoce del tema mucho más que yo. No sé si le apenó tanto al señor ministro que le hubieran cambiado este artículo, porque también recuerdo que cuando lo quisieron obligar a que cumpliera en forma inmediata con el 4,5 % para la educación, renunció. Me acuerdo perfectamente de eso. Sin embargo, por esto no renunció.

Pedí al equipo económico que me asesora, que calculara qué habría sido de las finanzas públicas si se hubiera aprobado aquella «regla Astori». Hicimos un análisis. Lo pueden ver; se los entrego después. Aclaro que es muy complejo; me costó una enormidad llegar por lo menos a los números gruesos. Voy a trasladarles los resultados, pero quiero aclarar que a los efectos del cálculo consideramos los incisos 2 al 19 en lo que refiere exclusivamente a los gastos de funcionamiento. Quedan excluidos, por tanto, los incisos 20 al 34, como así también queda excluido de todos los incisos el rubro inversiones. Asumimos que la regla fiscal entraba en vigencia en enero de 2007; o sea que la regla en nada impedía que se desarrollaran las políticas sociales ni que se mejoraran los recursos para la educación, ni tocaba las inversiones. ¡Era una regla Astori! Seguimos rigurosamente los pasos que el hoy ministro de Economía y Finanzas daba para la construcción de esa regla fiscal con la que nosotros estamos de acuerdo. Nada impedía las políticas sociales ni que mejoraran los recursos para la educación ni tocaba las inversiones. En virtud de esto, la ejecución presupuestal de los incisos de referencia para el año 2006 habría determinado el monto tope de gasto para los años siguientes, actualizándolo año a año de acuerdo con la inflación del año anterior más el 3 %. Ese fue el razonamiento que seguimos. Es así que observamos que a partir de 2007, de haberse seguido la regla, el ahorro que se hubiera generado habría sido –véase la gráfica– de USD 43:000.000 en 2007, de USD 91:000.000 en 2008 y de USD 218:000.000 en 2009, y la cifra sigue creciendo progresivamente. Mire, es su regla fiscal, señor ministro.

Si lo medimos exclusivamente en dólares correspondientes al tipo de cambio promedio de cada año entre 2007 y 2015, el ahorro habría ascendido a USD 4.264:000.000. ¡USD 4.264:000.000!

Si en aras de un mayor grado de precisión llevamos los ahorros anuales a precios constantes de 2015 y los expresamos en dólares al tipo de cambio promedio de ese año, el ahorro habría sido de USD 4.233:000.000. Pero avanzamos un poquito más: si aquellos ahorros se hubieran invertido en instrumentos financieros, en UI, con un rendimiento de 2 % promedio anual, ese fondo de la regla fiscal Astori tendría hoy un activo de USD 4.459:000.000.

De haberse seguido aquella regla fiscal que el ministro Astori proponía, el déficit del sector público al cierre de 2015 habría sido el equivalente a 2,1 % del PBI, en contraste con el 3,6 % del PBI efectivamente observado y consecuencia de la regla virtual que la bancada del Frente Amplio votó en 2005.

Es por esa razón que legítimamente sostengo que el señor ministro de Economía y Finanzas fracasó. Fracasó en el arranque. Él podrá hablar de todos los éxitos que ha tenido, ¡pero fracasó en la regla fiscal! ¡Fíjense a cuánto habría ascendido la aplicación rigurosa de la «regla fiscal Astori» del año 2005, propuesta en el mensaje del proyecto de ley de Presupuesto, el primer Presupuesto del Frente Amplio!

Quiere decir, señor ministro, que la regla que usted perdió representa más de 8 puntos del PBI, ¡8 puntos del PBI! Ese es el tamaño, esa es la dimensión de su fracaso, señor ministro de Economía y Finanzas.

Señor presidente: si el Gobierno en su conjunto y si la Mesa Política del Frente Amplio hubiera actuado responsablemente en 2005, este ajuste no tendría razón de ser. ¡No tendría razón de ser! Si hubieran tenido un manejo diligente de las finanzas públicas aplicando aquella regla fiscal que no los privaba de las políticas sociales, de mejoras en la educación ni de las inversiones, habríamos tenido un resultado totalmente diferente, evitando el festival del gasto de las empresas públicas, el desquicio del gasto de las empresas públicas.

El Frente Amplio es responsable, a raíz de sus decisiones, de que hoy el país tenga un déficit fiscal de USD 2.000:000.000. Lo más triste es que no se hagan responsables de sus errores y que hagan pagar a la sociedad por ellos. Ya vamos a escuchar todo tipo de explicaciones con relación a este tema, pero realmente estos números nos apenan y nos impactan.

Señor presidente: este ajuste fiscal es una falta de respeto a los contribuyentes. Al cabo de esta jornada escucharemos críticas, defensas, acusaciones y propuestas alternativas. Al igual que todos, quiero lo mejor para los ciudadanos de este país. Por lo tanto, no quiero más ajustes como este.

Recuerdo el ajuste de mayo del año 2002. Yo no lo voté. No lo voté en este Parlamento.

Tengamos presente, señor presidente, que este es el tercer ajuste realizado en seis meses. Es el tercero o cuarto. Porque no nos olvidemos del ajuste permanente, de la suba de precios, de la inflación, más allá de que se ha expresado que ha tenido un comportamiento a la baja –y realmente nos alegra–, pero está por encima del 10. ¡Está por encima del 10! Y el rango meta era de 3,7. ¡3,7! ¡Estamos fuera del rango meta!

Yo hablaba de ajustes. Uno de ellos tuvo lugar el 29 de diciembre de 2015. ¡29 de diciembre de 2015! En medio de las fiestas, antes de las vacaciones, antes de lagartear en las playas o de irnos para afuera o viajar al exterior.

Ese ajuste fue cuando se decretó el cambio retroactivo en los parámetros de cálculo del ajuste por inflación en el IRAE. Según estimaciones, ese ajuste fue prácticamente –salió en los medios de prensa; incluso economistas de izquierda han dado estos números– de entre USD 250:000.000 y USD 300:000.000.

Mientras a los empresarios y comerciantes de este país les pedían un esfuerzo voluntario para no subir los precios, se les impuso un esfuerzo compulsivo. Tengo algunos casos concretos de ese famoso decreto. Sé que me van a decir que para muchos bajó. Sí, es cierto. Pero el problema es para aquellos que subió. Se dio el caso de una empresa que, sin decreto, debía pagar USD 123.000, y después del decreto tuvo que pagar USD 183.000. ¡USD 60.000 más, lo que equivale a un 49 % más! Por otro lado, una empresa que debía pagar USD 385.000 pasó a pagar USD 460.000. ¡Un 19 % más! Y otra empresa, que sin decreto tributaba USD 146.000, por su decreto, señor ministro, pasó a pagar USD 175.000. ¡Un 20 % más! El 29 de diciembre se enteraron de esto. ¡El 29 de diciembre!

Como se sabrá, no fue tanto para algunos, y fue para todos. Por medio del Decreto n.º 63/016, de 1.º de marzo de este año –que el señor ministro firmó–, se da la posibilidad al sector financiero –especialmente al bancario– de deducir mayor proporción de gastos financieros que lo que está establecido en la norma legal. Se me entregó el informe, lo leí, pero –¡lo felicito, señor ministro!– es inentendible. Repito: el aumento permite al sector bancario deducir mayor proporción del gasto financiero que lo establecido en la norma legal. El aumento del gasto deducible puede llegar hasta el 7 %, y el artículo 3.º del decreto expresa: «Lo dispuesto en el presente decreto regirá exclusivamente para los ejercicios fiscales finalizados el 31 de diciembre de 2015». O sea que sobre la base de galimatías y bajo una supuesta excusa técnica resulta que usted a los bancos les devuelve, en algunos casos, porcentajes muy importantes. Estamos hablando de cerca del 100 % de lo que el resto de las empresas tenían que abonar por el decreto del 29 de diciembre, cuando impidió que se ajustara el resultado fiscal por inflación, aumentando la carga impositiva.

¡Les perdonó impuestos a bancos! ¡Qué cambio tan notable se produjo en esta fuerza política! ¡Qué maravilla! ¡A los bancos! Durante años se encargaron de pintar los muros del país contra la banca internacional, ¡para llegar a esto! ¡Litros y litros de pintura desperdiciados! ¡Esta medida no es de izquierda! El 29 de diciembre se le pegó un guascazo a muchísimas empresas, incluyendo a los bancos. Y el 1.º de marzo se les devolvió a los bancos. ¡A los bancos! La cosa no debe ser muy técnica porque rige solo por un año, justamente durante el ejercicio en el que el señor ministro cambió las reglas de juego a fin de año. Se ve que algunos bancos tienen tratamiento preferencial, pero a las empresas normales parece que se las puede confiscar vía impuestos. Seguramente se hará eso. ¡Es insólito!

Otro ajuste fue el tarifazo de enero, en el que se aplicó la misma lógica: mientras se negociaban convenios colectivos, mientras se anunciaba que no habría más impuestos, se subieron las tarifas más de lo necesario de acuerdo con los costos, para que la contribución de las empresas públicas a las finanzas del Estado fuera mayor. UTE solicitó que se bajaran las tarifas, pero el Gobierno las subió un 9,9 %, más allá de que ahora los caranchos nos cortan la luz. Bajó el petróleo y Ancap no bajó las tarifas. Entre UTE, Antel, Ancap y las modificaciones al IRAE, el Estado recauda casi USD 500:000.000, un punto del PBI. Ese fue un decretazo. Y ahora llega este mazazo, este seudoajuste; lo denomino así porque es ajuste para los que pagan impuestos y postergación de gastos para el sector público.

Señor presidente: el Gobierno tiene que asumir una actitud de respeto hacia la gente, hacia el ciudadano. Si luego de una década de crecimiento y, sobre todo, de cinco años de pésimo manejo de las finanzas públicas se va a pedir un esfuerzo a la población –uno más–, el Gobierno se debería comprometer a algo. A mi juicio, lo mínimo que el Poder Ejecutivo tiene que hacer es asumir el compromiso de poner fecha de caducidad a este aumento de impuestos. Si el Gobierno entiende que a partir del año 2018 la situación va a mejorar, pues entonces que este ajuste de impuestos tenga vigencia hasta el 2018, que sea temporal.

Resulta que los gastos que se difieren son una renuncia parcial y a término, pero los impuestos se aumentan para siempre. ¡Así no! Es una falta de respeto al contribuyente, en reiteración real. Ya he hablado tres o cuatro veces de falta de respeto. Hablé de tantas faltas de respeto como las que se cometen. Lo que es peor aún es la enorme falta de autocrítica, porque se cree que las responsabilidades siempre son de otros. Este ajuste implica trasladar a los contribuyentes las consecuencias de las malas decisiones del Gobierno. Eso no es justo, no es equitativo. Si la población se tiene que ajustar, el sistema político y el Gobierno en particular tienen que asumir, antes que nadie, el compromiso de que esto no va a volver a pasar. Mientras eso no ocurra, es más de lo mismo.

Señor presidente: cabe preguntarse si este ajuste viene a atender los problemas que al cabo de once años no se han podido resolver, porque esa es la gran justificación política de estos desarreglos económicos. Resulta que el Frente Amplio siempre busca apropiarse de la lucha por la justicia social y la inclusión, para justificar sus excesos. Siempre ha sido así. Miren señores: si ustedes verdaderamente defendieran a los pobres de este país, no tendrían secuestrada a la educación por las cúpulas sindicales y por la impericia de las autoridades que están más preocupadas por descalificar a un maestro que por la política educativa. Si ustedes verdaderamente defendieran a los pobres –como creo que quieren defenderlos–, llevarían adelante la gran revolución que el país necesita, el cambio de ADN que prometieron. Yo no me olvido de las dos promesas que hizo el presidente Vázquez en la campaña electoral: 6 % y un cambio de ADN en la educación. El 6 % para la educación lo prometió el señor presidente en febrero de 2014, cuando en un acto de una lista del Frente Amplio, dijo: «Yo no sé cómo lo vamos a hacer, Fernando –aludiendo al exministro Lorenzo–, de dónde lo vamos a sacar, pero que lo vamos a sacar, lo vamos a sacar». En primer lugar, la plata sale siempre del mismo lado: de la gente que paga impuestos. Y, en segundo término, no corre más lo del 6 %; se terminó la promesa. ¿Dónde está el 6 %? Es otra promesa incumplida.

Si el proyecto frentista, si el Frente Amplio pusiera primero a la gente y no a los acuerdos de cúpula, se transformaría el sistema educativo que hoy en día presenta cifras alarmantes. ¡Alarmantes! Edición tras edición, las pruebas PISA marcan lo mal que estamos. Medición tras medición, crece el porcentaje de estudiantes uruguayos que están por debajo del umbral mínimo de competencia. Según las pruebas del 2012, el 55,7 % de los jóvenes uruguayos de quince años no llega al nivel 2 en Matemáticas cuando en el 2003 el 48 % no lo alcanzaba; quiere decir que empeoramos.

En Comprensión Lectora tenemos un 47 % de nuestros jóvenes de 15 años con un nivel notoriamente insuficiente; no llegan a lo que se ha denominado «umbral de alfabetización». Y, según esa misma medición, se amplía la brecha de resultados entre ricos y pobres. Si se comparan los estudiantes de contextos sociales muy desfavorables con los que pertenecen a entornos muy favorables, hay una diferencia de 169 puntos a favor de los últimos en la prueba.

(Intervención del señor senador Michelini que no se escucha).

–A su vez, si se considera los niveles de desempeño, se puede ver que los alumnos de entornos muy desfavorables quedan ubicados en el nivel -1, mientras que los alumnos de entornos muy favorables se ubican en el nivel 2. Quiere decir que el sistema reproduce inequidad; no solo no la acorta, sino que la agranda.

Estamos hablando de rendición de cuentas y ahí, señor presidente, está todo, ¡todo! ¡La economía, la educación, la seguridad, la salud, el desarrollo, la inversión pública, las deudas que mantienen con los judiciales, el desastre de la reforma de aduanas y centenas de cosas más! Que no se me diga que es cuestión de la señora ministra de Educación y Cultura porque también ella terminó diciendo, los últimos días, que ella no tenía nada que ver –¡nada que ver!– con los resultados de la ANEP y del Codicén.

El sistema –repito– reproduce inequidad. No solo no la acorta, sino que la agranda; estamos hablando de brecha de aprendizajes, de brecha de oportunidades. Más aún; hace unos días el exsubsecretario de Educación y Cultura, Fernando Filgueira –uno de los encargados de cambiar el ADN educativo, pero lo cambiaron a él–, recalcaba que el desempeño en la tasa de egreso de secundaria es de los peores de la región, solo superando a Guatemala, Nicaragua y Honduras. ¡Ya sé que van a salir a decir que hay algún informe que contradice, en parte, esto que dijo Filgueira!

Entonces, es claro que en el Uruguay de hoy el origen sigue determinando el destino, señor presidente.

Y eso no es lo más regresivo: la calidad de la educación muestra la calidad de la gestión de un Gobierno. Si hay algo que puede caracterizar a un Gobierno, para bien o para mal, es la calidad educativa; y la de Uruguay está muy mal, ¡muy mal! ¿Dónde vamos a ir a parar? La gestión del FA en la educación pública es inmerecidamente mala, de mala calidad, y condiciona el futuro, sobre todo, de los que menos tienen. Eso tiene que hacer caer la cara de vergüenza a más de uno. Me da vergüenza a mí porque, quizás, también yo tenga alguna responsabilidad. ¡Me da vergüenza que la educación pública, instrumento igualador de la gente, de los uruguayos, tenga hoy los niveles que tiene!

La variable de ajuste en esta rendición de cuentas –lo dije antes– es la educación, señor ministro, y eso me parece muy mal. ¡La variable de la educación es el trabajo! Y usted, señor ministro, reprogramaba para el 2018 USD 45:000.000 del MEC; $ 793:000.000 de ANEP; $ 544:000.000 de la Universidad de la República; $ 100:000.000 de la UTEC; $ 150:000.000 del Plan Ceibal; $ 7:000.000 del Ineed, y $ 55:000.000 del Hospital de Clínicas. O sea que a la educación se le quitaba, para el 2017, más de 50 millones de dólares. ¡Medio Antel Arena! Porque el Antel Arena terminará costando USD 100:000.000; está visto que esa farra va a terminar en eso.

Ahora han cambiado eso en la Cámara de Representantes: quitan del gasto social $ 1.750:000.000, de los cuales $ 650:000.000 son del gasto educativo y, encima, facultan al Poder Ejecutivo a reasignar recursos. Creo que esto ni el señor senador Heber –que es el más veterano, no en años sino en antigüedad, en esta casa– lo ha visto. No puede haber delegación de materia privativa del Poder Legislativo. ¡Se saltean al Parlamento en esta reasignación!

Esto es una colección hermosa, hermosa, de errores, y lo digo «en una buena» porque quizás estén a tiempo de cambiarlo. ¡No metan más la pata! ¡No metan más la pata! ¡No se escuden en la soberbia para no cambiar! ¡Procuren hacer algún cambio! Alguna razón podemos tener desde la oposición.

No respetan el principio de separación de poderes en esta solución; ¡no lo hacen! Pero, más allá de esa inconstitucionalidad, salvaron parte de los recursos para la educación y parte de los gastos sociales bajo la promesa, aparentemente, de que el presidente va a buscar recursos.

Eso sí: no han dejado pasar la oportunidad de dar un mensaje discriminatorio, que algunos dicen que es ideológico, pero ni siquiera es eso, sino que muestra un enorme resentimiento social. Estoy hablando de eliminar los beneficios fiscales para las donaciones a las universidades privadas. Miren que con eso no afectan a ningún rico, sino que seguramente pague el plato algún estudiante humilde que recibe una beca. ¡Siempre mirando alto, ¿no?! ¡Están igualando para abajo! ¡Igualando para abajo en esto!

Soy hijo de la educación pública, orgulloso hijo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Me venía desde Paysandú a estudiar. ¡Yo quiero una gran educación pública!, pero me parece que retacear instrumentos y posibilidades para institutos universitarios privados, que ayudan a la cultura y a la formación cívica y democrática del país, es un enorme error.

Pero volviendo al tema de los fondos reprogramados, parece que esos recursos reaparecerían casi mágicamente en el 2018. Digo «mágicamente» porque el texto no dice que los incrementos previstos se trasladen al futuro. Se usa el verbo «abatir» y se usa mal. ¡Se usa mal! No hablan de postergar o de diferir, sino que el texto dice algo que no existe: «Abátense». ¡No existe esa palabra! Existe en muchas leyes, pero no en el diccionario de la Real Academia Española. No existe. ¡Es un disparate! Por tanto, esas cantidades, las no salvadas en la Cámara de Representantes, no se están prorrogando, sino que se anulan; no se suman a las partidas de 2018. ¡Los incrementos para un año se perdieron!

Señor presidente: el país estuvo navegando con viento a favor, pero dejamos pasar la oportunidad del desarrollo. Hubo crecimiento pero no desarrollo, porque las conquistas no son tales si son tan frágiles. El problema es que no hubo calidad en el crecimiento, por eso no hubo progreso ni desarrollo sustentable.

Según el Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, denominado «Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso», presentado el 14 de junio pasado, en Uruguay el 29 % de la población es vulnerable y vive con 4 a 10 dólares diarios, a precio de paridad de compra. Es cierto que esa cifra disminuyó del 35,8 % al 29 % entre los años 2004 y 2014, pero después de esta «década ganada», como la llama el FA, hay un millón de uruguayos en situación de vulnerabilidad. Incluso, la cifra es más alta que en 1992, cuando la población vulnerable llegó a ser el 26,7 %. Según el PNUD, las políticas públicas orientadas a fortalecer la canasta de resiliencia, el acceso a activos, sistema de cuidados y calidad y protección laboral, pueden prevenir que entre 98.000 y 128.000 personas que se encuentran en estado de vulnerabilidad caigan en la pobreza por sus ingresos. O sea que hay entre 100.000 y 128.000 compatriotas en riesgo cierto de volver a la pobreza. Y ese mismo informe detalla la vulnerabilidad de los pobres de 15 a 24 años que no estudian ni trabajan. El país tiene el mayor porcentaje –40,3 %– de jóvenes pobres que viven con menos de USD 4 por día.

Según el índice de pobreza multidimensional, en una comparación de metodologías con un enfoque de derechos de la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo del Ministerio de Desarrollo Social, que fuera elaborado para la VI Conferencia de la Asociación Latinoamericana y del Caribe para el estudio de las capacidades humanas –que es en la que se miden las privaciones en vivienda, educación o salud–, se puede observar que en Uruguay solo el 48 % de la población no presenta ninguna carencia en derechos sociales. El 33 % presenta una carencia; más del 13 % tiene dos carencias, y el 5 % de la población presenta tres carencias. O sea, el 52 % tiene al menos uno de sus derechos vulnerados.

Veamos los informes de pobreza publicados por el INE en marzo de 2006, con datos a diciembre de 2015. Se determinan las canastas básicas de alimentos y de no alimentos y, por tanto, la línea de pobreza, y se establece que el límite para considerar pobre a una persona en el Uruguay es de $ 10.946 en Montevideo –o sea que el que gana $ 11.000 no es pobre–, y la línea es aún más baja en el interior.

No voy a limitar el problema de la pobreza solo a los ingresos, pero es claro que hay miles de compatriotas en riesgo de volver a la pobreza cuando hay enlentecimiento y freno de la economía. Este ajuste va a afectar a los que están arriba, sí, pero afectará más a los que están abajo, y mucha gente perderá pie y quedará por debajo de la línea estadística de pobreza. Por tanto, señor presidente, este ajuste no viene a resolver los problemas del país; viene a tapar los agujeros del Gobierno. Repito: este ajuste no viene a resolver los problemas del país; viene a tapar los agujeros del Gobierno. Este ajuste viene a ganar tiempo y recursos para que a partir de 2018 se aumente el gasto; viene a dar al Gobierno una tregua –que dudo la consiga– con las calificadoras de riesgo.

Señor presidente: todos sabemos que este conjunto de ajustes recae sobre el que más trabaja, sobre el que quiere superarse, sobre el que tuvo la suerte de dar un pequeño salto y ganar unos pesos más que antes, sobre el profesional, sobre el comerciante, sobre el pequeño empresario, sobre la gran perseguida, la presa fácil en una economía con rasgos populistas, es decir, la clase media. IRPF, inflación y tarifas son la terna fiscalista y confiscatoria sobre el salario de los uruguayos, con lo que este Gobierno banca sus excesos. A esa clase media que potencia al país, la que le da razón a nuestra cultura, se le pide que pague más, que pague la fiesta. El tema es: ¿qué va a ocurrir en el futuro? Y si en 2018 el país no logra salir del estancamiento, ¿en la próxima rendición de cuentas el Gobierno va a volver a diferir gastos o va a volver a ajustar los ingresos de la gente con más impuestos?

Con la relatividad que a esta altura tienen los compromisos de este Gobierno, quisiéramos saber si el ministro tiene la plena convicción de que con esto es suficiente.

He escuchado cierto reclamo por parte de algunos sectores oficialistas solicitando a la oposición que plantee alternativas. Es como aquello de educar a un infante diciéndole: «No te subas que te vas a caer. No te subas que te vas a caer. No te subas que te vas a caer». Pero el infante se sube y se cae. ¡Se cayó! Y ahora, ¿la responsabilidad de buscar alternativas es nuestra? ¡Se lo advertimos! Le dijimos tempestivamente al Gobierno: «No gaste como si no hubiera fondo».

Si quieren podemos recordarles cómo ser responsables. En ese sentido quiero destacar el trabajo que ha hecho el Partido Nacional en la Cámara de Representantes, donde presentó no una sino tres propuestas al oficialismo, tanto para rescatar el gasto social como el educativo. Por ejemplo, se planteó la reducción de ciertos gastos de funcionamiento, así como reasignaciones.

En el Programa del Partido Nacional del año 2014, mientras ustedes prometían a troche y moche, nosotros alertábamos y decíamos que se podrían reducir gastos superfluos. Se hablaba allí de materiales y servicios no personales, de suministros, de donde era posible generar ahorros; también de reducir viajes oficiales, publicidad oficial, ingreso de funcionarios; se hablaba, asimismo, de reforma del Estado, que es la madre de todas las reformas. ¿Dónde está la reforma del Estado? ¡Ustedes metieron un estadio Centenario entero de nuevos funcionarios! Quizás puedan hacer lo que usted mismo plantea en la exposición de motivos del proyecto de rendición de cuentas –aunque en el articulado no figura–, que es el «dos por tres» en los ingresos de funcionarios. Señor ministro, ¿en dónde está? El propio ministro de Economía y Finanzas se hace trampas al solitario. En la página 84 de la exposición de motivos, bajo el título «Limitación de los ingresos de personal en las empresas públicas», se expresa: «En ese sentido, se entiende conveniente incorporar en los presupuestos 2017 de las empresas públicas medidas tendientes a limitar el ingreso de personal a través de la implementación del criterio de completar dos por cada tres vacantes generadas». ¡Está bien! Pero, ministro, si usted no pudo incorporarlo en la rendición de cuentas, en el proyecto de ley que usted elaboró –incluso concurrieron al Parlamento representantes de la Oficina Nacional del Servicio Civil y no se mostraron muy de acuerdo–, ¿pretende que le hagan caso las empresas públicas, las mismas que no le han hecho caso en once años? ¡Habría que frenar el clientelismo con esta suerte de colonización del Estado!

Tenemos una propuesta final más, señor ministro, que nunca está de más: habría que probar con ser eficientes. El Estado tiene una ineficiencia enorme, sideral, perdiendo juicios, haciendo malas reformas y equivocándose en la constitucionalidad de leyes.

Entonces, señor presidente, lo que venimos a interpelar en esta jornada es una formulación política que tiene estos emergentes económicos. Hay más cosas en el mundo que las pulsiones al gasto o el neoliberalismo, empezando por la sensatez. Existen más cosas que la izquierda con sesgo populista o la derecha ultraconservadora: un camino del medio que se preocupe al mismo tiempo por la inversión, por el comercio, por el empleo, por la calidad educativa, por la producción, por la productividad, por la competitividad, por la innovación y por la descentralización. Se necesita un proyecto que coloque en el centro a los uruguayos, a la gente, a las personas. Algunos seguimos soñando y trabajando –con nuestras limitaciones– para que el país pueda avanzar en un auténtico y verdadero progreso social.

Vamos a dejar por acá esta primera intervención, pasando a dar a conocer las preguntas, algunas de las cuales tienen un pequeño prólogo. Adelanto que están impresas, por lo que no es necesario que se tome nota.

¿Asume el señor ministro el compromiso ante el Senado de la república de no volver a modificar el sistema impositivo? Y, en particular, ¿asume el compromiso de no volver a subir los impuestos?

El paquete de medidas propuestas por el Gobierno viene a atender una urgencia fiscal que tiene por finalidad reducir en un punto porcentual del PBI el déficit fiscal. ¿Estaría de acuerdo el Poder Ejecutivo en que, una vez alcanzada la meta de un punto del PBI de abatimiento en el déficit, queden sin efecto los aumentos de impuestos, en particularlos del IRPF?

Si al cierre del ejercicio 2017 lo recaudado supera la proyección del Gobierno, ¿el Poder Ejecutivo estaría dispuesto a destinar esos eventuales recursos adicionales a la rebaja del IVA o bien al abatimiento de los impuestos que por este proyecto se vienen a aumentar?

Señor ministro, asumamos que las cosas no ocurren de acuerdo con lo previsto; o bien las cosas van de acuerdo con sus planes, pero resulta que el resto del Gobierno exige a las finanzas públicas un nuevo aumento del gasto.

¿Estaría usted dispuesto a aumentar explícitamente la tasa del IRAE del 25 % al 30 % como lo han venido planteando distintos sectores del Frente Amplio y del PIT-CNT?

Más allá de los incrementos de gastos que ya están presupuestados, ¿usted está dispuesto a volver a aumentar el gasto público para los años que restan de gobierno, ya sea con cargo a más deuda o más impuestos?

Hemos analizado el incumplimiento constante al tope del endeudamiento. La pregunta es la siguiente. ¿El equipo económico tiene en mente volver a aumentar este tope de endeudamiento o asume el compromiso ante el Parlamento de mantenerlo constante y moverse de aquí en más dentro de los límites que se estarían aprobando ahora?

Respecto de su regla –la «regla Astori»–, solicitamos que el señor ministro nos responda, ¿está de acuerdo en incorporar en esta rendición de cuentas una regla fiscal idéntica a aquella que propuso en el 2005?

En caso de que la respuesta sea negativa, deseamos saber si estaría dispuesto a discutir y definir en un plazo de 45 días una regla fiscal acorde a las necesidades de Uruguay. Planteamos 45 días a los efectos de que cuadre con los plazos constitucionales para la aprobación de la rendición de cuentas.

El Consejo de Economía Nacional –que figura en la Constitución y por el cual usted insistió en el primer período de gobierno impulsando un proyecto de ley que luego se aprobó–, desde nuestro punto de vista, es una instancia institucional que permitiría enmarcar las relaciones entre los diferentes agentes económicos y el Gobierno. Según nuestra visión, el diálogo enriquece y el intercambio de puntos de vista contribuye a mejorar las soluciones.

¿Entiende conveniente y oportuno convocar al Consejo de Economía Nacional? Nos gustaría saber, además, por qué no lo ha hecho hasta ahora. ¿Qué limitaciones o defectos le encuentra?

El Gobierno estima que este ajuste fiscal, desde el lado del aumento de impuestos, recaudará unos 335 millones de dólares, de los cuales alrededor de 100 millones corresponden a los cambios vinculados al impuesto a la renta de las actividades empresariales, IRAE.

En cuanto al ajuste por inflación, según lo expresado en la Comisión de Presupuestos de la Cámara de Representantes, el Gobierno estima que le reportaría al fisco unos USD 100:000.000 por el ejercicio 2015.

Por tanto, si según sus cálculos, en 2015 este cambio le habría reportado al Estado 100 millones de dólares, con una inflación similar y una estructura de los balances empresariales también similar, es esperable que en 2016 también se recauden 100 millones de dólares, por lo cual consultamos, ¿los demás cambios que el equipo económico plantea respecto del IRAE son neutros? ¿No esperan recaudar nada por ellos? ¿Cuánto recaudan?

En lo que tiene que ver con el Decreto 63/16 –de bancos– se consulta, ¿cuál fue la renuncia fiscal asociada al decreto del 1.º de marzo?

¿Por qué el alivio fiscal se dirigió exclusivamente a empresas del sector financiero? ¿El Gobierno entendió que el decreto del 29 de diciembre era injusto solo para el sistema financiero?

Respecto a los cambios tributarios introducidos en el proyecto de la rendición de cuentas en lo relativo al cobro de IRPF sobre las utilidades no distribuidas, ¿considera que las empresas que mejoren sus inventarios, que aumenten su capital de trabajo o que reduzcan su endeudamiento sobre la base de utilidades no distribuidas merecen ser tratadas como elusoras? Con esta nueva imposición, usted está premiando a aquellas empresas que distribuyeron utilidades al límite de lo posible y se endeudaron para llevar adelante el negocio. ¿Este es el mensaje que quiere transmitir al empresariado uruguayo? A su juicio, ¿ese sería el modelo a seguir?

De un buen tiempo a esta parte los empresarios uruguayos han entendido que deben crecer fundamentalmente sobre la base de un capital propio, y así lo han hecho en los últimos años. Hoy, las empresas uruguayas están relativamente menos apalancadas que en el pasado, con resultados en sus patrimonios, y empresarios que dejan sus utilidades en las empresas y asumen, por tanto, con sus utilidades no distribuidas, el riesgo del negocio. Esto resulta en mayores garantías para sus empleados y proveedores; en definitiva, resulta en un saneamiento de toda la cadena productiva. Queremos saber: ¿qué defecto encuentra al saneamiento de las empresas uruguayas al cabo de los últimos años?

En el gravamen sobre las utilidades no distribuidas el sujeto pasivo parece ser el empresario –por tratarse del IRPF– pero, sin embargo, quien lo retiene es la empresa. Entonces deseamos saber cómo la empresa en cuestión tiene que contabilizar esta retención. Intuitivamente y en primera instancia podría entenderse que sería un activo, porque es un derecho que la empresa pasa a tener contra su accionista a cuenta de la distribución de utilidades futuras, pero ¿qué sucede si en el futuro, dados los resultados de la empresa o las decisiones de inversión, no hay utilidades suficientes para distribuir? El grado de realización de ese activo es extremadamente incierto. Por lo tanto, esto lleva a pensar en que la empresa debería contabilizarlo como un gasto al reconocer la baja probabilidad de realización o de cobro del activo. Ahora bien; si es un gasto, por la vía de los hechos el impuesto recae sobre la empresa, por lo que viene a cambiarse el sujeto pasivo y, entonces, sería un componente del IRAE. ¿Puede aclararnos este punto?

La Oficina de Planeamiento y Presupuesto ha fijado a las empresas públicas una serie de pautas para la elaboración de sus respectivos presupuestos. Quisiéramos que el señor ministro explique con detalle en qué consisten esas pautas y, sobre todo, qué grado de cumplimiento se está verificando a este respecto y si alguna empresa se ha apartado de ellas.

¿Todos los entes autónomos están trabajando con presupuestos 2016 aprobados, o lo están haciendo sobre la base de presupuestos anteriores? ¿Piensa usar las tarifas públicas con la finalidad de contribuir al financiamiento del déficit fiscal, o los ajustes estarán directamente asociados a las estructuras de costo de cada empresa? En este mes de agosto, y de aquí a fin de año, ¿el Gobierno tiene previsto realizar algún tipo de aumento de tarifas?

En la exposición de motivos de la rendición de cuentas se hace mención a la limitación del ingreso de funcionarios, con la fórmula de llenar dos de cada tres vacantes. Consultamos: ¿por qué esa medida no fue incorporada en el articulado para limitar el ingreso en la Administración central?

Respecto al beneficio establecido para las donaciones que realicen las empresas contribuyentes del impuesto a las rentas de las actividades económicas e impuesto al patrimonio, con destino a centros educativos, ¿está de acuerdo con la eliminación de tales beneficios cuando la destinataria sea una universidad privada? ¿Hay riesgo de que se suprima también dicho beneficio a los centros educativos privados que imparten educación primaria, secundaria o técnico-profesional a poblaciones carenciadas?

Si los legisladores de su partido proponen una iniciativa tendiente a la no devolución del Fonasa, tal como se ha discutido públicamente, ¿qué posición adoptaría el ministro y cuál sería su fundamento?

Finalmente, considerando los últimos años de gobierno –en particular el período del hoy senador Mujica, que se inició con una proyección del déficit de 0,7 % para el 2015, pero terminó en un déficit de 3,6 % del PBI–, queremos saber qué evaluación hace el ministro de la gestión fiscal de aquellos años. ¿Hace usted alguna autocrítica como representante económico del partido de gobierno? ¿Le parece justo tener que ajustar fiscalmente a la sociedad uruguaya a través del IRPF y del IASS –cuando venga la iniciativa–, y a las empresas a través del IRAE? ¿Siente que al Gobierno le cabe alguna responsabilidad respecto a la necesidad de este ajuste fiscal?

Señor presidente: las preguntas que he realizado serán distribuidas al señor ministro de Economía y Finanzas, a su equipo y a todos los señores senadores.

Es cuanto tengo que manifestar en esta parte de la interpelación.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Tiene la palabra el señor ministro de Economía y Finanzas.

SEÑOR MINISTRO.- Muchas gracias, señor presidente.

También comienzo por agradecer esta posibilidad que nos otorga el Senado de referirnos a la política económica en su conjunto, que es la primera inquietud que está contenida en nuestra convocatoria. Por supuesto que llego aquí interpelado como ministro de Economía y Finanzas del Gobierno actual, que es mi responsabilidad institucional.

Obviamente, la política económica es un proceso que tiene influencias del pasado, que se proyecta hacia el futuro y, naturalmente, también estaremos haciendo comentarios que involucran el pasado y el futuro.

Comienzo por establecer un acuerdo con el señor senador interpelante en el sentido de hacer lo posible por tener una discusión seria, no vacía y, sobre todo, no convertirla en un torneo de agravios. Nunca voy a entrar en ese terreno, pero he escuchado que hemos trampeado a la población, que la hemos engañado, que somos irresponsables –por supuesto, no somos infalibles– y también negligentes, imprudentes, que promovimos el desquicio y que obedecemos simultáneamente al Fondo Monetario Internacional, al PIT-CNT y a los bancos. No sé cómo hacemos para lograr esa múltiple obediencia, pero menciono estos ejemplos porque este no es un buen camino para tener una discusión seria. Tampoco es un buen camino –y quien hoy está ocupando la presidencia del Senado me va a perdonar– permitir que haya referencias personales en la discusión. El Reglamento tiene una disposición muy sabia: los oradores tienen que dirigirse a la Mesa y no de manera personal a quienes están integrando la sesión. Esto ayuda mucho porque permite despersonalizar una discusión y concentrarla en los conceptos. Yo la voy a practicar rigurosamente porque además la tuve que defender durante todo el período pasado, y lo hice permanentemente. Quienes me acompañaron en el Senado en la legislatura anterior saben que fue así. Por lo tanto, me voy a dirigir exclusivamente a la Mesa, porque entiendo que así debe ser. Pido excusas, pero me expresé con todo respeto y espero que esto contribuya a lograr lo que el señor senador interpelante planteaba en cuanto a la seriedad de la discusión.

Para realizar nuestra exposición nos vamos a apoyar en algunas láminas. Desde ya digo que está fuera de nuestro ánimo cansar a los señores senadores, pero hay muchos aspectos en juego que deben ser recorridos. A esos efectos, los hemos ordenado en siete categorías: el nuevo escenario macroeconómico, que abarca aspectos nacionales e internacionales; la programación fiscal y las fortalezas financieras que hoy tiene el país; las medidas para consolidar la situación fiscal –se corresponde con las medidas propuestas actualmente–; los impactos que esperamos de estas medidas; algunos indicios económicos recientes –desde ya adelanto que son levemente positivos y tienen que servirnos de estímulo para seguir trabajando–; el impulso a la inversión como principal política anticíclica y, finalmente, recordaremos algunos logros sociales que consideramos muy importantes y que nos parece necesario preservar.

Comencemos por recordar que la economía mundial no logra recuperarse después de períodos de mucha volatilidad e incertidumbre. En la lámina que estamos viendo tenemos, en la línea roja, a los países emergentes y, en la línea verde, al mundo en su conjunto; allí se aprecia que después de la gran caída de 2008 no han sido recuperados los niveles previos, y se espera que en los próximos años haya un crecimiento muy modesto. Este magro desempeño de la economía global está muy asociado a un comercio que en los últimos tiempos ha venido cayendo y que, al mismo tiempo, ha sido muy desparejo. Menciono estas características fundamentales para saber que aquí hay dos componentes muy importantes. Con un color verde claro se ha representado el efecto de los precios en el comercio; observen los señores senadores que la caída de los precios, en el momento actual, ha sido muy significativa. Destaco especialmente esta característica porque, como veremos más adelante, es la que más ha afectado a Uruguay en los últimos años.

Las barras azules corresponden a la evolución del volumen físico del comercio. Simplemente al observar esta gráfica se comprueba que los precios han sido la influencia más grande, negativa por cierto, en cuanto a las crisis que está experimentando el comercio global en los tiempos actuales.

Los precios, particularmente de los alimentos, que son los que le importan a Uruguay, se están manteniendo a niveles muy bajos, aunque con comportamientos muy diferenciados según los productos. A la izquierda de la gráfica se aprecia la profundidad de la caída que tuvieron los precios de los alimentos y, a la derecha, comportamientos distintos donde, por ejemplo, la soja y el trigo se han defendido mejor que otros productos, como la carne, el arroz y el maíz.

Dentro de este panorama –retorno a áreas de interés más cercanas a nuestro país– esperamos a corto plazo enfrentarnos a un escenario recesivo en el vecindario, particularmente en dos países que son muy importantes para Uruguay, como Argentina y Brasil. En el pasado hemos tenido influencias negativas de Brasil por inconvenientes internos de ese país, y problemas importantes en la Argentina, que también han repercutido negativamente en Uruguay, pero nunca, que yo recuerde en nuestra historia contemporánea, habíamos tenido la influencia –en el mal sentido de la palabra– de los dos países al mismo tiempo.

