James Heckman, Invertir en la infancia es más rentable que invertir en acciones. La Habilidad y las Capacidades son también Capital Humano. Invertir en ser mejores padres y cónyuges.


La pobreza es más que falta de educación‘: James Heckman

Invertir en habilidades

La inversión en ser mejores padres y mejores cónyuges impacta en el capital humano del niño desde que está en el útero materno.

jun 1 2015

Unos meses atrás, David Figlio, investigador de Northwestern University, publicó en American Economic Review un estudio que mide el impacto del peso al nacer sobre las habilidades cognitivas del niño: «The Effects of Poor Neonatal Health on Childrens Cognitive Development (2014)». Existe un rol positivo para las políticas que procuran mejorar el entorno del nacimiento: para tener efecto sobre el capital humano acumulado del niño, hay que apuntar a los padres desde el primer momento de la concepción.

Apuntar a los padres

En los comienzos de la investigación en esta área, el énfasis estaba en el capital humano que acumulaban los niños en su educación formal. Recientemente, el interés ha ido cada vez más hacia las etapas anteriores: al preescolar, y ahora incluso al medio ambiente del niño cuando está en el útero materno. Ya hoy se cuentan por decenas los estudios que miden el impacto del consumo de alcohol, cigarrillos, drogas, etc. de la madre que está gestando, sobre las capacidades que desarrollan los niños. Algunos investigadores se han servido de epidemias para estudiar el efecto sobre el niño de enfermedades que sufre la madre en el período de gestación (Douglas Almond, profesor de Columbia University, publica un estudio en el Journal of Political Economy sobre la exposición a una epidemia de gripe que sufren mujeres que están gestando y el efecto sobre el capital humano de sus hijos).

James Heckman, premio Nobel de Economía, laureado por sus investigaciones en los procesos de desarrollo de habilidades, resumía —en un artículo publicado también en American Economic Review— los recientes descubrimientos en materia de formación de capital humano. Señala que «la familia juega un rol clave en la formación de las habilidades de los niños a través de la genética, de las inversiones que hacen los padres en sus hijos, y del medio ambiente que eligen para sus hijos«.

Heckman está vivo.

Frente a los modelos simplistas que pretendían explicar la acumulación de capital humano considerando la niñez como un período homogéneo, Heckman construye un nuevo modelo, ampliamente aceptado actualmente por investigadores y educadores. Su modelo recoge lo que hoy es evidencia indiscutible: a) que la influencia de los padres es un factor clave para explicar el desarrollo de los niños; b) que hay que distinguir las inversiones en capital humano que se hacen en los primeros meses de vida respecto a las inversiones en la niñez más tardía (no son inversiones que tranquilamente se puedan omitir en un período y compensar en otro); c) que esas inversiones impactan no solo en factores cognitivos sino también en no cognitivos (perseverancia; motivación; aversión al riesgo; autoestima; autocontrol; preferencia por el ocio); d) que la dicotomía talentos-habilidades es engañosa: no existen rasgos meramente heredados sino que talentos y habilidades son maleables y están estrechamente interconectados; f) que la distinción «nacer vs. hacerse» es obsoleta.

Señala Heckman que el capital humano que acumula un niño o adolescente va a ser el fruto de tres factores: las condiciones en la que nazca (educación de los padres, medio ambiente del hogar, carga genética), la inversión que realicen los padres en capital humano cuando sus hijos tienen escasos meses de vida, y la inversión que hagan los padres cuando el niño es más grande o incluso adolescente.

Existen momentos claves en la vida de un niño, donde la ausencia de inversión de los padres tiene efectos enormes y son difíciles o costosísimos de remediar con inversiones futuras. Heckman cita ejemplos que avalan esa afirmación: si un niño aprende un nuevo idioma antes de los 12 años, es más probable que hable sin acento; si las reglas de sintaxis y gramática no se aprenden en los primeros años de educación, es muy difícil que lo adquieran después; un niño que nace con una catarata quedaría ciego si no se remueve la catarata en el primer año de vida. Cuanto más se tarde en aplicar el remedio a un niño que se encuentra en una situación desfavorable, menos efectivo será el remedio.