En la lámina se ha representado con color azul la situación de Argentina y con color verde claro la de Brasil. Se aprecia que en 2015 Brasil cayó casi un 4 % en su producto interno bruto y para este año tiene una perspectiva de caída superior al 3 %. Por su parte, Argentina, que en 2015 había registrado crecimiento, tiene una previsión de caída para 2016 de 1,4 %. En el caso de Brasil hay un problema fiscal tremendo que nos permite observar que recomponer el resultado fiscal y evitar el crecimiento exponencial de la deuda es el mayor desafío que tiene. Los señores senadores pueden apreciar una caída extraordinariamente grave del resultado fiscal de Brasil que, en los últimos meses de este año, llega a superar el 10 % del producto interno bruto. Por su parte, Argentina también atraviesa un ajuste muy recesivo y persistente, asociado a desequilibrios macroeconómicos igualmente importantes. A la izquierda de esta lámina se muestra un resultado fiscal que, en los últimos meses –estoy hablando de abril de este año–, llega prácticamente a seis puntos del producto y, a la derecha, una evolución de la inflación. Quiero aclarar que hasta ahora las mediciones se hicieron tomando en cuenta los datos de la provincia de San Luis por falta de credibilidad de los datos generales de la estadística argentina, pero ya empezamos a tomar como fuente al Instituto Nacional de Estadística y Censos de ese país, que parece estar mejorando su trabajo. En todo caso, las previsiones de abril de 2016 para la materia inflacionaria son de un 43 %.

Cabe señalar, entonces, que tenemos no solamente un mundo complicado por volatilidad e incertidumbre, sino también un vecindario muy complicado –como sinceramente no recuerdo haber visto en décadas– por la simultaneidad de los efectos negativos que aparejan las situaciones de Argentina y de Brasil. Nótese que estamos hablando de quien fuera nuestro primer cliente comercial en bienes –Brasil– y de quien fuera nuestro segundo cliente comercial en bienes y nuestro primer comprador de algunos servicios tradicionales, como el turismo. Estamos hablando de esos países.

Ahora bien, en Uruguay los datos del primer trimestre del año muestran muchas dificultades para retomar la senda de crecimiento vigoroso que el país tuvo en el pasado. Allí se ve una declinación clara de la evolución del producto bruto interno que, obviamente, se acelera a partir del primer trimestre del año pasado –de 2015– y que termina mostrando incluso un decrecimiento de una décima de punto en el primer trimestre de este año, que es la última fuente de datos que tenemos; la próxima recién se va a conocer en setiembre de este año. En todo caso, el año pasado el país creció un 1 % y veremos lo que ocurre en este año, dependiendo de un conjunto de factores que trataremos de ir analizando en el correr de esta exposición.

Obviamente, en economía hay oferta y demanda. La oferta es el producto y lo que importamos, y la demanda lo que consumimos, lo que invertimos y lo que exportamos. En la gráfica se ve que el comportamiento total de los componentes de la oferta y la demanda ha sido negativo, que es lo que explica la desaceleración del crecimiento que hemos tenido en los últimos años hasta llegar a ese 1 % del año pasado. Arriba a la izquierda vemos el comportamiento de la inversión total, a la derecha el consumo final privado, abajo a la izquierda las importaciones y, a la derecha, las exportaciones. Tenemos, en primer lugar, descenso de la inversión y del consumo interno privado; tenemos un descenso en las importaciones –si alguno cree que es un buen dato, se equivoca, porque los países que crecen más tienen que tener un volumen de importaciones importante, particularmente de maquinarias y equipos; después vamos a ver la composición de las importaciones– y también un descenso importante del volumen de las exportaciones. Aquí juega lo que señalamos hoy sobre el comercio global. En el caso de Uruguay el descenso de las exportaciones es mucho más por precios que por cantidades. Esto es, el volumen físico de las exportaciones de bienes del país no ha tenido una evolución tan negativa como la que sugiere la gráfica; por eso pusimos tanto acento en diferenciar el efecto precio del efecto volumen cuando mostramos el comercio global mundial.

Estos indicadores de desaceleración han tenido repercusiones sobre el mercado de trabajo. En la siguiente gráfica, arriba aparece la curva de la tasa de empleo –tenemos una tasa de empleo declinante– y, abajo, su correspondiente variable. Tenemos una tasa de desempleo que ha crecido en los últimos tiempos; esas son las repercusiones naturales que caben esperar, precisamente, en una economía que se desacelera. Han caído los cotizantes al Banco de Previsión Social y ha aumentado el número de trabajadores desocupados. En la izquierda de esta gráfica detectamos que entre marzo de 2015 y marzo de 2016 –que es el último dato que tenemos– hemos perdido 33.000 cotizantes, lo que no quiere decir que se hayan mantenido porque parte de esta gente volvió a conseguir trabajo. Por eso la duración del desempleo es una de las variables importantes que debemos tener en cuenta cuando analizamos un panorama de este tipo. De todas maneras, a la derecha se ve claramente que hay una tendencia al aumento del seguro de desempleo en relación a los cotizantes, asociado con la desaceleración que ha tenido el país.

En este contexto fue que el Poder Ejecutivo propuso lineamientos más flexibles para la negociación salarial, con cambios respecto a las rondas anteriores, estableciendo plazos con un horizonte a 2018 –esto es con dos o tres años de plazo– para generar condiciones de estabilidad en los acuerdos. También se proyectó una periodicidad semestral de los ajustes salariales. Aparece una novedad: se dividió a las empresas en tres categorías de modo de diferenciar las que tienen buenos resultados en materia de crecimiento, superiores al 4 % anual, de las que tienen problemas importantes porque son beneficiarias de subsidios, con mucho riesgo de desempleo, ubicando en el medio una categoría, que podríamos llamar, precisamente, intermedia. De este modo tenemos tres categorías, lo que nos permite lograr acuerdos adecuados a la situación de la empresa y, sobre todo, tener en cuenta la importancia de proteger las conquistas obtenidas en el pasado y percibir la relevancia fundamental de conservar las fuentes de empleo. Se incluyen correctivos por inflación a 24 y 36 meses y un gatillo automático, que opera inmediatamente, si la inflación fuera superior al 12 %. Además, se prevén aumentos adicionales para salarios sumergidos, del orden del 3,5 % para los nominales entre $ 10.000 y $ 12.000 y 2,5 % para salarios nominales entre $ 12.000 y $ 14.000. Estos son aumentos adicionales a los que se negocian por la vía de los lineamientos salariales.

Los salarios reales, a pesar de la desaceleración, han continuado creciendo, aunque a un menor ritmo, obviamente, que en años anteriores. Ahora, cuando está en un franco proceso de desaceleración, no se puede crecer al mismo ritmo que cuando la economía aumentaba a tasas mucho mayores. Sin embargo, todos los datos indican que el salario real, aunque menos, ha seguido creciendo. Aquí está el dato del primer trimestre anualizado de 2016, que muestra un crecimiento de 1,1 %, y puedo decir –aunque no está en esta lámina– que los doce meses terminados a junio también registran un incremento –modesto, pero incremento al fin– del salario real de casi 1 %.

Los ajustes de precios relativos –ahora vamos a ver a qué se deben– determinaron un aumento transitorio en la medición anual de la inflación, que es uno de los desequilibrios macroeconómicos más importantes que tiene el país.

En la parte superior de la gráfica los señores senadores pueden observar una evolución simultánea de lo que llamamos la inflación observada –que está en azul– y de lo que llamamos la inflación subyacente, que es la inflación que se mide exclusivamente en los precios más permanentes, que están menos afectados por volatilidades que hacen que suban y bajen rápidamente. Pero el dato interesante –que luego podremos analizar, cuando llegue el turno de los indicios– es que esa inflación subyacente hoy está en descenso y está prácticamente por debajo de la inflación observada, lo cual es un muy buen anticipo de que estamos combatiendo la inflación por el camino correcto.

En la parte de abajo de la gráfica se aprecian los principales componentes que hicieron que la inflación llegara al 11 % hace muy poco en el Uruguay: por ejemplo, los bienes no transables –que son los que tuvieron una incidencia más importante–, los transables –los que se comercian con el exterior–, los administrados, las frutas y verduras, y el impuesto al tabaco y a los cigarrillos. Ellos son, precisamente –como lo muestra la gráfica siguiente–, los factores fundamentales que incidieron en el crecimiento inflacionario en el pasado.

En la gráfica siguiente se aprecia la incidencia que han tenido las frutas y las verduras, así como el impuesto a los cigarrillos y al tabaco, en el aumento de la inflación de los últimos tiempos. En la medida en que estos factores se van superando, la llamada «inflación subyacente» tiene una evolución menor que la observada y, por lo tanto, se produce una reducción del ritmo inflacionario, que es lo que sucede hoy en el país. Aquí se aprecia que los precios de las frutas y las verduras –a la izquierda de la lámina– aumentaron 22 % en lo que va del año, explicando ocho décimas del alza en el IPC de enero a mayo.

Por otra parte, el encarecimiento del 29 % de los cigarrillos tuvo en el último año una incidencia de siete décimas en la evolución de la inflación observada. También influyó la suba del tipo de cambio, no la vigente –porque ahora ocurre lo contrario– sino la que se dio básicamente entre mayo de 2015 y mayo de 2016. Esta suba del tipo de cambio también contribuyó al aumento de la inflación, al igual que en otros países de la región.

A la izquierda se aprecia el crecimiento de la inflación, precisamente gracias a la influencia del tipo de cambio que, en esa evolución reciente, aparece en la gráfica encerrado en un círculo rojo, como se puede observar. A la derecha, se puede constatar que no solo Uruguay tuvo una depreciación nominal importante del tipo de cambio en estos años, porque en Perú hubo una devaluación de 5,7; en Chile, de 12,2; en Brasil, de 15,8; en Uruguay, de 18,4, y en Colombia, de 22,9. En la parte inferior de este cuadro se muestra que todos estos países tienen una inflación que está por debajo del rango meta. Por lo tanto, no es un problema exclusivo del Uruguay, sino que está muy asociado a las condiciones internacionales del entorno económico.

Veamos lo ocurrido con las tarifas públicas. Se trata de un tema señalado en la interpelación y que, al mismo tiempo, debemos tratar en el correr de esta sesión.

El ajuste de tarifas públicas de enero estuvo contemplando casi exclusivamente, diría yo, los mayores costos de producción de las empresas públicas. Allí tenemos cuatro empresas públicas –UTE, Antel, OSE y Ancap– que, junto con la Administración Nacional de Puertos, constituyen las cinco empresas públicas más importantes.

En azul oscuro figura la variación de costos de esas empresas en el período enero 2015-enero 2016, momento en que se produjo este aumento de tarifas. En azul más claro tenemos el ajuste de tarifas. Como se aprecia, el ajuste de tarifas está por debajo del incremento de los costos, por lo que no puede afirmarse que estamos utilizando las tarifas con fines fiscales ni, mucho menos, exclusivamente fiscales. En el caso de Ancap, como saben los señores senadores, prácticamente no ha habido modificaciones.

A la derecha tenemos la tendencia, ya no para el último año sino desde mayo de 2011 hasta mayo de este año, del promedio de tarifas públicas en términos reales en el país. Acá se aprecia claramente que el promedio de tarifas en términos reales en los últimos cinco años ha sido descendente, claramente descendente y, en algunos casos, pronunciadamente descendente. Lo que está encerrado en un círculo rojo, a la derecha, corresponde al período mayo 2015-mayo 2016.

Ahora bien: la política monetaria profundizó su sesgo contractivo en esto que es la lucha contra la inflación. Las tarifas contribuyeron, sin duda, pero la política monetaria practica un sesgo contractivo muy importante. Lo que están mostrando esas barras que se pueden apreciar en la gráfica es la variación de la cantidad de dinero en circulaciónque, como verán los señores senadores, ha ido francamente en descenso durante los últimos tiempos, incluso superando las metas que el propio Banco Central del Uruguay se había trazado al respecto.

A ello habría que agregar la suba de encajes que dispuso el Banco Central del Uruguay en moneda nacional y en moneda extranjera, para hacer aún más profundo el sesgo contractivo en la lucha contra la inflación utilizando la herramienta monetaria.

¿Por qué ponemos mucho el acento en todo esto? Porque para luchar contra la inflación tiene que haber mucha coherencia entre todos los instrumentos fundamentales de la política económica, y para eso tenemos que trabajar en el terreno fiscal –proponiendo cambios como los que contiene la rendición de cuentas–; en el terreno monetario –con la política que practica el Banco Central del Uruguay–, y en una política de ingresos más flexible que en el pasado. De ahí los lineamientos salariales más flexibles a los que me acabo de referir hace unos minutos. Debe existir consistencia entre los tres instrumentos. Esa es la clave para luchar con eficacia contra los desequilibrios macroeconómicos, uno de los cuales es la inflación.

Ahora, señor presidente, quisiera referirme a un elemento muy importante que está vinculado a un tema que hasta ahora no se mencionó en la interpelación pero que en algún momento puede surgir y, si no surge, queremos plantearlo nosotros. Me refiero a las diferencias entre las previsiones macroeconómicas del Presupuesto y las que contiene esta rendición de cuentas, porque hay una diferencia muy grande. Hemos corregido, a la baja, las previsiones del Presupuesto, y lo hemos hecho, entre otras cosas, porque tuvimos un deterioro profundo y no esperado del contexto internacional global y mucho más del regional.

¿Qué estamos presentando en esta lámina? Estas barras representan cuatro fechas. La que figura más a la izquierda, representa abril de 2014; la segunda, octubre de 2014; la tercera, abril de 2015, y la cuarta, octubre de 2015. Nótese que en todos los casos se trata de proyecciones del Fondo Monetario Internacional que están siendo corregidas a la baja notoriamente; en particular, en el período que va de abril de 2015 a octubre de 2015, período en el que formulamos el proyecto de ley de Presupuesto en el que se incluyen previsiones que luego tuvieron que ser corregidas a la baja.

Lo mismo ha ocurrido –lo veremos en esta lámina que viene– con todos los organismos internacionales más importantes, a los efectos de tomar en cuenta sus previsiones. Acá tenemos Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Cepal. Todos esos organismos corrigen a la baja y, en algunos casos, en forma muy importante –particularmenteen la fecha que acabo de mencionar– sus previsiones. Justamente algunos de ellos, antes de corregir a la baja estas previsiones, tienen previsiones muy alineadas con las que el Gobierno uruguayo trabajó en la ley de Presupuesto. Fíjense, señores senadores que, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional preveía para la economía uruguaya, en julio de 2015, un crecimiento de 2,8 %, y en octubre de 2015, un crecimiento de 2,5 %.

Por su parte, el Banco Mundial, en junio de 2015, preveía un crecimiento de 2,6 %. Estas son las cifras que se pueden visualizar en la lámina que se está exhibiendo.

Mientras tanto, la Cepal, en octubre de 2015, preveía un crecimiento de Uruguay de 2,4 %.

Los analistas privados –que es la gráfica que se muestra ahora–, justamente, para junio de 2015 preveían un crecimiento de 2,9 % para la economía uruguaya, pero luego debieron hacer una profunda corrección en su previsión para ese año.

Menciono todos estos aspectos porque forman parte del entorno macroeconómico y de los datos e informaciones que maneja quien define el contenido de un presupuesto nacional a los efectos de hacer sus propias previsiones. Por supuesto, las hemos corregido, porque la realidad nos indica que las cifras que nosotros incluimos en el Presupuesto nacional no son compatibles con esa realidad. Por eso, corregimos a la baja, y en la rendición de cuentas los números que aparecen son bastante distintos a los del Presupuesto nacional. Obviamente, corregir a la baja significa: crecer menos; tener más responsabilidad fiscal; seguir combatiendo la inflación, todavía con más fuerza; y, como dije antes, flexibilidad en la política de ingresos.

La gráfica siguiente, a la izquierda, muestra que las nuevas proyecciones, luego de la corrección, están en línea con las expectativas de crecimiento –que acabamos de ver– de los organismos internacionales, de las calificadoras de crédito y de los analistas privados. Esto es: tenemos ahora un grado de coincidencia importante entre las fuentes de datos que acabo de mencionar.

Lamento que los números de la gráfica sean tan chicos y tan difíciles de ver, pero respecto a 2016, con las normas que se pretende plasmar en la rendición de cuentas, el país está previendo un crecimiento de medio punto. Las calificadoras de riesgo prevén cuatro décimas de punto de crecimiento; los organismos internacionales, prevén casi un punto, concretamente nueve décimas; los analistas e instituciones financieras, son más pesimistas: prevén una décima. Pero si hacemos el promedio general de todas estas previsiones para el 2016 tenemos coincidencia absoluta: medio punto de crecimiento, que es el que nosotros estamos poniendo ahora en la rendición de cuentas.

(Ocupa la presidencia el señor Raúl Sendic).

–Para 2017-2019, que es el resto del período, esperamos que el crecimiento de Uruguay sea similar al promedio de la región. Aquí, en esta gráfica, en color rojo, se puede observar el promedio de América Latina, que está bastante por debajo del de Uruguay en los años anteriores y que se aproxima y coincide bastante con el crecimiento que nosotros esperamos para el resto del período, esto es, 2017, 2018 y 2019.

Vayamos ahora al segundo punto, que es la programación fiscal, teniendo en cuenta las fortalezas financieras que tiene el país.

En la siguiente lámina se puede ver, en primer lugar, las diferencias entre el Presupuesto nacional y la rendición de cuentas, que son importantes. En el Presupuesto nacional, que es el que figura en azul, se preveía un crecimiento de casi 15 % para todo el período, y ahora prevemos aproximadamente la mitad; esto es, un crecimiento de 7,7 % en el período total 2015-2019. Ahora bien: si no hiciéramos nada, este menor crecimiento derivaría en menores ingresos netos, por cierto, y en un peor resultado fiscal. Llegaríamos, según nuestros cálculos, a un resultado fiscal de desequilibrio de 4 % al final del período. Reitero: si no hiciéramos nada.

Por su parte, la desaceleración –aunque parezca mentira y no es deseable– contribuye a mejorar el resultado fiscal porque, sin perjuicio de que hay menores ingresos como consecuencia de la menor actividad, también hay menos gasto endógeno de ese que está muy vinculado y articulado con el nivel de actividad. Y ese nivel de crecimiento de la actividad y la moderación consecuente del gasto endógeno nos lleva a mejorar en medio punto el resultado fiscal, por lo que pasaríamos de 4 % a 3,5 %, que es el déficit consolidado que hoy tiene el país en los doce meses más recientes.

Si aplicamos la propuesta fiscal que contiene la rendición de cuentas, podemos llegar a mejorar en un punto más el resultado fiscal y alcanzar, como se dispuso en el Presupuesto nacional –en esto coinciden las dos previsiones– un resultado fiscal de 2,5 % negativo, que es la meta que tenemos para el futuro.

Por lo tanto, las medidas propuestas representan un punto del producto. O sea que tanto la reducción de gastos como el aumento de ingresos tienen un efecto conjunto de un punto del producto, lo que nos va a permitir pasar de 3,5 % a 2,5 % de déficit.

Consideramos, señor presidente, que este es un ajuste muy moderado. Obviamente, es un juicio absoluto; conviene tener juicios relativos y comparativos. El ajuste que hizo el Partido Nacional en 1990 fue de 5 puntos del producto; concretamente, fue de 5,2 puntos del producto. Eso es un ajuste fiscal muy grande. Este es de un punto. Por supuesto que el país tiene mayor producción, mayor actividad, mayor trabajo, mayor número de trabajadores, mejores condiciones de vida, pero también tiene, en ese contexto, dificultades que lo llevan a tomar medidas fiscales de esta envergadura; medidas fiscales que, vuelvo a decir, a la luz de las circunstancias actuales, las consideramos muy moderadas. Después, si es necesario, podemos ver detalles –gastos, impuestos, etcétera– de aquel ajuste fiscal del Partido Nacional que llegó a más de 5 puntos del producto.

La reducción del déficit fiscal nos va a ayudar –como lo muestra la gráfica– a estabilizar la relación entre deuda y producto, lo que es fundamental precisamente para que la situación se consolide. Por eso usamos tanto la palabra «consolidación». «Consolidar» la situación fiscal es hacerla compatible con las demás herramientas de la política económica. Podemos observar, en la gráfica, que el Presupuesto nacional figura en rojo y la rendición de cuentas en azul. Por lo tanto, la rendición de cuentas, dada la corrección de metas fiscales, está un poco por encima del Presupuesto, pero muestra lo que nosotros queremos conseguir: la estabilidad de la evolución de la relación entre deuda y producto que, como se verá, es muy inferior a aquella que teníamos cuando comenzaron los Gobiernos del Frente Amplio en 2005.

La relación deuda bruta-producto y la relación deuda neta-producto están muy por debajo de los guarismos que tenían al comenzar los Gobiernos del Frente Amplio. Si no recuerdo mal, la proporción de deuda bruta sobre el producto era del 100 % –esto es, se debía un producto anual entero–, mientras que la deuda neta estaba 40 puntos por debajo, o sea que era de aproximadamente el 60 %. Recuerdo a los señores senadores que la deuda neta es la deuda bruta menos las reservas internacionales. Desde hace muy poco tiempo, la deuda neta llegó a estar en un 21 % del producto. Luego, si los señores senadores lo desean, podemos ir a los números concretos para ver cómo se llega a ese 21 % y cómo prevemos la estabilidad de la deuda neta hacia adelante.

Quiero hacer la siguiente advertencia: las cifras que están en esta lámina no son exactamente iguales a las que estoy dando porque se excluyeron, a propósito, los encajes de los bancos en el Banco Central del Uruguay; no estamos computando como reservas los encajes de los bancos. Por lo tanto, las reservas caen y el porcentaje de deuda neta sobre el producto aumenta. Lo que importa es la estabilidad.

Abajo y a la izquierda de la lámina figuran las modificaciones de los topes incrementales de endeudamiento a que lleva la corrección de previsiones entre el Presupuesto nacional y la rendición de cuentas expresadas en unidades indexadas. Como verán, en 2019 coincide el Presupuesto nacional con la rendición de cuentas porque esperamos exactamente la misma meta fiscal en ambos. Por lo tanto, además de modificar los topes de incremento de endeudamiento a que conduce la corrección de previsiones entre Presupuesto y rendición de cuentas, culminamos con una coincidencia entre ambos, porque la meta fiscal de uno y otro es exactamente la misma.

Uruguay cuenta con un conjunto de fortalezas financieras que le permiten trabajar con tranquilidad en circunstancias de este tipo. No obstante, debo advertir que la fortaleza financiera no es la solución de los problemas del país, porque lo que permite es tener una buena transición, tranquila, entre una situación fiscal complicada y una mejor. Es una fortaleza porque ayuda a tener esa transición de manera serena, a no apurarse en la toma de decisiones y a buscar las mejores oportunidades; no es una solución, pero ayuda muchísimo.

En la siguiente presentación se muestra que el país tiene muy buenos amortiguadores financieros. A la izquierda de la lámina tenemos exclusivamente la liquidez del Gobierno central; en la parte de abajo figuran los activos líquidos con los que cuenta la Tesorería General de la Nación, que son de USD 3.240:000.000; y en la parte superior aparecen las líneas de crédito contingentes, que son suministradas por los organismos multilaterales, que están a disposición del país, pero que el país usa solamente si las necesita. Por este concepto tenemos USD 2.419:000.000 a disposición; uso esta expresión porque el país los tiene disponibles, pero –reitero– los usa si los necesita. Estas dos cifras suman aproximadamente USD 5.600:000.000, y todos los servicios de deuda de los próximos 18 meses –esto es, todos los compromisos de deuda del país de un año y medio– alcanzan la suma de USD 2.989:000.000; no llegan a USD 3.000:000.000 y solo el Gobierno central tiene disponibles casi USD 6.000:000.000. Esta es una fortaleza; lo es para una persona, para una familia y, desde luego, para un país. Esta fortaleza permite hacer transiciones fiscales como las que queremos hacer, con serenidad, con tranquilidad, sin hacer ajustes más importantes que el que estamos proponiendo.

En la lámina, abajo, pueden observar los aportes que hicieron los bancos multilaterales: USD 800:000.000 el BID, USD 600:000.000 el Fondo Latinoamericano de Reservas, USD 520:000.000 el Banco Mundial y USD 500:000.000 la Corporación Andina de Fomento.

La gráfica siguiente muestra, en su parte superior, lo que teníamos en diciembre de 2004, esto es, casi cuando estábamos por empezar a trabajar. El cuadradito rojo muestra que el 35 % de la deuda vencía en los tres años siguientes a la asunción del Gobierno. En la parte de abajo de la lámina se observa que en diciembre de 2015 ese 35 % se convirtió en 15 %. El 15 % de la deuda, a diciembre de 2015, vencía en los próximos tres años; esto es, había cambiado sustancialmente el perfil de la deuda. La gráfica en rojo, a la derecha, nos muestra que la vida promedio de la deuda –para hablar con palabras simples– o la duración media de la deuda era de 7,4 años, pero la gráfica de abajo, la de diciembre de 2015, muestra que la vida promedio de la deuda es de 15,5 años; es decir que pasamos de 7,4 años a 15,5 años, esto es, prácticamente más del doble de la madurez que teníamos antes. La línea verde de la gráfica da cuenta de esta fortaleza financiera importante, y muestra un incremento notable en los últimos tiempos de la madurez promedio de la deuda, así como una baja denominación en moneda extranjera. Esta gráfica nos indica que en los primeros meses de este año el 46 % de la deuda está denominada en moneda nacional, lo que implica una disminución enorme de riesgo para un país que, obviamente, tiene que regresar lo antes posible a niveles de mayor crecimiento.

Abajo aparecen un par de indicadores muy importantes. En 2005, la deuda contraída a una tasa fija de interés era 78 % de toda la deuda, y hoy es el 84 %. En cuanto a la deuda que vence en 12 meses, en 2005 era el 4,7 % y hoy es el 1,2 %; aquí también hubo una mejora notoria. Naturalmente, esto está asociado a que Uruguay cuenta con la calificación crediticia más alta de toda su historia; nunca había tenido la calificación crediticia actual y así lo muestra el cuadro que nos permite ver, como lo indica la superficie sombreada, que pasamos de un riesgo crediticio que superó los 1750 puntos básicos, a uno que hoy se ubica en aproximadamente 250 puntos básicos. Los escalones que pueden ver en la pantalla muestran que tres consultoras fundamentales, como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, califican a Uruguay con el grado inversor y dos de ellas lo hacen un escalón por encima del límite con el grado especulativo.

Pongo el acento en estos aspectos no solo porque son importantes para la transición fiscal, sino porque la confianza es un activo fundamental en cualquier proceso de transición y de consolidación fiscal. Ustedes pueden ver ahí que la percepción de riesgo sobre Uruguay se encuentra ubicada en niveles inferiores a la de otros países de igual o mejor calificación crediticia. A la izquierda de la línea punteada, están Chile, Perú, Uruguay, Colombia y México. Estos son los países con mejor calificación de la región; Uruguay está entre ellos y, en algunos casos, por debajo. A la derecha están algunos de los países que tienen problemas, entre ellos Brasil, nuestro gran vecino, que hoy está mucho peor de lo que muestra la gráfica que estamos analizando. Esto revela que la confianza en el país permite tener este activo fundamental que es necesario preservar y, precisamente, las medidas que estamos proponiendo en el campo fiscal tienden a preservar este activo, entre otras cosas. Obviamente, el objetivo principal no es este, sino retomar los niveles de crecimiento, trabajo y bienestar que el país tenía hasta hace muy poco tiempo, cuidando lo logrado hasta ahora –falta mucho todavía– y tratando, en lo posible, de mejorar.

En esta gráfica ustedes ven que precisamente el incremento reciente del riesgo país mantiene a Uruguay entre los países que generan mayor confianza interna e internacional. La moderación del crecimiento y el deterioro de la situación fiscal son comunes a toda la región. Al decir esto, no crean que quiero ingresar en aquello de «mal de muchos consuelo de tontos» porque no pretendo diluir la importancia de la situación que vive el país, sino señalar que lo que sucede aquí no es ajeno a lo que afecta a una buena parte del mundo, en particular a todo el vecindario en el que estamos trabajando, sobre todo a Brasil y Argentina.

La parte izquierda de la gráfica –que es un poco complicada– muestra que los países que están más arriba y más a la izquierda son los que tuvieron mejor desempeño en cuanto a moderación del crecimiento y aumento del déficit fiscal, y entre ellos está Uruguay. Por algo los que están más lejos de ese ángulo superior izquierdo son Ecuador, Brasil y Venezuela. Estos países han tenido problemas de crecimiento y, al mismo tiempo, problemas de desequilibrio fiscal muy importantes.

Veamos ahora las cifras de déficit fiscal en la región, incluidos los países que tienen un gran prestigio: Perú, 2,2 %; Chile, 2,3 %; Paraguay, 2,5 %; Panamá, 2,8 %; Colombia, 2,8 %; Uruguay, que hoy está en 3,5 %, terminó 2015 con 2,8 %, que es el punto de comparación; México, 4,1 %; Ecuador, 5,3 %; Costa Rica, 5,8 %; Bolivia, 6,6 %; Argentina, 7,4 %; Brasil, 10,3 % y Venezuela, 18,7 %. La mayoría de los países están tomando medidas activas para reducir el déficit fiscal y, por supuesto, eso es lo que se debe hacer. Los países que redujeron sus gastos en 2015 como porcentaje del PIB fueron: Ecuador, Brasil, Costa Rica, México y Colombia. Ecuador los redujo en más del 2 %, Brasil en 1,5 %, Costa Rica en 1,4 %, México en 
0,7 % –todo esto está en la parte izquierda de la gráfica– y Colombia lo hizo en -0,7%. Todos estos países aumentaron los impuestos. Ecuador aumentó el impuesto a la renta empresarial y el IVA; Brasil, el impuesto a la renta empresarial, a las transacciones financieras y a los productos industrializados; Bolivia, el impuesto a la renta empresarial y a las transacciones financieras; Chile, el impuesto a la renta empresarial y personal, y Colombia anuncia un incremento de impuestos a la brevedad.

Ahora bien; ¿qué criterios fundamentales guiaron la elección de los instrumentos para la consolidación fiscal en esta rendición de cuentas? En primer lugar, el objetivo fundamental es recuperar los equilibrios macroeconómicos que el país perdió, buscando minimizar el impacto de las medidas sobre el nivel de actividad y el empleo. Además, se busca equilibrar el esfuerzo de los distintos actores económicos y sociales, proteger el gasto social en la medida de lo posible y los derechos de la población, y muy especialmente mantener los objetivos de la reforma tributaria, que son tres: la equidad en el esfuerzo, la eficiencia y los estímulos a la inversión. Por eso, sobre estas bases, hemos propuesto el paquete de medidas que, a nuestro juicio, permitirá mejorar el resultado fiscal en un punto del producto a partir de 2017.

A la izquierda están los ingresos y, en este sentido, si bien el señor senador interpelante detallaba algunos de los contenidos de estas medidas, quiero recalcar especialmente uno que no escuché: la rebaja de dos puntos del impuesto al valor agregado con el uso de dinero electrónico, lo que se agrega a las reducciones que ya había tenido dicho impuesto.

Luego están los cambios de tasas de aportes y deducciones del impuesto a la renta personal categoría II, las alineaciones de tasas y las medidas que se toman en la categoría I de ese impuesto –más adelante vamos a analizar especialmente las apreciaciones del señor senador interpelante en materia tributaria–, los cambios en el impuesto a la renta empresarial, que tienen que ver con los sueldos fictos patronales y el descuento de pérdidas fiscales de ejercicios anteriores.

En cuanto a los gastos, se prevé trabajar con los del Gobierno central, las empresas públicas y la previsión social. Aquí se mencionan las transferencias a la Caja Militar, pero esas no son las únicas medidas que estamos tomando en esa materia.

En relación con los ingresos, trabajamos con una previsión de USD 335:000.000 que, a pedido del señor senador interpelante, voy a pasar a detallar. La reducción del IVA supone una disminución de recaudación de USD 50:000.000, las modificaciones en la categoría II del impuesto a la renta personal y el IASS alcanzan los USD 285:000.000 y las modificaciones acumuladas de categoría I del impuesto a la renta personal y del impuesto a la renta empresarial ascienden a USD 100:000.000. A su vez, podemos aportar más detalles si desagregamos estas cifras, pero esa es la desagregación de los USD 335:000.000 por concepto de ingresos. Por concepto de egresos estamos esperando un efecto de USD 125:000.000 –ahora vamos a verlos uno por uno– y se llega a un total de USD 460:000.000. Pero esta no es la totalidad de la corrección que estamos haciendo, porque aquí falta agregar el efecto del diferimiento del gasto de 2017 para 2018, que llega a unos USD 80:000.000 y también lo vamos a ver con cifras concretas. Hablamos de un punto del producto porque los USD 460:000.000 más el efecto de diferimiento de los gastos llega, aproximadamente, a un punto del producto actual.

Las medidas vinculadas al gasto público tienen que ver con el Gobierno central, con las empresas públicas y, como dije antes, con la seguridad social, no solo con la Caja Militar, que es una parte importante, pero no la única.

En materia del Gobierno central, estamos proponiendo, como acabo de señalar, un diferimiento de algunos incrementos previstos en el Presupuesto. Son gastos que el Poder Ejecutivo propone mantener, esto es, no diferir. No voy a cansarlos con cifras –además, seguramente ya tienen todo esto por escrito–, entre otras cosas, porque se acaba de considerar y votar la rendición de cuentas en la Cámara de Representantes. No obstante, por supuesto que dejamos las cifras a disposición de todos. En la lámina se presentan los $ 2.977:000.000 que el Poder Ejecutivo propone mantener, esto es, no diferir.

La lámina siguiente nos muestra aquellos incrementos que el Poder Ejecutivo propuso diferir y que alcanzan los $ 2.588:000.000. El diferimiento es de 2017 para 2018. Como ustedes saben –incluso el señor senador interpelante lo mencionaba–, la Cámara de Representantes introdujo un correctivo que se valora en USD 860:000.000, de modo de reasignar algunos rubros que permitan disminuir los gastos que se difieren, sobre todo eligiendo destinos como la educación, la Administración Nacional de Educación Pública, la Universidad de la República y la Universidad Tecnológica. Si bien no son los únicos destinos, creo que son los más importantes. Allí se incorporaron algunas fuentes de fondos que no estaban previstas como, por ejemplo, las que tienen que ver con el Inefop, la Corporación Nacional para el Desarrollo y la Agencia Nacional de Desarrollo Económico. Este cambio alivia el efecto fiscal y, al mismo tiempo, hace posible mantener los objetivos fundamentales de la consolidación fiscal.

Ahora bien, en la gráfica que se muestra ahora se da cuenta de que el total del incremento de gasto previsto para 2016 y 2017 por el Presupuesto tiene algunos componentes que es importante analizar. El incremento total es de $ 25.185:000.000. Eso es todo lo que se propone incrementar presupuestalmente para 2016 y 2017. Pero fíjense que de los $ 25.185:000.000 del incremento, $ 11.826:000.000 corresponden a gasto endógeno, que ya viene predeterminado y no se puede modificar porque son las pasividades del BPS, el seguro de desempleo, el seguro de enfermedad y el Fonasa, esto es, la incorporación de nuevos colectivos al Fonasa que es algo que ya está decidido por ley y que hay que cumplir porque es ley. Entonces, no diría la mitad, pero cerca de la mitad del total de incremento del gasto presupuestal es gasto endógeno, inmodificable.

Luego tenemos el gasto adicional previsto por la ley de Presupuesto, en 2016 y 2017, que llega a unos $ 13.359:000.000, lo que hace un total de gasto incremental de $ 25.185:000.000. Aquí viene el segundo dato que quiero destacar. En la última línea del cuadro está el gasto diferido y este, sea cual sea, antes o después de las reasignaciones, no va a pasar de ser $ 2.588:000.000, que es aproximadamente el 10 % de todo el incremento previsto en el Presupuesto. ¿Qué estamos diciendo? Que el 90 % del gasto previsto en el Presupuesto se va a cumplir sin diferimiento y es importante tener en cuenta esto.

Ahora bien, estamos presentando, siempre en el marco del Gobierno, una rendición de cuentas sin aumento adicional del gasto. Los únicos aumentos de gasto que están incluidos en la rendición de cuentas son tres, que estaban predeterminados también por acuerdos que se habían hecho. El primero es la instauración del nuevo Código del Proceso Penal, que va a requerir un esfuerzo financiero como el que está a la derecha del cuadro. El segundo es la instrumentación del nuevo Código Aduanero, que también es un gasto endógeno porque el Código Aduanero es ley y se exige su puesta en práctica. Finalmente, está el cambio de régimen de trabajo de la Corte Electoral, asociado a un acuerdo de asignación incremental que se había realizado con anterioridad a la formulación de la rendición de cuentas.

Asimismo, siempre sobre la Administración central, quiero decirles que, además de lo que ya está planteado, es muy difícil actuar sobre el rubro 0 –grupo 0 como dice acá– porque, excluyendo los vínculos laborales prioritarios, los demás –en particular los de la Administración central– se redujeron un 11 % en los últimos diez años. La última línea, que está en descenso en esta lámina, son los vínculos laborales de la Administración central que, reitero, descendieron un 11 %.

Ahora bien, los prioritarios aumentaron 48 % en el período que estamos analizando, 2005-2015. ¿Cuáles son los prioritarios? Los de la educación –Ministerio de Educación y Cultura, ANEP, UdelaR, UTEC–, los de salud –Ministerio de Salud Pública y ASSE–, el Ministerio de Desarrollo Social, el INAU, la seguridad pública –Ministerio del Interior–, y los planes de vivienda. Este 48 % es el crecimiento de vínculos laborales, y tengamos presente que los vínculos laborales no son personas, porque muchas personas pueden tener más de un vínculo laboral con el Gobierno como, por ejemplo, los docentes. Por lo tanto, no hay que identificar esto con personas. En todo caso, los prioritarios crecieron un 48 %; los de empresas públicas y bancos oficiales, 15 % y los Gobiernos departamentales, 9 %. Cuando se hace un análisis global de los vínculos laborales también hay que tener en cuenta los que se generaron por parte de los Gobiernos departamentales.

Como ya se adelantó, estamos poniendo en práctica medidas para mejorar la gestión de los recursos humanos en la Administración central: limitar –como dice la lámina– el ingreso de personal, con la tendencia a realizar dos ingresos por cada tres retiros; limitar la realización de reestructuras que impliquen incrementos de costos y avanzar en las exigencias de los compromisos de gestión asociados a partidas salariales.

Se señala que para la instrumentación de estas medidas se propone ampliar las atribuciones de la Comisión de Análisis Retributivo y Ocupacional de la Oficina Nacional del Servicio Civil, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y el Ministerio de Economía y Finanzas.

El señor senador interpelante preguntaba, como parte de su exposición, si las empresas públicas practicarían esto. Voy a ir a ellas ahora, pero les adelanto que en el primer año de gobierno, desde los primeros meses de 2015 hasta los primeros meses de 2016, se atuvieron estrictamente a esta medida, como se puede comprobar en los balances de cada una de las empresas públicas, alineándose con esta perspectiva que estamos proponiendo para el Gobierno central.

Otras medidas vinculadas al gasto de la Administración central son: limitar los ajustes de gastos de funcionamiento reduciendo refuerzos presupuestales y exceptuando partidas específicas que podrán ajustarse por inflación –como dice en la lámina–; financiar nuevas iniciativas con costo presupuestal mediante la reducción de otros gastos y, naturalmente, también medidas para mejorar la calidad del gasto. Los ministerios deberán elaborar planes para mejorar la calidad del gasto y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto deberá establecer criterios generales para contribuir a la eficiencia del gasto. Obviamente hay que adecuar las normas de ordenamiento financiero para que podamos practicar medidas administrativas que mejoren la calidad de la gestión presupuestal.

Nosotros tuvimos en cuenta las propuestas del Partido Nacional para reducir gastos que presentara el señor representante Gandini, en la Comisión de Presupuestos integrada con Hacienda. Lo hicimos en el marco de algo que ya adelanté: es muy difícil reducir los gastos de funcionamiento. Es sencillo tener la intención de trabajar sobre ellos, pero calcular el efecto es muy difícil, porque uno puede tener la intención de decir «con un equis por ciento de estos gastos ahorro tanto», pero el problema es poder poner en práctica la medida y transformar la intención en un ahorro efectivo. Por eso es que vimos que en esta propuesta se manejan algunos números que no son correctos –lo decimos con todo respeto; por supuesto, lo podremos ver después, sentados a un escritorio y analizando tranquilamente la propuesta–, porque la base sobre la que están calculados los ahorros corresponde a un gasto de $ 32.898:000.000 –repito: corresponde a un gasto de $ 32.898:000.000–, pero la cifra correcta es $ 20.062:000.000. Repito: después, con mucho gusto, podemos sentarnos a analizar la diferencia, pero aclaro que es muy grande. Eso por un lado.

Por otro lado, dadas las partidas consideradas por el Partido Nacional –me refiero siempre a la propuesta del diputado Gandini–, las reducciones incluyen partidas que son particularmente sensibles y muy relevantes en el monto global considerado: primero, las partidas de alimentación del Ministerio de Defensa Nacional, de ASSE y de los comedores a cargo del Instituto Nacional de Alimentación –la reducción de gastos afecta estas partidas de alimentación–; segundo, los medicamentos y las vacunas de ASSE y del Ministerio de Salud Pública; tercero, las partidas para combustible del Ministerio del Interior; y cuarto, nada más ni nada menos que las caravanas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, que significan para el país un volumen de ingresos del exterior absolutamente relevante.

Entonces, esta es la otra razón por la que no compartimos esas medidas, pero en todo caso –repito– manifestamos nuestra apertura para seguir considerando iniciativas de este tipo y contribuir a la reducción del gasto público en el país.

Tenemos medidas correspondientes a las empresas públicas que también tienen que ver con la limitación del ingreso de personal, con la reducción real de gastos gestionables –es decir, de los que tienen relación con la gestión– y una medida fundamental sobre la que hemos puesto mucho el acento al analizar el caso de la empresa –sobre la que creo que hay gran coincidencia, cualquiera sea la interpretación que tengamos al respecto–, que es la reducción de los costos de distribución de Ancap al menos en un 10 %. Eso está pesando mucho no solo en la situación de la empresa sino también en la situación fiscal general del país.

Obviamente, los compromisos de gestión como herramienta para la mejora de la eficiencia de las empresas públicas son fundamentales y por eso en estas dos láminas que estamos mostrando se muestran los efectos positivos fundamentales que debemos tener en cuenta cuando impulsamos estos compromisos de gestión.

En este momento quisiera volver a señalar que, al menos por la experiencia del último año, se han corregido muchas cosas en las empresas públicas. Hay una manera de verificarlo que es muy directa: por un lado, se han reducido los costos operativos y, por otro, se ha ordenado mucho mejor la programación de inversiones respecto al pasado. Eso tiene un efecto fiscal importante y la forma de comprobarlo es analizar los resultados de las empresas públicas y su impacto fiscal. Han pasado de ser la explicación de por lo menos la mitad del deterioro fiscal del país a convertirse en el único componente del resultado fiscal consolidado que tiene superávit en este momento. Entonces, quiere decir que no solo compartieron las medidas de restricción sino que, además, están teniendo resultados positivos y, por lo tanto, hay que seguir confiando en esta línea de trabajo para que los sigan produciendo.

También tenemos medidas en el campo de la previsión social y quiero destacar dos. En el pasado reciente, el subsidio de enfermedad pagado por el Banco de Previsión Social se incrementó anormalmente, como lo muestra la gráfica que vemos en pantalla. Hubo un incremento gradual del tope de ingresos cubiertos por el BPS, hubo cambios en los procedimientos de certificación y por eso el gasto en subsidios por enfermedad se triplicó entre 2010 y 2015. Se ha creado también en este caso un grupo de trabajo para evaluar las modificaciones que eviten el abuso de este instrumento y, por lo tanto, nos proponemos corregir sustancialmente el aumento de este gasto.

Naturalmente, también vamos a proponer una reforma importantísima de la llamada Caja Militar, del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, que ahora está absorbiendo una asistencia de la Tesorería General de la Nación que ha llegado a los USD 400:000.000 anuales. A la izquierda de la lámina se puede apreciar la evolución del crecimiento de las transferencias de rentas generales al Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas. En color verde se ve la asistencia financiera y, en color más claro, los retiros y pensiones a cargo del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas. Pero fíjense que a la derecha, en verde, está la transferencia que hace la Tesorería General de la Nación por los aportes personales y patronales al Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, llegando en 2015 a una proporción de 85 % contra 15 %. El 85 % del financiamiento al Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas es de rentas generales y solamente el 15 % es aportado por aquellos que están cubiertos por el servicio. Esta situación no es sostenible; necesitamos transformarla y por eso estamos elaborando un proyecto de ley –que, obviamente, tiene que venir separado de la rendición de cuentas– que va, no a eliminar –atiéndase bien: no a eliminar–, sino a reducir la asistencia financiera, como ya se logró en el caso de la Caja Policial. Estas son las medidas con respecto a los gastos.

Ahora tenemos que analizar las medidas vinculadas a los ingresos, que incluyen, como sabemos, la reducción del IVA, las modificaciones en el impuesto a la renta personal y el IASS, y las modificaciones en el impuesto a la renta empresarial.

Si el señor presidente me permite, voy a solicitar que se autorice la intervención del señor subsecretario, Pablo Ferreri, para referirse a este punto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor subsecretario.

SEÑOR SUBSECRETARIO.- Muchas gracias, señor presidente.

En atención a algunos comentarios realizados por el señor senador interpelante, quisiera hacer precisiones con respecto a algunas de estas medidas.

En primer lugar, quiero recordar los comentarios vinculados a la tasa efectiva del IRAE que hacía el señor senador interpelante. Creo que allí hay alguna confusión con respecto a la tasa efectiva y la tasa nominal del impuesto. El señor senador interpelante hablaba de un cambio que llevaba la tasa efectiva del impuesto a más del 30 %. Esto es incorrecto; seguramente se estaría refiriendo a la tasa nominal que, recordemos, tuvo su valor histórico en 1990, cuando se votó un ajuste que llevó la tasa del IRIC al 40 %. En este caso, y para referirnos correctamente a las modificaciones que tiene la tasa efectiva del impuesto, vale recordar lo que tiene que ver con las tasas efectivas del IRAE actual. Allí podemos hablar de la tasa efectiva para aquellos que liquidan el IRAE por régimen ficto y para aquellos que liquidan el IRAE por el régimen real.

Las empresas que liquidan el IRAE por el régimen ficto son aproximadamente unas 25.000 y la tasa efectiva de este impuesto para ellas se ubica en el 3,1 %, porque la utilidad ficta que se establece por la normativa es un 13,2 % de los ingresos y a eso se le aplica el 25 %, lo cual nos da aproximadamente algo más del 3 %.

Ahora bien, hoy día aquellas sociedades, unas 40.000, que liquidan el IRAE por el régimen real tienen una tasa efectiva del impuesto –recordemos que la tasa efectiva siempre se calcula por los impuestos pagados sobre los ingresos de las empresas; estos son datos de la DGI– que oscila entre el 1,1 % y el 1,2 % de los ingresos. ¿Por qué? Porque más allá de la tasa nominal del impuesto debemos tener en cuenta todos los demás regímenes que conviven con esta tasa nominal, como por ejemplo los exitosos regímenes de promoción de inversiones.

Con respecto a la tasa nominal que tiene el Uruguay del 25 %, está perfectamente alineada con lo que son los promedios y los estándares internacionales. El señor senador interpelante hacía referencia a algún cambio reciente, pero vale recordar que la tasa promedio del impuesto a la renta corporativa en la OCDE es justamente 25 %.

Luego, con respecto a la deducción de los sueldos fictos patronales, cabe destacar y recordar –más allá de que esta sea, seguramente, una discusión que tendremos a la hora de nuestra concurrencia a la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda del Senado por el tratamiento del proyecto de ley de rendición de cuentas, cuando podremos hacer algunos comentarios sobre estos artículos– que no se elimina la potestad de deducir sueldos patronales, sino la de deducir sueldos fictos y lo que se establece es que se podrán deducir aquellos por los cuales efectivamente se pagan los aportes patronales y el IRPF.

En cuanto a la medida a que hacía referencia el señor senador interpelante, vinculada a la distribución de utilidades ficta, allí se hablaba de que esto aumentaba –más allá de la discusión efectiva de la tasa efectiva o de la tasa nominal– lo que tenía que ver con la alícuota del impuesto a la renta empresarial. Esto para nosotros es incorrecto, puesto que no constituye un incremento del IRAE encubierto porque, justamente, estamos hablando de dos rentas de naturaleza diferente. Lo que se está gravando con el 7 % es la distribución de utilidades en lo que tiene que ver con el IRPF categoría I, y son rentas de naturaleza absolutamente diferente. El IRAE grava las rentas empresariales provenientes de la combinación de capital y trabajo, en tanto que el IRPF grava, en este caso, una renta de capital a percibir por el accionista. Para entender esto es preciso comprender que al analizar el artículo estamos en el ámbito del IRPF, de un impuesto que grava, como decía, las rentas de las personas físicas, porque justamente estamos hablando de dividendos y utilidades.

Hechas estas precisiones, no podemos decir que estamos frente a un impuesto retroactivo porque tiene que ver con un pago a cuenta de la efectiva distribución de utilidades y el pago del IRPF correspondiente que se haga en el futuro. Por eso no estamos hablando de un impuesto que sea retroactivo.

En segundo lugar, es bien importante destacar que esta norma tiene, más que nada, un carácter antiabuso, como tantas otras que existen en el ámbito del sistema tributario. ¿Por qué? Según los análisis que ha hecho la Dirección General Impositiva, del universo total de empresas que distribuyen o que deben distribuir utilidades, el 85 % nunca lo realizó de manera formal desde el año 2007 a la fecha. Esa distribución formal de utilidades no fue realizada justamente para eludir el pago del 7 % correspondiente al IRPF. Por lo tanto, claramente hay un espíritu de norma antiabuso para evitar que continúe ocurriendo esa elusión porque, reitero, el 85 % de las empresas uruguayas, desde el 2007 a la fecha, no ha distribuido formalmente utilidades.

Ahora bien, podemos venir aquí a comentar que entendemos que no es una norma retroactiva por lo que estábamos mencionando, pero como bien decía el señor senador interpelante, puede haber diferentes interpretaciones. En ese sentido, el señor senador interpelante mencionaba al profesor grado 5 de Derecho Financiero, doctor José Luis Shaw –una entrañable persona, más allá de sus conocimientos académicos–, quien si bien hace más de diez años que no ejerce la docencia, eso no invalida en absoluto su capacidad técnica. También podemos mencionar las opiniones del actual profesor grado 4 de la Cátedra de Derecho Financiero y director del Instituto Uruguayo de Estudios Tributarios. No quiero aburrirlos con informes que les serán entregados cuando concurramos a la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda, pero vale la pena destacar la conclusión final a la que llega el doctor Andrés Blanco, quien dice textualmente: «Por lo tanto, en caso de aprobarse por la Asamblea General la modificación propuesta para la aplicación del IRPF y el IRNR sobre las ventas no distribuidas por contribuyentes de IRAE, dichas disposiciones no podrían calificarse como retroactivas y, en consecuencia, no serían inconstitucionales, cualquiera sea la posición que se adopte acerca de la existencia o no de una prohibición constitucional de retroactividad de las leyes y otras normas».

Asimismo, puedo leer la opinión del docente universitario y presidente del Instituto Uruguayo de Estudios Tributarios, doctor Sebastián Arcia, quien arriba a las conclusiones que citaré textualmente: «Por los fundamentos expuestos precedentemente, concluimos: A) La norma no presenta ningún vicio de retroactividad que pudiera afectar su constitucionalidad; B) La norma grava los resultados acumulados contables existentes al momento de su entrada en vigencia con el tope máximo de la renta fiscal acumulada correspondiente a ejercicios fiscales iniciados con posterioridad al 1.º de julio de 2007. Se advierte claramente que esta referencia a un período anterior al de vigencia de la norma oficia como un tope para el gravamen y no como un gravamen en sí. Obsérvese incluso que dicho tope podría, teóricamente, no estar presente y en tal caso gravarse la totalidad de los resultados contables existentes al momento de entrada en vigencia de la norma y generados desde el inicio de las actividades de la empresa que no hubieran sido efectivamente distribuidos».

También tenemos la opinión del profesor grado 3 de la Cátedra de Derecho Financiero y exprocurador del Estado en lo Contencioso Administrativo, doctor Mario Ferrari, actual integrante de PricewaterhouseCoopers. Él llega a las siguientes conclusiones: «De lo expuesto cabe resumir mi opinión de la siguiente manera: A) Las normas incluidas en los artículos 143 y 153 del proyecto no suponen una hipótesis de aplicación retroactiva de la ley tributaria material; B) Tampoco puede afirmarse que, independientemente de lo anterior, su consideración a períodos anteriores a la vigencia a efectos de establecer la cuantía de los dividendos y utilidades fictos violente el principio de seguridad jurídica ni otro principio consagrado constitucionalmente».

En consecuencia, tanto nuestra opinión como la de los más destacados juristas en la materia –a quienes acabo de citar–, no dejan lugar a dudas de que no estamos frente a una norma inconstitucional y que no hay ningún cambio de reglas de juego, dado que estamos frente a una norma antiabuso –reitero– porque el 85 % de las empresas uruguayas no ha realizado la distribución formal de utilidades desde el año 2007 a la fecha, justamente para no evadir, pero sí eludir el pago de este impuesto.

Quisiera hacer algún otro comentario vinculado a los superpoderes de la DGI. El señor senador interpelante hacía referencia a una norma vinculada a la definición de conjunto económico, establecida en el proyecto de ley de rendición de cuentas. Pues bien, lo que se está haciendo aquí es dotar de una definición de conjunto económico muy similar, en muchos aspectos, a la norma que ya existe para el Banco de Previsión Social y que está vigente desde 1965. Esta norma recoge estos aspectos junto con los aggiornamenti que se han producido a nivel latinoamericano en el Código Tributario del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias. Por lo tanto, en este caso tampoco podemos hablar de cambio en las reglas de juego; estamos frente a una adecuación que recoge una norma vigente desde 1965.

Asimismo, ha habido muchos comentarios con respecto a otros superpoderes de la administración tributaria uruguaya. Hemos escuchado expresiones del tipo «leviatán tributario». Cabe recordar que todas las potestades fundamentales de la administración tributaria uruguaya –como ser exhibición de documentación, intervención de documentos inspeccionados, incautación de documentación, practicar inspecciones en bienes muebles e inmuebles, requerir informaciones de terceros, solicitar constitución de garantías, intervenir o incautar bienes muebles y suspensión de certificados de vigencia anual por atraso en el cumplimiento de obligaciones tributarias– tienen su origen en el Código Tributario Uruguayo, que está vigente desde 1974. En ese código el secreto bancario no era oponible a la administración tributaria. Quiere decir que hoy, con las flexibilizaciones que se han dado en función de la adecuación a estándares internacionales, estamos aún en condiciones de más difícil acceso a la información bancaria que las que tenía Uruguay en la década de los setenta.

Cabe destacar una norma a la que se ha hecho referencia en los últimos días, que tiene que ver con la información de los saldos agregados de los consumos de los tarjetahabientes. Esta no es una potestad nueva de la Dirección General Impositiva, sino una norma establecida en 1992 y, por lo tanto, no estamos frente a nuevos superpoderes; por el contrario, estamos frente a normas que, más allá de los ajustes que han tenido en los últimos tiempos, datan de hace mucho tiempo.

Con relación a los aspectos vinculados con el ajuste por inflación, puedo decir que ha tenido una recaudación ubicada en el entorno de los USD 100:000.000. Sin embargo, en la presentación del señor senador interpelante vimos el titular de un medio de prensa en el que se hablaba de USD 300:000.000, pero esa cifra está totalmente alejada de la recaudación real de este impuesto. Además, aproximadamente el 40 % de esos USD 100:000.000 proviene de empresas públicas, por lo que del sector privado vendrían unos USD 60:000.000. A su vez, dentro del área privada, el sector más fuertemente gravado o más afectado por esta medida es, justamente, el financiero.

El señor senador interpelante hacía referencia a un decreto del mes de marzo en el que se adecuaban algunos aspectos vinculados con la tributación del sector financiero y preguntaba cuáles eran las razones para que rigiera por un año. Podemos decir que fue así porque se trató de atender diversos factores que en 2015 afectaron de manera específica la composición de los activos de las entidades de intermediación financiera. Hablamos, por ejemplo, de cambios en las políticas de encaje, de evolución del tipo de cambio y de posiciones en moneda extranjera y requerimientos patrimoniales adicionales que se fueron realizando. Eso ameritó una adecuación transitoria de la forma de determinación del coeficiente a que refiere el citado artículo 62 del decreto del año 2007, que era el original.

El señor senador interpelante también consultaba –y esto fue recogido en las preguntas– sobre la resignación fiscal asociada a esta medida. Más allá de que luego podamos enviar la información específica con cifras, podemos decir que como se trató de generar una situación basada en la excepcionalidad, y por tanto una distorsión en los pagos de impuestos, no estamos frente a una resignación fiscal, sino que se mantuvo una recaudación de impuestos asociados a este punto similar a la que se venía dando anteriormente. Por lo tanto, no hubo una recaudación excepcional por motivos distorsivos de la realidad histórica de las entidades de intermediación financiera.

Básicamente, estos eran algunos de los comentarios que quería realizar con respecto a estas medidas.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Después de estas apreciaciones de técnica tributaria que ha realizado el señor subsecretario, vamos a analizar el impacto que esperamos de estas medidas.

La lámina siguiente nos muestra una relación muy importante. Se trata de las tasas efectivas a pagar por concepto de impuesto a la renta personal y también por el impuesto llamado IASS. En ambos casos tenemos el total de impuesto pagado sobre el total de ingresos de los deciles que allí están representados, que es la población dividida en diez grupos, según su nivel de ingresos. Se aprecia una clara progresividad hacia la mayor carga de tasas efectivas en los deciles de ingresos más altos, obviamente. Mientras hasta el séptimo decil la tasa efectiva prácticamente no existe, porque no pagan impuesto a la renta personal, luego empieza a crecer muy suavemente, concentrándose particularmente en el décimo. Y esto se da tanto en el caso del impuesto a la renta personal como en el del IASS.

La lámina que vemos ahora nos muestra que Uruguay se ubica entre los países de la región que logran mejores resultados distributivos, precisamente como consecuencia de la vigencia del impuesto a la renta de las personas físicas. Allí está Uruguay a la cabeza de los países de América Latina, mostrando prácticamente la mayor incidencia sobre el índice de Gini que tiene la vigencia del impuesto a la renta de las personas físicas. Esta es una medición que se tomó allá por el año 2011 y, repito, es para ubicar internacionalmente al país, que está al frente en América Latina, pero muy por debajo de países de mayor desarrollo, de países avanzados, como Estados Unidos y algunos de Europa y de otras regiones del mundo, donde el impacto redistributivo es bastante mayor que el de Uruguay. Es decir que nuestro país está muy bien en América Latina, pero esta es, como se sabe, la región más injusta del planeta desde este punto de vista.

Las modificaciones propuestas –y esta es una lámina importante– nos muestran que, con respecto a la incidencia que estábamos viendo recién para 2011, luego de las medidas de esta rendición de cuentas, se mejora en 0,63 más la reducción del índice de Gini que, como se sabe, cuanto más chico es, revela una distribución más justa del ingreso. La superficie gris nos está indicando el impacto actual –el que veíamos para 2011–, pero luego viene el impacto del aumento de tasas previsto en este proyecto, que mejora el impacto redistributivo; las modificaciones en las deducciones, que en conjunto también mejoran el impacto redistributivo; y el aumento de tasas del IASS, que tiene el mismo efecto.

El esfuerzo contributivo adicional es creciente con los ingresos. En esta lámina que estamos viendo ahora se percibe, precisamente, la variación de las tasas efectivas del impuesto a la renta, categoría del trabajo, y las tasas efectivas del IASS respecto a la situación actual. Hasta el séptimo decil no hay ninguna diferencia; luego empiezan a crecer suavemente las diferencias –0,1; 0,9; 3,5–, y el promedio de las diferencias respecto a la situación actual es de 1,7 en el caso del impuesto a la renta personal y de 0,5 en el caso del IASS. Esto tiene mucho que ver con el carácter acotado –prudente, diría yo– del ajuste que estamos realizando desde el punto de vista, precisamente, de los impuestos.

La gráfica que estamos viendo en pantalla nos muestra que solo el 17 % de los trabajadores y pasivos pagará más impuestos que en la actualidad. El 67 % de los trabajadores y pasivos no paga ni pagará impuesto. Luego, el 15 % paga lo mismo, y solamente el 17 % de trabajadores y pasivos –insisto– va a pagar un poco más de lo que paga hoy.

Los cambios propuestos van en línea con el programa de gobierno, en la medida en que avanzan en la imposición directa y reducen la carga indirecta. A la izquierda podemos ver la reducción de la tasa efectiva del IVA, que en los últimos tiempos ha sido importante, y que es lo que revela, fundamentalmente, lo que llamamos carga indirecta. Esta es, a nuestra manera de ver las cosas, la carga tributaria más injusta de todas, y por eso queremos reforzar la directa, la del impuesto a la renta personal y la del IASS. A la derecha vemos la tasa efectiva de ambos impuestos acumulados con las modificaciones propuestas, reiterándose una vez más la gran concentración del esfuerzo –que no es importante, dicho sea de paso– en los sectores de mayores ingresos.

La siguiente gráfica ilustra la evolución del IVA en el país desde 1985 en adelante. Le estamos agregando el Cofis –representado por la joroba que se ve en el medio de la gráfica–, que fue eliminado como parte del sistema tributario, pero tiene el mismo efecto indirecto que los llamados impuestos indirectos. Por lo tanto, es muy importante tener en cuenta su eliminación junto a la reducción de tendencia que tiene el IVA, agudizada ahora por las medidas de esta rendición de cuentas. Para estos años estaríamos proponiendo una caída del IVA básico con tarjetas de débito y medios electrónicos al 18 %, y una caída del IVA mínimo con tarjetas de débito y medios electrónicos –parte de la ley de inclusión financiera– al 6 %.

Por eso decimos que la rebaja del IVA será instrumentada a través de medios de pago electrónicos, porque ello garantiza que el beneficio llegue al consumidor, y no haremos como en otras oportunidades en que rebajamos el IVA, pero esa rebaja era absorbida muchas veces por la intermediación comercial. Y al mismo tiempo se refuerza, como parte de la inclusión financiera, el proceso de transformación del sistema de pagos, mejorando su eficiencia, dando mayor seguridad –como las medidas que estamos tomando ahora para las estaciones de servicio y los taxímetros– y fomentando la formalización.

Creo que la gráfica que vemos ahora es muy importante para Uruguay, porque muestra un crecimiento extraordinario de las compras con tarjetas de débito emitidas en nuestro país. Esto le da más solidez, más practicabilidad, a la medida que venimos comentando.

Hoy adelanté que quería compartir con los señores senadores algunos indicios económicos recientes que yo calificaría como modestamente auspiciosos, esto es, indicios leves, positivos, que ojalá concreten su transformación en tendencia en los próximos tiempos. Algunos precios internacionales importantes para Uruguay muestran señales de recuperación.

Ya habíamos visto que el comportamiento de los precios no es igual para Uruguay. Pero fíjense ustedes lo que está pasando con los precios de la soja y del arroz que en el extremo de las gráficas, en la parte superior de esta lámina, están mostrando una clara reversión de la tendencia declinante. Obviamente, hay que ver si se mantienen, pero esto importa porque está rompiendo la tendencia de los últimos años. No pasa lo mismo con la carne y la leche en polvo, que todavía no terminan de manifestar una reversión de tendencia, tal como se muestra en la parte inferior de la gráfica.

Miren lo que está ocurriendo en Brasil: se observan los primeros indicios de recuperación. Hasta hace muy poco tiempo la previsión para este año en Brasil era, nuevamente, de una caída de casi el 4 %. Hoy esa previsión ha sido corregida al alza y se está previendo que este año Brasil caiga 3,3 %, lo que es bastante diferente a lo anterior. A su vez, para 2017, desde el mes pasado –que fue cuando se corrigió la última meta– se espera un crecimiento de 1,1 %. Repito que esto es para 2017.

El índice de confianza en Brasil –empresarial y del consumidor– está mostrando una reversión importante en los últimos meses. En el gráfico pueden observar que en verde está representado el índice de confianza empresarial, y en azul oscuro, el índice de confianza del consumidor. Estos datos también nos permiten albergar la esperanza de que la economía brasileña empiece a moverse positivamente.

Fíjense ustedes que en la parte inferior izquierda de la gráfica hay un dato que es bueno para Uruguay y que tenemos que valorar en este contexto: una fuerte apreciación del real ocurrida en los últimos tiempos. Esto llega hasta mayo de este año. Observen los señores senadores que es clarísima la reversión de tendencia de la devaluación a la fortificación, al fortalecimiento del real como moneda. Repito, esto es bueno para Uruguay. Asimismo, se ha registrado una notoria caída de la inflación en Brasil, que ha pasado de casi el 11 % a poco más del 8 %. Este también es un indicio positivo.

Veamos la situación registrada en Argentina, donde hay una caída extraordinaria del riesgo país. Podemos observarlo a la izquierda de la lámina. Repito, allí se aprecia una caída extraordinaria del riesgo país que lo lleva a ubicarse, prácticamente, en los 500 puntos después de haber estado en un nivel de 1100 puntos básicos.

Esta evolución es muy positiva porque está acompañada –podemos verlo a la derecha de la lámina– de expectativas de crecimiento que han mejorado. Las del Fondo Monetario Internacional están graficadas en azul, que en 2016 prevén una caída de 1,2 %, pero que para 2017 prevén un crecimiento de 2,8 %. En verde están indicadas las previsiones del Banco Central de la República Argentina, que proyectan una caída del 1,4 % para este año y un crecimiento del 3,2 % para el próximo año.

En esta región, que muestra estos indicios positivos, Uruguay ha seguido diferenciándose positivamente. Por esa razón, Uruguay –que está representado en azul oscuro en estas gráficas– no solo muestra crecimientos superiores a los de los vecinos, sino que también en la época difícil –que es esta, la de 2016– es un país donde las previsiones de crecimiento –muy modestas, de 0,5 %– superan claramente a las de caída de Argentina y Brasil. Menciono esto porque, además de los indicios positivos, la diferenciación de un país en un barrio complicado es muy importante.

La siguiente gráfica nos muestra que algunos indicadores de actividad en el país están dando señales positivas. Anteriormente les decía que la caída de las importaciones, en un país que tiene que crecer, es un dato que no es bueno. En la parte superior izquierda de la gráfica que estamos viendo ahora observamos que hay una reversión reciente, a mayo de 2016, de las importaciones totales, que vuelven a tener una trayectoria creciente. Pero lo más importante es que lo que más ha crecido en materia de importaciones son los bienes de capital para la industria manufacturera, que es lo que se ve en la parte superior derecha de la gráfica. Las importaciones de bienes de capital son fundamentales para retomar los niveles de crecimiento que se han perdido.

En la parte inferior de la lámina vemos que los beneficiarios del seguro de desempleo, como porcentaje de cotizantes en los últimos meses –en el primer semestre de este año–, están cayendo. Es la parte final de la gráfica verde que ustedes están viendo en el sector inferior izquierdo.

Otro dato para mí muy importante, dado que es el principal rubro de exportación del Uruguay, refiere a la venta de servicios turísticos. No hay otro igual en importancia. La venta de servicios turísticos no solo no ha caído sino que está batiendo récords, llegando en el año finalizado, a marzo de 2016, a 3:150.000 visitantes. Hay pocos países en el mundo donde el número de turistas receptivos –los que llegan– es muy parecido al de su población total. Este es un buen indicador respecto al nivel de actividad en el futuro.

Les decía que la inversión en maquinaria y equipo ha crecido en el último trimestre, y ha crecido mucho. Acá se ve con un poco más de detalle porque la escala es más grande. Y la parte final de la gráfica nos muestra un franco crecimiento de la inversión en maquinaria y equipo.

Quiero resaltar que la inflación ha comenzado a desacelerarse. Ya estamos en el tercer mes consecutivo de desaceleración y, como ustedes saben, ayer se conoció el nuevo dato de inflación que hoy nos permite estar en el 10 %. Y miren que bajar 9 décimas de punto en un mes, en materia de inflación, no es fácil. La inflación sube muy rápido, pero cae muy lentamente, y lo que hemos bajado en este último mes son 9 décimas de punto, lo que es muy importante.

Obviamente, en ello ha tenido mucho que ver el tipo de cambio. Como se muestra en la parte derecha de la gráfica, el tipo de cambio ha tendido a desacelerarse, la moneda uruguaya no se ha devaluado al mismo ritmo que en los últimos tiempos y, naturalmente, esto colabora para reducir el ritmo de la inflación y nos hace competir mejor, precisamente, con los socios de la región.

En esta lámina podemos apreciar las evoluciones del tipo de cambio real, que es el medidor de competitividad. En la parte izquierda de la gráfica vemos el tipo de cambio real global con el mundo en su conjunto, que exhibe una tendencia de crecimiento notoria. A la derecha, arriba, está graficado el tipo de cambio real con la región, donde también se puede ver el crecimiento de la competitividad del país. Y luego está el tipo de cambio real fuera de la región. Obviamente, el primero es un promedio de los otros dos. Pero ese promedio es bueno, está creciendo y es quizá por esa razón que, a pesar de la incertidumbre global, se mantiene la confianza de los inversores en los títulos de deuda uruguayos.

En la siguiente lámina podemos observar las emisiones en moneda nacional en el mercado doméstico. La demanda de títulos de este tipo que hemos tenido en los últimos meses ha triplicado el monto que se licitó. Hemos emitido 1,4 veces el monto licitado, precisamente, respondiendo a la variación de los mercados a los cuales estoy haciendo referencia.

Las tasas de interés promedio –lo vamos a ver en unos instantes– han sido extraordinariamente bajas, ubicándose, en promedio, cerca del 5 % en dólares en todos los casos.

Ahora vemos en esta imagen el resultado de la reapertura reciente de bonos con vencimiento en 2027 y en 2050, lo que ha demostrado una formidable confianza en el Uruguay, ya que se trata de plazos muy largos. Los bonos 2027, acumulados con los de 2050, tuvieron una demanda cinco veces mayor a la oferta realizada. Y el bono 2027 terminó colocándose a una tasa de interés extraordinariamente baja, 3,52 %, mientras que el bono 2050 pagó 4,79 % aproximadamente, lo cual también es un registro muy bajo para colocaciones de este tipo.

Créame, señor presidente, que no hay muchos países en el mundo que puedan realizar colocaciones de deuda de esta magnitud. Destaco que bancos estatales muy importantes de Europa fueron compradores importantes de estos títulos. Esto quiere decir que se sigue creyendo en el Uruguay y por algo será.

La gráfica siguiente nos muestra la evolución del costo de financiamiento en dólares que tiene el Uruguay en este momento, luego de una década de evolución en ese sentido. Allí se puede observar la caída significativa del costo de financiamiento en dólares que ha tenido el país en el período que va de 2005 a 2016, en el primer trimestre del año.

En varios momentos de su exposición, el señor senador interpelante señaló que las medidas de aumento de impuestos y de reducción de gastos son medidas procíclicas. Tiene razón, son absolutamente procíclicas. Por eso, tenemos que recurrir a un camino anticíclico y tenemos uno solo, señor presidente, pero es muy potente. Ese camino anticlíclico es el de la inversión productiva; no hay otro. Esa inversión productiva tiene que ser el vehículo que nos lleve a retomar los niveles de crecimiento que hemos perdido. Por eso, hemos colocado en sexto lugar de nuestro análisis, precisamente, el impulso a la inversión productiva como medida anticíclica.

La clave de ese programa es lo que estamos viendo ahí: el programa de realización de obras de infraestructura por un total de USD 12.370:000.000 en todo el período. De esta cifra, USD 4.230:000.000 se destinarán a energía, USD 2.360:000.000 a vialidad, USD 1.870:000.000 a infraestructura social, USD 1.320:000.000 a vivienda, USD 750:000.000 a comunicaciones, USD 550:000.000 a agua y saneamiento, USD 550:000.000 a puertos y USD 360:000.000 a la administración de los ferrocarriles. ¿Cómo vamos a apuntalar esto? Por varias vías simultáneas. Vamos a convocar al sector privado para participar en no menos de un tercio de este programa, bajo diversas modalidades, entre ellas, la modalidad de participación público-privada. También vamos a convocar a las empresas públicas y a la Corporación Nacional para el Desarrollo a financiar aproximadamente otro tercio y vamos a contribuir con fondos presupuestales para respaldar el tercer tercio restante.

En la gráfica que observamos a continuación se puede ver el grado de avance del programa. Si computamos todo lo hecho el año pasado y lo que se viene haciendo este año y se proyecta para el total de 2016, el porcentaje de realización promedio es de 37 %. Los sectores que van a la cabeza, con un 53 %, son energía y comunicaciones. Pero es allí donde hay que poner el acento para este camino anticíclico que, repito, es el único que tenemos posibilidad de recorrer.

Por supuesto, también es importante la inversión ejecutada en el marco del Fondo de Desarrollo del Interior, por USD 41:000.000 en todo el país. En la pantalla se puede apreciar la cifra de ejecución del fondo, por departamento, en infraestructura vial urbana, iluminación, consolidación de barrios e infraestructura social para mejorar espacios públicos tales como plazas, piscinas, polideportivos, etcétera.

En este marco, el régimen de promoción de la inversión administrado por la Comap es una herramienta absolutamente fundamental. Incluso, en los últimos años difíciles, el volumen de la presentación de la inversión promovida ha venido creciendo y ha tenido un comportamiento que permite alentar resultados positivos en este camino anticíclico que queremos recorrer. Por eso, destaco que el promedio 2008-2015 de la Comap en proyectos promovidos, se ubica en más de USD 1.400:000.000 por año.

Obviamente, para nosotros será absolutamente fundamental que la inversión que está estudiando la planta de UPM en Uruguay finalmente se realice efectivamente. Estamos en la etapa de estudio, pero esta inversión de USD 5.000:000.000 –USD 4.000:000.000 a cargo de UPM y USD 1.000:000.000 a cargo de Uruguay– es absolutamente fundamental para los fines de reactivación que queremos conseguir en el país. Repito: estamos en la etapa de estudio de la inversión, todavía no hay decisiones tomadas, pero este es un estímulo formidable para seguir trabajando para que el objetivo se concrete. Están en juego ocho mil puestos de trabajo, entre directos e indirectos.

Termino con el último capítulo, que son los logros que el país ha conseguido y que es fundamental consolidar, preservar y cuidar porque, en definitiva, significan un mayor bienestar para la gente.

Ahora estamos viendo una representación gráfica de las fortalezas institucionales del país, que son realmente impresionantes. Uruguay tiene el primer lugar en América Latina en democracia global y debo decir que el envidiable lugar de ser décimo octavo en el mundo; tiene el primer lugar en América Latina en índice de percepción de corrupción; el primer lugar en América Latina en materia de respeto a las reglas del derecho –a las reglas de juego– y el primer lugar en América Latina en cuanto al índice de prosperidad.

¿Cuál fue el destino del incremento del gasto en los dos Gobiernos anteriores del Frente Amplio? El 22 % fue a educación, el 18 % a salud, el 14 % a seguridad social, y así podríamos seguir, pero se le ha dado mucha importancia al gasto que llamamos con destino social, cuya calidad –dicho sea de paso– tenemos que mejorar porque el nivel medio de calidad del gasto social deja mucho que desear y muchas veces neutraliza o distorsiona el efecto que se podría lograr.

Por eso es que se verificó un fuerte crecimiento de áreas prioritarias en el país. Por ejemplo, el presupuesto de la ANEP entre 2004 y 2014 creció 122 % en términos reales –todo esto es en términos reales–; el de ASSE, 158 %; el del Ministerio del Interior –seguridad pública–, 116 %; el de la Universidad de la República, 118 %; el del INAU, 192 %, y el del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, 98 %.

Ahora bien, como fue muy reiterada la observación que nos hizo el señor miembro interpelante, quiero señalar que la evolución del gasto público en Uruguay ha sido muy moderada y vamos a ver esto con cifras.

(Ocupa la presidencia el señor Germán Coutinho).

–En la gráfica que estamos mostrando tenemos, para ubicarnos, la evolución del gasto total del gobierno general promedio en América Latina. Fíjense los señores senadores en el crecimiento hasta 2015 y, después –esto figura a la derecha–, en el incremento del gasto total del Gobierno central del Uruguay en porcentaje del producto bruto interno. Uruguay, en ese sentido, es el que menos creció en toda la región: ocupa el último lugar.

Y ahora, para apoyar lo que estoy diciendo, déjenme compartir este dato: entre 1990 y 1999 el producto del Uruguay creció 37 %, todo en términos reales, y el gasto aumentó siete puntos del producto. Repito: el producto aumento 37 % y el gasto aumentó siete puntos del producto.

Entre 2004 y 2015 el producto aumentó –lo dijo el señor senador interpelante– en 74 % y el gasto aumentó en 2,2 %. Estoy hablando del gasto del Gobierno central y del Banco de Previsión Social, que es el núcleo del gasto del país.

Entonces, la evolución es muy moderada. No se puede señalar que hemos hecho una especie de festival del gasto porque no es cierto; no lo es. El crecimiento de los egresos del Gobierno central y el BPS desde 2005 refleja, en buena medida, la recuperación posterior a la crisis.

Pido a los señores senadores que observen el cuadro que estamos mostrando, que tiene que ver también con el Gobierno central y el BPS. La columna de la derecha es la del año pasado, el 2015, y el porcentaje es de 27,6 % del producto, mientras que la barra de la izquierda es la de 1999, y el porcentaje es 26,5 % del producto. Hay una diferencia de un punto sobre el producto entre 1999 y 2015. Entonces, no es posible afirmar que hemos gastado desmedidamente porque no es cierto y para demostrarlo hacemos la comparación entre esas variables fundamentales, además, a lo largo del tiempo.

La mejora sistemática en los ingresos generó un importante aumento de la clase media en la última década. Quiero poner énfasis en este aspecto porque sé que interesa mucho al señor senador interpelante que, incluso, ha hecho análisis previos a la interpelación sobre este punto, pero antes que nada quiero decir qué criterio de clase media estoy usando. Es el criterio de Ferreira y otros autores en un trabajo del Banco Mundial de 2012, que incluye en clase media a quienes tienen ingresos diarios per cápita entre USD 10 y USD 50 sobre la base de la paridad de poderes adquisitivos, lo que vendría a ser en la actualidad algo que oscila entre $ 35.000 y $ 170.000 mensuales aproximadamente. Este es el resultado. El área verde, que muestra en la imagen la aplicación de estos criterios, creció de 39 % a 71 % entre 2003 y 2015.

Uruguay es el país de América Latina con mayor participación de la clase media. Uruguay está representado por la última columna a la izquierda y luego vienen distintos países de América Latina, todos con menor participación –y algunos con mucho menor participación– de clase media que nuestro país. La clase media siempre se refleja –en la imagen que mostramos– en el área verde y, repito, Uruguay está a la izquierda y a la derecha están los países de la región.

El ingreso medio de los hogares se encuentra en niveles históricos. Fíjense los señores senadores que entre 1999 y 2015 el ingreso medio per cápita de los hogares, en términos reales, creció 20 % y entre 2006 y 2015 creció 75 %; eso es lo que está mostrando la parte que se ubica más a la derecha de la gráfica que estamos proyectando. O sea que hay crecimiento entre el año 1999 y el 2015, con una interrupción durante la crisis, pero luego crece mucho más.

El salario real medio de los trabajadores del Uruguay también creció mucho en los mismos períodos. Entre 1999 y 2015 creció 18 % y entre 2004 y 2015 el salario real medio de los trabajadores uruguayos creció 54 %.

Vamos a hablar de las pasividades. Entre 1999 y 2015 crecieron un 20 % y entre 2004 y 2015 lo hicieron un 58 %, siempre en términos reales.

La cantidad de ocupados en el país, la creación de fuentes de trabajo –que ahora, lamentablemente, se ha desacelerado–, creció extraordinariamente. Estamos hablando de casi 1:700.000 personas trabajando. La duración del desempleo en Uruguay, aun en períodos de desaceleración, no es muy fuerte.