Los programas educativos que se aplican a adolescentes para combatir los déficit cognitivos que se adquirieron cuando eran niños pequeños han resultado ineficaces en su mayoría o altamente ineficientes (una asignación enorme de dinero para conseguir unos resultados magros).

Inversiones

¿Es suficiente con invertir cuando son pequeños o incluso no nacidos? Señala Heckman que la inversión a temprana edad es necesaria pero no suficiente. La inversión en los primeros años de la niñez demanda que se invierta también en la niñez tardía o adolescencia. El programa Head Start aplicado en Estados Unidos y dirigido a mejorar la capacidad de lectura de niños en situación vulnerable evidenció que no es suficiente concentrar únicamente las inversiones cuando son pequeños: luego de que esos niños dejaron el programa y volvieron a sus ambientes vulnerables, lo que se había ganado en términos de capacidad de lectura se hizo luego inexistente. En términos técnicos, la inversión en los primeros meses de vida y la inversión en la adolescencia no son bienes «sustitutos» sino «complementarios».

No solo las capacidades cognitivas que se desarrollan cuando niños impactan en sus logros cuando son adultos. También juegan un rol clave las habilidades no cognitivas como el autocontrol, la motivación, la capacidad de superar obstáculos o de levantarse luego de las caídas.

El medio ambiente del hogar y las inversiones que hagan los padres determinan en gran medida el capital humano que tendrán sus hijos cuando dejen de ser niños. ¿Reciben los padres, a manera de herencia, todas las cualidades para ser buenos padres y buenos cónyuges? ¿No tendrán que invertir en aumentar su capital humano para ser mejores padres y mejores cónyuges? Es paradójico ver cómo una persona se puede dar cuenta de que necesita saber más finanzas para mejorar su negocio e invierte tiempo y dinero en formarse, pero al mismo tiempo esa persona piensa que ser buenos padres y buenos cónyuges es algo innato, genético, heredado, no maleable, y por tanto piensa que no necesita mejorarse.

Ahora es el momento

La expansión —casi universalización— de los programas dirigidos a la temprana infancia en todas las capas sociales de Uruguay, nos hace estar en una ocasión única para que gobernantes y educadores diseñen intervenciones dirigidas a aumentar el capital humano de los padres que concurren a sus CAIF o Preescolares, para ser mejores padres y mejores cónyuges (cursos de orientación familiar, de amor matrimonial para parejas recién constituidas o para aquellos cónyuges que ya cuentan por decenas los años del hogar que formaron, de padres con hijos pequeños o hijos adolescentes o hijos que ya formaron otro hogar). Así como hay conocimiento científico y evidencia empírica acerca de cómo aumentar el capital humano de los niños, también existen fundamentos serios para mejorar como padres y como cónyuges. ¿Cuánto está invirtiendo usted en esto?

Siempre se puede decir: ¡ahora comienzo!

artículo de Alejandro Cid

http://www.elpais.com.uy/economia-y-mercado/invertir-habilidades-capital-humano-menores.html

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El premio Nobel de Economía vuelve a viajar a Estados Unidos

Estocolmo / Chicago, 12 OCT 2000

Dos economistas estadounidenses, James J. Heckman y Daniel L. McFadden, de las universidades de Chicago y California, obtuvieron el último Premio Nobel de Economía del siglo XX. El galardón reconoce sus estudios sobre microeconomía y estadística, basados en el comportamiento individual y familiar de las personas. Sus trabajos han hecho posible, por ejemplo, calcular el efecto que un prolongado desempleo puede tener en las posibilidades de una persona para conseguir otro trabajo, o el impacto de las diferencias salariales entre hombres y mujeres.