Naturalmente, también con estas cifras, hemos tenido una importante reducción de la pobreza y la indigencia, que es lo que marcan estas dos gráficas que mostramos. A la derecha mostramos datos de la reducción de la pobreza; cuando empezamos a trabajar, en 2005, teníamos 40 % de pobres en el país y hoy tenemos alrededor de 9 %. Y luego está la evolución de la indigencia que, prácticamente, ha desaparecido.

También se ha reducido la relación entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. Hemos pasado de 18,4 veces en 1994 a 11,8 en 2015; estos números siguen siendo altos, sin duda, pero la diferencia es mucho menor que la que existía en 1994.

Termino con una gráfica que nos muestra una correspondencia importantísima: al tiempo que mejora la distribución del ingreso, crece el ritmo de actividad en el país. Y esta es una articulación fundamental, porque la redistribución progresiva del ingreso no es solamente una base de estabilidad social, sino que también es un estímulo absolutamente importante al crecimiento.

Aquí finaliza mi presentación, señor presidente, pero tengo preguntas para contestar. Por tanto, voy a comenzar a responderlas.

La primera de ellas es la siguiente: «¿Asume el señor ministro el compromiso ante el Senado de la república de no volver a modificar el sistema impositivo?».

Señor presidente: voy a decir con el mayor de los respetos que yo no puedo aceptar emplazamientos ni la obligación de asumir compromisos en el Senado. Entonces, con todo respeto voy a decir que nuestra intención es, precisamente, recorrer este camino, pero no voy a aceptar el emplazamiento de asumir un compromiso en este Cuerpo ni sobre este ni sobre ningún tema.

Yo trabajo en economía, en política económica, y la realidad es muy cambiante; y quien asume compromisos institucionales formales se equivoca. Una cosa es anunciar, como parte de la actividad política pública que todos tenemos, que no vamos a poner más impuestos, y otra cosa es asumir un compromiso institucional en el Senado.

¿Pretendimos mentir cuando dijimos eso con el presidente Vázquez? Créame, señor presidente: en absoluto. ¿Pretendimos modificar o tergiversar la realidad para esconderla a los demás ciudadanos? Créanme que no es así. Miente el que tiene intención de hacer esto; no miente el que se identifica con una tendencia.

Cuando dijimos «no vamos a poner más impuestos», era porque no queríamos hacerlo. Esa era nuestra voluntad política, pero la realidad cambia y nos obliga a nosotros a cambiar. Hay que reconocer que el anuncio no se cumplió, como lo estoy haciendo en este momento, pero a quienes me están escuchando les pido que no tengan la más mínima duda de que no hubo intención de mala fe, en absoluto. Esto se dijo de buena fe, como digo ahora de buena fe que no quisiera seguir modificando el sistema impositivo. Esa es mi voluntad a la luz de la realidad actual. Y mi esperanza es que esta corrección fiscal sea suficiente en el país y no tengamos que hacer otra.

Dicho sea de paso: si no hubiéramos definido la intención de hacer esta corrección fiscal hoy, ahí sí, como economista, no tengo dudas de que se venía otra peor en el futuro, bastante peor a esta. El momento es este, señor presidente, señores senadores. Este es el momento en que hay que hacerlo y esta es la magnitud por la cual hay que hacer el ajuste. Eso es lo que creemos; a lo mejor la realidad después nos deja mal parados, pero lo que queremos de buena fe es esto.

Por eso declaro que, sin duda, acompaño la inquietud de la pregunta, pero no respondo a un emplazamiento de compromiso en absoluto.

Me pregunta el señor senador interpelante: «¿Estaría de acuerdo el Poder Ejecutivo con que una vez alcanzada la meta de un punto del PBI de abatimiento en el déficit, queden sin efecto los aumentos de impuestos?».

Señor presidente: si quedan sin efecto los aumentos de impuestos, volvemos a tener que hacer la corrección fiscal, porque se la establece para mejorar en un punto el producto. Si quedan sin efecto los incrementos de impuestos, nos vamos a retrotraer a la situación que motivó el ajuste fiscal.

Me pregunta el señor senador: «¿El Poder Ejecutivo estaría dispuesto a destinar esos “eventuales” recursos adicionales a la rebaja del IVA?».

No queda claro a qué recursos adicionales se hace referencia. Nosotros no tenemos la intención, de buena fe, de generar recursos adicionales. Tenemos la intención de poner en práctica este conjunto de medidas, y ojalá sean positivas y no haya que recurrir a otras similares.

El senador me hace la siguiente pregunta: «¿Estaría usted dispuesto a aumentar explícitamente la tasa del IRAE de 25% a 30%?».

No es parte del menú impositivo que maneja el Poder Ejecutivo.

La siguiente pregunta del senador dice: «¿Usted está dispuesto a volver a aumentar el gasto público para los años que restan de gobierno, ya sea con cargo a más deuda o más impuestos?».

Acá tenemos que diferenciar dos cosas; a veces cuesta hacerlo, pero son totalmente diversas. Una de ellas es el financiamiento del gasto y la otra es la capacidad para gastar. Por ejemplo, Uruguay hoy está lleno de financiamiento; tiene el financiamiento que se le ocurra –perdonen, no es una bravata, es la verdad–, pero no tiene capacidad para gastar. ¿Por qué? Por razones fiscales. Muchas veces el financiamiento es muy tentador y nos lleva a incurrir en gastos que no podemos hacer. Alguien me podría decir: «Ya que están presumiendo tanto con esta colocación de bonos que hicieron, ¿por qué no destinan los 1.700 millones de dólares a mejorarla?». Porque no podemos, porque el desequilibrio fiscal iría en aumento, con él la deuda y con él la espiral deuda-déficit fiscal, y ahí sí la cosa deja de ser manejable. Hoy esto es totalmente manejable, pero si no seguimos este camino deja de serlo, y eso después no se para más.

Me pregunta el señor senador: «El equipo económico tiene en mente volver a aumentar este tope de endeudamiento o asume el compromiso […]». Nuevamente: no aceptamos asumir compromisos emplazados, pero la intención es utilizar todos los parámetros que están a disposición y que fija la rendición de cuentas, que llega, en el año meta, a igualar el incremento de tope de endeudamiento del Presupuesto con el que existe en la rendición de cuentas. ¿Por qué? Porque la meta fiscal para el año 2019 es la misma: dos puntos y medio de déficit, que, dicho sea de paso, es una meta cautelosa. Nosotros podríamos estar proponiendo como meta un superávit fiscal, pero no vamos a llegar; sí creemos que podemos reducir el déficit fiscal actual.

(Ocupa la presidencia el señor Raúl Sendic).

–Entonces, vamos a seguir utilizando este tipo de parámetros. No podemos, con la situación que hoy vivimos, pensar en aquella regla fiscal que proponíamos en el 2005, a la cual aludió el miembro interpelante; era una época totalmente diferente a la actual. En el año 2005, Uruguay era el segundo país más deudor del mundo con el Fondo Monetario Internacional. Reitero: el segundo país más deudor del mundo, detrás de Turquía, con el Fondo Monetario Internacional. Obviamente, vaya dicho esto en términos relativos en relación a nuestra producción, a nuestro nivel de actividad, etcétera. Pero en esos términos relativos, 2005 fue un año extraordinariamente difícil; financieramente no tiene nada que ver con este. Vamos a decirlo en palabras claras: no teníamos un peso. Hoy, solo en la Tesorería General de la Nación, tenemos recursos que nos permiten responder a los servicios de la deuda por dieciocho meses. ¿Cómo comparar las reglas fiscales de 2005 con las que tenemos hoy? Son incomparables, porque la situación es incomparable.

La octava pregunta es si estaría dispuesto a discutir y a definir, en un plazo de 45 días, una regla fiscal acorde a aquella de 2005. Creo –y no hace mucho lo dije públicamente– que la discusión es válida y podemos tenerla. Por cierto, no me voy a comprometer con plazos ni mucho menos, pero podemos tenerla. Sin embargo, me parece que la situación actual de Uruguay en materia de regla fiscal requiere una flexibilidad que aquella propuesta de 2005 no tenía, porque no podía tenerla. Repito: financieramente era una situación incomparable a la actual. Recuerden los señores senadores que lo financiero no soluciona los problemas del país, pero ayuda a la transición entre una situación fiscal y otra. En 2005 no teníamos ninguna fortaleza financiera; era al revés: la deuda era increíblemente alta y con condiciones, cosa que ahora no tenemos porque toda la deuda de nuestro país es soberana, es una deuda sin condicionalidades.

La siguiente pregunta dice así: «¿Entiende conveniente y oportuno convocar el Consejo de Economía Nacional?» No puedo descartarlo. Además, sé que el convocante tiene que ser el Ministerio de Economía y Finanzas. Solo quiero decir que tenemos una propuesta de diálogo social que nos va a permitir volcar en ese amplio ámbito, precisamente, muchas de las iniciativas o propuestas que se pueden volcar en un Consejo de Economía Nacional. Además, varias de las mesas del diálogo social están vinculadas directa o indirectamente con la economía.

Continúo: «¿Los demás cambios que el equipo económico plantea respecto del IRAE son neutros? ¿No esperan recaudar nada de ellos?». Creo que esta pregunta ya la contestamos señalando lo que esperamos recaudar.

En cuanto a la siguiente interrogante, debo decir que el señor subsecretario explicó con detalles el decreto que refiere a la situación de los bancos en cuanto a la norma referida al ajuste por inflación. Recuerden los señores senadores que la norma tiene efectos diferentes según sea la relación entre activos y pasivos de los distintos tipos de empresas, y no se puede introducir inequidades por esa vía.

El miembro interpelante me pregunta si considero que las empresas que mejoran sus inventarios son elusoras. En ninguna ocasión las califiqué así; es más, aclaro y ratifico que no las considero elusoras, simplemente creo que se había generado una situación que no era normal –por decirlo de alguna manera– y había que corregirla. El hecho de que desde el 2007 no se distribuyeran utilidades en el 85 % de las sociedades anónimas, no se puede decir que sea normal: algo estaba pasando allí y era necesario corregirlo.

Se me pregunta si este es el mensaje que quiero trasmitir al empresariado uruguayo. Creo que el mensaje de estímulo al empresariado uruguayo es bastante contundente, y todo el sector sigue confiando en Uruguay. Esto se demuestra en varios de los indicadores que hoy estuvimos manejando, como por ejemplo en el crecimiento de la inversión en maquinarias y en equipos, en el acceso a documentos financieros nacionales y globales, en la participación que desde el sector privado nacional y del exterior se está anunciando y, en muchos casos, concretando, en programas de inversiones en infraestructura. Todas estas son demostraciones de confianza. Creo que el mensaje que estamos tratando de trasmitir es positivo y, por lo tanto, la respuesta también lo es. Por supuesto que para reforzar este mensaje juega, en una medida muy importante, lo que se hizo y lo que se logró. La verdad es que en la sociedad uruguaya hay una acumulación de cambios que ha sido muy importante, y eso genera confianza.

«¿Qué defecto encuentra al saneamiento de las empresas uruguayas al cabo de los últimos años?» Yo no veo ningún defecto en lo que se denomina «saneamiento» de las empresas uruguayas.

«¿Cómo la empresa en cuestión tiene que contabilizar esta “retención”?». En el sistema tributario uruguayo hay infinidad de ejemplos respecto a agentes de retención. Si el señor presidente lo permite, quisiera que aportara a esta respuesta el señor subsecretario Ferreri.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor subsecretario.

SEÑOR SUBSECRETARIO.– Muchas gracias, señor presidente.

Más allá de los múltiples ejemplos de agentes de retención, la pregunta refiere a cómo debe ser tratada esa retención desde el punto de vista contable. Creo que no corresponde que nos expidamos respecto a cómo deben contabilizarse las operaciones, lo que será materia de definición –como lo ha sido siempre– a través de las normas contables adecuadas, pero sí vamos a referirnos al tratamiento tributable aplicado a dicho rubro. Al respecto, corresponde señalar que dicha partida no tiene ninguna incidencia fiscal en la empresa, ya que no se considera ni activo ni pérdida. Por lo tanto, con esto quedan respondidas las preguntas 17 a 19.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Incluyendo aquella que dice –en su respuesta– que si no hay utilidades, no hay distribución.

También se me pregunta por las tarifas públicas, concretamente, si pensamos seguir utilizándolas como contribución al financiamiento del déficit fiscal. ¡No lo hemos hecho hasta ahora! Creo que la gráfica que mostramos sobre la evolución de las tarifas en los últimos diez años muestra que, en términos generales, siempre han estado por debajo de la evolución de la inflación, y que han decrecido en términos reales. Las tarifas constituyen un precio administrado, donde es preciso lograr un equilibrio entre la situación de la empresa y los requerimientos de la economía en su conjunto, por ejemplo, los desequilibrios en materia de inflación y el desequilibrio fiscal. Todo eso hay que tenerlo en cuenta, obviamente, y en función del equilibrio entre todos esos factores hay que manejar la política de tarifas, pero no se puede decir que la hemos manejado con criterio fiscal, ni siquiera en el último incremento de enero. Como muestra claramente la gráfica, en el último incremento de enero el aumento de la tarifa está muy alineado con el incremento de costos de las empresas; está por debajo, pero está alineado apuntando al incremento de costos de las empresas. Entonces, la respuesta es no; ese no es el único criterio para administrar las tarifas.

Se habla también de la limitación de ingreso a la Administración central, preguntándoseme por qué no fue incorporada en el articulado. Es muy difícil establecer en un artículo de un proyecto de ley la limitación de ingresos a la Administración pública y, en particular, al Gobierno central, porque no se puede hacer tabla rasa y decir: «Bueno, la regla del “dos por tres” se aplica así, tal cual, en todos lados». El resultado tiene que ser ese, pero en algunos casos es impracticable; hay que ir caso por caso. La creación de un grupo de trabajo junto con la Oficina de Planeamiento y Presupuesto fue, justamente, para eso: para ir caso a caso. Ya señalé que los casos prioritarios, los que están vinculados a funciones sociales fundamentales, no pueden ser manejados con una regla general. Debemos lograr el resultado general que pretendemos, pero teniendo en cuenta la situación de cada institución.

Se me pregunta también si estoy de acuerdo con la eliminación del beneficio establecido para las donaciones que se realicen a universidades privadas. No estoy de acuerdo y ya lo he dicho públicamente. Es más, este beneficio se instauró en oportunidad de nuestra primera gestión al frente del Ministerio de Economía y Finanzas, durante la primera presidencia del doctor Tabaré Vázquez, y siento orgullo en decir que fue una idea personal que cristalizó y se puso en práctica. Por lo tanto, reitero: no estoy de acuerdo con su eliminación.

«¿Hay riesgo de que se quite dicho beneficio también a los centros educativos privados que imparten educación primaria, secundaria o técnico profesional a poblaciones carenciadas?». En lo que a mí respecta, no hay riesgo alguno. Yo no estoy de acuerdo con esto pero, obviamente, el tema está a consideración del Parlamento y son los parlamentarios los que deciden. Respeto mucho la separación de poderes y, naturalmente, la función de los parlamentarios. Además, hay que respetar todas las opiniones.

Con respecto a qué posición adoptaría el ministerio sobre la no devolución del Fonasa, y sobre la base de qué fundamento, debo decir que el tema no ha sido planteado como para que el ministerio resuelva; ello está en manos de los parlamentarios. Desde este punto de vista, naturalmente, damos nuestra opinión y argumentamos a favor de ella, pero sabemos que quienes deciden son los integrantes de las dos cámaras, es decir, de la Cámara de Representantes y de la Cámara de Senadores. En lo que respecta a la posición del ministerio, ya no sobre las donaciones, sino sobre la devolución del Fonasa, no tenemos ningún planteo para considerar actualmente en sentido contrario a lo que fija la ley.

Se me pregunta si tengo alguna autocrítica para hacer. Obviamente, siempre tengo que tener autocrítica. La sociedad uruguaya –no el Gobierno– ha trabajado muy duro y ha logrado avanzar en materia económica, social e institucional. Sinceramente, creo que Uruguay ha cambiado mucho en los últimos años y lo ha hecho para bien, pero esto no quiere decir que no tengamos que avanzar muchísimo más de lo que lo hemos hecho. El señor senador interpelante mencionaba un caso clave: la educación. En materia de educación es mucho más lo que tenemos por hacer y por mejorar que lo que hemos logrado hasta ahora. Es así de sencillo.

Siento mucha satisfacción –y discúlpeseme que hable en primera persona; seguramente esto es compartido por mis compañeros– por el hecho de haber aumentado tanto el presupuesto para la educación. Pero solo con eso la educación no cambia; hay que hacer muchas otras cosas y esas tareas están pendientes. Entonces, tenemos que hacer autocrítica; ¡por cierto que sí! Sé que no soy autoridad en materia de educación, pero debemos hacer autocrítica también en materia económica, porque errores cometemos todos, todos los días.

Entonces, por supuesto que estoy a favor de la autocrítica, así como también de la corrección de los errores que se cometen y, naturalmente, de la mejora de toda la calidad de la gestión pública.

Sé que me he extendido mucho y pido perdón a todos, pero la verdad es que me preguntaron sobre política económica y tenía que contestar sobre todos los ámbitos que la comprenden, además de estas preguntas que se han agregado y que considero muy importantes.

Muchas gracias.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Señor presidente: quiero hacer una referencia a esa suerte de cuestionamiento que el señor ministro de Economía y Finanzas hizo a la Mesa con respecto a que no se podía hacer alusiones personales. Ese es un viejo contradictorio que tenemos con el señor ministro y que mantuvimos durante los cinco años anteriores, cuando nos peleamos en algunas oportunidades porque él expresaba que había que dirigirse a la Mesa y yo le decía: «Presidente: dígale a Fulano de Tal o dígale al ministro». Me parece que eso no es así; no está en ninguna parte del Reglamento.

Es cierto que por los artículos 84 y 85 se establece que el orador se dirigirá siempre al presidente y que queda absolutamente prohibido atribuir mala intención a los miembros de la cámara. Ahora bien: si convocamos al ministro de Economía y Finanzas al Parlamento, con todo respeto debo decir que lo hacemos para adjetivar en algunos casos con respecto a su gestión, a lo que ha hecho, a lo que no ha hecho y a lo que ha permitido.

No hemos agraviado a nadie y mucho menos al señor ministro, salvo que considere un agravio que le recordemos todas las cosas que quiso hacer y no pudo porque no lo dejaron desde sus propias filas, sus propios compañeros. Esa es la realidad. ¿Acaso no podemos mantener un diálogo o un intercambio de ideas cuando tenemos posiciones o apreciaciones bien diferentes?

Al hablar de economía, el señor ministro poco menos que hizo una suerte de separación del 2015 hacia adelante; no se hizo responsable del 2015 hacia atrás, de los tiempos en los que se desempeñó como ministro de Economía y Finanzas, a partir de 2005, ni de aquellos en los que, si bien ocupó su lugar como vicepresidente de los uruguayos, también tuvo una línea muy directa en materia económica.

El señor ministro hizo algunos reconocimientos que, en lo personal, valoro positivamente. Reconoció que prometió e incumplió, pero que lo hizo de buena fe. Yo no le atribuí mala fe; simplemente digo que hubo un cambio notorio entre lo que prometió y lo que después se ejecutó. En otros tiempos de la vida del país, un ministro que incumplía una promesa de tal magnitud y significación, se tenía que ir. Esa es la realidad. No basta con venir a este Senado y mencionar la promesa que se hizo, nada menos, en un contrato celebrado con la población. Me parece que eso no es válido cuando uno requiere el sufragio de la gente, le hace una promesa, le presenta la plataforma de gobierno y le dice en todos los tonos: «No vamos a subir más impuestos». Inclusive, el año pasado en este Parlamento asumió este mismo compromiso.

El señor ministro señala que no acepta el emplazamiento. Creemos que todos debemos tener un mínimo de humildad para aceptar que se nos ha hecho una pregunta. Queremos saber si el señor ministro asume el compromiso ante el Senado de la república. Si un ministro viene al Senado y no puede asumir un compromiso, entonces, ¿qué está haciendo en el Poder Ejecutivo? ¿Qué hace? ¿No puede asumir un compromiso? Con las disculpas del caso, nos parece que decir «emplazamientos no», no es conducente. No le estamos haciendo ningún emplazamiento al ministro; simplemente le estamos solicitando una contestación política –con todo lo que eso involucra– en su condición de titular del Ministerio de Economía y Finanzas. El problema es que, obviamente, no está en condiciones de dar garantías y no se puede enojar por eso. Cuando le decimos que en el equipo económico hoy no hay garantía de que las cosas sucedan o no, es porque realmente no tiene respaldo. Creo que la rendición de cuentas desnudó a un Poder Ejecutivo solitario. Cuatro diputados jaquearon a todo el Gobierno; eso es real, absolutamente real.

También es real que el señor ministro de Economía y Finanzas, cuando contesta nuestra primera pregunta dice, claramente, que no asume el compromiso. Dijo que no lo asume, y no estoy inventando una contestación. Señaló lo del emplazamiento y que no está en condiciones de asumir un compromiso en el sentido de que no habrá más impuestos. Esto es meridianamente claro. Si el tema de las tarifas es como realmente el señor ministro expresó, el señor presidente de UTE evidentemente no hizo los mismos cálculos, porque pidió bajar los precios y, sin embargo, no lo logró.

Si bien el ministro corrigió las proyecciones entre el Presupuesto y la rendición de cuentas a la baja, al final nos dijo que hay indicios positivos que llevan a pensar en un cambio en la tendencia. ¿Qué nos querrá anticipar con eso? ¿Volverá a aumentar el gasto en el futuro? ¡Ahora resulta que no solo los ajustes son buenos, sino que el menor crecimiento de la actividad económica –como él mismo lo dijo–, favorece la reducción del déficit fiscal! ¡Ahora resulta que la región nos perjudica! Es verdad, la región nos condiciona. ¿Quiénes han gobernado en la región? ¿Qué modelos han aplicado? ¡Son los amigos de ustedes, señor presidente! ¡Son los amigos y compañeros Lula, Dilma, Cristina, el comandante y, después, Nicolás, que está bailando por la presidencia del Mercosur! ¡Esa es la realidad! ¡Ahora resulta que la región tiene un fortísimo condicionamiento!

Se ha expresado que Uruguay tiene que apostar a crecer, a reactivar, a generar nuevos empleos y a mejorarlos. Pero, ¿qué pasa con la educación, la innovación, la infraestructura? Creemos que hay enormes problemas.

Preguntamos: «¿Estaría de acuerdo el Poder Ejecutivo con que una vez alcanzada la meta de un punto del PBI de abatimiento en el déficit queden sin efecto los aumentos de impuestos, en particular estos aumentos en el IRPF?». Y también fue contundente. Todos escuchamos lo mismo; los impuestos siguen, hay una consistencia. No hay una autolimitación, los impuestos que hoy se ponen, luego de más de una década de crecimiento económico, se van a mantener. Esto lo acaba de decir el señor ministro de Economía y Finanzas.

Con respecto a la tercera pregunta, no sé qué fue lo que no entendió el ministro. Ella dice: «¿El Poder Ejecutivo estaría dispuesto a destinar esos “eventuales” recursos adicionales a la rebaja del IVA…?». Le preguntamos directamente si en el caso de que haya un aumento de la recaudación o a través de las tarifas, se pueden reasignar los recursos para permitir una baja en los impuestos. El ministro no quiso hacer referencia a eso.

Con respecto a la pregunta sobre el IRAE nos vamos a referir en un instante porque en esa contestación no se señala todo lo que significa en cuanto al manejo de las finanzas públicas. El subsecretario señala que tal vez la distribución de utilidades no se hizo porque se entendió que no era conveniente. Entonces, si no distribuyeron formalmente para eludir, no están eludiendo sino evadiendo, y si eso ocurre, la DGI tiene los mecanismos de inspección necesarios para detectarlo. Le preguntamos eso al ministro, porque se habló de elusión y de abuso. Ahora, no por eso se puede generalizar y gravar la distribución ficta en aquello para lo que las empresas usan las utilidades no distribuidas, a los efectos de mejorar sus posiciones patrimoniales. Las contestaciones no son suficientes, señor presidente.

Cuando hablamos, por ejemplo, de la regla fiscal, se dice que no es válida. ¿No era válida aquella regla fiscal que el propio ministro sugirió al Parlamento en el año 2005? Pero si no era susceptible de aplicarse, ¿para qué la propuso al Parlamento? ¿Cómo es posible que no se pueda aplicar? ¿Cómo puede ser que no se pueda comparar? Si no se pudo aplicar una regla fiscal que puso el propio ministro cuando salíamos de la crisis del 2002 y el país estaba recorriendo un camino de crecimiento económico, ¿cuándo la vamos a poner? ¿Hoy? Creo que, evidentemente, la respuesta es que debemos discutir la regla fiscal. Por lo menos implica algo que para mí es importante y que aceptó el ministro de Economía y Finanzas.

Ahora, nuevamente dice que no tenemos autoridad para emplazarlo. Tenemos que ejercer responsabilidades políticas como legisladores y representantes de la soberanía popular, con el legítimo derecho que nos dan nuestras funciones de controlar a los ministros. En este caso se trata, nada más y nada menos, que del señor ministro de Economía y Finanzas quien aceptó –así lo dijo– impulsar una instancia de diálogo para llevar adelante una regla fiscal. ¿Un poco tarde, no? Porque se desperdiciaron de manera notable los recursos económicos. Esto es indiscutiblemente así.

Además, el señor ministro comparó este ajuste con el del Partido Nacional de 1990. Señor presidente, deberíamos comparar todo: la década previa a aquel ajuste y la década previa a este. ¿Este ajuste se explica por lo que pasó en el noventa? ¿Hasta cuándo? Llevamos once años de crecimiento económico, ¿y miramos para atrás, en el noventa? Con toda franqueza creo que el pensamiento de los uruguayos refiere a la realidad de hoy.

¿Cuánto agrega al país discutir sobre lo que sucedió hace más de veinte años? Me parece que es necesario discutir sobre el futuro y por eso hablamos de una regla fiscal, para que dentro de unos años no tengamos que medir los tamaños de los ajustes de cada Gobierno y sigamos siempre enredados en el progreso; esa medida que soslaya, sobre todo, lo que le impacta a la gente.

Creo que los hechos hablan por sí solos. Luego de más de una década de crecimiento económico nos encontramos discutiendo un ajuste fiscal. Esto va más allá de todas las diapositivas que nos mostró el señor ministro que, por cierto, son ilustrativas y las analizaremos porque son datos que hay que estudiar. Sin embargo, repito: ¿después de once años de crecimiento económico se hace un ajuste fiscal?

Se nos dice que estas modificaciones presupuestales apenas alcanzan a un punto del PBI y, por lo tanto, no son semejantes a las del pasado, que habrían superado varios puntos del producto.

Mire, señor presidente, si ustedes no se hacen cargo del presente, ¿por qué nos pide a nosotros que nos hagamos cargo de un pasado, ya pasado? Lo cierto es que más de una década de crecimiento termina en la realidad de hoy. Nunca pusieron el énfasis en los resultados. ¡Jamás! Las ineficiencias de las políticas públicas siempre se pretendieron resolver poco menos que tirándole plata por arriba. Me parece que ese no es el camino.

Le preguntamos al señor ministro sobre el Consejo de Economía Nacional porque pensamos que es una herramienta constitucional; inclusive, el Gobierno del 2005-2009 lo propuso en un proyecto de ley que se discutió extensamente en este Parlamento. Creemos que se trata de una herramienta importante, fundamental para discutir sobre los principales temas del país.

El señor ministro habló de diálogo social.

Veamos, además, el modelo en infraestructura. ¿Qué han hecho los Gobiernos del Frente Amplio por la infraestructura? Pensemos en la educación, en la innovación, en la tecnología, en la facilitación del comercio a través de acuerdos comerciales y en las certezas jurídicas, entre las principales, cuando el Gobierno ha reconocido que estamos encerrados en el Mercosur, maniatados, presos, con las cadenas ideológicas para insertarnos en el campo internacional.

Ahora se nos habla de un plan de no sé cuántos miles de millones de dólares a través de los PPP. ¿Cuántos años tienen los PPP aprobados por ley? De acuerdo con la ley de los PPP ¿cuántos proyectos hay en funcionamiento?

Señor presidente, me parece que tampoco podemos afiliarnos a una engañifa. Esa es la realidad. Nos estamos haciendo trampas al solitario: estamos en una rueda de póker donde uno solo tiene plata y el resto juega fiado.

¿Qué se ha hecho para la promoción de los acuerdos comerciales, para ese modelo de competitividad exitoso? Pensemos, fundamentalmente, en la educación; no se discute que se ha incrementado la inversión en ese rubro, pero el problema son los resultados que, lamentablemente, dejan muchísimo que desear.

Me parece que a la larga exposición del señor ministro le faltó una cosa: perdió la oportunidad de aceptar sus responsabilidades, de pedir disculpas a la ciudadanía por el manejo de las finanzas públicas, por los resultados que arroja y por perder el control de esas finanzas. Porque –seamos muy claros– cuando pierde el equipo económico, cuando pierde el Gobierno, ¿quién paga? Paga la gente. ¿Cuál es el límite? ¿Hasta cuándo se está dispuesto a ceder?

El señor ministro de Economía y Finanzas no puede decir que lo agravio, porque no es mi intención hacerlo, pero hay que decirlo con toda claridad: ha perdido buena parte de las pulseadas que ha librado en todos estos años y ha retrocedido de manera permanente en muchísimos temas. ¿Cómo me va a decir que la regla no era para ese tiempo, cuando la propuso él? ¡No entiendo!

SEÑOR MICHELINI.- No dijo eso.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Bueno, tenemos un apuntador que interpreta al ministro; que los hay siempre.

(Hilaridad).

–La realidad es que el señor ministro ha perdido en muchísimas instancias el timón de la conducción económica; se le fue el gasto; se le fue el déficit; ahora nos dice que el trimestre de inflación, por suerte, se está moderando; y ahora nos trae este ajuste, uno explícito y otro en la nebulosa, de algunos de los cambios del IRAE que no han sido explicados. Si tiran la red para atrás y buscan una aplicación retroactiva del ajuste por inflación, de la distribución de dividendos de todos los instrumentos del lRAE, es evidente que el afán es recaudatorio.

Creo que el señor ministro no quiso contestar muchas de las preguntas. No ha querido contestar cómo es que con el aumento de ingresos públicos la plata nunca le resultó suficiente, y ahora quiere aumentar impuestos. No ha podido o no ha querido contestar cómo llegamos de un déficit de 1,9 % en 2005 a más de 4 % ahora. Y nos promete 2,5 %, quizás, al terminar el período.

No ha dicho nada de por qué en año electoral el gasto se aumentó de manera muy fuerte. ¿Cómo la política fiscal termina siendo vapuleada al punto de que casi ninguna meta del equipo económico se ha cumplido? Y después se ofende porque le decimos que se ha trampeado a la población. Bueno, no, ministro, yo creo que cada uno tiene que hacerse cargo de lo que dice y si usted expresa algo a la opinión pública para que lo voten, obviamente, tiene que hacerse cargo de esa promesa, de la promesa que hizo el Frente Amplio, que hizo la fórmula presidencial en 2014, que hizo usted en las conferencias en las que hablaba, que hizo como ministro de Economía y Finanzas acá, en este Senado, el año pasado.

No ha podido o no ha querido tampoco contestar sobre la valoración del período anterior. Creo que al principio dijo: «No, yo contesto desde 2015 en adelante; hacia atrás no contesto». ¿La razón de la interpelación solamente estaba circunscripta a partir del período de 1.º de marzo de 2015? Con toda franqueza, no creo que sea así.

Y no ha podido o tampoco ha querido contestar sobre temas que a nuestro juicio han sido escandalosos, como los de Pluna y Ancap: 1300 millones de dólares de pérdida entre ambos. El remate de Pluna fue la antología del absurdo.

No ha podido y no ha querido contestar sobre lo que yo creo que es un desvío importante que representó llenar un espacio fiscal con deuda, en esa mecánica permanente de los topes de endeudamiento, que llevó a incrementar el gasto, más allá de que uno se explica que creció poco el gasto. ¡Tan poco no habrá crecido porque la deuda con relación al producto sí creció! ¡Tan así es que ahora estamos discutiendo un ajuste fiscal!

Señor presidente: creo que el ajuste que el señor ministro propone no puede ser peor para la economía del país, por lo injusto que representa el incremento del IRPF en los niveles que se aplican, sobre el impacto de las deducciones de los que tienen más hijos.

Con respecto a las explicaciones de por qué salvó al sistema financiero, no ha dado un monto. El señor subsecretario habló dos veces y no le ha fijado monto a esa devolución que por aplicación del decreto de 1.º de diciembre le hizo a bancos el 1.º de marzo.

En cuanto a la suba encubierta del IRAE, si la tasa es del 25 %, ¿a cuánto se va con el ajuste por inflación? ¿A cuánto se va con la distribución del impuesto a la distribución de las utilidades no percibidas? Vamos a hacer esas cuentas. Están modificando por derecha, en este caso por izquierda, lo que por derecha no pueden. Esto es así, pero no lo abren mucho porque disimuladamente lo están introduciendo en este Parlamento para que se apruebe.

Señor presidente: creo que más allá del blindaje que le puedan dar las mayorías parlamentarias, más allá de todo eso, más allá de que, por ejemplo, responda que no estaba de acuerdo con la eliminación de beneficios cuando la destinataria fuera la universidad privada en el caso de las bonificaciones empresariales, ¿su bancada va a votar? Sus legisladores ya lo hicieron en la Cámara de Diputados. Así que ni siquiera eso impide el ministro de Economía y Finanzas; ni siquiera eso está impidiendo. Entonces, me ratifico en todo lo que he expresado de que a su condición infalible, de garantía de equilibrio, le falta potencia precisamente a la hora de trasladar esa condición de liderazgo –mínima, imprescindible– para poder formar una decisión favorable a su pensamiento como ministro de Economía y Finanzas.

Señor presidente: siempre fuimos y siempre seremos defensores de las instancias parlamentarias; siempre actuaremos en el marco de nuestras responsabilidades, y nuestra responsabilidad es la misma, estemos en la posición que estemos. Que el Frente Amplio venga a este Parlamento escudado en sus mayorías parlamentarias no me puede impedir a mí expresar lo que expreso, porque realmente no ha respondido sobre el déficit de más de USD 2000:000.000 que el país hoy tiene que enfrentar y que determina este ajuste fiscal.

Usted mismo, señor ministro, fue durante mucho tiempo, para una parte de la izquierda y para un espectro amplio de la población, una suerte de garantía y un símbolo de certeza. Todavía recuerdo aquellos carteles durante la campaña de 2009 donde usted aparecía al lado del senador Mujica, que escribía –por lo menos así se insinuaba– lo que usted formulaba. Usted salía de garantía de eso. Me estoy refiriendo al señor ministro de Economía y Finanzas para dirigirme a la Mesa.

Frente a lo que hemos sostenido en esta instancia parlamentaria, frente a una larga exposición de nuestra parte y a una larga exposición del ministro de Economía y Finanzas, que tiene todas las cifras y que obviamente puede hacerles decir incluso lo que a veces estas no dicen, la constancia que queda de todo esto es la responsabilidad de la situación económica del país.

Cuando venía para acá, recibí un mensaje de texto de una señora de un barrio humilde de Montevideo, que me decía: «Hoy no vas a ser un senador de la república; vas a ser la voz de miles de uruguayos que estamos cansados de que nos metan la mano en los bolsillos, nos subestimen y nos mientan».

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador Michelini.

SEÑOR MINISTRO.- Perdón, señor presidente, pero siguiendo una larga tradición parlamentaria, creo que interpelante e interpelado tienen un par de rondas antes de pasar al debate entre todos los integrantes del Cuerpo.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor ministro.

SEÑOR MINISTRO.- La verdad es que en esta segunda intervención me hubiera gustado discutir acerca de opiniones, obviamente discrepantes, de parte del senador interpelante, en materia de política económica, de instrumentos y de objetivos, pero lo cierto es que, si yo perdí alguna oportunidad en mi primera intervención, ahora la perdió el señor senador interpelante, porque de discusión de política económica acá no hubo nada. Hubo una insistencia en el concepto de «promesa» después de haber oído nuestra postura acerca de que lo que trasmitimos a la ciudadanía, como parte de nuestro programa –porque eso estaba en el Programa del Frente Amplio–, fue la intención de no aumentar los impuestos.

El senador lo llama «promesa», pero yo creo que es un anuncio programático como los que, por otra parte, también hizo el Partido Nacional en su campaña electoral, y nos parece bien que así fuera porque, realmente, desde el punto de vista del contacto con los electores es muy importante anunciar programas; luego hay que lidiar con la realidad. Por ejemplo, en la campaña electoral del Partido Nacional se anunciaba –yo no digo que se prometía– el objetivo de asentamiento cero, con un costo de USD 200:000.000; la construcción de 120 CAIF, con un costo de USD 100:000.000, y un programa de asignaciones familiares, con un costo de USD 25:000.000. Esto daba un total de USD 325:000.000, y se incluían otras cosas, pero dejo por aquí la enumeración. Asimismo, se anunciaba una pérdida de recaudación por el IASS –porque proponían eliminarlo–, del orden de los USD 200:000.000; por modificaciones al impuesto a la renta personal, de USD 67:000.000; por incentivos al gasoil productivo, de USD 28:000.000; por reducción de Imeba a las pequeñas y medianas empresas, de USD 20:000.000 y por otros incentivos, del orden de los USD 20:000.000. Esto totalizaba una pérdida de ingresos de USD 335:000.000, que se sumaban a un aumento de los gastos de USD 325:000.000. No voy a decir que estas eran promesas; era el programa que el Partido Nacional anunciaba a la sociedad uruguaya procurando su apoyo electoral, que es lo que se hace en todas las campañas electorales.

Nosotros también hicimos anuncios, entre los que se contaba el de no aumentar los impuestos, y no pudimos cumplirlo porque la realidad operó de una manera que nosotros no teníamos prevista, pero esto no puede ser convertido en una engañifa –palabra que utilizó el señor senador interpelante–; no puede ser convertido en una afirmación de lo que las cifras no dicen. Nosotros no distorsionamos la realidad; interpretamos lo que de buena fe –repito– entendemos que están diciendo las cifras, y es por eso que señalé que no aceptaba emplazamientos y que, obviamente, venía al Senado a reiterar mi intención política de que los impuestos tengan el comportamiento que anuncié, pero no a asumir compromisos ante una realidad, sobre todo ahora, volátil e incierta. Nuestra intención es esa, y vamos a trabajar denodadamente para cumplirla; de eso no puede caber absolutamente ninguna duda.

El señor senador interpelante, dentro de sus pocas referencias a la política económica, habló nuevamente de la regla fiscal, y me parece que no pude convencer en esta sala –al menos al señor senador interpelante– acerca de que la situación de 2005 es incomparable con la actual. Precisamente es incomparable desde el punto fiscal y su incidencia en el tema financiero; o al revés, también debería decirlo. Tampoco podemos transformar esta interpelación en una reiteración de argumentos donde uno dice y el otro no escucha o no comparte porque en definitiva las discrepancias están planteadas. Obviamente pensamos distinto e interpretamos la realidad de manera diferente.

Ahora bien: hay un tema sobre el que prácticamente no habíamos hablado en la primera ronda, que es el de las participaciones público-privadas. Al respecto, me gustaría ceder el uso de la palabra al señor subsecretario, para que haga un rápido inventario de las iniciativas que están en curso.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor subsecretario.

SEÑOR SUBSECRETARIO.- Con respecto a los mecanismos de participación público-privada, vale la pena recordar cuáles son las que están adjudicadas y cuáles están en proceso de serlo.

En primer lugar, ya hay dos proyectos de infraestructura adjudicados: el centro de rehabilitación carcelaria, con una obra de aproximadamente USD 100:000.000, y el de infraestructura vial, correspondiente a las rutas 21 y 24. Por su parte, en este momento se están evaluando las ofertas sobre dos llamados, por el mecanismo de participación público-privada, relativos a infraestructura vial. El primero, para las rutas n.os 12, 54, 55 y 57 que, junto con el baipás de la ciudad de Carmelo, significan una inversión de aproximadamente USD 62:000.000. La de las rutas n.os 21 y 24 que ya está adjudicada es por unos USD 75:000.000.

El tercer mecanismo de participación público-privada refiere a las rutas n.os 9 y 15 y la conexión entre ellas, con una inversión de aproximadamente USD 55:000.000; también están siendo evaluadas las ofertas.

La cuarta iniciativa de participación público-privada se vincula con la ruta n.º 14 y será lanzada en las próximas semanas. A su vez, hay cuatro más en fase de estructuración.

Por su parte, en agosto se estarán recibiendo las ofertas para una obra de aproximadamente USD 120:000.000 para infraestructura ferroviaria. Y para noviembre está previsto el lanzamiento de la segunda iniciativa de participación público-privada de infraestructura social –la primera era el centro de rehabilitación carcelaria–, que refiere a la construcción de 15 CAIF y 45 jardines, por un monto aproximado de USD 60:000.000, de un total de USD 400:000.000 de infraestructura social cuyos llamados serán lanzados en el correr de este año y del que viene.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar señor ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Gracias, señor presidente.

Yo no acepto que se diga que no asumimos a nuestro turno las responsabilidades que tenemos. Por supuesto que las aceptamos en su conjunto y en su totalidad, y por eso estamos acá.

Tampoco acepto que se diga que hemos perdido el control; en absoluto. El timón de la economía sigue firme, enfrentando las dificultades que son de pública notoriedad y teniendo mucha confianza en el país.

Se nos dice que no hablamos del pasado. Si ustedes me permiten voy a hablar del pasado ahora y voy a señalar once transformaciones fundamentales, dicho sea de paso, muy bien sintetizadas en el último libro de Mario Bergara Las nuevas reglas de juego en Uruguay. Esas transformaciones se hicieron por el esfuerzo de la sociedad uruguaya, y es el pasado. Obviamente son reformas, muchas de ellas, que están en curso –y habría que introducir modificaciones– pero que forman parte del pasado de estos tres Gobiernos nacionales del Frente Amplio.

En primer lugar, tenemos la reforma tributaria, con objetivos de equidad, eficiencia y estímulo a la inversión, con una orientación hacia la tributación directa en desmedro de la indirecta, que es la más injusta.

En segundo término, la reforma de la administración tributaria, estableciendo algo que nunca había existido en el país: la exclusividad de los funcionarios y la incompatibilidad para ejercer su función, que se definía en esa transformación, la incorporación de tecnología y el establecimiento de compromisos muy importantes de gestión.

En tercer lugar, un cambio muy profundo –diría integral– en las relaciones laborales y de seguridad social, con fomento del tripartismo, el diálogo y la negociación colectiva, con cambios en los derechos colectivos, como los de los sindicatos, y en los individuales, como los de los trabajadores; es decir, una nueva política salarial basada en lineamientos definidos desde el Poder Ejecutivo en función de la evolución del mundo del trabajo y sometidos a la negociación tripartita a la que aludíamos recién.

En cuarto término, la reforma del sistema de salud con la creación de un Sistema Nacional Integrado de Salud para asegurar una atención integral y de calidad adecuada para la población en su conjunto, de modo de que esa atención fuera equitativa y universal, con cambios en el modelo de atención privilegiando la atención primaria y las acciones de promoción, prevención y rehabilitación.

En quinto lugar, las políticas de vivienda, con cambios institucionales fundamentales. Al Banco Hipotecario del Uruguay, señor presidente, lo hicimos de nuevo; lo recibimos absolutamente destrozado. No necesito abundar en detalles porque todos quienes están en esta sala saben que estaba destrozado, y hoy tenemos un Banco Hipotecario del Uruguay muy sólido, que es una parte importante del sistema financiero nacional. Hemos creado asimismo una Agencia Nacional de Vivienda que estableció un esquema muy importante de incentivos al régimen de viviendas de interés social.

En sexto término, generamos un nuevo sistema financiero. Heredamos un sistema financiero sin control y sin regulación. Recordemos lo que pasó en la crisis de 2001, 2002 y 2003, cuando no había supervisión de las entidades de intermediación financiera en el Uruguay o funcionaban deficientemente. Hoy tenemos un enfoque regulatorio de acuerdo con las mejores prácticas internacionales y una nueva institucionalidad que culminó con la conformación de una red de estabilidad financiera que incluye la protección del ahorro bancario, que nunca había existido en el país y que después de la crisis sufrida se requería más que nunca. Hoy tenemos prácticas de regulación prudente y promoción del mercado de valores, y la flamante Ley de Inclusión Financiera, que tiene efectos económicos y sociales muy importantes.

En séptimo lugar, debo mencionar los cambios en el área de la inserción externa, practicando el regionalismo abierto y la coordinación transversal, pero además con una reforma de la Aduana que hoy estamos revisando por una sentencia notoria del Tribunal de lo Contencioso Administrativo en cuanto a la estructura funcional aunque no respecto a sus objetivos, porque los objetivos de dicha reforma siguen vigentes –y seguirán vigentes– y pasan por equilibrar la función de fiscalización con la de facilitación del comercio. En este capítulo tenemos también la elaboración y la aprobación del nuevo Código Aduanero, reafirmando figuras aduaneras fundamentales para el perfil del Uruguay, como las que tenemos en materia logística, régimen de tránsito, aeropuerto libre y puerto libre.

En octavo término, destacamos los cambios en el funcionamiento de los mercados, con nuevos enfoques en materia de promoción, evaluación y control de proyectos de inversión; las nuevas ponderaciones de factores para la definición de estímulos fiscales; la legislación concursal moderna para ayudar a las empresas en dificultades y no para condenarlas a la quiebra; la promoción y defensa de la competencia, de modo de evitar prácticas colusorias y abuso de posiciones dominantes; las políticas de innovación y creación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación; las nuevas prácticas contables y transparencia corporativa de acuerdo con normas internacionales que también hay que aplicar en el Uruguay, y la aplicación obligatoria de normas internacionales de contabilidad e información financiera.

En noveno lugar, no podemos olvidar la gestión y administración profesionales e institucionales de la deuda pública. Los resultados que acabamos de ver gráficamente me eximen de mayores comentarios. Las orientaciones fundamentales de esta oficina, con la incorporación de la tecnología más moderna que existe hoy en el mundo, fueron las de eliminar condicionalidades de la deuda, cambiar su perfil, desdolarizarla y, obviamente, transformarla por esas vías simultáneas en un instrumento de política económica importante para el país.

En décimo término, ayudamos a la Dirección Nacional de Catastro a trascender sus fines fiscales y a transformarse en una institución que sirviera de base para la planificación y el desarrollo de múltiples actividades en el territorio.

Finalmente, generamos políticas sociales con un nuevo enfoque, que sintetizaría de esta manera: que las políticas sociales dejaran de estar subordinadas a la política económica, actuando como compensación de los malos efectos que esta última pueda provocar. En la actualidad, las políticas sociales están enfocadas con otro criterio: como condición de la política económica y no como un mero subproducto que, precisamente, las ve con ese rol compensatorio que ahora, al practicar un enfoque de derechos y pretensión universalista, ha cambiado por completo. Obviamente, la creación de un nuevo Ministerio de Desarrollo Social fue la primera gran transformación institucional en este sentido y, luego, el Plan Nacional de Atención a la Emergencia Social y el Plan de Equidad, quizás sean la síntesis más importante de lo que se abordó en esta área tan relevante de la sociedad.

Esto también es el pasado, señor presidente, además de los aspectos fiscales, monetarios y de ingresos en el Uruguay. Entonces, yo quiero hablar del pasado; por supuesto que sí, pero el pasado es indisoluble, es todo esto. Es lo que estuvimos viendo hoy en las láminas y es también el conjunto de transformaciones estructurales e institucionales que tuvieron lugar en el Uruguay, que están en proceso y que habrá que mejorar en los años que vendrán.

Muchas gracias.

SEÑOR LACALLE POU.- Pido la palabra para contestar una alusión.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR LACALLE POU.- Señor presidente: el señor ministro habló de los programas de gobierno, y creo que ese es un excelente punto de partida. También habló de los compromisos del Partido Nacional, pero no de los del Frente Amplio.

Voy a empezar por los propios, porque es cierto que eran muy ambiciosos y entre las renuncias tributarias y el asentamiento cero significaban, aproximadamente, unos USD 540:000.000. Sin embargo, como con nuestro equipo económico teníamos la obsesión de no prometer sin poder hacer, fuimos a ver de dónde íbamos a obtener estos recursos. Si el señor ministro o algún asesor tienen un ratito, podrían leer nuestro programa de gobierno, porque allí queda claro de dónde íbamos a obtener esa cifra. Esa propuesta todavía estaría vigente y, además, se la hicimos al Poder Ejecutivo. Ahí está la gran diferencia, porque el hoy ministro era vicepresidente de la república en el momento de la campaña electoral, y el programa de gobierno del Frente Amplio, de cumplirse, con el presupuesto de la educación y con el Sistema Nacional Integrado de Cuidados que se prometía –no el que finalmente, supuestamente, se va a poner en práctica–, superaba largamente los USD 1.000:000.000. En aquel momento, el hoy ministro estaba del lado de la caja, y su equipo económico –una parte está hoy aquí y otros ya no están en la primera línea– sabían lo que pasaba.

La diferencia en la campaña electoral fue que algunos dijimos la verdad y otros faltaron a ella. Creo que ahí está el centro de este asunto. No es que faltaron a la verdad porque la ignoraban. Parto de la base de que el ministro Astori tiene conocimiento; obviamente no tiene puesta en práctica eficiente, pero tiene conocimiento. Además, asumo que escuchaba, aunque quizás no a los economistas del Partido Nacional. Mejor dicho: los escuchaba y denostaba sus opiniones. El ministro, el subsecretario y algún asesor que está hoy aquí sentado, lo hacían. Pero si hubieran mirado más cerca, en su mismo partido, habrían advertido que les estaban diciendo que el horno no estaba para bollos ni para hacer promesas fáciles. Desde las jornadas en el Banco Central del Uruguay en adelante, desde el 2012 a la fecha, todos veían que la cosa no venía bien y no bastó con esa mentira.

En lo personal, no puedo dejar de hacer uso de la palabra en el día de hoy, suscribiendo cien por ciento la sustanciosa intervención del señor senador Larrañaga, porque la última vez que el señor ministro estuvo sentado ahí, la respuesta que dio a la quinta pregunta que le hicimos –me imagino que bien asesorado– fue que no habría más impuestos. Además, destaco la solidez –de la que siempre se jactó aunque, lamentablemente, la realidad rápidamente nos demostró que no era tan así– con la que dijo que, incluso, se iban a reducir. No soy quién para interpretar el porqué de una mentira, que no es una sino varias. El único que dijo que iban a poner más impuestos fue el señor senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Yo no dije eso.

SEÑOR LACALLE POU.- Está anotado para hacer uso de la palabra, así que va a tener la chance de contestar. Por ahí hay un video que luego podemos ver.

Desde el vicepresidente, el candidato a presidente, el ministro hasta el subsecretario, todos faltaron a la verdad. Lo grave no es lo que pasó, sino la erosión de la confianza de los uruguayos en la economía. Esa confianza hoy es mala, a pesar de todas las cosas fantásticas que señala el ministro, lo que a esta altura es redundante. El tiempo que viene, en el que la holgura económica que despilfarraron va a estar lejos, amerita un equipo económico en el que la gente confíe, y para confiar hay que empezar por decir la verdad, por más dura que sea.

Muchas gracias.

SEÑOR MINISTRO.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor ministro.

SEÑOR MINISTRO.- Señor presidente: no creo haber aludido al señor senador Lacalle Pou, pero si así lo ha sentido, acepto su intervención y aprovecho esta brevísima respuesta para expresar que rechazo absolutamente lo que ha dicho sobre mentiras y faltas a la verdad. Nadie tiene derecho a sostener esto, porque lo cierto es que lo que hicimos en la campaña electoral y luego, durante nuestro trabajo en el Ministerio de Economía y Finanzas, fue fundamentar cada una de las medidas de política económica que tomamos –y que hasta ahora, no hemos podido discutir–, convencidos de que era el camino que el país necesitaba. No se puede decir que lo hicimos afectando la lectura de la realidad, distorsionándola o alterándola.

Hay dos maneras de encarar una discusión: sobre la base del concepto y sobre la base de un juego que atribuye al otro condiciones y hechos que no practicó, no puso en práctica ni elige para transitar por el camino de la vida. Por eso creo que tenemos que mantenernos en el terreno de la discusión conceptual, sin agravios, sin insultos y sin chapotear en el barro, porque si chapoteamos en el barro, la verdad es que esta institución se deteriora y erosiona, y al final terminamos transformando este largo encuentro en algo inútil que sigue perjudicando a la actividad política, que es la primera que tenemos que defender.

Muchas gracias.

SEÑOR MICHELINI.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR MICHELINI.- Señor presidente: empiezo por lo último. Se me adjudican palabras que no dije, en las que no creía. Estaba absolutamente convencido de que el Programa del Frente Amplio, tal cual lo había planteado en su oportunidad nuestra fuerza política, era el correcto. Después surgió un recorte y pegue de un diario de Mercedes y, aunque lo he trasmitido mil veces y hoy me podría jactar de decir la verdad, yo no pensaba –ni pienso– que en ese momento alguien pudiera suponer que se iban a subir los impuestos: ni nuestra fuerza política, ni la oposición, que decía que iba a bajar impuestos. Se nos trata de negligentes e irresponsables, pero hay que concatenar las palabras, señor presidente. Al parecer todo el mundo advirtió que el país estaba mal y nosotros no propusimos subir impuestos, pero resulta que otros, aun habiendo escuchado que el país estaba mal, ofrecieron bajar impuestos. ¿Era esa una medida de responsabilidad? Creo, señor presidente, que a veces no se escuchan las cosas que se dicen. ¡Somos irresponsables nosotros porque no dijimos que estaban las cosas mal! ¡Sigo el razonamiento que se nos hace por parte del Partido Nacional! Ellos sí sabían que estaba mal, pero ofrecieron bajar impuestos; más déficit fiscal, y resulta que los irresponsables somos nosotros. No entiendo.

Tampoco entiendo, señor presidente, cómo se razona el llamado a interpelación. Las cosas tienen racionalidad. Yo le he dado vueltas a esto. Me pregunto dónde está la racionalidad. ¿Cuál es el objeto? ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué es lo que se persigue? Podría haberse dado un encuentro en comisión porque existe preocupación y allí, con seriedad, plantear estas preguntas al señor ministro; podría haberse dado en la propia instancia de la rendición de cuentas; podía haberse dado una vez terminado su tratamiento, producto de lo que se aprobara. En ese caso se podría haber llamado al ministro para decirle: «Lo llamo porque la rendición de cuentas no es consistente con tal o cual cosa». Pero ¿cuál es la lógica de hacerlo antes? ¿Es porque el equipo económico es uno de los puntales del Gobierno y, entonces, vamos a atacarlo teniendo en perspectiva otros objetivos? Se podrán decir muchas cosas, señor presidente: que hemos hecho esto bien o que hemos hecho tal otra cosa mal. Siempre hay cosas que un Gobierno hace mal, pero no hay duda de que la política económica y el equipo económico son de las cosas más sólidas.

En una barra de amigos, señor presidente, hay uno que es de Nacional y otro de Peñarol. El primero de ellos es cirujano, y el segundo dice: «Si me tengo que operar, lo hago con el que mejor opera, aunque sea hincha de Nacional. No me importa que sea de un cuadro de fútbol diferente». Conozco gente que no es del Frente Amplio, que no comulga con nuestras ideas, que no está con nuestros principios, pero que dice: «¡Por favor, que Danilo no se vaya! ¡Por favor, que el equipo económico siga estando!». Incluso hay algunas personas que nos votaron aunque no son del Frente Amplio, pero frente a las propuestas que estaban presentadas se sintieron reflejados, comprometidos y convocados por nuestra fuerza política. ¿Es ese el objeto: tirar abajo uno de los puntales? ¿Eso tiene racionalidad a tres años de las elecciones? No sé, señor presidente, si ese es el objeto. Sinceramente, no sé si eso es así, pero venir a decirnos que somos irresponsables, que somos negligentes, que hemos perdido el control…

SEÑORA PAYSSÉ.- ¿Me permite una interrupción, señor senador?

SEÑOR MICHELINI.- En unos minutos señora senadora.

Fíjese lo que dicen, señor presidente: ¡que fuimos jaqueados en la Cámara de Representantes, que fuimos desbordados! ¡Y como fuimos jaqueados y desbordados –es el razonamiento que se hace–, entonces el equipo económico se tiene que ir! ¡O sea que quienes se asumen como escuderos de la responsabilidad, ante el primer grito –supuestamente, siguiendo ese razonamiento– de algunos diputados de nuestra propia fuerza política, lo que hacen es dar un empujón al Gobierno y generar el caos, sin que la fuerza política pueda resolver, por sí misma –como lo hizo en el trámite parlamentario–, aquello que tiene que resolver! ¡Me pongo el sayo de la responsabilidad y lo primero que hago es un acto de irresponsabilidad! Como lo están jaqueando, ¡entonces empujo al Gobierno! Y se trata de alguien que permanentemente ha estado en los primeros lugares del Partido Nacional, un dirigente de primera línea, un hombre inteligente y capaz que lo primero que hace es un acto de irresponsabilidad. Yo no puedo creer que no se lo vea así, que él no lo vea así, señor presidente, porque ante la primera situación de nuestra fuerza política, lo que hace es convocar una interpelación para empujar al equipo económico. ¿Ese es el objeto?

A veces creo, señor presidente, que ni siquiera hay una palabra en condicional: «Las cosas pueden ser de una manera o de otra». Las palabras «irresponsabilidad» y «negligencia» son muy duras. ¡Muy duras! ¿Se cree en ellas? Yo pienso que no se vio que el país cambió, que es otro; se lo sigue razonando como el país de los noventa, aquel país clientelístico. El país es otro. Se lo sigue razonando de esa manera.

En cuanto al ajuste o consolidación se nos dice: «¡Ahora ustedes hacen un ajuste!». Nos dicen que no hagamos juegos de palabras. Que yo sepa, señor presidente, un ajuste es algo rápido, abrupto, directo, ya: un láser. Y nosotros estamos planteando una consolidación que empieza, en algunos casos, a partir del 1.º de enero del año que viene, con impuestos que en ciertos casos van a terminar pagándose, o su diferencial, en el año 2018. ¿Eso es un ajuste? ¿Se le puede llamar ajuste?

Además, ¿por qué hablamos de consolidación? Por una simple razón, señor presidente: porque no estamos en una situación de alarma, lo que no quiere decir que no haya dificultades. Y en economía lo peor que uno puede hacer es generar alarma; a veces las alarmas están y no se pueden ocultar. En el año 2002, en Uruguay la alarma no se podía ocultar. Pero hoy no hay alarma en el país, señor presidente. Tan así es que cuando el país sale a los mercados tiene mucha más demanda que los papeles que ofrece. ¿Por qué no ofrecemos más? Porque somos responsables. ¿Por qué la gente –serán instituciones, pero al final es la gente la que toma estas decisiones– toma bonos uruguayos? Porque son serios, porque son confiables, porque tienen un valor país. Por supuesto que eso no lo hicimos nosotros solos, pero durante estos doce años se generó confianza, señor presidente.

¡Se dice que somos irresponsables porque dijimos a la gente que no íbamos a aumentar impuestos! ¡La realidad nos golpea! Tenemos capacidad de endeudamiento. Entonces, el pensamiento podría ser: «¡No hagamos nada! Nos seguimos endeudando y el que venga en el próximo período que lo arregle! ¿Por qué salir a decir a la gente que nosotros tenemos que hacer una consolidación fiscal y ajustar algunos de los impuestos? ¡No hagamos nada!». ¿Qué hicimos? Un acto de responsabilidad. ¡Un acto de responsabilidad! Pusimos la cara; el ministro viene al Senado y nos dice: «Hubiéramos preferido no hacerlo, pero hay que hacerlo». Somos responsables. ¡Somos responsables! Porque no queremos poner al país en una situación tal que siga generando un nivel de endeudamiento que a futuro no tenga control. ¿Esto es una cuestión aceptable? ¡Perfecto! Si tenemos que equilibrar algunos aspectos de lo fiscal, vamos y lo decimos. ¿Eso es un acto de irresponsabilidad?

SEÑOR HEBER.- ¿Me permite una interrupción, señor senador?

SEÑOR MICHELINI.- Antes me solicitó una interrupción la señora senadora Payssé y sé que es para aportar en otro tema.

Concedo ambas interrupciones con mucho gusto, señor presidente.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir la señora senadora Payssé.

SEÑORA PAYSSÉ.- Señor presidente: no voy a hablar de economía porque acá tenemos al dream team y al conductor de ese equipo, y considero que no estoy a la altura. Creo que las respuestas económicas fueron dadas, pero sí me quiero referir a alguna cuestión política porque esto me suena a un déjà vu. Yo estaba en la Cámara de Representantes cuando, en julio de 2007, aquí se interpeló al ministro de Economía y Finanzas de la época, el compañero Danilo Astori. Hubo una sesión similar a esta, con un interpelante que planteaba cosas, las mismas cosas, y con algunos que planteaban las mismas cuestiones e insistían sobre los mismos temas; por eso hablo de un déjà vu. También surgió la palabra «engañifa» y, como tengo memoria, recurrí a un artículo –una contratapa brillante del entonces senador Eleuterio Fernández Huidobro titulada ¿Me puede repetir la respuesta?– con el que discrepo en algunos temas, pero cuya capacidad para escribir aquellas contratapas que solía redactar en La República no puedo dejar de reconocer. Me gustaría rescatar que él había detectado ocho o diez engañifas en aquella interpelación y, si las buscamos, también las encontraremos en esta.

Asimismo, quiero decir que en esa contratapa –que recomiendo leer– vamos a encontrar una cantidad de puntos en común, no solo con los conceptos vertidos, sobre todo por el interpelante –que interpela en nombre de su partido–, sino porque se dijeron las mismas cosas que se están diciendo ahora, dirigidas hacia la persona, no hacia la institución ministro de Economía y Finanzas. Así es y así lo dice esta contratapa. No sé si había tantos emplazamientos como hoy, pero el Partido Nacional ahora acostumbra a emplazar. Y comparto la respuesta del señor ministro cuando dice que a él no lo emplazan, porque ni al Frente Amplio ni al ministro de Economía y Finanzas lo pueden emplazar.

Para terminar –porque dije que no iba a hablar de otra cosa que no fuera de política, y brevemente, agradeciendo la interrupción que me concede mi compañero, el señor senador Michelini–, quiero decir que el título o el copete de esta nota decía: «Anotarse para hablar después de Astori es inmisericorde». Yo comparto eso.

Muchas gracias, señor presidente.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor senador Heber.

SEÑOR HEBER. Señor presidente: vengo escuchando desde hace largas horas esta interpelación y confieso que cuando el señor senador Michelini interviene, muchas veces nos invita a pedirle una interrupción porque dice tantas cosas, y uno puede dejar pasar una o dos, pero no todas las barbaridades –lo digo con todo respeto– que, por lo menos, merecen un comentario o una reflexión.

En primer lugar quiero referirme a lo que dijo el señor senador Lacalle Pou cuando mencionó que el señor senador había afirmado, ya el 5 de octubre de 2014, que era necesario poner impuestos. Pregunto, quizás fuera del Reglamento: ¿quiere escucharse y verse? Porque acá tengo el video del 5 de octubre de 2014. Quiere decir que antes de la elección ya estaba diciendo que había que poner impuestos.

Muy bien; el señor senador Michelini decía que había que poner impuestos y el ministro de Economía y Finanzas, que era candidato al Senado, naturalmente estaba sentenciando, desde el olimpo, que nosotros estábamos alarmando a la población. Es decir que aunque el senador Michelini decía que había que poner impuestos, el ministro de Economía y Finanzas afirmaba que no, que no era necesario. Al mismo tiempo, todos los economistas del país estaban diciendo que la situación de las cuentas públicas estaba comprometida.

Entonces, cuando el señor ministro viene a sala y dice que cambiaron las circunstancias, no está diciendo la verdad, acá y ahora. ¿Por qué? ¿Todos los economistas del país estaban equivocados? ¿El único que no veía esa realidad era el ministro Astori? ¡Michelini decía que había que poner impuestos en plena campaña electoral!

En diciembre, antes de asumir, el ministro se sorprende porque aparece el tarifazo, que fueron impuestos encubiertos en las tarifas que aumentaron el aporte, como muy bien ha narrado el señor senador Larrañaga; sin embargo, nada se dijo al respecto. ¿A qué se debe el aumento de tarifas de diciembre, antes de asumir el Gobierno?

Hablamos y discutimos –según el señor ministro–, no bajando ni chapoteando en el barro, sino para ver quién dijo la verdad y quién no la dijo. Cuando mencionamos que teníamos que financiar esto era porque nuestro equipo económico ya advertía que había una situación comprometida. El ministro Astori le dijo al país que no y resultó que sí. El señor senador Larrañaga afirmó que hubo tres o cuatro ajustes directos e indirectos a la población y esto, a lo que le cambian el nombre, es otro gran mazazo que se le da a la economía del país, porque no es verdad que los impuestos que se cargan a los sueldos los va a pagar únicamente esa franja. Esto va a repercutir en la economía, va a resentir el empleo, va a generar menos consumo y, por lo tanto, como dice comúnmente la gente, habrá menos plata en la calle. ¿Y esto es producto de qué? ¡Del ocultamiento de la verdad! Y el ocultamiento de la verdad era que las cuentas estaban comprometidas. ¡El ministro Astori no fue honesto con el país…

(Campana de orden).

SEÑOR PRESIDENTE.- Señor senador: le voy a pedir respeto porque está hablando de honestidad.

(Dialogados).

SEÑOR HEBER.- Estoy respetando, señor presidente. El ministro Astori no fue honesto al no decir a la población que la situación de la economía y los números del país estaban comprometidos. ¡No lo dijo! Afirmó que todo estaba bien, pero en diciembre hubo un ajuste; lo volvió a decir acá cuando lo convocó el señor senador Lacalle Pou al Senado de la república, donde se comprometió a que no iba a haber más impuestos. Sin embargo, hay más impuestos.

El señor senador Michelini ya decía que había que poner más impuestos, y eso es lo que está sucediendo hoy. Por eso nosotros estamos reclamando la responsabilidad del señor ministro en el ajuste que hoy se estaba votando en la Cámara de Representantes.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Agradezco al señor senador Heber por ubicarme en un lugar tan alto –que no creo que me corresponda–; creo que eso le hace muy bien a mi ego.

Si todos los economistas sostenían tales argumentos; si el Frente Amplio no prestó oídos y si ante esa situación no tuvo en cuenta las opiniones más calificadas y avezadas de nuestra intelectualidad, menos lo hizo el Partido Nacional, que iba a bajar USD 300:000.000 de impuestos. ¡Que no se nos adjudique esto a nosotros cuando ellos tampoco prestaron atención!

Dejemos de lado la opinión individual de cada uno de los integrantes y hablemos de los partidos. Se nos dice que no quisimos escuchar a pesar de que en aquellas circunstancias todos manifestaban que estábamos muy mal; sin embargo, el Partido Nacional, abanderado en cuestiones de escuchar a toda la población, ¿qué hizo? Ofreció a la gente, en esas circunstancias adversas, reducir los impuestos en USD 300:000.000 y, además, un aumento del gasto de más de USD 200:000.000. Sin embargo, los irresponsables somos nosotros y los responsables son ellos. ¡Qué buen razonamiento! Realmente, pensé que íbamos a tener otro tipo de debate, quizás más fuerte, sobre temas de economía, más cercano al de los países desarrollados. Siento que Uruguay está en condiciones de tener debates de ese tipo, pero no como este, porque cuando se nos dice que somos irresponsables, se acaba el diálogo. Se nos tilda de irresponsables porque no dijimos que había que aumentar impuestos, pero resulta que ellos son responsables a pesar de que dijeron que había que bajar impuestos. Así no se puede discutir, y menos si se insiste en ello.

Además, se habla de si se dijo o no la verdad.

Más aún, el señor senador Larrañaga, dos veces en su primera intervención y una vez en la segunda, expresó que una mayoría no lo iba a callar. ¿Cuándo lo hicimos callar? Y menos al señor senador Larrañaga. ¿Quién está buscando hacer callar al señor senador Larrañaga? Ahora bien, que él no se calle no significa que nos tengamos que callar nosotros. Es como si tuviera un fantasma o no tuviera qué decir y, entonces, «si hay algo que me parece irresponsable lo digo, pero no me van a hacer callar». Esa forma de razonar, realmente no la entiendo.

El país cambió, señor presidente. El señor ministro desarrolló una serie de cambios estructurales que resultaron en cambios reales, y esos cambios reales han contribuido a que el Uruguay tenga un piso de producción mucho más alto y sólido con respecto al que tenía antes de que llegara el Frente Amplio al Gobierno. Sin embargo, frente a eso no hay un solo reconocimiento; si lo hubiera, las intervenciones podrían ser más creíbles. Cada vez que se insiste en decir que está todo mal –se habla de Pluna y de Ancap– no se reconoce, por ejemplo, que se hicieron 50.000 operaciones de ojos, con el dinero de los uruguayos, a personas que no tenían recursos y que no podían ver. No se nos dice: «Estuvo bien».

Tampoco se reconoce que Uruguay fue el primer país que llevó adelante el proyecto de proporcionar una computadora por niño o niña en edad escolar. No se nos dice: «Estuvo muy bien».

También se bajó la pobreza, sí, en términos económicos, como siempre se ha medido. ¿Hay otra forma de hacerlo? ¿Se aplaude ese logro? No, eso no existe.

De esta manera, el diálogo se hace muy difícil, muy complejo. Durante la discusión de cada una de las leyes que se pusieron a consideración de este Parlamento se pudo ver cómo se hacían manifestaciones y se sostenía que traerían el caos y el apocalipsis. Por eso digo que es muy difícil discutir, entre otras cosas, porque frente a la primera dificultad, se dice que el ministro debe renunciar y que su equipo no sirve. ¿Generando qué? Hasta una mayor inestabilidad si les hiciéramos caso; seríamos irresponsables. Admitimos que el país tiene dificultades y no es que no podamos apreciar su dimensión, pero no son como las de los años 1999, 2001, 2002 o 2003. En realidad, las dificultades están en otro orden y si no se puede apreciar esto, van a equivocar el diagnóstico.

En 2014 el Uruguay tuvo un crecimiento menor y el déficit fiscal fue mayor. Estos datos finales se conocieron después de las elecciones. Frente a esa circunstancia se preparó un presupuesto con una proyección de crecimiento absolutamente responsable: de 2 %. En el año 2015, luego de aprobado el Presupuesto, el Uruguay no creció de acuerdo con lo planificado. Y en 2016 estamos haciendo la consolidación correspondiente para que en ninguna circunstancia se dude de la responsabilidad que tienen el Gobierno y la bancada que lo respalda en que las cosas se están haciendo como se debe: sin disminuir el déficit de una manera abrupta –lo que también se puede hacer, como algunos plantean, porque para ellos todo pasa por el déficit– pues ello podría acarrear la pérdida de 40.000, 50.000 o 60.000 puestos de trabajo. Siempre se dice que en el momento de la baja habría que aplicar políticas anticíclicas y a renglón seguido se afirma que hay que bajar el déficit al 2 % ya. Si procediéramos así, también estaríamos cometiendo otra acción irresponsable, pero eso no es lo que nos caracteriza.

SEÑOR MARTÍNEZ HUELMO.- ¿Me permite una interrupción, señor senador?

SEÑOR MICHELINI.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede interrumpir el señor senador.

SEÑOR MARTÍNEZ HUELMO.- Señor presidente: sencillamente quiero sumar una contribución a esta discusión, que ha sido larga y muy interesante.

Pienso que el miembro interpelante, en algunos de los giros de su exposición, ha pretendido minimizar el efecto de la caída de nuestras exportaciones. A mi modo de ver esta es una pata muy importante del problema que hemos venido a tratar. Por supuesto, no podemos soslayar que es una de las mayores dificultades que nuestro país está atravesando, aunque por cierto la situación no es igual a la de 2010, 2011, 2012, 2013 o, incluso, 2014. Aquí tengo el último informe de Uruguay XXI, de junio de este año, del que daré titulares que expresan: «En un contexto de retracción de los flujos globales de comercio las exportaciones uruguayas reflejan una baja de 10,8 % en el primer semestre». Por cierto, esto también nos afectó en el año 2015.

En la publicación se agrega: «Las solicitudes de exportación uruguayas de bienes incluyendo zonas francas sumaron USD 4.170:000.000 en el primer semestre del año 2016, lo que implicó una reducción de 10,8 % respecto al primer semestre de 2015, en un contexto global de retracción generalizada de los flujos comerciales de bienes». Se establece también: «La disminución de las exportaciones mundiales en el semestre móvil a abril (último dato disponible) fue cercana al 10 %, por lo que la variación de las colocaciones uruguayas está en línea con la tendencia global».

Este informe incluye unos gráficos y unas encuestas que se deben considerar y, por supuesto, aparece una reducción en algunos productos como, por ejemplo, carne bovina, soja, lácteos, y lanas y tejidos.

El informe Uruguay XXI concluye: «En síntesis, en un contexto internacional de caída de los flujos comerciales en el primer semestre de 2016, las exportaciones uruguayas experimentaron una caída similar en magnitud al promedio regional. De todos modos –y es aquí que, a mi entender, se enciende una luz esperanzadora– el aumento del interanual registrado en junio constituye una primera señal positiva».

Por supuesto, debemos admitir que al caer Brasil, Venezuela, Argentina, Rusia, mercados importantes como los de esos países, sin ninguna duda, se ve afectada la ecuación de nuestra economía y eso no se puede soslayar al momento de discutir estos temas.

No quiero terminar sin referirme a lo que se manifestó con respecto a que en otros tiempos el ministro se hubiera tenido que ir. Un ministro se puede ir por propia voluntad o por decisión del presidente de la república; y el único camino que tiene la oposición es el de los artículos 147 y 148 de la Constitución de la república. No es una broma hablar de esto. Si alguien amenaza o dice que el ministro se tiene que ir, que interponga los recursos establecidos para que eso se haga efectivo, pero no creo que se esté manejando realmente esa posibilidad. Por tanto, me parece que al hablar de que el ministro se vaya, de alguna manera se busca desmelenar la discusión.

Era cuanto quería expresar.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor senador Michelini.

SEÑOR AGAZZI.- Formulo moción para que se prorrogue el término de que dispone el orador.

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar la moción formulada.

(Se vota).

–26 en 27. Afirmativa.

Puede continuar el señor senador Michelini.

SEÑOR MICHELINI.- Señor presidente: le agradezco al Cuerpo.

Como decía, no es que tuviera la expectativa de que la discusión fuera de otra índole, pero me hubiera sorprendido gratamente si no hubiera tenido el reflejo de que si se hace una interpelación se tiene que pedir que el ministro se vaya.

Al igual que el señor senador Heber, he estado en esta casa muchos años y recuerdo interpelaciones de todo tipo, y salvo en una, en todas aparecía la posición de que el ministro se tenía que ir. Nobleza obliga decir que a pocos días del comienzo del Gobierno del presidente José Mujica, ante una situación en la que llamaba la atención el monto de la deuda, el entonces senador Luis Alberto Lacalle Herrera, y expresidente, llamó al entonces ministro Lorenzo a efectos de plantearle seis o siete preguntas muy cortas. El ministro se las respondió con solvencia, y cuando tenía que replicar el entonces senador Lacalle Herrera dijo: «Me convenció y la interpelación se terminó». En ese momento –si no recuerdo mal hace seis años–, creí que empezábamos a transitar una civilidad distinta, a la que todos debíamos aportar, incluyendo al Frente Amplio, porque no es que nosotros seamos impolutos; quizás hasta cometimos más pecados que los otros. Realmente pensé que ingresaríamos en una racionalidad diferente: que lo que interesaba era el país y que la discusión, sin dejar atraparnos por la palabra, sería producto de la racionalidad y la buena fe.

Me hubiera gustado escuchar que se le planteara al señor ministro que, habiendo manifestado que no iba a aplicar impuestos, ahora los ponía en virtud de determinada realidad. De ese modo se hubiera podido ahondar en esa realidad. Pero en lugar de eso se expresa: «Perdieron el control». Por un conflicto en la Cámara de Diputados, por una circunstancia que ya se saldó, no se puede decir: «Los pasaron por arriba». No es correcto arrancar utilizando las palabras «irresponsables» y «negligentes», cuando notoriamente estamos actuando responsablemente. En vez de optar por que el endeudamiento siga, el equipo económico está llevando adelante un acto de responsabilidad notorio, impulsado por el propio ministro, que nos trasmite a todos las circunstancias por las cuales hay que corregir, equilibrar, consolidar –se puede utilizar la palabra que se quiera– el aspecto fiscal. De no hacerlo, no solo comprometemos al próximo Gobierno, sino a las próximas generaciones: a nuestros hijos y, en algunos casos, a los nietos. Reitero que se trata de un acto de responsabilidad. Y ante ese acto de responsabilidad, lo primero que se nos dice es que somos irresponsables. Entonces, ¿cómo vamos a poder discutir y conversar con civilidad?

Aquel acto de buena fe que inauguró el entonces senador Luis Alberto Lacalle Herrera al decir: «Ministro Lorenzo: me convenció; no hago más preguntas» –se puede consultar la versión taquigráfica–, debe haber sido la interpelación más corta que hemos tenido. El entonces ministro Lorenzo fue muy sólido y las preguntas del senador Lacalle Herrera fueron directas al tema, como un láser. Sin embargo, esa civilidad, señor presidente, no está presente hoy. Ese era un buen guante que nos daban para recoger y generar un nivel de discusión distinto, como un país desarrollado, sin apelar a la descalificación, al epíteto que puede utilizarse fuera de esta casa pero que aquí no corresponde. ¿Ese es el camino?

No es mi intención, señor presidente, hablar de los aspectos de política económica porque tenemos un equipo de primera línea. Además, tenemos un país completamente distinto, con un nivel de reconocimiento internacional superior. La colocación de bonos no solo es un tema de orgullo, sino un dato de la realidad sobre la confianza y la forma en que desde el exterior –y también desde nuestro propio país– se confía en las políticas llevadas adelante. En definitiva, es un dato más.

Con relación a la política antitabaco, salió en todos los diarios el juicio que se le ganó a la compañía Philip Morris. Nos hubiera gustado realizar una sesión para analizarlo, porque el país le ganaba a un poderoso; pero obviamente eso no lo podíamos proponer nosotros. Fue un logro enorme del país, independientemente de los dineros que podían estar en juego. Sin embargo, eso no ocurrió y es probable que no vaya a ocurrir. La propia irracionalidad de esta interpelación va en el camino de «¡tengo que destruir al otro!»; y si es necesario destruir al otro, señor presidente, se plantea en términos que son insostenibles.

Pero además, señor presidente, y con esto termino, si tuvieran razón –¡supongamos por un segundo que tuvieran razón!, que se perdió el control–, ¿era esta la forma de dar un empuje al equipo económico?

Podemos hablar de la crisis del 2002, no de la crisis en sí, sino de cómo se actuó. La salida del entonces ministro Bensión la conocemos todos; no fue por una interpelación. No hubo una interpelación para sacarlo, sino que se actuó de otra forma. ¡Todos sabemos cómo se actuó! En términos políticos, se actuó de otra manera.

Nosotros vemos las cosas de diferente manera. Creemos que el país, a pesar de las dificultades, va a volver a crecer. Todos nos miran de esa manera; todos confían, incluso aquel trabajador que está endeudado porque compró una moto, un auto, una casa, un electrodoméstico. Aquel que todavía está haciendo horas extras o aquel que no las hace porque hay dificultades, sabe y sigue pensando que lo mejor que le puede pasar al país es que el equipo económico siga llevando adelante sus políticas. Y si le tenemos que pedir un esfuerzo a los sectores de mayores ingresos, incluidos aquellos que ganan más de $ 50.000, eso va en la buena dirección de sortear este momento con ciertas dificultades.

Por estos motivos hemos presentado una moción en el sentido de respaldar al Poder Ejecutivo, a este Gobierno, al equipo económico, al ministro Danilo Astori y al señor subsecretario, Pablo Ferreri.

Era todo lo que tenía para decir.

SEÑOR MIERES.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR MIERES.- Muchas gracias, señor presidente.

Creo que algún día sería bueno discutir sobre este instrumento del llamado a sala, porque la sensación que uno tiene es que, desde el retorno a la democracia, los distintos Gobiernos, todos, han optado por actuar de una manera tal que, con independencia del contenido del llamado a sala y de la contundencia de las argumentaciones planteadas, los ministros nunca caen. ¡Nunca caen! Desde 1985 a la fecha, se terminó la historia. Y eso no le hace bien al Parlamento. No estoy hablando de esta en particular, pero en varias interpelaciones de las que han ocurrido en los últimos treinta años, ciertamente había argumentos de peso y, sin embargo, las mayorías –a veces, de un solo partido; otras veces, de más de uno– han impedido que el resultado fuera otro.

Además, al final, en nuestra Constitución actual, la llave la tiene el Poder Ejecutivo, que es el que en última instancia puede jugar y llevar al Parlamento a una disolución y a una elección anticipada. Este es un régimen presidencialista; entonces, los instrumentos que tiene el Parlamento para controlar son bastante acotados. Pero ese es otro tema y no estamos hablando en particular de este caso.

Muchas veces, a lo largo de la década fantástica que el Uruguay vivió, con tasas de crecimiento espectaculares, el partido de gobierno y el equipo económico reclamaban que se les reconocieran los resultados que la economía lograba en esos años, ante manifestaciones que exhibían la importancia de las variables externas, es decir, del contexto internacional, que obviamente era extremadamente favorable y permitía que el Uruguay creciera al ritmo en que lo hizo. Yo siempre pensé: «Ni tanto ni tan poco»; más allá de estar en la oposición, siempre dije que, en realidad, el viento a favor es importante pero que hay que saber poner la vela, porque si uno pone mal la vela, se da vuelta. Y hay que reconocer que en algunas cosas –no en todas– se puso bien la vela. De las once reformas que el señor ministro mencionó, podríamos ciertamente suscribir algunas como con resultados positivos. Pero así como es posible reconocer la existencia de variables independientes y de variables dependientes, que son responsabilidad del Gobierno, eso también vale ahora. No es cuestión de echar toda la culpa a las variables internacionales y al contexto regional, que nos obliga, ineludible y casi fatalmente, a actuar de tal o de cual manera.

No comparto la idea de que esta es la primera vez en décadas que el contexto regional es tan adverso. ¡Vaya si fue adverso en los años 2000, 2001, 2002, de los dos lados! ¿O no nos acordamos de la devaluación del real de enero de 1999? Y ni hablar de Argentina, que se caía a pedazos y tuvo una situación casi de disolución nacional. Entonces, no es cierto que esta es la única vez que se nos está presentando una situación adversa, y tampoco es cierto que todo lo que deba hacerse dependa de variables internacionales o de variables independientes. Estoy convencido de que así como hubo mérito en tomar decisiones en tiempos de viento a favor, hay también fracasos de los Gobiernos de estos años, sobre todo y particularmente durante los últimos cinco años de fantástico crecimiento.

Para empezar, no se hicieron las reformas de fondo que había que hacer. La educación sigue esperando, y el señor ministro de Economía y Finanzas lo reconocía hace un rato; la inversión en infraestructura siguió pendiente. Ahora se habla de que avanzan los PPP; ¡bienvenidos sean!, porque en el período pasado hubo solo uno. También debemos mencionar la reforma del Estado, que probablemente hubiera permitido otro tipo de ajuste, otro tipo de resolución y de respuesta.

Vivimos una época de despilfarro sin igual, la época de los dos equipos económicos. ¡Dos equipos económicos! Recuerdo que el año pasado, en el marco de la comisión investigadora de Ancap, el señor ministro nos dijo que las empresas públicas estuvieron fuera de control, a la consigna de «¡gasten todo lo que puedan, muchachos!». Y si quedaba alguna duda, este ajuste de USD 460:000.000 se podría haber obviado simplemente si no hubiera sido necesario hacer un salvataje de Ancap a fin de año por USD 622:000.000. ¡Un ajuste y medio se llevó el problema de Ancap! A esto hay que agregar lo del Fondes, entregando préstamos sin retorno; la multiplicación de cargos de confianza; el incremento de funcionarios, y el Antel Arena, que el propio ministro el año pasado, sin éxito, intentó frenar ante situaciones que, obviamente, ya no eran las mismas.

Señor presidente: en el 2010 el Gobierno presentó al Parlamento un Presupuesto nacional que proyectaba un déficit fiscal que a 2014 iba a estar en el orden del 0,8 %. El país creció más de lo esperado y, aun así, en 2014 el déficit fiscal se multiplicó por cuatro veces y media, alcanzando el 3,6 % del PBI. Entonces, hubo un gasto brutalmente procíclico y, además, muy ineficiente; ¡un gasto brutalmente procíclico, como siempre en este país! Vamos a decir las cosas como son: procíclico e ineficiente como siempre. Cada vez que se creció, gobernara quien gobernara, se gastó, y se gastó más de lo que se debía, y al final siempre terminamos en la misma: con ajustes.

Además, señor presidente, al gasto sobreabundante, excesivo y sin calidad de estos últimos años, se agrega el error de diagnóstico y de previsión futura de ahora, del año pasado. Todos –absolutamente todos–, más allá de que los organismos internacionales dijeran esto o aquello, todos dijimos el año pasado: «Señores: este Presupuesto está sobregirado; el Presupuesto proyectado por el Gobierno está exagerando las previsiones económicas de lo que va a ser el comportamiento de nuestra economía». ¡Y no se hizo caso! No se hizo caso en mayo, cuando se largaron las primeras estimaciones; no se hizo caso en julio, no se hizo caso en setiembre ni en octubre, cuando todo, ¡todo!, indicaba con claridad que el cambio de viento había llegado y se había instalado.

Entonces, este ajuste es hijo del despilfarro de los años de prosperidad, es hijo de no haber hecho los deberes en los tiempos de bonanza y es hijo, también, del error reciente del equipo económico.

Además, es un ajuste que era evitable; era absolutamente evitable si simplemente en los años anteriores se hubiera actuado con otra cautela fiscal, con otro criterio, si no se hubiera dejado expandir el déficit al 3,6 %. Todos los que estudian estos temas, los especialistas en economía saben que no hubiera sido necesario el ajuste.

Y los errores de previsión del año pasado, no del 2010, indican –como se ha dicho– un error al doble. El año pasado se pronosticaba un crecimiento del 14,6 % en el período, y ahora se hace un ajuste a la baja. El mismo equipo económico que hace un año, medio año, o solo unos meses nos decía que el país iba a crecer el 14,6 % acumulado en el período, ahora nos dice que va a crecer 7,7 %. ¡Es un error importante, señor presidente! Es un error relevante.

Y después se nos quiere hacer jugar con este asunto de la terminología, diciendo que se trata de una consolidación fiscal, como si las palabras tuvieran magia. Yo diría que deberían explicárselo a los trabajadores, jubilados, pequeños empresarios y trabajadores independientes el 1.º de febrero, cuando cobren sus ingresos. Díganles ahí que es una consolidación fiscal, que no es un ajuste, a ver si les creen. ¡Esto es un ajuste acá y en cualquier parte del mundo! Vamos a dejarnos de eufemismos. Esa es la realidad. La economía se ajusta porque está sobredimensionada; tenemos un déficit que hay que recortar y hay que buscar la manera de sacar plata de donde se pueda. ¡Esto no es una consolidación fiscal! La verdad es que no termino de entender. ¿Consolidar qué? ¿Me van a decir que esta es la continuidad de una reforma? ¡No!, va en sentido contrario a lo que se dijo que fue la reforma fiscal.

Se nos dijo que no iba a haber –no voy a entrar en este asunto; ya se habló mucho– un incremento de la carga tributaria. Es más, se dijo que iban a aumentar las deducciones. Esto es un ajuste con todas las de la ley; un ajuste que empieza con tarifas en enero. Más allá de que se diga que está por debajo del costo de vida, está por encima de lo que varias de las empresas podrían haber aceptado otorgar.

Y, además, ni hablemos del caso Ancap, donde desde hace mucho tiempo se están usando las tarifas para ir recuperando una situación de crisis institucional extremadamente profunda, resultado de otras cosas que ya hemos discutido en otros momentos.

Entonces, tenemos delante un ajuste; un ajuste que, además, no alcanza. No alcanza porque, entre otras cosas, estas nuevas proyecciones del equipo económico chocan contra algunas interpretaciones –que yo creo que son bastante serias– que indican que, en realidad, este año el país no llegaría al 0,5 % y que el año que viene tampoco crecería un 1 %. Por lo tanto, en este bienio 2016-2017 es probable que se genere una nueva distorsión entre las previsiones de crecimiento y lo que, en definitiva, va a ocurrir en la economía.

Pero además, aun en el supuesto de las interpretaciones del Gobierno, este ajuste no alcanza para reducir el déficit fiscal proyectado. Este punto de reducción que se pretende alcanzar no se va a lograr con este ajuste y además va a aumentar la ratio entre deuda y producto bruto. Por lo tanto, también corremos el riesgo de que pueda afectar la calificación de nuestra deuda, que obviamente es un objetivo que todos queremos preservar.

En cuanto al contenido del ajuste, el problema es que, como se hace tarde, sin tiempo, como es urgente y grave, se vuelve a la lógica clásica: hay que hacer lo más fácil y lo más rápido. ¿Y qué es lo más fácil y lo más rápido? ¡Aumentar la carga tributaria sobre los ingresos de los ciudadanos! ¡No hay tiempo para hacer reformas profundas que debieron haberse impulsado en tiempos de bonanza! Habría sido distinto si anteriormente se hubiera encarado una reforma del Estado para mejorar la calidad del gasto, pero no se hizo. Siempre se deja para más adelante; siempre está pendiente; siempre es lo que algún día se va a hacer. Y ahora hay que ajustar para no desbarrancar. Y entonces, ¿qué se hace? Se aumenta la tasa del impuesto de los trabajadores, de los jubilados y de los pequeños empresarios, que son quienes terminan pagando la cuenta. Y si no, pregúntenle a la gente cuando sienta el impacto de este ajuste, que será mayor o menor que otros en la historia, pero que es un ajuste al fin y que significa reducción de la capacidad de gasto de los ciudadanos. ¡No tengan ninguna duda de que afecta los ingresos! ¡Si aumentan las tasas impositivas, la persona cobra menos! Esa es una realidad aquí, en la China y en cualquier parte del mundo. Entonces, no tratemos de evitar decir lo que hay que decir, porque eso termina generando todavía más confusión.

Se ha hablado mucho de que los aumentos de IRPF y de IASS pegarán en los sectores medios, en los de medio para arriba, en los que ganan $ 50.000 o más –que en realidad no son $ 50.000 líquidos, sino bastante menos, $ 35.000 aproximadamente–, pero como decía el señor senador Larrañaga, no se ha hablado del impacto que va a tener el límite a las deducciones, que eso sí impactará en todos, también en los que reciben menores ingresos. Todos, incluidos los de ingresos menores a $ 50.000, los pequeños empresarios y trabajadores independientes, van a sufrir un impacto tributario con respecto a lo que hoy están aportando. Esto ha sido soslayado y viene bien que hoy se haya discutido aquí porque, en definitiva, acá tenemos afectaciones, no a los grandes empresarios, sino a los pequeños empresarios, ya que según el artículo 143 se va a ver afectada su remuneración ficta y, además, el aumento de la tasa de IRAE a través de un aumento de IRPF finalmente termina generando un incremento del aporte del trabajador independiente por servicios personales, y también del profesional independiente, pues en lugar del 25 % va a pagar el 30,25 %, de acuerdo con el artículo 146.

¡Estas cosas hay que decirlas claramente! No hay que andar esquivando el bulto. El ajuste fiscal es como siempre: echando mano a lo más fácil, a lo que se percibe mensualmente, a lo que perciben mensualmente las personas como fruto de su trabajo. ¡No hay nada nuevo bajo el sol! Es lo mismo de siempre en Gobiernos de uno y de otro: como cuando se crece no se hacen los deberes, cuando las papas queman terminamos metiendo la mano en el bolsillo de la gente.

No alcanza, entonces, porque además se siguen errando las proyecciones. Nosotros estamos convencidos de que va a haber problemas.

Termino, señor presidente, preguntando: si en el bienio actual, en lugar de crecer 1,5 % como ahora proyecta el equipo económico, se crece 0,3 % o no se crece, ¿qué se hace? ¿Cuál será el próximo ajuste? Esa sería una buena respuesta que tendría que dar este Gobierno, que además ya anunció que no está dispuesto a comprometer que no va a haber más ajustes.

También, la pregunta más inmediata es: ¿cuándo vamos a encarar las reformas pendientes? Y, por ende, ¿cuándo se va a completar y a cerrar la reforma previsional, que tiene muchos temas complicados? ¿Cuándo se va a reformar el rol, el gobierno corporativo y la estructura de capital de las empresas públicas? ¿Cuándo se va a avanzar efectivamente en una inserción internacional, de la que tanto se ha hablado? Porque estamos encerrados en la región desde hace mucho tiempo; estamos esperando poder abrirnos mucho más al mundo porque otros países, que compiten con nosotros, lo están haciendo a una velocidad bastante mayor. Estamos encerrados y condicionados por conceptos ideológicos que lo único que hacen es defender cosas indefendibles. ¿Cuándo se van a arbitrar mecanismos que controlen la fuga de recursos por el lado de las empresas privadas de capital estatal, que están llenas de opacidad y sin ningún tipo de contralor? ¿Cuándo se va a llevar adelante la reforma educativa, que ya mencioné?

En fin, quedan muchas cosas que deberían haberse hecho, que quizá nos hubieran ahorrado que la gente sufra hoy un nuevo impacto, como cada vez que el Gobierno aprieta el zapato porque decide realizar los ajustes correspondientes.

Como dijo Felipe González cuando asumió el Gobierno de España: «La inflación no es de izquierda ni de derecha; es, simplemente, inflación». El ajuste tampoco es de derecha ni de izquierda; es, simplemente, ajuste. Y este es un ajuste como todos los anteriores.

Muchas gracias, señor presidente.

SEÑORA ALONSO.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra la señora senadora.

SEÑORA ALONSO.- Señor presidente: a propósito de los tiempos en que vivimos, voy a leer un tuit que dice así: «Hay quienes piensan que interpelar al Gobierno en este momento es un acto opositor. En realidad, es un acto de responsabilidad ciudadana». Así dice un tuit escrito por un periodista de un medio de prensa de nuestro país.

En estos tiempos que vivimos a diario los uruguayos, de los ciento cuarenta caracteres, en estos tiempos de inmediatez y de rapidez, estoy convencida de que fue un gran acierto del señor senador Larrañaga el haber promovido esta instancia para analizar este tema con la seriedad y la profundidad que merece. Por eso, quienes estamos acá debemos cumplir con este acto de responsabilidad ciudadana; es lo que se merece la gente de fuera de este ámbito, que depositó su confianza en cada uno de nosotros, sin importar el partido político. Y vaya si será importante el concepto de confianza, al que luego me voy a referir.

También quiero decir que comparto plenamente la exposición del miembro interpelante en cuanto al diagnóstico de la situación del país, en cuanto a las críticas sobre la gestión de la economía de los últimos años y, lo que es más importante aún, el panorama que tendremos en los próximos años.

La esperanza que tengo en el día de hoy –después de ocho horas de estar aquí– es que todo esto no caiga en saco roto, que esta herramienta democrática –que en estos años, lamentablemente, se ha desvirtuado– no termine en un diálogo de sordos, que haya un reconocimiento por parte del Ministerio de Economía y Finanzas, y que esto se traduzca en cambios reales para aquellos a quienes tenemos la responsabilidad de ayudar.

Quienes están fuera de este ámbito quizás no entiendan de conceptos económicos complejos: política macroeconómica, alineaciones de tasas, ajuste por inflación, todas esas gráficas muy ilustrativas –a las que nos tiene acostumbrados el señor ministro–, pero sí entienden de economía básica, entienden lo que sufren a diario cuando pierden su empleo, y en el año que pasó se perdieron más de treinta mil empleos en nuestro país. Entienden que cuando van a la feria, con los mismos cien pesos hoy compran bastante menos que hace unos meses. No hay que ser muy entendido en economía, no hay que ser economista ni ministro de Economía y Finanzas para saber que cuando en mi casa entran diez pesos no puedo endeudarme por once pesos y que, si lo hago, voy a ser una irresponsable porque voy a generarle problemas a mi familia, porque alguien paga los platos rotos.

La verdad es que la fiesta del Gobierno de estos años la pagamos todos. El concepto al que se refería el señor senador Larrañaga sobre ser irresponsables es fuerte, claro que es fuerte, pero como integrante de la Comisión de Presupuesto recuerdo que el presupuesto que presentó el señor ministro en su momento fue irresponsable, y lo digo con el máximo respeto. O dígame, señor presidente, ¿cómo llamaría a alguien –no me estoy refiriendo a la persona del señor ministro, sino a la institución, a la cual respeto mucho– que viene con un presupuesto desfinanciado en USD 2.000:000.000. Comparemos con lo que sucede en nuestras casas, pensemos en esa economía básica. ¿Cómo llamaríamos a quienes se gastaron todo en estos años de crecimiento? Estoy hablando de que me gasté todo lo que crecí y, además, todo lo que creí que iba a crecer. A ese concepto, que la gente entiende en economía básica, lo llamaron margen fiscal disponible.

Cuando la gente escucha que se cortan las partidas de alimentos en algunos CAIF, que se corta el presupuesto para el Sistema Nacional Integrado de Cuidados o que se cortan los presupuestos para tantas necesidades que sufre día a día el ciudadano de a pie, pero sí hay millones de pesos para organizar fiestas, no lo puede entender, y es muy difícil explicárselo. Creo que se ha perdido el respeto al dinero –lo digo con mucho respeto por la institucionalidad que el señor ministro representa en esta casa–; se le perdió el respeto a los millones y millones de dólares que se fueron durante todos estos años. Por eso, reafirmo el concepto vertido por el señor senador Larrañaga: han sido irresponsables con el dinero de los uruguayos, especialmente porque una gran cantidad de uruguayos confiaron en el Gobierno.

SEÑOR MICHELINI.- ¿Me permite una interrupción, señora senadora?

SEÑORA ALONSO.- Le pediría que me dejara redondear la idea.

En su exposición, el señor ministro decía que el gasto público fue moderado. Siempre aparecen los adjetivos. Si el señor ministro tuviera razón, la pregunta que me surge –no como especialista– es: ¿por qué cuando la economía se estancó tuvimos que llegar a este ajuste? Entonces, ¿por qué el estancamiento nos agarró con déficit? Y repito la cifra: estamos hablando de más de USD 2.000:000.000. Lo digo en números porque a veces la gente se pierde con los porcentajes; un 3,5 %, un 4 % a veces no dice nada. ¡Son USD 2.000:000.000! No nos da asco hablar de miles de millones de dólares. Ese fue el Presupuesto desfinanciado que se trajo a esta casa.

La verdad es que quiero creer nuevamente al ministro de Economía y Finanzas; no le adjudico mala fe, para nada, pero es difícil creerle porque la cuenta no cierra.

Es sabido cuál ha sido nuestra postura en muchísimos temas: reconocer lo que está bien y advertir lo que está mal. Por eso, rechazo enfáticamente lo que dijo el señor senador Michelini, y lo estoy aludiendo para que después pueda responderme.

Cuando algo está mal, está mal, y debemos tener la responsabilidad de decirlo, unos y otros.

Voy a tomarme solamente un minuto, señor presidente, para referirme a cuando el señor ministro habla del pasado. El ministro, que tiene unos cuantos años más que quien habla, quizás prefiera hablar del pasado, pero creo que con eso poco favor le hacemos al país, quizás porque –con unos años menos que el señor ministro– me obsesiona el futuro. Tal vez porque tengo hijas muy pequeñas, me obsesiona saber qué vamos a hacer mañana con su futuro. ¿Y sabe qué, señor presidente? Tampoco creo en los partidos fundacionales –no creo en blancos y negros– y me parece que la gente tampoco quiere escuchar eso. Esto lo digo con respeto por quienes la siguen pasando muy mal, mientras nosotros estamos aquí desde hace más de ocho horas.

¿Mejoraron muchos? Claro que sí, y nos alegramos, pero ¿saben cuántos la están pasando mal? Muchos también. Por eso, señor presidente –intentando no ser reiterativa respecto a muchos de los datos que se dieron aquí–, claro que reconocemos que Uruguay creció a una tasa promedio de un 5,4 % entre el 2004 y el 2014. Es verdad que durante el período a que hacía referencia mejoraron los indicadores económicos; no solamente creció la economía sino que bajó el desempleo, subió el salario real y, en términos generales, mejoraron las condiciones de vida de los uruguayos. No nos duelen prendas al decir esto, y lo reconocemos no solamente como uruguayos sino también como integrantes de un partido que siempre quiso y quiere lo mejor para el país. Por eso vuelvo a rechazar las referencias que se hacían en cuanto a que aquí criticamos solo porque es políticamente correcto ponerse en la vereda de enfrente. No, señor presidente, nosotros queremos que las cosas se hagan bien para todos.

La verdad es que la etapa de bonanza, a la que se hizo referencia hoy, se terminó y no la aprovechamos como deberíamos haberlo hecho; sería bueno que esto también se reconociera. Aquí se dijo que el país entró en una fase nueva marcada por el estancamiento económico y por la alta inflación, lo que suele resumirse en la palabra «estanflación». El crecimiento de la economía del año pasado fue de ese 1 % y, descontando Montes del Plata, de solo un 0,3 %.

Leí la Encuesta de Expectativas Económicas de El Observador que pronostica, en promedio, una caída de un 0,2 % y para el año próximo, un crecimiento del 0,6 %. Eso da, para el trienio de 2015-2017, un promedio de crecimiento de 0,5 % lo que equivale, para hablar en términos de economía básica, a un estancamiento económico.

Hace un rato el señor ministro nos leía unos datos; quizás los hayan tomado de los organismos internacionales –de los que hoy son muy amigos– y siempre son más optimistas. Hago el apunte de que tomé los datos de la Encuesta de Expectativas Económicas que realiza El Observador porque es la mejor disponible en el mercado: encuesta a trece instituciones de todo tipo mientras que la del Banco Central del Uruguay solamente consulta a cinco instituciones, y algunas categorías tienen solo tres respuestas, lo que no posee un valor representativo. Cuando hay que medir y analizar las cosas también debemos ser objetivos. Y al hacer referencia a esa encuesta, no quisiera decir, pero tengo que hacerlo, que hubo un claro sesgo de excluir, exprofeso, a quienes hacían pronósticos que no eran muy simpáticos al propio Gobierno.

Podemos analizar cuáles fueron los errores de esa política económica, acumulados durante estos once años porque, como muy bien decía el señor ministro de Economía y Finanzas, esto es un proceso. La razón fundamental de esta descoordinación entre las políticas macroeconómicas, la política fiscal y la monetaria –como decíamos el año pasado en la Comisión de Presupuesto–, y los problemas actuales, los que tenemos hoy, se debe al crecimiento –y en esto sí voy a ser reiterativa– desmedido e imprudente del gasto público.

No es que el gasto no pudiera crecer. Es más, en algunas áreas es claro que era necesario invertir más, pero de ahí a gastar todo, ¡todo! –y más en una época de crecimiento excepcional de los ingresos del Estado–, hay un abismo de diferencia. Ya ni hablamos de la instrumentación de una regla fiscal real, clara y consistente –a la que hizo referencia más temprano el señor senador Larrañaga–, no de la cháchara del aumento de los topes de endeudamiento con mayorías absolutas.

Aquí lo que se hizo –y en esto no voy a ser original– fue, simplemente, gastar como si no hubiera mañana, como si los ciclos económicos hubieran sido erradicados del mundo. La demostración más clara de que esto es así es que alcanzó con que la economía se parara, se detuviera, para que fuera necesario instrumentar un ajuste fiscal.

Más allá de los eufemismos a que hacía referencia el señor senador Mieres, prefiero llamar las cosas por su nombre, y esto es un ajuste fiscal. Algunos hablan de consolidación, y otros, de adecuación. ¡Vayan a decirles a esas familias –a las que veíamos hoy en la gráfica que mostró el señor senador Larrañaga–, a los nuevos ricos, a los ricos de nuestro país, a quienes ganan $ 38.000 en el bolsillo, que tenemos una consolidación o una adecuación! Definitivamente, señor presidente, si hay algo en lo que se ha destacado este equipo, algo para lo cual son unos genios, además de serlo para sacar dinero del bolsillo de los trabajadores, es en enriquecer el idioma español; no sé si son genios para administrar los recursos de los uruguayos, pero seguro que lo son para agregar palabras al diccionario.

La justificación que daba el señor ministro con respecto a que el 67 % no paga el impuesto daría para un debate largo, que seguramente deberemos tener en algún momento porque decir que en nuestro país casi el 70 % de los uruguayos ganan menos de $ 30.000 daría para hablar largo y tendido acerca de cómo estamos como sociedad, no creo que sea para vanagloriarnos.

Señor presidente: hace un tiempo escuché al ministro de Economía y Finanzas decir que negar los problemas no ayuda a resolverlos, y eso mismo le decía el ministro hace un tiempo al expresidente Mujica –carta va, carta viene– cuando se querían sacar de encima el fardo de Ancap. Y es así, tiene razón el señor ministro: negar los problemas no ayuda a resolverlos. Esto es un ajuste fiscal, nos guste o no nos guste, y lo tenemos aquí. Se suben impuestos, se recortan gastos y, por lo tanto, es un ajuste fiscal clásico, liso y llano.

Recuerdo cuando el señor ministro concurrió a la Comisión de Presupuesto donde dijo que nunca había tenido que corregir un pronóstico de crecimiento a la baja. Pues bien, lamentablemente, ese día llegó con la rendición de cuentas que está a estudio del Parlamento y que entra a esta cámara en los próximos días, y que encuentra al país muy mal parado por los errores que se reseñaron en el día de hoy.

También nos alegra escuchar por parte del ministro alguna autocrítica. Que reconozca que se equivocó puede llegar a ser un buen síntoma –tengo la esperanza de que así sea– de que se van a tomar las medidas adecuadas mirando hacia el futuro.

La evidencia es contundente; no me voy a extender en este punto. Solo quiero decir que este es el déficit fiscal más alto desde la crisis del 2002, que llegó a estar en el 4 % hace poco tiempo. Además, tenemos una inflación estabilizada, desde hace cinco meses, en los dos dígitos y un Banco Central del Uruguay que seguramente es incapaz de asumir sus propias metas, con una relación deuda-producto en crecimiento y que, según las propias proyecciones oficiales, se va a acercar al 70 % hacia el final del quinquenio.

Estas son cifras de una economía con problemas y no de una economía blindada, como señalaba el señor ministro en la pasada campaña electoral. Así que no llamaría al equipo económico como el dream team. Por supuesto que cada uno tiene la libertad y el derecho de hacerlo pero, definitivamente, frente a una garúa –no una tormenta porque no lo es–, la verdad es que el equipo económico no ha reaccionado de la manera que hubiéramos esperado.

Digamos las cosas como son, señor presidente. No fue el gasto social el que llevó al país a la situación fiscal en que estamos hoy, no lo fue. Digamos toda la verdad: fue el mal manejo de las empresas públicas, los cargos de confianza y los adscriptos a los ministros. Habría que rever esas cosas. Hoy se hablaba de que estos temas no están escritos en la rendición de cuentas; habría que analizarlo. Este es un asunto muy importante porque se le aprieta el cinturón al que menos tiene, pero el Estado está totalmente desbordado, es ineficiente y está cada vez más pesado. Respecto a los adscriptos o adscriptas a los ministros, miramos para el costado y nadie dice nada. Miremos caso por caso, como decía el ministro, pero hagamos algo, ¿o vamos a dejar pasar de vuelta la oportunidad para hacer creer a la gente que realizamos el cambiazo del «tres por dos»? Eso es, también, responsabilidad de la oposición marcarlo, y del Gobierno, hacerlo y llevarlo adelante. Está en ustedes el ser responsables, también, en estas cosas.

Se mencionó hace un rato –se leyó en el PowerPoint– el tema de la reforma y el apriete del Estado pero acá, al Parlamento, sobre este aspecto no ha llegado nada concreto.

Señor presidente: no quiero repetir los conceptos, tenía muchas cosas para decir sobre el aspecto cuantitativo y cualitativo de este ajuste fiscal –temas que no comparto–, pero sin ser agorera con respecto a los tiempos que se vienen, coincido en que seguramente va a ser insuficiente todo esto porque, a pesar de que corrigieron a la baja las proyecciones de crecimiento en la rendición de cuentas, siguen siendo excesivamente optimistas. Es más, aun cumpliéndose las proyecciones del Gobierno, la trayectoria fiscal prevista difícilmente sea sustentable para mantener el grado inversor y la estabilidad macroeconómica.

Por eso, creemos que este cuento sigue; espero equivocarme, por el bien de todos. Hace unos días, una autoridad del ministerio abría el paraguas y decía que el producto va a tener que crecer a tasas decentes para evitar un nuevo ajuste. Por tanto, considero que se viene otro capítulo, de los varios que ya llevamos de este ajuste fiscal.

Antes de conceder una interrupción al senador Delgado…

SEÑOR MICHELINI.- Yo le había pedido una interrupción.

SEÑORA ALONSO.- Antes me la había pedido el señor senador Delgado. Después, con muchísimo gusto se la concedo.

La situación cambió; cambió lo suficiente –se dijo acá– como para exigirnos ser mucho más prudentes que en el pasado. El Uruguay ya no vive la fiesta de la década anterior, ya no hay lugar para macanas; no hay lugar para nuevos «Ancap», no le podemos seguir prendiendo velas al socialismo y tampoco podemos seguir perdonando deudas a amigos ideológicos del Gobierno. Es tiempo de seriedad, de profesionalismo y de ponderación.

Con mucho respeto digo que fueron malos administrando en la bonanza y son peores administrando en este estancamiento. Por eso, por el bien del país sentimos la necesidad de advertir esta situación, esperando que aunque sea una vez, la soberbia dé paso a la sensatez y busquemos soluciones nacionales, de común acuerdo, sustentadas en la búsqueda del mejor interés para el país y no de réditos políticos de corto vuelo.

Si existe esa posibilidad, señor presidente, siempre podrán contar con nosotros; si continúan con esa porfiada necesidad de negar la realidad, nos tendrán –como en el día de hoy– marcando con serena firmeza los errores. Entendemos que se pueden hacer cosas y muy buenas para nuestro país.

Ayer conversé con un desencantado de la política, de los políticos; se llama Ruben y tiene 20 años. Me decía que lo que ha pasado en los últimos años es que los políticos han ido dejando en el camino, en esta carrera por el poder, tres características: la honestidad, la responsabilidad y el sentido común. A ellas agregaría una más, que mencioné al principio de mi exposición: la confianza.

Señor presidente –a través de usted se lo digo al Ministerio de Economía y Finanzas y, en particular, al ministro de Economía y Finanzas–: no contribuyamos a que se pierda la esperanza de muchísimos jóvenes que todavía podemos recuperar. Dignifiquemos la política. Esto creía yo cuando tenía unos cuantos años menos y lo sigo creyendo y estoy cada vez más convencida de ello. Mostremos a esos jóvenes que esto no se trata de una obsesión por mantenernos en el poder cueste lo que cueste. Quiero creer que podemos hacerlo.

Muchas gracias.

Le concedo la interrupción al señor senador Delgado.

SEÑOR PRESIDENTE.- En realidad, el señor senador Delgado tendría que pedir la prórroga del tiempo de la señora senadora Alonso.

SEÑOR DELGADO.- Formulo moción para que se prorrogue el tiempo de que dispone la oradora.

SEÑOR PRESIDENTE.- Se va a votar la moción formulada.

(Se vota).

–19 en 21. Afirmativa.

Puede interrumpir el señor senador Delgado.

SEÑOR DELGADO.- Muchas gracias. Voy a ser muy breve.

Creo que esta era una interpelación necesaria. Algún senador decía que teníamos que hablar en este tono: podemos discrepar sin gritar ni insultar, cada uno con sus convicciones. Seguramente, entre todos los que estamos presentes, nadie va a convencer a nadie, sino que cada uno va a reafirmar lo que piensa. Lo que importa es lo que la gente sienta, piense y después laude. Ahora hay diferentes mecanismos de comunicación –queremos felicitar a la Cámara de Senadores que en el día de ayer empezó a trasmitir por YouTube– por lo cual mucha gente puede estar siguiendo esta sesión; reitero, esta es una interpelación necesaria.

Un senador decía que quizás cometimos más pecados en estas cosas, y es así. Pongámonos todos en la cabeza del otro, en el momento, en las circunstancias o en el partido del otro cuando a cinco meses de entrar en vigencia la rendición de cuentas anual se plantea un ajuste fiscal. Entonces, ¿iba o no iba a haber interpelación? ¡Claro que sí! Y si el Gobierno era del Partido Nacional, el Frente Amplio hoy estaba interpelando. Este mecanismo es necesario y sano; para eso está el instrumento de interpelación y mucho más cuando el partido de gobierno tiene mayoría propia.

Voy a felicitar al miembro interpelante, señor senador Larrañaga, por cómo planteó la interpelación, la altura y la profundidad con que lo hizo, y por hablar de política económica al desarrollar un historial económico y plantear la situación de coyuntura, las cosas que se hicieron bien y sobre todo las que se hicieron mal, y lo que se dijo y lo que se hizo. Fue una presentación seria y responsable que enorgullece a la Cámara de Senadores y, en particular, al Partido Nacional.

Obviamente también estamos hablando de un tema que es absolutamente trascendente porque tiene que ver –tal como decía la señora senadora Alonso– con el bolsillo de la gente; estos no son solo porcentajes, sino que se traducen en costo de vida.

Hay que ser muy honestos en el planteo. Este es el tercer período que este equipo económico maneja la economía y lo ha hecho de tal forma que ha generado una garantía de credibilidad para muchos que estaban descreídos de la conducción económica de la izquierda. Tan así es que, en 2004, cuando el doctor Tabaré Vázquez era candidato, anuncia en Washington –en la puerta de la sede del Fondo Monetario Internacional– que de ganar las elecciones, el señor Danilo Astori sería su ministro de Economía y Finanzas. Primero fue ministro de Economía y Finanzas, luego candidato a vicepresidente. En el segundo Gobierno del Frente Amplio –que también contó con mayoría propia– fue vicepresidente pero con la condición de manejar la economía. Esa vez fue más complicado porque no le generaba mucha confianza el equipo económico que estaba, que a su vez no le generaba mucha confianza el equipo de Astori. En el tercer Gobierno del Frente Amplio –que vuelve a ganar y tiene mayoría propia– Astori y el mismo equipo vuelven a manejar la economía del país. ¿Por qué? Porque ellos entendían que hacían cosas que daban credibilidad y garantías a los actores económicos. Es así.

Creo que eso se fue perdiendo. ¿Por qué? No voy a hablar ni siquiera de la campaña electoral –ya mencionaron lo que se dijo y lo que pasó después–, sino de hace cinco meses, del Presupuesto que entró a regir el 1.º de enero de este año.

Tengo en mis manos la versión taquigráfica de lo que se dijo en la sesión en donde se hacía referencia a un escenario complicado. El ministro Astori habló de Brasil, Argentina, Venezuela, Estados Unidos, Europa –Alemania, Francia, España, Grecia, Rusia–, China, y de todo el mundo, de todo el contexto, y está bien; decía que el escenario era desfavorable, pero ¿qué cambió? Lo único que cambió de cinco meses a esta parte es que el Reino Unido está en proceso de irse de la Unión Europea.

(Suena el timbre indicador de tiempo).

SEÑOR PRESIDENTE.- Ha finalizado el tiempo de que dispone el orador.

SEÑOR DELGADO.- ¿Me permite otra interrupción, señora senadora?

SEÑORA ALONSO.- Con mucho gusto.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar el señor senador.

SEÑOR DELGADO.- Muchas gracias.

Eso es lo único que pasó, es el mismo escenario. Y en este mismo escenario nos dijeron hace muy poco –hace cinco meses– que el déficit fiscal proyectado para este año era de 3,1 % pero en realidad, según la rendición de cuentas que la semana próxima va a ingresar al Senado, es de 4,3 %. El crecimiento que se establece es bien diferente al proyectado en el Presupuesto hace cinco meses, cuando se decía que este año íbamos a crecer un 2,5 % y ahora el Gobierno anuncia que con suerte será un 0,5 % e incluso hay quienes prevén –ustedes lo dijeron– que sea mucho menos.

O sea que hay déficit fiscal, menor crecimiento económico sumado a la inflación, caída de las exportaciones –este semestre hubo un 14 % menos de exportaciones en volumen y en montos– y menos inversión ya que hubo una fuerte caída en lo que va de 2016. En ese sentido, el monto de inversión de los proyectos presentados en la Comap, en el primer semestre, ascendió a 543 millones, lo que representa una caída del 27 % respecto al primer semestre de 2015. Sumado a esto hay dos factores importantes: un desempleo del 8 % –quizá alguna décima más– y una inflación –a la que se hacía referencia– obviamente por fuera del rango meta.

Hace cinco meses nos decían lo que iba a pasar, pero no pasó; ahora nos explican por qué no sucedió lo que dijeron que iba a pasar, y señalan que va a ocurrir esto otro. Entonces, ¿por qué tenemos que creerles? Ese es el tema de fondo: ¿por qué tenemos que creerles?

Se habló de tarifas públicas y creo que este ajuste fiscal que está en la rendición de cuentas y que obviamente va a impactar en los salarios y en las deducciones, seguramente va a generar un efecto de retracción del consumo, va a impactar en todos los sectores y no solo en el que afecta directamente, es decir, a quienes ganan más de cincuenta mil pesos nominales; también se anuncia un incremento del IASS, con lo que también va a impactar en las jubilaciones. En definitiva, impacta en la economía.

Además de esto, como seguramente no alcance porque como lo que dijeron que no iba a pasar, pasó y la realidad es mucho peor pues se equivocaron en las proyecciones, tiendo a pensar en que no va a alcanzar. Por más que anuncien que no van a hacer más ajustes fiscales, uno tiene la percepción –porque hay alguna pista por ahí– de que van a buscar otros instrumentos de política económica para tratar de hacer ajustes por vía directa o indirecta. Esperemos que se hagan ajustes en el tema del gasto –sobre todo, el gasto superfluo– y que no utilicen las tarifas públicas, aunque tengo la presunción de que van a hacerlo.

Aquí se habló de las tarifas públicas y de cómo evolucionaron por IPC, pero también podemos hablar de cómo evolucionaron en función del costo de generación o en dólares corrientes; lo cierto es que en todos los casos han aumentado.

Para citar una cifra, al inicio del Gobierno del doctor Tabaré Vázquez el crudo costaba USD 50 en términos corrientes y hoy alrededor de USD 43, o sea que disminuyó un 14 %. En ese mismo período el gasoil medido en dólares corrientes subió un 93 % y la nafta súper un 32 %. Hoy estamos un 45 % promedio por encima de la región en materia de combustible.

Esos son los costos del Uruguay; esa es la realidad y es lo que se va a venir. ¡Ojalá me equivoque, pero podemos decirlo en estos términos! Seguramente ustedes no van a estar convencidos ni de acuerdo con lo que estamos diciendo pero nosotros sí. Vamos a ver qué pasa.

Lo que estamos diciendo no es muy diferente a lo que señalábamos hace cinco, seis o siete meses. Lo que pasó es más parecido a lo que preveíamos que a lo que aseguraba el Gobierno. Lo principal, señor presidente, es que después de casi tres períodos de gobierno –más precisamente dos períodos y dos años de un mismo equipo económico– se empezó a horadar la confianza y la credibilidad. Por lo menos para la bancada de senadores del Partido Nacional –con quienes estuvimos hablando en estos minutos sobre el tono de la interpelación, sobre las respuestas del señor ministro y del planteamiento encomiable del señor senador Larrañaga–, este equipo económico está perdiendo confianza y credibilidad.

Muchas gracias.

SEÑOR PRESIDENTE.- Puede continuar la señora senadora Alonso.

SEÑORA ALONSO.- He finalizado. Muchas gracias.

SEÑOR MICHELINI.- Pido la palabra para contestar una alusión.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR MICHELINI.- Señor presidente: el señor senador Delgado ha planteado la discusión en otros términos; por lo menos sin descalificar, a diferencia de lo que hicieron el señor senador Larrañaga, llamándonos negligentes e irresponsables, y la señora senadora Alonso que, en la primera parte de su intervención, se sumó a lo mismo. Es muy difícil dar un debate si unos son responsables y todos nosotros somos irresponsables.

Ahora bien, cuando en la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda del año pasado y en la de todos los otros años –aunque la señora senadora Alonso no estuvo los otros años– el Partido Nacional firma mociones de aumento del gasto que no estaba financiado, como lo hizo la señora senadora Alonso, ¿cómo se le llama a eso? ¿No será que ven la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio? ¿Es irresponsable el Gobierno? ¿Y qué pasa cuando en la discusión presupuestal aumentan y aumentan con sus mociones el gasto sin estar financiado? ¿Eso es muy responsable?

Una cosa es dar la discusión –y capaz que ustedes tienen la razón y nosotros no– y otra es establecerla en términos morales, en la que unos son responsables y los otros son de segunda, irresponsables. Esa discusión, señor presidente, no voy a permitirla, pero en esta cancha voy a perder, porque van a seguir hablando de irresponsables. No me hagan caso ni sigan el consejo, pero creo que si hablan con otras personas llamando al ministro Danilo Astori irresponsable, les va a ir muy mal. ¡Se les van a reír en la cara! Todos somos personas con luces y sombras, todos tenemos nuestras virtudes y defectos, y también el propio ministro. Pero ¿alguien cree en este país que el ministro Danilo Astori es irresponsable? ¡No les van a creer! ¡Sigan con ese discurso que les va a ir muy bien! Sigan descalificando, cuando quizás el debate hay que hacerlo como lo hizo el señor senador Delgado, en otros términos.

Hay muchas cosas para decir. El señor senador Agazzi me acerca una, solo para agregar; seguramente después dirán que no vale soplar, pero sucede que el señor senador está muy próximo. Por ejemplo, no votaron el tope salarial del 60 % del sueldo del presidente para las intendencias, para lo cual se necesitan mayorías especiales. ¡No lo votaron! Ojo, no es mi intención sacar cartel de que soy responsable y los otros irresponsables. Quiero hablar del debate no en términos morales, sino en otros términos. Y cuando la señora senadora Alonso, una vez terminada la instancia de rendición de cuentas, venga a plantear, con toda convicción, legitimidad y con todo derecho, gastos que no están financiados, me reiré, señor presidente, porque la vida da muchas vueltas en este mundo.

Muchas gracias.

SEÑOR PATERNAIN.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR PATERNAIN.- Señor presidente: desconcierto, lo que tengo es desconcierto.

Hemos iniciado esta discusión hablando sobre el modelo del Frente Amplio, sobre el paradigma y sobre la política económica del Frente Amplio; luego rápidamente derivamos hacia la responsabilidad personal del ministro y finalmente hacia las responsabilidades de campaña, de quién dijo y quién no dijo tal o cual cosa.

El señor ministro Astori hizo una exposición impecable en términos prospectivos y, sin embargo, se le reprochó por no asumir sus errores desde el 2005. Contestó a ello y se le reprochó por mirar hacia el pasado.

Se ha hablado aquí del fracaso del modelo, de implosión, pero, a renglón seguido, se señala que es una garúa, una dificultad momentánea que está siendo mal encarada. Entonces, en verdad, no sé cómo ubicar una línea argumental, sobre todo con relación al eje, porque hemos discutido sobre política o sobre modelo y terminamos en cuestiones actitudinales y comportamentales. Todos los argumentos giran en torno a fiestas, despilfarro, bonanza desaprovechada, irresponsabilidad, comportamiento negligente. En fin, ¿qué estamos discutiendo?

(Ocupa la presidencia el señor Guillermo Besozzi).

–Por eso, señor presidente, señalo mi desconcierto.

Después de nueve horas de interpelación quiero volver al inicio, porque el señor senador Larrañaga, en la previa de esta instancia, había colocado sobre la mesa una cuestión de peso y central: discutir en esta sesión sobre los fracasos del modelo del Frente Amplio. Así se inició la interpelación, con su conclusión antes del desarrollo. Y, frente a un anuncio de esta naturaleza, uno aguarda con expectativa e interés, porque seguramente habrá argumentos poderosos para llegar a esa sentencia. En verdad, señor presidente, hasta ahora, y más allá del tono del debate, de las razones y de las sinrazones, creo que el resultado es decepcionante. Digo esto porque este supuesto modelo ni siquiera fue descrito en sus componentes esenciales. Aclaro que hablo de modelo, de paradigma, de política económica. La descripción es la colonización del Estado, la subvención de la pobreza, el populismo económico o tributario, que se persigue al individuo en pos de la voracidad colectivista. Si esa es la descripción del modelo y del paradigma del Frente Amplio, estas etiquetas o consideraciones –como le gusta mucho decir a la derecha– son vanamente ideológicas.

Luego viene la justificación del porqué, el fundamento de por qué hemos fracasado en nuestra política económica y en nuestra política de desarrollo. Pido excusas a los señores senadores, pero las dificultades, los problemas de gestión, los déficits, los líos o las coyunturas, no puedo tomarlos como indicadores de fracaso estructurales de una política. Hay un error de asimilación en torno al diagnóstico al que se llega y a cómo finalmente se concluye. Esto es así, entre otras cosas, porque el fracaso de las políticas económicas o de los proyectos de desarrollo debe ser analizado también a la luz de los objetivos que estos se proponen. Este país creció con inclusión y, en eso, el modelo no fracasó, a diferencia de otros momentos en los que hubo crecimiento y exclusión y el modelo en su lógica fracasó en función de sus objetivos.

Señor presidente: esta es la primera consideración que quiero hacer porque me parece central. No se deben confundir las crisis coyunturales con las crisis sistémicas o estructurales de una política, porque no son lo mismo. Creemos que este es un aspecto decisivo luego a la hora de hacer las consideraciones políticas en torno a lo que estamos discutiendo.

Aquí se han repetido argumentos –era esperable que ello ocurriera– tales como que el factor exógeno del crecimiento registrado durante estos últimos años obedeció a factores internacionales y que las dificultades coyunturales en las cuentas públicas se debieron a errores de comportamiento y de gestión política. Esto era esperable y absolutamente falso. Creo que en ambos casos la exposición del ministro de Economía y Finanzas ha sido contundente en esa línea. No se trata de un balance simplemente caprichoso en el sentido de que se hacen cosas buenas y malas, porque si vamos a hacer los balances de las gestiones de los Gobiernos desde esa óptica, no sé a dónde llegaremos. Me parece que hay que colocar algunos argumentos de más peso en el debate.

Sorprende cómo se puede discutir de esto obviando los contextos institucionales, los formatos organizativos, los constreñimientos jurídicos, los contextos regionales, la crisis del capitalismo global, el juego de los actores. La economía, la política económica parece un juego, un divertimento gerencial de personas que hacen bien o mal las cosas a su capricho o a su antojo. Por eso se comete un error garrafal al llevar el debate hacia cuestiones actitudinales y comportamentales, como si los contextos no existieran, y hablo de los contextos externos e internos.

Está aquí presente el presidente del Banco Central del Uruguay, economista Bergara, quien ha escrito un libro formidable: Las nuevas reglas de juego en el Uruguay. Lo recomiendo, porque es un insumo para entender este tema, en tanto se trata de una sistematización de las reformas institucionales y estructurales que el país ha tenido, por lo menos para hacer una evaluación informada de la política económica como instrumento de una política de desarrollo y de un proyecto político. Allí hay muchos temas que ya han sido señalados.

En primer lugar, este es un país totalmente diferente al que teníamos cuando el Frente Amplio comenzó a gobernar. Esto es demasiado obvio y contundente, y nosotros tenemos que insistir sobremanera en ello, porque luego de estas horas de debate creo que ha quedado claro que en realidad no estamos discutiendo sobre políticas económicas o alternativas, sino que es una embestida a la confianza sobre el Gobierno. Este, reitero, es un debate sobre la confianza, y sobre esto me voy a referir después, porque también es importantísimo para nosotros, y vamos a contestar por qué hay que creerle al Frente Amplio cuando gobierna.

Quiero repetir algunas cosas que señalaba el ministro Astori, porque si no, se pierden, y debemos insistir en ellas porque son elementos absolutamente centrales, estructurales, medibles, de fondo.

El país dejó atrás modalidades institucionales opacas, discrecionales y clientelares; hay que recordarlo, porque a veces nos olvidamos del punto de arranque. Como bien ha dicho el economista Bergara en este texto que he citado, el país ha tenido un cambio muy importante en sus reglas de juego, con un menú de reformas que habría que ver si en otros períodos democráticos el país ha logrado cristalizar en tan poco tiempo. Como tantas veces se ha hecho, podríamos mencionar los cambios en los manejos de las cuentas públicas –porque estamos discutiendo sobre una reforma tributaria que llevó adelante el Frente Amplio– o las nuevas modalidades de gestión presupuestal y de instrumentos, como la rendición de cuentas que el Frente Amplio ha potenciado. Estamos discutiendo sobre un cambio de paradigma en el manejo de la deuda pública, que ha sido una acción directa de los Gobiernos del Frente Amplio.

También vamos a hablar sobre los resultados en materia de políticas sociales, sobre los cambios de las políticas sociales y los cambios institucionales asociados a ellas. Están las políticas de inclusión, pero también están las políticas laborales y los cambios a nivel de la seguridad social, de vivienda, de salud, en un volumen de transformación que el país necesitaba y que va a seguir necesitando profundizar con todo vigor e ímpetu. Las reformas en el sistema financiero –como bien señalaba el ministro– no son un fin último, pero son un instrumento para poder sortear, justamente, momentos como este. El país venía de una situación de vulnerabilidad y de riesgo que hoy no tenemos porque, entre otras cosas, hemos actuado en la dirección correcta, lo que hoy nos permite otra holgura con un nivel de asfixia menor al esperable. Las reformas y cambios a nivel del sistema financiero han sido muy importantes, como también lo han sido los cambios en la inserción internacional, más allá de las discusiones de coyuntura. El país ha diversificado su matriz de inserción internacional y eso ha repercutido también en sus desempeños económicos y en su tasa de crecimiento.

También se han señalado los cambios en las reglas de funcionamiento de los mercados. Esto ha sido expresado por el ministro con mucha claridad en términos de promoción de inversiones. Se han mencionado las políticas de innovación como las que estamos reimpulsando a través de los sistemas respectivos de competitividad e innovación, que no existían en el país o, por lo menos, no tenían la dimensión que tienen hoy, lo mismo que las políticas de promoción para las medianas y las pequeñas empresas.

El país ha tenido cambios en sus modelos de matriz energética, en las telecomunicaciones, en el fortalecimiento del capital físico, y en eso se ha jugado mucho el gasto público. En sus distintas modalidades, el gasto público se entiende y se explica fundamentalmente por todos estos esfuerzos. No cabe interpretarlo desde la lógica actitudinal o comportamental de la irresponsabilidad y el despilfarro.

¿Cuál ha sido el efecto combinado, sumado, de todas estas cosas? El cumplimiento de los objetivos sustanciales del programa de gobierno, que puedo resumirlos en tres puntos.

El primero quizás tenga que ver con una sorprendente agenda de reformas institucionales y estructurales. Esto que estoy mencionando muy por arriba, pero que está bien desarrollado en el trabajo del economista Bergara, es también parte del capítulo de la reforma del Estado, que no es solo la Administración central. Acá hay un cambio y una apuesta estratégica en términos de una nueva institucionalidad que ha supuesto una transformación muy significativa del Estado uruguayo. No sé si en la historia reciente de nuestro país hemos tenido una agenda de transformaciones estructurales como esta. Pensemos en esta línea y no tanto en comportamientos y responsabilidades.

El segundo tiene que ver con los efectos sociales indiscutibles en términos de pobreza, indigencia, salario real, crecimiento de las pasividades, bienestar en sus distintas dimensiones. También debería mencionar los efectos políticos, porque esta fuerza política que gobierna ha tenido tres elecciones consecutivas con mayoría parlamentaria. Yo evaluaría los fracasos de un modelo también en función de los indicadores políticos, de la confianza de la ciudadanía, y no me digan que esto es tan común o ha sido tan frecuente en el proceso democrático reciente.

El tercer efecto, para nosotros decisivo como objetivo estratégico, ha sido –y es– el impacto sobre la distribución del ingreso, es decir, la reducción de la desigualdad del ingreso. Esta es una preocupación cardinal en términos de estrategia de desarrollo que no está resuelta ni se ha llegado a los estándares que se pretenden, pero es indiscutible que en la sumatoria de las acciones de la política económica y de las políticas sociales y laborales ha tenido efecto.

Señor presidente: este país arrastró una crisis estructural durante casi medio siglo –a veces parece que nos olvidamos de eso– con ajustes autoritarios en el medio y con intentos fallidos de recomposición de ciertas bases de equilibrio macroeconómico y algo de integración social. A veces nos olvidamos de eso y, para el futuro de todos nosotros, a mí me importa especialmente recordar esto. Creo que está directamente vinculado con el futuro recordar estos intentos y situaciones de desajuste estructural que el país ha tenido durante medio siglo, con sus momentos de autoritarismo, de ajuste autoritario, que han supuesto crisis económicas y desestructuración del aparato productivo, que han vuelto extremadamente vulnerable la estructura social uruguaya y han impactado sobre algo que discutimos poco: el capital de la polis, aquel viejo marco de referencia de relaciones sociales que le permitía al Uruguay ser exitoso en materia de modelo de convivencia entre extraños.

La crisis uruguaya tiene varios componentes, de hondura y de profundidad, y el Frente Amplio ha sido, hasta ahora, en el ciclo democrático, el proyecto político más exitoso para revertir esto.

Frente a esos escenarios –y ya que la invitación es hablar sobre el modelo de los últimos años y de lo que ha ocurrido desde el 2005 hasta hoy–, a veces pienso en lo siguiente: ¿cuál es el tiempo político y social estimado para recomponer un país, para sacarlo de la ruina lisa y llanamente? Uno piensa que se puede hacer en dos meses, en tres meses, a golpe de voluntad, solo con supuesta autorresponsabilidad. ¿Cuál es el tiempo óptimo para esto? ¿Cuál es el tiempo como para que este proceso, que continúa y que, en su tercera etapa, no ha llegado siquiera a los dos años de gobierno, pueda ser tildado como un fracaso?

Acá se han hecho juicios sumarios sobre cosas que van a pasar. Hay una sentencia anticipada de muerte de las reformas que todavía están en proceso. Hemos fracasado y no hemos terminado el tercer período de gobierno.

Y quiero referirme a otro aspecto de las líneas argumentales que se han manejado que –debo confesar– me desconciertan soberanamente. ¿Cuánto le lleva a una sociedad diseñar, implementar y sostener un cambio en la matriz de su modelo de desarrollo? ¿Cuál es el tiempo estimable como para poder tener nosotros una perspectiva un poco más sólida, incluso, que la perspectiva comparada, para decir «han fracasado»? ¿Cuánto? Insisto: ¿cuánto?

Señor presidente: estamos en la coyuntura de una rendición de cuentas y no voy a decir más nada de lo que ya se ha dicho con respecto a la propuesta del Poder Ejecutivo, que será respaldada por el Frente Amplio.

Aquí se ha jugado mucho –y se seguirá jugando– en materia de términos, en cuanto a si esto es un ajuste o una consolidación fiscal. Sin embargo, hay algunas cosas básicas en términos de comparación. Alguien tendría que convencerme de que esta propuesta es igual a la que existió antes. Por ahí se ha dicho que se sigue la misma lógica. Bueno, ¿esto es así? Es claramente una propuesta progresiva; tiene costos, duele e impacta, sin duda, pero reduce impuestos indirectos e incrementa impuestos directos, tiene un espíritu de progresividad y, sobre todo, pretende salvar los objetivos estratégicos que estaban comprometidos en el Presupuesto y en el programa de gobierno. Eso es decisivo a la hora de comparar, en un ejercicio de evaluación –si es lo que se pretende hacer–, esto que nosotros hacemos con otras experiencias. Habría que comparar estas experiencias por lo menos con algún grado de honestidad intelectual.

Esta es, también, una discusión sobre la cuestión tributaria. Al escuchar los argumentos dados por la oposición –que en realidad ya vienen del debate sobre la reforma tributaria–, uno piensa: ¿y cuál es la propuesta? ¿Cómo salimos del brete? ¿Cómo avanzamos? Porque, ¿cuál es la idea? ¿No cobrar impuestos?

En lo personal, envidio sanamente cómo se maneja el concepto de clase media sin pudor. La obsesión para la teoría sociológica contemporánea es conceptualizar mínimamente la idea de clase media y sus heterogeneidades. En fin; ya desde la discusión de la reforma tributaria se viene insistiendo en el tema –¡y ahora imaginen!– de que todo esto es un ataque directo a la clase media. Si alguien me pudiera definir la clase media, yo podría pensar alguno de estos argumentos.

Ahora bien; si no es la clase media, ¿qué es lo que debe entenderse implícitamente? ¿Que hay que seguir con impuestos regresivos, como teníamos antes? ¿O están proponiendo, también implícitamente, que avancemos en una política tributaria que, por ejemplo, no grave las rentas sino la riqueza, según extendidos debates que se están dando en el mundo contemporáneo? ¿Cuál es el implícito? Lo digo porque tal vez si se explicitaran efectivamente los parámetros y los presupuestos de la perspectiva tributaria, podríamos tener más coincidencias. De a ratos parece que esto debería funcionar sin impuestos y, de a ratos, parece que es la clase media; y si ella no lo es, ¿qué es?

¿Cómo transitamos de un modelo de desarrollo a otro sin una perspectiva tributaria sólida y que tenga los criterios de progresividad que ha tenido la política tributaria del Frente Amplio, que creo que se respetan a rajatabla en esta propuesta de coyuntura?

Señor presidente: sin renunciar un ápice a niveles básicos de conciencia crítica –que son la base de cualquier proyecto de izquierda–, esta última década ha sido la mejor del último medio siglo. Y lo digo por elemental memoria biográfica, lo que podría dar lugar a intervenciones más largas. Los que realmente están preocupados por el futuro de sus hijos deberían, justamente, registrar eso.

Me crie en la dictadura y viví de niño, de adolescente, el inicio del ciclo democrático. Para mí esta ha sido la mejor década del último medio siglo, y aunque todos los días me dé de punta contra la realidad –un día sí y otro también–, creo que se trata de algo indiscutible para todos los uruguayos y uruguayas, que han dado muestra de eso en su comportamiento electoral y en distintos momentos a lo largo de la historia reciente.

Por supuesto, señor presidente, que no nos afiliamos a un optimismo acrítico que surge de indicadores promediales. No hacemos eso. Por supuesto que seguramente muchos de nosotros habremos de reconocer que la gestión ha tenido zonas de amplia heterogeneidad en estos últimos años y que debemos mejorar y profundizar la calidad del gasto, pero nadie, ni del Gobierno ni de la fuerza política, discute esto. Seguramente tenemos perspectivas abiertas para profundizar. Un camino redistributivo es un tema que también forma parte de las inquietudes de todos nosotros.

Además de todo eso hemos actuado con responsabilidad antes y ahora. ¿Por qué hay que confiar en el Frente Amplio? Porque el Frente Amplio ha cumplido todos sus compromisos estratégicos de gobierno, en términos de resultados económicos, sociales y políticos, y esto no agota la agenda, no termina con la agenda de reformas, con los alineamientos e impulsos que deben ser base de la proyección de nuestro esfuerzo en materia de transformación social, económica y productiva.

Señor presidente: cuando olvidamos estas cosas y cuando el debate entra en zonas de desconcierto –como decía–, donde no sabemos ni lo que estamos criticando ni lo que estamos evaluando, básicamente estamos pegando en el espíritu de la confianza e intentando modificar la ecuación emocional de la sociedad, el humor de la sociedad. Esto es viejo, pero peligroso, muy peligroso. El consejo es que quienes lo practican de una manera irresponsable asuman que no necesariamente van a ser ellos los principales beneficiados. Y está en juego, no discutir, no criticar, no impugnar, sino la credibilidad del sistema político en su conjunto. Porque esa institución invisible que hace su trabajo cotidiano, que es la desconfianza, nos va a llevar puestos a todos si no establecemos los correctivos necesarios. Y es más importante, tal vez, prever estos escenarios que, incluso, aquellos otros de proyección macroeconómica. Tengamos presente esto.

Señor presidente: por último, el debate sobre la confianza es un debate central para la fuerza política y para el Gobierno. En esa línea de convicciones y de acciones es que nosotros ratificamos plenamente la confianza en el rumbo de este Gobierno y, en particular, en la conducción de la política económica. Seguiremos trabajando desde la complejidad de nuestro escenario político –que no es sencillo– y pedimos a otros sectores que, en lo posible, respeten también los límites de nuestra dinámica que, justamente, lejos de erosionar la confianza, la fortalecen porque esta es una fuerza política de síntesis, de responsabilidad y de logros.

Muchas gracias.

7) SOLICITUDES DE LICENCIA E INTEGRACIÓN DEL CUERPO

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Léase una solicitud de licencia.

(Se lee).

SEÑOR SECRETARIO (Hebert Paguas).- «Montevideo, 4 de agosto de 2016

Señor presidente de la

Cámara de Senadores

Raúl Sendic

De mi mayor consideración:

De acuerdo con lo establecido en la Ley n.º 17827, de 14 de setiembre de 2004, solicito al Cuerpo que tan dignamente preside, se sirva concederme el uso de licencia para el día de hoy 4 de agosto de 2016 por motivos personales.

Sin más, lo saludo muy atentamente.

Luis Lacalle Pou. Senador».

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota).

–24 en 25. Afirmativa.

Queda convocado el señor Saravia, a quien ya se ha tomado la promesa de estilo.

Léase otra solicitud de licencia llegada a la Mesa.

(Se lee).

SEÑOR SECRETARIO (Hebert Paguas).- «Montevideo, 4 de agosto de 2016

Señor presidente de la

Cámara de Senadores

Don Raúl Sendic

De mi mayor consideración.

Por intermedio de la presente solicito al Cuerpo me conceda licencia al amparo del artículo 1.º de la Ley n.º 17827, de 14 de setiembre de 2004, por motivos personales por el día 4 de agosto del corriente.

Sin otro particular, saludo al señor presidente muy atentamente.

Álvaro Delgado. Senador».

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Se va a votar si se concede la licencia solicitada.

(Se vota).

–25 en 26. Afirmativa.

Se comunica que los señores Alejandro Draper, Mercedes Antía y Armando Casteingdebat han presentado nota de desistimiento informando que por esta vez no aceptan la convocatoria al Cuerpo, por lo que queda convocada la señora Beatriz Argimón, a quien ya se ha tomado la promesa de estilo.

8) LLAMADO A SALA AL SEÑOR MINISTRO DE ECONOMÍA Y FINANZAS, CONTADOR DANILO ASTORI

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Continuamos con el tema objeto de esta convocatoria.

SEÑOR BORDABERRY.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE (Guillermo Besozzi).- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR BORDABERRY.- «Atención pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda la memoria, a mostrarles que a mi historia le faltaba lo mejor». Les agradezco mucho, señores senadores.

Confieso que esta interpelación me está dejando un sabor amargo; la vengo siguiendo atentamente desde hace ya más de nueve horas y siento que no estamos logrando lo que, según creo, planteó el señor senador Larrañaga al comienzo. Todos sabemos cómo va a terminar: dentro de un rato va a hablar el señor senador Larrañaga, después va a hablar el ministro, el oficialismo tiene mayorías así que lo va a apoyar, y luego nos vamos a ir todos para nuestras casas. Al comienzo de la jornada ya todos sabíamos cómo iba a terminar esta instancia. Porque todo el mundo piensa que una interpelación es, exclusivamente, lograr un voto de censura y echar a un ministro, y no es así. Una interpelación, según creo, es sumar argumentos, escucharse unos a otros.

(Ocupa la presidencia el señor Raúl Sendic).

–Y cuando la preparaba encontré un par de cosas y pensé «de repente acá hay un aporte en el que podemos profundizar». Una de ellas tiene que ver con el hecho de que las empresas públicas ahora están teniendo mejoría en sus resultados, pero las sociedades anónimas privadas de las empresas públicas están perdiendo más plata. El año pasado perdieron USD 52:000.000, mucho más que el año anterior. Quizás se nos pueda dar alguna explicación y decirnos si van a controlar a esas sociedades anónimas. Parecería ser que las empresas públicas son como la hidra de Lerna, esa que enfrentó Hércules, a la que cada vez que le cortaban una cabeza, le nacían dos. Ahora queremos «apretar» a las empresas y resulta que en vez de dar pérdidas ellas, la dan las sociedades anónimas que les pertenecen.

Queríamos preguntar, también, sobre algunos datos que surgen de los comunicados del ministerio. Nos llama la atención el hecho de que los boletines oficiales del ministerio de los meses de abril y mayo tienen algunas diferencias importantes en lo que refiere al déficit. En el mes de abril figura que era del 4 % y, en el mes de mayo, cambiaron la cifra por un 3,7 %. Según dicen, esto ocurrió porque le miraron los números para atrás a un ente y después los miraron de vuelta. Son esas cosas sin explicación y que hacen a la vida de todos los días. En fin.

Quizás el sabor más amargo que nos deja esto es que no escuchan cuando se les hace advertencias. Sé que estamos en la oposición y que siempre hay una sospecha en el sentido de que cuando desde aquí se hace una advertencia, es con un fin espurio o político electoral. El señor senador Larrañaga las ha hecho y creo que desde hace rato se les viene avisando sobre los datos. Moody’s les bajó la perspectiva a los bancos locales. La recaudación de la DGI bajó. El endeudamiento bancario del agro aumentó de una forma tremenda. Se recortan los ingresos en la Caja de Profesionales Universitarios. El Fondo Monetario Internacional, ese que advirtió de la situación, nos dice que estamos mal de mal. Las reservas en julio bajaron un 3,55 %. Itaú, JP Morgan Chase y el Fondo Monetario Internacional ven a la economía uruguaya paralizada. En lo que va de 2016 cayeron las exportaciones. Y algunos otros datos que deben ser de trámite: hay niños que en los últimos meses el Mides dejó sin comer.

El Gobierno, después de mucho tiempo, salió a comprar dólares.

Y debo decirle, señor ministro, que tengo una muy mala noticia. Usted informó que veía en el arroz y la soja una pequeña recuperación en los mercados, pero no mostró toda la gráfica, porque lo cierto es que en las últimas semanas bajó, y bajó más de lo que estaba cuando usted dijo que había empezado a subir.

Afectamos las cápitas de las mutualistas, la Caja de Profesionales Universitarios, la Caja Militar. Ahora proponen echar mano a las reservas que UTE tiene para enfrentar la sequía. ¡Ni que hablar del decreto del 28 de diciembre, de ajuste por inflación!

Y después de todo esto, la respuesta es: «Estamos haciendo las cosas bien, no nos hemos equivocado».

Al escuchar la frase «tenemos que hacer una autocrítica», pensé: «Bueno, aquí vamos a la parte en que podemos hacer un aporte». Pero no. La autocrítica es decir: «No hemos hecho todo bien, nos equivocamos en la educación». No surge el pensamiento de: «Che, ¿no tendríamos que haberle dedicado un ratito a lo que hicimos con las empresas públicas en los últimos cinco años, al error de cálculo en el período pasado en las estimaciones del déficit fiscal?». Porque no fue un error pequeño, no; la estimación para el año pasado era de 0,7 % y el déficit fue de 3,5 %. No se nos puede decir que ahora hay otro ministro, porque muchos de los que estaban en el equipo económico en el período pasado siguen en este. En cuanto a la inflación, como estuvo afuera del rango meta durante tanto tiempo, ¿qué hicieron? Ensancharon el rango meta y sigue estando afuera de este.

También se señala que se cumplieron todas las metas que se propusieron cumplir en el Programa del Frente Amplio. Voy a hablar de esas metas, pero no las saqué del programa sino de la comparecencia del señor ministro de Economía y Finanzas el 13 de mayo del año pasado. En esa oportunidad dijo: «Quiero decir que, obviamente, voy a manejar las cifras que están en el Programa del Frente Amplio, a cuyo servicio está esta conducción económica» y, luego, continúa: «Por ejemplo, tenemos un compromiso muy grande con los cambios en la estructura productiva, apuntando a agregar valor y mejorar la competitividad de la producción nacional, sobre todo, reforzando esa línea virtuosa que hay entre conocimiento, innovación, eficiencia, productividad y competitividad». En el mismo párrafo, señala: «Básicamente, me refiero a lo que conocemos como infraestructura». La verdad es que todavía esto no salió. ¿Cuántos PPP hay? Uno, dos, tres; si ese es el fortalecimiento de la infraestructura me parece que no es el camino. En ese sentido, hay un debe enorme del último período de gobierno que no veo que se haya cumplido; se nos dice que se va a cumplir, pero la verdad es que no se cumplió.

También dice el ministro: «Existen áreas enteras en el proceso de formación educacional en las que Uruguay tiene desafíos enormes para cambiar y progresar hacia el futuro». Las pruebas PISA, Terce y Serce y todos los indicadores que quieran de educación nos dan un retroceso enorme. Este es un objetivo no cumplido en esta década ganada de la que se ha hecho referencia acá.

Dentro de las prioridades, el ministro menciona la mejora de la seguridad pública. Lógicamente, no le voy a pedir a la senadora Alonso que hable de la seguridad pública, pero veamos lo siguiente: en 2011 hubo 199 homicidios y el año pasado hubo 290. ¿Esa es la meta que estamos poniendo?

¿Qué pasa con esta otra meta? Dijo el ministro: «Hay un compromiso con todos estos aspectos del programa, que incluyen la inserción internacional» y, más adelante señaló: «Uno de los peores errores que puede cometer un país como Uruguay es encerrarse porque en el mundo hay dificultades; cuántos más problemas, más apertura». ¿Metas cumplidas en la inserción internacional, señor presidente, con lo penoso que está sucediendo en este momento en el Mercosur? Se trata de un Mercosur inexistente en el cual los socios le niegan a quien se dice ser presidente esa condición y el Uruguay defiende a quien debía haber sido suspendido hace rato, que es Venezuela. Mientras eso sucede, algunos dicen: «Estamos avanzando con la Unión Europea». ¡Fíjese qué lindo cuando se siente Maduro frente a la Unión Europea y diga que representando al Mercosur viene a negociar el tratado Mercosur-Unión Europea! ¡Imagínense las caras!

(Interrupción que no se escucha).

–Aclaro a la senadora que con gusto le concedo una interrupción si me la solicita; de lo contario solicito que siga mi alocución. Lo mismo con respecto al señor senador. Con mucho gusto reparto interrupciones si me las piden.

Todos los desafíos y compromisos de esa década ganada de la que se habló, no son así. ¿Hubo logros y cosas buenas? Sí, quiero reconocerlo expresamente. Nadie hace todo bien, todo mal o todo más o menos. ¡He dicho, reitero y reconozco cuantas veces quieran que el Plan Ceibal es bueno! ¡Por supuesto que también se bajó la pobreza! Bueno sería que no se hubiera bajado la pobreza y disculpen que me ponga bíblico, pero lo cierto es que al que mucho se le da, mucho se le reclamará.

La verdad es que el Uruguay tuvo diez años de crecimiento económico enorme por un gran acierto del señor ministro de Economía y Finanzas en el año 2005, que fue el de no cambiar la política económica que se venía desarrollando en el país. ¿Nos olvidamos que pedían la nacionalización de la banca, el SOYP y el Frigorífico Nacional, que le decían: «No al Fondo Monetario Internacional y a pagar la deuda externa»? Bueno, cambiaron y nos enorgullecemos de eso. El problema es que después de haber seguido esa política empezaron a desviarse. Entonces, cuando vimos que se desviaban, que gastaban de más, que no mantenían esa política de crecimiento que había permitido terminar con la pobreza, se lo tuvimos que señalar. No pueden decir que no les avisamos porque acá mismo, a comienzos de 2013, cuando el señor ministro estaba sentado donde está usted, señor presidente, y creo que estaban presentes los senadores Larrañaga, Saravia, Xavier, Topolansky, Agazzi, Michelini –¡miren qué lindo!, les estoy dando a todos la posibilidad de que contesten una alusión– interpelamos al entonces ministro Lorenzo. ¿Qué le dijimos en esa oportunidad? «Corrija, ministro, está gastando de más y tiene un lío en las empresas públicas. Si usted corrige ahora, a tiempo, va a ser una pequeña corrección, pero si no lo hace ahora, después va a tener que hacer un ajuste fiscal». Eso se lo dijimos en 2013 y se lo repetimos en 2014, pero no escucharon. Hasta el propio ministro, que estaba en el lugar de la presidencia, votó el respaldo al señor ministro de Economía y Finanzas de la época. Y no solo eso; al final de esa jornada la oposición presentó unas mociones, no de censura, sino pidiendo cautela y prudencia en la rendición de cuentas dadas las condiciones que había, pero votaron en contra. Después les propusimos que aumentaran el control sobre las empresas públicas, en especial sobre Ancap, porque en 2013 ya veíamos que tenían un problema. También lo votaron en contra y ¡dale que va! Si hubieran ajustado como lo hicieron en febrero de este año, de repente no estábamos haciendo este ajuste fiscal que están pagando los uruguayos. Entonces, no nos digan o no nos den como justificación que el Fondo Monetario Internacional y los organismos internacionales el año pasado también tenían previsiones iguales a las del Gobierno en cuanto a que iba a haber un crecimiento.

Hay un libro muy interesante, que recomiendo, denominado El engaño populista: por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos de Gloria Álvarez y Axel Kaiser. Allí se dice: «Un rasgo esencial de la mentalidad populista ha sido siempre –y continúa siendo– el culpar de todos los males de la sociedad a otros: a los ricos, a los gringos, al capitalismo o la CIA», a la oposición. «Difícilmente un líder latinoamericano o europeo populista dirá: “En realidad hemos fracasado en resolver nuestros problemas porque no hemos sido capaces de crear las instituciones que nos saquen adelante”». Esto pasa hoy. Somos los campeones del «yo no fui». La culpa de los homicidios la tienen los ajustes de cuentas; el problema de la inserción internacional antes se debía a los Kirchner y ahora al imperio o a quién sabe qué; la situación internacional es la culpable del problema que estamos teniendo en la economía. ¿No incidió Ancap? ¿No tendríamos que haber hablado un poco de Ancap hoy? El señor senador Larrañaga habló de USD 850:000.000 y le pido disculpas porque mis números dan USD 1.000:000.000, pero ¿qué son USD 150:000.000 más o menos a esta altura? Los USD 330:000.000 de Pluna, ¿no incidieron en este lío? ¿No vamos a hablar de lo que nos costó la fiesta que hubo en las empresas públicas en los últimos cinco años, del desorden en la inversión? ¡Ese es un mérito que le vamos a reconocer al señor ministro: puso orden en Ancap! ¡Sí, señor! ¡Cambió el directorio! ¡Los apretó en lo que estaban haciendo! Sí, ese es un mérito. ¡Mire cómo estamos reconociéndole los méritos! Pero de eso no hablamos, o hablamos del desorden y de la falta de avance en infraestructura que hubo en los últimos cinco años en Uruguay. El Puerto de Aguas Profundas, de Aratirí, de la regasificadora…, y puedo seguir. Sí, perdimos cinco años de crecimiento en el Uruguay.

Yo sé que políticamente el ministro no lo puede decir porque no puede tirarse contra sus compañeros de partido, pero mire qué favor le hago, lo digo yo: ¡hable de la herencia! ¡Si les encanta hablar de la herencia! Claro, de la herencia de 2005, ¿y de la herencia de 2014 no hablamos? Porque esa también es una herencia. ¡Vaya si la es!

Y creo que el sabor amargo que nos queda es por la explicación que se da por la falta de cumplimiento de la promesa de no aumentar los impuestos. La respuesta es: «Yo prometí de buena fe creyendo que iba a poder cumplir».

Nosotros no lo hicimos así. Nosotros no prometimos lo que no se podía cumplir, y en nuestro programa expresamente nos referimos a la situación en la que se encontraba el país. Cada vez que veníamos con una propuesta, teníamos que ponerle el porcentaje que era y la previsión de lo que significaba presupuestalmente. Ahora la pedí, porque al ver que estudiaron la del Partido Nacional pensé que debían de haber estudiado la mía, entonces, la tengo acá.

Nosotros propusimos al Banco Central del Uruguay que hiciera una amortización en 2013 –empezó a hacerla el año pasado–, que no siguiera pagando las tasas que se pagaban cuando emitía letras de regulación monetaria y obtenía después dólares que colocaba al cero por ciento. Creo recordar que en aquel entonces, finalmente, el economista Bergara nos reconoció que estábamos pagando USD 600:000.000 por año por diferencia de tasa, y cambiar esa operativa era un ingreso bastante bueno.

Proponíamos mejorar el resultado primario de las empresas públicas, ¡mire qué otra coincidencia teníamos con el ministro! Claro, rompía los ojos lo que pasaba en las empresas públicas. Proponíamos ahorrar en la plantilla salarial reponiendo dos de cada tres vacantes. Ahora proponemos no reponer ninguna porque no da para ninguna, pero vemos que esa propuesta de tomar «dos de tres», que hicimos en el programa, la está adoptando el Gobierno. Tarda pero llega. También propusimos disminuir los cargos de confianza, que no significaba mucho, pero iba en ese camino, y hacer una reversión del pico del gasto electoral. Todo eso nos daba los recursos para las modestas propuestas que hacíamos. Recuerdo que me decían: «¡Tenés que prometer más!». Y yo decía: «No puedo, no se va a poder cumplir».

Hoy se hablaba del debate que tenemos que dar en esta casa por lo alto y no ir al barro –se decía– porque esto afecta al sistema político. Y yo creo que lo que afecta al sistema político es prometer y no cumplir, y decir como justificación: «Bueno, usted sabe que en las épocas electorales uno promete y después ve cómo viene la mano». ¡No; no! Acá la credibilidad y la confianza se crean fundando las propuestas y escuchando, y no prometiendo y después no cumpliendo. Yo creo que eso afecta a todo el sistema político y daña su credibilidad.

Y el que prometió no solamente fue el ministro de Economía y Finanzas, fue usted, señor presidente, y fue el presidente de la república. Todos prometieron: no vamos a subir los impuestos. El señor senador Agazzi dice que él también prometió. Y sí, prometieron todos. Pero no solo prometieron: nos tomaron el pelo cuando les dijimos que esa promesa no se podía cumplir.

A mí me acusaron de estar enamorado de los ajustes. A quienes llamábamos a la realidad en esos tiempos de jingles, de papel picado, de musiquita y de promesa fácil nos decían que estábamos enamorados de lo que están haciendo hoy ustedes, justamente, diciendo: «No vayan por ese camino porque por ese camino van al ajuste fiscal». Y ahora, cuando los citamos acá, nos dicen: «Pero, bueno, no se pudo; no hablemos de esto y miremos hacia adelante». Y uno se siente un nabo. Como decía un conocido columnista: «Los nabos de siempre», los que dicen la verdad en la época electoral pierden la elección. Y después, cuando se les dice: «¡Che, mentiste!», te responden: «Ya está; ya fue, en realidad mentí de buena fe, creí que iba a poder hacerlo, pero ahora sigo para adelante». Sé que esto no vamos a poder juzgarlo acá, lo juzgará la ciudadanía; ya lo juzgó: creyó, y está bien que así sea. Si no hubiera mayorías parlamentarias lo estaríamos juzgando acá, sin duda.

Nos decían: «¡Vamos bien!». ¿Se acuerdan del «vamos bien»? ¿Vamos bien y tenemos que hacer un ajuste fiscal?

Obviamente, reconozcamos lo mucho que hicieron los dos Gobiernos del Frente Amplio en muchas áreas. ¡Reconozcámoslo! Hay muchas cosas que se hicieron bien y hay que reconocerlas, y otras que se hicieron mal. Y corregir el rumbo es para tener recursos para seguir haciendo las cosas bien, que es lo que queremos todos.

No voy a hablar de la presentación del ministro ni la del senador porque ya está muy avanzada la noche. Solamente voy a hacer una referencia a esa confianza de la que se habló y que, sin duda, es un activo del país. Hoy los mercados, los agentes económicos confían en el Uruguay. Eso, sin duda, se ve reflejado en las tasas y en las negociaciones a largo plazo. En ese sentido, quiero hacer un reconocimiento al doctor Jorge Batlle, con quien tuve el honor de trabajar en momentos muy duros para la vida del país, y al doctor Alejandro Atchugarry, con quien me une una amistad muy grande. Me tocó ser ministro en aquellos momentos duros –era nuevito en la política, nunca había participado–, pero me quedaron grabadas aquellas discusiones durísimas, las que espero nunca tengan que enfrentar algunos de los que están acá. La disyuntiva era muy clara: por un lado, el señor Aninat del Fondo Monetario Internacional nos pedía que se declarase el default, el doctor Batlle se oponía, y decía: «Pata contra el barranco y a aguantar». Imagínense por un instante, cuál sería la confianza en el Uruguay si se hubiera aceptado lo que indicaban el señor Aninat y el doctor Tabaré Vázquez –por ende, el Frente Amplio– que recomendaban que se siguiera el camino de Argentina, que se declarara el default y que no se cumpliera con las obligaciones. Es muy fácil de imaginar, veamos qué le pasó a Argentina. ¡¿Tendríamos la confianza que tenemos hoy?! ¿El doctor Vázquez y su Gobierno tendrían esta confianza si hubiéramos seguido lo que pidió? ¿La tendríamos si hubiéramos declarado el default? No, seguro que no. La otra decisión enorme –que habla mucho de la política, que me lleva a plantearme si estoy hecho para ella, y muchas veces me respondo que no–, es la de hacer lo correcto siempre, sin pensar en las consecuencias electorales.

En ese momento se planteó la disyuntiva entre subir el impuesto a los jubilados y a los trabajadores o poner detracciones. Las cuentas no daban, no había de dónde sacar, ya estaba todo inventado frente a esa crisis. Obviamente, no había dos bandos, pero sí dos grupos que pensábamos distinto. Cuando estaba al frente de los Ministerios de Turismo y de Industria, Energía y Minería no quería poner más impuestos al aparato económico porque la recuperación iba a demorar mucho. Lo mismo pensaban el doctor Atchugarry, que estaba al frente del Ministerio de Economía y Finanzas y luego el economista Alfie. Sin embargo, muchos nos decían que si hacíamos lo otro no nos iba a votar nadie porque quedaba un año y medio, o dos, para las elecciones. Recuerdo las discusiones que tuvimos, poníamos las proyecciones y un día fuimos a la reunión y el doctor Batlle dijo: «Ya tomé una decisión. No nos votará nadie, pero la economía uruguaya se va a recuperar rápidamente: no vamos al default». Luego de una transacción, se incluyó una cláusula que decía que, si se aumentaba la recaudación, automáticamente se bajaría ese impuesto que se estaba poniendo al trabajo y a las jubilaciones. La verdad es que el doctor Batlle no se equivocó: el no ir a default nos ayudó, la economía se recuperó rápidamente, tuvimos diez años de crecimiento, y en la elección siguiente no nos votó nadie.

Eso es todo. Muchas gracias.

SEÑOR AGAZZI.- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR AGAZZI.- Señor presidente: hace más de nueve horas que estamos aquí, pero de todos modos quiero decir que para nada estoy de acuerdo con esos planteos de que ya sabemos lo que va a pasar después y que todo esto no sirve para nada porque no se tiene un resultado concreto. En lo personal, concuerdo con el concepto del señor senador Bordaberry en el sentido de que estas discusiones son para bastante más que para voltear o no a un ministro. Me parece que el Parlamento debe dar estas discusiones y que todo el mundo oiga lo que decimos porque el país lo precisa. Afortunadamente, nosotros tenemos estos lugares para discutir estas cosas, para que cada uno dé sus razones y fundamentos y exprese su sentir, y luego el pueblo es el que decide la marcha del país. Por mi parte, estoy contento de que discutamos estas cosas. Incluso, el señor senador Larrañaga dijo algunas cosas con las que estoy de acuerdo y que luego voy a mencionar.

Ahora bien; la utilidad de todo esto depende de nosotros y de cómo lo enfoquemos. Creo que la discusión de hoy se basó, sobre todo, en las medidas, herramientas o cosas puntuales, no fue un debate más global sobre la política económica, pero eso es responsabilidad de las capacidades que tenemos los que estamos acá. Me parece que es un acto de responsabilidad política más que ciudadana, porque nosotros cobramos el sueldo para llevar adelante actividades políticas y eso es lo que tenemos que hacer.

Sin embargo, se me complica cuando empezamos a discutir sobre cómo va a ser el futuro o si seguimos con las campañas electorales, recordando lo que dijo este o aquel. Podemos escucharnos, pero el problema es que tenemos diferencias políticas en cuanto al país que queremos construir y eso está bien que quede explicitado; no lastima a nadie que así sea y que quede bien claro qué piensa uno y qué el otro.

No voy a ingresar en los detalles técnicos de las preguntas que hizo el señor senador Larrañaga y tampoco me voy a referir a las respuestas del equipo económico porque no me compete. Por mi parte, voy a hacer consideraciones políticas sobre la actividad que realizamos hoy, aquí.

Creo que el país está viviendo una etapa que se caracteriza por tres períodos consecutivos de gobierno del Frente Amplio porque así lo decidió el pueblo. Además, me parece que la gente tiene bien claro cómo está viviendo hoy porque sabe cómo vivía antes. En mi opinión, lo que más ha distinguido a los Gobiernos del Frente Amplio no ha sido el crecimiento económico, porque en otras épocas ya lo tuvimos. Hubo crecimiento económico en la dictadura. Entre 1974 y 1981, la economía creció el 38 %, pero los salarios y las jubilaciones bajaron a la mitad. Entonces, el problema no es solo el crecimiento. Si uno mira la curva de crecimiento de la década de los noventa y la que se dio durante los Gobiernos del Frente Amplio, puede ver que son iguales, se copian. Lo cierto es que hubo crecimiento; pero ahí no está el problema, porque lo que caracteriza a un gobierno de izquierda es cómo se logra y qué se hace con él. Me parece que ese es el tema que está sobre la mesa en el día de hoy.

Este crecimiento que se dio durante nuestros Gobiernos rompió algunos mitos. Se decía: «Hay que hacer crecer la torta para después repartirla». No, eso no tiene fundamento porque se comprobó que se podía hacer crecer la torta mientras se repartía. ¡Se podía! Otro mito: «Los aumentos de salarios generan inflación». El viejo de la bolsa, el cuco. Se pueden aumentar los salarios y la inflación no tiene por qué ser tan grande. «Si hay consejos de salarios los empresarios se irán»; otra vez el cuco. «Los aumentos de salarios van a reducir los empleos»; tuvimos mejoramiento salarial y creación de empleo. Creo que los que pensábamos esto y los que quisieron verlo pudieron aprender, porque fue lo que pasó en nuestro país. A su vez, el problema del salario es muy importante porque tres de cada cuatro uruguayos viven de un salario. ¿Qué pasó con los salarios? Si tomo un valor de 100 al comienzo de los períodos del Frente Amplio, a los diez años veo que subió a 155, pero en la década de los noventa, si en el inicio tomamos esos mismos 100, cuando termina, la cifra llega a 105. Entonces, aquí hubo una diferencia muy grande, pero no en el tamaño de la torta, sino en cómo les fue a los trabajadores, es decir, a la mayoría de los uruguayos. Esto es importante y podemos tomar varios tipos de salarios, como los sueldos de los docentes, de las empleadas domésticas o de los peones rurales, y ver cuánto mejoraron.

¿Qué pasó con el desempleo en estos años? Cuando empezó el período de gobierno del Frente Amplio el desempleo estaba en un poco más del 12 % y llegamos a tener un porcentaje cercano al 6,5 %, 7 % u 8 %, que son los valores actuales. ¿Qué pasó en la década de los noventa? La tasa de desempleo había empezado en un 8,5 % y terminó en 10 %, habiendo pasado por momentos de 11 %. En realidad, eso es lo que caracteriza el modelo del conjunto de las decisiones que se toman.

Se pueden analizar muchos otros datos, pero me parece que aquí hay algunas cosas claves. Primero, quiero mencionar la convocatoria a los Consejos de Salarios, algo que fue discutido en las cámaras. Como podrán recordar, durante la dictadura se dejó de convocar a esos consejos y luego se transformó en una ley de negociación colectiva, que hoy no es ningún cuco. Estamos todos acostumbrados a ella y participamos de las discusiones y de los debates e, incluso, se ha aplicado a los trabajadores del sector público. Seguro que provoca discusiones entre los trabajadores y los empleadores; entre los funcionarios del sector público y el Gobierno, pero bienvenidas sean esas discusiones. El resultado de eso es positivo para la mayoría de la población.

Se habla mucho del viento de cola, pero todo esto no pasa solo, precisa políticas activas de empleo y políticas activas en la Ley de Promoción y Protección de Inversiones, que se cambió con decretos que la fueron modificando, para que las inversiones que llegan al país se descentralicen, aumenten, generen puestos de trabajo e incluyan tecnología. Estos resultados no vienen solos, son la consecuencia de decisiones de política activa. Menciono también la política de estímulo de la formalización, sobre todo con relación a los monotributos y a los ciudadanos que tenían problemas de empleo o que, sencillamente, no lo tenían.

No voy a hablar de los gastos en educación o en salud pública, pero una cosa muy difícil es el terrible medidor de la desigualdad. Hoy se habló del índice de Gini –dejemos de lado la discusión de si este es el mejor método o si hay otros porque todos tomamos este y hablamos de él–, que es un medidor de la desigualdad. El señor ministro presentó un informe sobre los ingresos del decil más alto y del más bajo. En los años noventa, el índice de Gini arrojaba 0,42; 0,41 y 0,43. Nuestros Gobiernos empezaron con 0,44 y fue bajando hasta llegar a 0,381. Todo el mundo dice que es el más difícil de mover porque las ciencias sociales no son exactas, sino que son la sumatoria y la interacción de cantidad de factores vinculados a las conductas de todos los ciudadanos. Entonces, ojalá se pudiera hacer esto apretando un botón, pero hay que hacerlo con un conjunto de medidas y de políticas que vayan en esa dirección. Eso es política: querer hacer eso y utilizar todas las herramientas para ir hacia allí.

Todo esto sucedió porque en nuestro país hubo un cambio político importante. En los fenómenos de crecimiento anteriores estas cosas no pasaban. Se ha dicho, en realidad, que fue la década perdida. Eso lo ha dicho el senador Larrañaga, y yo capaz que estoy de acuerdo. Él habló de la década perdida.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Yo no fui.

SEÑOR AGAZZI.- Discúlpeme, senador. Entonces, no lo dijo el senador Larrañaga, pero lo dijeron otros. Se habló de la década perdida. En realidad, fue una década perdida para los que concentraban riqueza en los períodos anteriores, pero fue una década ganada para las mayorías populares. ¿Cómo se explica esa disminución de la desigualdad? ¿Por qué antes había más desigualdad? Porque se concentraban los ingresos. ¿Y por qué ahora hay menos desigualdad? Porque se distribuye más la torta. Siempre hay gente que gana y gente que pierde. Nosotros estamos comprometidos con las mayorías populares. Entonces, no hay un modelo agotado, y esto sí lo ha dicho el senador Larrañaga. Yo creo que el modelo que se agotó fue el de la concentración de riqueza en este país, porque eso a lo único que lleva es a concentrar el capital, a priorizar el sector financiero y a dejar a la mayoría de la población en «arreglate como puedas». Eso sí se agotó, y eso lo resolvió nuestro pueblo; no lo vamos a resolver nosotros en esta pieza. Pero hay un modelo en desarrollo, que es la construcción de una sociedad más justa. Nos va a llevar muchas discusiones en el Parlamento e, incluso, hasta dentro de nuestra fuerza política, pero se puede lograr. Lo que estamos haciendo está demostrando que eso se puede lograr, y eso está bien.

Yo quiero decir que esta es una discusión política. Creo que como país estamos fortalecidos. Ya hace mucho que la plaza financiera se fue; los que organizaron la plaza financiera se fueron. Algunos estuvieron en cana; otros ya no están más. La nueva política monetaria se aplica con transparencia; todos conocemos las decisiones que se toman. Con relación a nuestra inserción internacional y a la posición en defensa de los derechos del país en los organismos internacionales, podemos decir que se está trabajando con muchísima responsabilidad y con éxito. Creo que tenemos un manejo serio del endeudamiento externo y del endeudamiento interno. Y la crisis mundial no empezó ahora. ¿O es que en 2008 no pasó nada en este país? ¿Acaso no hubo medidas anticíclicas tomadas por nuestro Gobierno? ¿No se crearon fondos especiales con la expectativa de que después iba a mejorar, para apoyar a sistemas productivos que teníamos en el país? ¡Hubo crisis que tuvieron otros países y acá ni nos enteramos de que estábamos en crisis! Eso fue por decisiones políticas que tomó nuestro Gobierno. ¿Por qué se pudo lograr todo esto? A mí me parece que sería bueno que quienes fueron gobierno en los períodos en los que no hubo una mayor distribución de la riqueza y en los que no se dieron los valores que se están dando ahora se preguntaran por qué se logró todo esto ahora y por qué no se logró antes. Yo creo que ese es un asunto interesante para plantearnos, analizarlo y estudiarlo. Pienso que haber impedido, con esta nueva estrategia, que esa acumulación por parte de todo el sector económico y, en particular, por el sector productivo –antes de que estallara la crisis–, luego se perdiera frente a los embates, fue la mejor forma de aprovechar la oportunidad que brindaron los buenos precios internacionales.

Podríamos hablar mucho de cosas que pasaron, señor presidente, pero todos las conocemos.

Quiero terminar, señor presidente, diciendo que con respecto a este nuevo modelo de desarrollo productivo, con justicia social, aplicado a partir de marzo de 2005, en aquel tiempo hasta se nos podía decir que éramos unos soñadores, y se podía discutir si aquello era posible o no. Ahora están las gráficas. Está todo hecho. Se puede y ese es nuestro camino. Con eso estamos comprometidos y eso lo vamos a seguir haciendo.

Muchas gracias, señor presidente.

SEÑOR PRESIDENTE.- En la ronda final de intervenciones, tiene la palabra el miembro interpelante, señor senador Larrañaga.

SEÑOR LARRAÑAGA.- Señor presidente: en primer lugar, reivindico el instrumento de la interpelación porque me parece que el diálogo democrático es, básicamente, una responsabilidad que aporta a la construcción democrática, más allá de los cruces, más allá de las diferencias y más allá de las estigmatizaciones que se puedan hacer sobre dichos, palabras, conceptos, juicios. Yo tengo ese derecho como legislador y lo ejerzo porque es nuestro papel controlar al Gobierno. La ciudadanía nos puso acá para controlar al Gobierno y tenemos la obligación de hacerlo. Les gustará o no, pero creo que el ministro de Economía y Finanzas se escudó en una larga exposición –la mía también lo fue– en la que nos llenó de datos de todos los colores y tipos, con cifras para acá y para allá. Pero hay algo que yo quiero subrayar al final de esta interpelación. Él dijo textualmente: «No queríamos poner más impuestos, pero las circunstancias cambiaron. No hubo intención de mentir, no hubo mala fe». Pero lo concreto es que se prometió una cosa y después se lleva adelante otra. Esto es innegable. Entonces, no se pueden ofender cuando decimos que se trampea en un acto comicial frente a la gente. No se pueden enojar, tampoco, por los términos que hemos utilizado: irresponsabilidad, negligencia, engañifa, porque todo eso, acumulado, aconteció.

Señor presidente: hemos hablado de que el modelo fracasó. El modelo fracasó. La gente va a juzgar. Por suerte, faltan años todavía para ello, pero fracasó porque si tuvo once años de bonanza económica, con una economía floreciente para hacer reformas y no las hizo –no las hizo–, reformas vitales para la vida del país, ese modelo hoy, en el debe y en el haber, fracasó o está fracasando. Esto me parece, por lo menos desde mi apreciación y desde la de miles de compatriotas, que es algo que no se puede negar.

Es un modelo cuestionado. ¡Por supuesto que está cuestionado! ¡¿Cómo no se va a cuestionar un modelo que no manejó las finanzas públicas de tal suerte que, cuando había, y hubiera podido recurrir al mecanismo simple de guardar para cuando no hubiera, incrementó el déficit del PBI de 1,9 % al actual 4,3 %?! Estas cifras no las inventé yo, las repitió el señor ministro y todos estuvieron contestes en ello. ¿Cómo no cuestionar el modelo cuando la educación está como está y la variable de ajuste en la rendición de cuentas es, precisamente, la educación? Por supuesto que reconozco que se ha invertido mucho en la educación, pero ¿y los resultados? ¿Cómo son los resultados que tenemos? ¡Son horribles! ¡Son espantosos los resultados! ¡Son irresponsables! Me parece que negar esto es pretender tapar el sol con un dedo.

Los grandes problemas de la seguridad, ¿se pueden negar? Yo creo que no. Quienes hemos acudido a un diálogo por la seguridad vemos las dificultades y peripecias que tiene que afrontar el presidente de la república para gambetear los escollos que sabe que va a tener aquí, en el Parlamento.

La salud, más allá de la reforma, tiene enormes problemas, enormes dificultades. ¿Yo quiero que eso acontezca? ¡No! ¡Pero no se puede negar!

En cuanto a la inserción internacional –ya lo dijo el señor senador Bordaberry–, estamos agarrados del pincel y perdimos la escalera. ¡Esto es real! ¿Es un invento mío el lío que tenemos en el Mercosur, el papelón al decir «terminó mi mandato, tomen la presidencia del Mercosur»? porque viene el señor del norte –Nicolás– y hay un lío.

El señor ministro tampoco asumió el compromiso de no poner más impuestos; lo dijo claramente al responder alguna de las preguntas. Probamos que se gastó, a nuestro juicio, imprudentemente. Hubo un gasto imprudente y eso también es evidente. Ahora bien, que algunos sectores del Frente Amplio se quieran hacer los desentendidos, los distraídos, es otra cosa, pero que se gastó imprudentemente no lo puede negar nadie. ¡Nadie lo puede negar! ¡Un marciano lo puede negar! Se gastó y se gastó hasta límites increíbles.

El ministro –en el año 2005– también propuso una regla y la bancada del Frente Amplio se la cambió. Ahora dijo que estaba dispuesto a hablar de una regla fiscal.

Además, se gastó mal porque muchas de las reformas no se pudieron hacer, están pendientes: la reforma de la educación, la del Estado, ahora la reforma de la Aduana es impugnada porque la hicieron mal, y tantas otras cosas.

¡No pueden atacar a la oposición como «esta derecha perversa que quiere todos los males para los uruguayos» y ustedes son los propietarios absolutos de toda la razón! ¡Son increíbles! ¡Son los infalibles! ¡Todo lo que hacen está bien! Muy bien, puede ser que estemos total y absolutamente equivocados, pero también hay una responsabilidad del Frente Amplio, ¡de todo el Frente Amplio! ¡Por una punta, por la otra o por los del medio, siempre hay un trancazo por algo! ¿O me van a decir que hoy el presidente no está más solo que el uno? ¡Por favor! ¡El presidente de la república, actualmente, tiene que generar promesas dentro de su propia fuerza política para sacar una rendición de cuentas trancada! Lo sabe todo el mundo; creo que mi gurí, que tiene ocho años, también lo sabe.

También probamos que el Gobierno ataca el bolsillo de trabajadores, comerciantes y empresarios con un IRPF que no es progresional ni progresista. ¡Eso también es real! Recién se dijo: «Terminamos con una década en donde los ricos seguían acumulando riqueza». Realmente, esto me parece una cosa de antología, algo fantástico. Creo que ahora los ricos son más ricos que antes. Discrepo con el amigo –¿por qué no decirlo?– senador Agazzi, ¡los ricos son más ricos que antes! ¡La tierra es más extranjera y más ajena que antes! ¡Y no hay igualdad entre los empresarios nacionales y los extranjeros, porque a estos últimos les ponen alfombra roja para que vengan y a los pequeños y medianos empresarios les dan con la cachiporra de la «impositiva»! ¡Esto es así!

¿Qué me van a venir con palabras maquilladas, edulcoradas? ¡No, señor presidente! Lo digo con toda franqueza. Al propio ministro de Economía y Finanzas le tengo respeto –aunque él crea que no, que yo le doy palo porque tengo ganas– porque lo he visto siempre en una línea. Me acuerdo de un día en este Senado de la república, el 8 de agosto de 2002 –no estoy violando nada privado–, en que estábamos afuera, en el ambulatorio, con el hoy ministro de Economía y Finanzas discutiendo sobre la reprogramación de los depósitos de los bancos públicos. Por supuesto que yo tenía enormes dudas sobre aquel ajuste, aquel proceso que se nos proponía: la reprogramación de los depósitos de los bancos públicos. ¡Hasta el nombre asustaba! Y le pregunté al señor ministro: «Danilo: ¿qué le parece?», a lo que me respondió textualmente: «Es lo que hay que hacer». Después dijo lo mismo en sala, y yo se lo reconozco; no votó, pero lo dijo aquí dentro.

La reprogramación de los depósitos de los bancos públicos, el canje voluntario del endeudamiento externo, fueron instrumentos que aquellos ciudadanos del gobierno del doctor Batlle –que fueron nombrados por el señor senador Bordaberry– hicieron con un enorme esfuerzo nacional y un gran costo político. También yo quiero sumarme al reconocimiento al doctor Atchugarry, al contador Alfie y a todo ese cuadro que andaba en la vuelta. Ellos hicieron un enorme esfuerzo para que el país pudiera zafar del brete que teníamos en ese momento. ¡Pasamos un fin de semana acá, votando en el Senado la reprogramación de los depósitos de los bancos públicos! Y desde ahí se nos decía que los USD 1.500:000.000 iban a ser manteca en hocico de perro, que se iban a ir, que iban a volar, que no iban a servir para nada. Se equivocaron: ¡funcionó!

Señor presidente: veo un ministro de Economía y Finanzas con enormes dificultades. Digo esto porque, por ejemplo, sobre un tema que es importante para muchas personas, como son las donaciones de empresas para las universidades privadas, el ministro tiene una posición –que yo comparto y que, como él lo dijo, fue un instrumento de su Gobierno–, pero usted no la comparte, señor presidente; usted está en contra, en una posición contraria a la del ministro de Economía y Finanzas. ¡Esto es real! ¿O no es así? ¡Es así! Entonces, no nos pinchemos la manguera entre bomberos. ¿Qué va a hacer ante esto el señor ministro Astori? ¿Acaso va a dar instrucciones a su sector, Asamblea Uruguay, para que no vote ese artículo de la rendición de cuentas? No sé; la verdad es que no lo sé.

Con respecto al decreto del 1.º de diciembre, ese decreto fantasma por el cual le dimos con el fierro a las empresas por un ajuste de inflación no reconocido, todavía no entiendo –yo soy medio duro para entender– cuánto significó para los bancos la renuncia fiscal por la devolución del decreto del 1.º de marzo. El señor subsecretario dio una explicación pero quedó por el camino.

Con respecto a la rendición de cuentas que va a venir al Senado ahora, luego de haber sido aprobada en la Cámara de Representantes, tengo que decir que es un frangollo, ¡un enorme frangollo! ¿Qué es un frangollo? «Cosa hecha deprisa y mal». Eso es lo que dice la Real Academia Española. ¡Miren cómo funciona el modelo! ¡La síntesis de la heterogeneidad! La verdad es que me perdí. El senador realmente aplicó definiciones estupendas que mañana voy a leer nuevamente porque me gustaron, pero me perdí; la síntesis esa terminó en un frangollo, en un enorme frangollo. Frangollo por el que se abate pero no se abate, se difiere pero no se difiere, se va para un lado y para el otro, y terminamos con «abátense», con acento en la segunda «a». Esa palabra no existe en el diccionario, no sé qué es; voy a ver si la encuentro. En realidad, creo que es parte del frangollo. Consulté el diccionario de la Real Academia Española y esa palabra no está. Seguramente forma parte del español antiguo que algunos poetas utilizaban allá por 1800 o 1700. Sé que me van a decir que está en una ley de rendición de cuentas de no sé qué año, que también encontré y trataba sobre el IMPO y no sé qué más. Pero ¡por favor, corríjanla, porque está mal! Debió decirse «se abaten», porque «abátense» no corre; lo consulté con profesores y lo cierto es que no va. ¡La rendición de cuentas es un frangollo!

Tenemos un Poder Legislativo que renuncia a sus facultades. El Poder Ejecutivo le tiró la pelota al Parlamento; el Parlamento, que debió resolver, agarró esa pelota y la tiró de vuelta para el Poder Ejecutivo. ¡Nunca vi una violación tan grande del principio de separación de poderes! ¡Nunca vi algo tan notablemente grande en cuanto a violación del principio de separación de poderes!

Para finalizar, señor presidente, quiero recordar que aquí se habló de confianza, y yo creo en la confianza, aunque muchas veces en el devenir de la actividad política la he perdido; he perdido la confianza en muchas cosas, en muchos valores, en muchas expresiones que he escuchado y en algunas que he olvidado. Porque la confianza, cuando se defrauda, deja de existir. Esto es lo que ha pasado con las promesas del Frente Amplio, del Poder Ejecutivo y del ministro de Economía y Finanzas.

Gracias, señor presidente.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el ministro de Economía y Finanzas.

SEÑOR MINISTRO.- Señor presidente: realmente me gustaría decir mejores cosas de las que voy a decir, porque tenía la esperanza de sacar una conclusión más constructiva de todo este tiempo que hemos dedicado a la discusión de la política económica.

El Parlamento ha ejercido un derecho, como decía el senador interpelante, que reivindica el instrumento que estamos usando hoy a los efectos de discutir temas nacionales de importancia. Pero por un doble motivo, lamentablemente, en esta conclusión no tengo esperanza de que hayamos contribuido, después de tantas horas, a dar los fundamentos, los argumentos necesarios y sólidos como para responder a las inquietudes que aquí se plantearon.

Por un lado, el senador interpelante ha repetido hasta el cansancio, durante toda la jornada y ahora en su intervención final, temas con los que, obviamente, puede estar de acuerdo o discrepar –está en todo su derecho–, pero con relación a los cuales un mínimo de respeto debería conducirlo a reconocer que hicimos el esfuerzo de contestarle.

Por otra parte, apela a argumentos que, en verdad, no tienen mucho que ver con lo que estamos discutiendo acá, como por ejemplo la soledad del presidente o el intento de profundizar fisuras en el Frente Amplio. Digo que esto es un vano intento porque es notorio y claro que en el Frente Amplio podemos tener enfoques diferentes, y los tenemos, pero todos los frenteamplistas, los que apoyamos una cierta manera de ver las cosas y los que apoyan otros criterios sobre esos temas, nos sentimos firmemente unidos en la diversidad para hacer de la unidad de esta fuerza política que ya lleva tres períodos en el Gobierno nacional, la herramienta fundamental de transformación del país. Creo que por ese camino hemos avanzado. El señor senador interpelante, particularmente en esta última intervención, desconoció eso por completo.

Cité –lo quiero recordar, aunque no las voy a repetir– un conjunto de once transformaciones estructurales e institucionales que están más allá de los procesos de su instauración y gestión, precisamente porque se encuentran en proceso, y lo dijimos con claridad. Ese es el Frente Amplio que ha empezado a cambiar el Uruguay de 2005 en adelante.

Olvidémonos por un momento del Ministerio de Economía y Finanzas, porque en verdad creo que es inútil volver sobre los temas que ya hemos contestado, no una sino varias veces durante esta jornada, porque hemos llegado a la instancia del diálogo de sordos. Repito: no se trata de decir que estamos de acuerdo en cosas en las que no lo estamos; simplemente es respetar al otro, al que piensa distinto. Se pudo decir: «Me dio una respuesta; no estoy de acuerdo con ella, pero me la dio». Sin embargo, eso no ha pasado en esta última intervención del señor senador interpelante.

Se nos habla de la soledad del señor presidente, pero él no está solo. No pensaba decir esto, pero como lo dijo el señor senador interpelante, quiero manifestar que el señor presidente, compañero Tabaré Vázquez, está rodeado por muchos compañeros y compañeras que estamos trabajando junto a él.

SEÑOR MICHELINI.- ¡Apoyado!

SEÑOR MINISTRO.- Y va a seguir conduciendo este país con la confianza que nosotros tenemos en él, con las diferencias que tenemos, con la transformación de nuestra diversidad en una diversidad creativa y, al mismo tiempo, con un resultado que reconozco termina produciendo mucha preocupación en la oposición política. ¡Eso es la unidad del Frente Amplio!

¿Cuántas veces hemos escuchado: «No está de acuerdo, pero termina votando»? Señor presidente: no hay política de calidad sin partidos políticos fuertes; no hay partidos políticos fuertes y unidos que no practiquen la democracia interna, en primer lugar; que no privilegien el trabajo programático, en segundo lugar, y que no tengan una fuerte disciplina, en tercer lugar. Tener disciplina es recorrer todos sus momentos: es discutir, es tener en cuenta las diferentes opiniones y es acatar lo que resolvemos entre todos, nos guste o no nos guste. Particularmente, muchas veces me tocó aceptar cosas que no me gustaban y algunas fueron expuestas hoy en sala, pero me pareció que más allá de mi opinión, buena, mala o regular, estaba el país y el Frente Amplio.

Asocio mucho al Frente Amplio con el Uruguay, porque la larga historia de nuestro país demuestra, al menos en las últimas décadas, que fue el partido que logró transformar al país, y eso no lo podemos negar. ¡Llevó adelante transformaciones! Que son mejorables, sin duda; que están en proceso, sin duda; que tienen problemas de gestión, sin duda. Pero por primera vez Uruguay conoció esas transformaciones con los Gobiernos del Frente Amplio, y pido que eso se tenga en cuenta a los efectos de discutir temas como los que abordamos hoy como parte de esta convocatoria.

Quiero aclarar al señor senador interpelante que no solo reconozco su derecho, sino que no estoy enojado. Tengo mucha calma, sobre todo mucha calma interior, porque esta sesión me ha convencido aún más de que estamos en el camino correcto. En lo personal, me ha convencido de que este es el rumbo y esta es la orientación que el país tiene que seguir.

Hoy alguien habló –no recuerdo quién– sobre cambio de rumbo, pero es exactamente al revés, porque el rumbo es lo que hay que mantener con las correcciones del caso en materia del instrumento. Reitero: el rumbo es lo que hay que mantener y es por eso que hoy estamos hablando de una consolidación fiscal. El uso de esta palabra no tiene razones semánticas, tiene otras razones. En primer lugar, la negativa, porque la expresión «ajuste fiscal» –que incluso a mí se me escapó en varias ocasiones y debe figurar en la versión taquigráfica– está unida a correcciones que tuvo la economía y que fueron totalmente distintas a las actuales por varias razones. Una de ellas es el tamaño de la corrección. Nosotros estamos haciendo una corrección del 1 % del producto. Yo manifesté hoy que en 1990 el Gobierno del Partido Nacional hizo un ajuste equivalente a más de 5 puntos del producto, y ahora quiero decir que el Gobierno del doctor Jorge Batlle hizo un ajuste equivalente a más de 4 puntos del producto. Por tanto, la expresión «ajuste fiscal» aparece ligada a grandes conmociones como las que estamos mencionando ahora. Hablo de grandes conmociones porque hablar de 4 y 5 puntos del producto es una tremenda modificación y transformación en la economía.

La segunda razón es que los contenidos de los ajustes fiscales que acabo de mencionar fueron totalmente distintos al que estamos planteando hoy. Comparen el contenido tributario de esos ajustes, que incrementaban los impuestos más injustos que tenía en vigencia el país, castigando especialmente gastos que eran muy sentidos por la población uruguaya. Todo eso aparece asociado a la expresión «ajuste fiscal». Por eso hablamos de consolidación, por la negativa.

Ahora, por la positiva, hablamos de consolidación porque queremos que esto sea sostenible, queremos que el conjunto de decisiones que estamos tomando en materia de gastos e ingreso público se sostenga en el tiempo y que no tengamos que repetirlo. Esa es nuestra intención política y por eso lo queremos hacer ahora y de esta manera. No podemos comparar la modificación fiscal que está proponiendo el Frente Amplio hoy con las del pasado porque no tienen nada que ver las circunstancias que las originaron, el tamaño que tuvieron, ni el contenido de las medidas. Por eso hablamos de consolidación fiscal y por eso hemos hablado de la moderación del gasto, que parece que tampoco ha tenido mayor aceptación en filas de la oposición. El Frente Amplio gastó moderadamente en comparación con los Gobiernos anteriores, y no son palabras, sino números. Utilizando una expresión del señor senador interpelante, yo no vine a escudarme en números.

Traté de poner a disposición del Senado la mayor cantidad posible, y con la mejor calidad posible, de la información que tenemos. ¡No se nos puede decir que venimos a escudarnos en números! Lamentablemente, muchas veces los números son los que fundamentan las palabras, y nosotros creemos haber fundamentado con números importantes –que parece que no se registraron o no se tienen en cuenta– que el gasto llevado adelante por los Gobiernos del Frente Amplio fue muy moderado con respecto al pasado.

Otro aspecto sobre el que no hablamos en toda la jornada –y lo quiero recordar ahora– es que en este país no solo se gastó moderadamente –sector público y privado–, sino que se ahorró. El país ahorró en todos estos años, y tuvo ahorros muy importantes. Insisto en que estoy hablando del país; no estoy hablando del Gobierno ni del sector privado. El país llegó a tener las reservas internacionales más altas de toda su historia: USD 18.000:000.000. Yo pregunto: ¿eso no es ahorro? En segundo lugar, adicionalmente, el sistema de ahorro previsional alcanzó en la actualidad a aproximadamente 20 puntos del producto. ¡Eso también es ahorro del país! Ahorro que genera recursos que el país posee como una solidez financiera, un instrumento sólido para el futuro, para realizar transiciones fiscales como las que está efectuando.

Señor presidente: se habló mucho de confianza y de credibilidad. No quiero referir estos conceptos ni a mi persona ni al equipo económico, porque los quiero referir al Uruguay. Lo que es confiable y creíble es el Uruguay, es su gente, es su sociedad. Los gobernantes no cambiamos las sociedades; las cambian los pueblos. Nosotros, como máximo, podemos proponer políticas públicas que sean coherentes con las finalidades que entendemos que se deben materializar en la práctica, y podemos estimular e incentivar a los integrantes de la sociedad para que adopten conductas coherentes con esas finalidades que perseguimos. ¡Es lo máximo que podemos hacer! Pero la confianza y la credibilidad son en la sociedad. Y Uruguay hoy es un país creíble, un país que genera mucha confianza. Además de los resultados de algunas encuestas –que importan, pero no tanto–, importan sobre todo los gestos, las decisiones que se toman confiando en el país, y no en los próximos cinco años, sino en veinte, treinta o cuarenta años hacia adelante. Eso es lo que demuestran algunas de las decisiones que hemos tomado recientemente y que han sido respaldadas por gente de aquí y del exterior.

Este rumbo es el que no debe cambiarse, es el que hay que mantener, es el que tiene que seguir persiguiendo el crecimiento inclusivo que queremos, esto es, el crecimiento con justicia, con libertad, con democracia, con tolerancia, con solidaridad, con altruismo y, naturalmente, con prosperidad, porque ese también es un valor fundamental cuando pensamos en el rumbo de un país. Esto es lo que hay que mantener y seguir buscando. Esto es el crecimiento inclusivo, que no es una mera consecuencia del crecimiento material de la producción utilizando las políticas sociales como elemento compensatorio. Las políticas sociales son reconocimiento de derechos, que por un lado combaten todo tipo de discriminaciones –de género, de generaciones, de etnias, de razas, de orientaciones sexuales– y, por otro, terminan con el asistencialismo. Eso es crecimiento inclusivo, y esa es una línea estratégica fundamental de nuestro rumbo.

También lo es la apertura, que se citó aquí en sala hace algunos momentos. La apertura del país es fundamental como estrategia, porque este es un país físicamente muy pequeño, pero con un potencial muy grande para su apertura al mundo.

Y, obviamente, otro elemento fundamental es la apuesta a la excelencia. Somos chiquitos en tamaño, pero la potencialidad que tenemos nos tiene que llevar a apostar a la excelencia, a la calidad. Lo nuestro nunca se va a jugar en términos de cantidades; sí tiene que definirse en términos de calidades.

Por todas estas razones, señor presidente, finalizo estas palabras reafirmando nuestra convicción de que la orientación que tiene hoy la política económica del Uruguay, respaldada por el Frente Amplio y, en particular, por nuestro compañero presidente de la república, es el camino que el país necesita.

Muchas gracias.

SEÑORA AVIAGA.- Pido la palabra para una aclaración.

SEÑOR PRESIDENTE.- No puedo darle la palabra, señora senadora. El acuerdo era que hablara el señor senador Larrañaga y después cerrara el señor ministro.

Léanse las mociones que han llegado a la Mesa, en el orden en que han sido presentadas.

SEÑOR SECRETARIO (José Pedro Montero).- La primera moción dice lo siguiente: «Oídas las explicaciones del Sr. ministro de Economía y Finanzas, el Senado de la república expresa su beneplácito por las mismas y reitera su total respaldo a la gestión del Sr. ministro Cr. Danilo Astori y su equipo económico». (Firman las señoras senadoras Payssé, Passada, Xavier, Topolansky, Tourné y Ayala y los señores senadores Agazzi, De León, Paternain, Martínez Huelmo, Berterreche, Pintado, Carámbula, Aristimuño y Michelini).

La segunda moción dice lo siguiente: «Los senadores abajo firmantes mocionamos para que el Cuerpo apruebe la siguiente resolución:

Habiendo escuchado las exposiciones del señor ministro de Economía y Finanzas, contador Danilo Astori, y de su equipo sobre política económica, finanzas públicas, política tributaria y tarifaria, empresas públicas, modificaciones proyectadas sobre el sistema impositivo y proyecto de Rendición de Cuentas y Balance de Ejecución Presupuestal, el Senado de la república resuelve:

Declarar insatisfactorias las explicaciones brindadas por el señor ministro Cr. Danilo Astori». (Firman las señoras senadoras Aviaga y Alonso y los señores senadores Larrañaga, Mieres, Besozzi, Bordaberry, Heber, Cardoso, Coutinho, García, Bianchi y Camy).

SEÑOR PRESIDENTE.- En consideración.

SEÑOR HEBER.- Pido la palabra para una aclaración.

SEÑOR PRESIDENTE.- Tiene la palabra el señor senador.

SEÑOR HEBER.- Tengo sobre la mesa una moción que dice «la bancada de senadores del Frente Amplio» tachado. No entiendo, señor presidente. ¿Es la bancada de senadores del Frente Amplio la que declara o es un acto fallido por escrito?

SEÑOR PRESIDENTE.- La moción dice «el Senado de la república». Usted tiene una versión anterior que fue corregida.

Si no se hace uso de la palabra, se va a votar la primera moción llegada a la Mesa.

(Se vota).

–16 en 30. Afirmativa.

Como las mociones son contrarias, no ponemos a votación la segunda de ellas.

Agradecemos la presencia del señor ministro de Economía y Finanzas, del señor subsecretario y de todo el equipo económico que nos ha acompañado.

(Consultar las presentaciones exhibidas en sala en la versión web de este Diario de Sesiones).

9) LEVANTAMIENTO DE LA SESIÓN

SEÑOR PRESIDENTE.- No habiendo más asuntos, se levanta la sesión.

(Así se hace, a las 20:39, presidiendo el señor Raúl Sendic y estando presentes los señores senadores AgazziAlonsoArgimónAristimuñoAviagaAyalaBerterrecheBesozziBianchiBordaberryCamyCarámbulaCardosoCoutinhoDe LeónGarcíaHeberLarrañagaMartínez HuelmoMicheliniMieresPassadaPaternainPaysséPintadoSaraviaTopolanskyTourné y Xavier).

RAÚL SENDIC Presidente

José Pedro Montero Secretario

Hebert Paguas Secretario

Adriana Carissimi Canzani Directora general del Cuerpo de Taquígrafos

Control División Diario de Sesiones del Senado

Diseño División Imprenta del Senado

https://legislativo.parlamento.gub.uy/temporales/20160804s00269144451.html#

…///

Saludos,

Cr. Darío Abilleira

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