La motivación de la Academia de Ciencias de Suecia establece que el premio se otorga a James Heckman, de 56 años, «por su desarrollo de la teoría y método para el análisis de ejemplos selectivos», y a Daniel McFadden, de 63 años, por «su desarrollo de la teoría y método de análisis de elecciones adecuadas».Las aportaciones de ambos laureados tienen una utilización muy amplia en el análisis estadístico, de individuos, de la vida familiar, de las empresas y en otras áreas de las ciencias sociales. El aumento del acceso a la microinformación ha permitido estudiar empíricamente una serie de nuevas cuestiones; por ejemplo, qué factores intervienen y determinan en un individuo la elección de un trabajo y cuántas horas le dedicará, o de qué manera influyen los factores económicos en la elección de sus estudios, profesión, lugar de residencia, así como los efectos que sobre los ingresos y la ocupación tienen los distintos mercados laborales y programas de formación.

Los dos economistas premiados han dado respuesta a éstas y otras interrogantes resultantes del análisis estadístico, desarrollando métodos de sólida base en la teoría económica y en su relación con importantes cuestiones prácticas de las ciencias sociales. Así que puede decirse que Heckman y McFadden han hecho escuela tanto en la economía como en las ciencias sociales.

Heckman ha demostrado cómo pueden solucionarse problemas parecidos; por ejemplo, la evaluación de la influencia del tiempo en que un individuo ha estado en situación de paro y en sus posibilidades de obtener un trabajo. Este economista es pionero en lo que respecta a la investigación en este campo. La microinformación refleja a menudo la denominada elección selectiva. Datos sobre la profesión o el lugar donde viven las personas revelan, por ejemplo, que ellas han hecho una elección entre pocas posibilidades.

Teoría útil

McFadden es el teórico que ha desarrollado nuevos métodos estadísticos que tienen una decisiva influencia en la investigación empírica. Sus trabajos han sido utilizados, por ejemplo, para desarrollar el transporte público en la ciudad de San Francisco y para determinar inversiones en las redes de comunicación y en el alojamiento de personas de la tercera edad. Durante los años sesenta, McFadden ya había diseñado un método para la cuantificación empírica de la producción técnica y su relación con los factores detrás de la demanda por parte de las empresas, de capital y la mano de obra. Los dos nuevos Nobel expresaron ayer su sorpresa por el reconocimiento a sus trabajos y ambos emplearon la palabra «útil» para definir el resultado de sus investigaciones. Heckman se considera joven para el Nobel. «La vida puede ser injusta. Hubo gente que lo merecía que murió sin recibirlo», comentó. «No estoy diciendo que yo me lo mereciera, pero estoy encantado de haberlo recibido». Luego agregó: «Espero que sean útiles mis estudios sobre programas sociales para evaluar cómo funcionan actuaciones del tipo de la discriminación positiva y la formación para el trabajo».

En la universidad descorcharon ayer el champaña, una tradición repetida prácticamente cada año en Chicago, donde la universidad homónima, un centro privado, tiene ya 72 premios Nobel entre profesores, antiguos alumnos e investigadores, 20 de ellos en el campo de la economía. La ciudad acogió el galardón como una rutina. Los informativos de radio y televisión seguían a media mañana dando preponderancia a la información sobre la mejora del tiempo, tras unos días invernales.

Los dos galardonados son amigos y colegas y han intercambiado ideas a lo largo de 30 años. Se vieron por última vez el mes pasado. Heckman considera a McFadden un maestro: «Gran parte de mi trabajo está basado en sus modelos».

El profesor de Berkeley, universidad pública, abundó en la idea del compañerismo y la complementariedad de sus investigaciones. «Nuestros trabajos están muy relacionados y en cierta medida evolucionaron en paralelo», dijo ayer. «La idea común es emplear la teoría económica para estudiar la conducta individual. Lo que hice a partir de los años sesenta es relacionar la teoría económica del interés personal, que rige la actuación económica, y aplicarla a las grandes decisiones de la vida: cuándo casarse, cuántos hijos tener, en qué trabajar».

El premio Nobel de Economía es el único que no fue instituido por el magnate y filántropo sueco Alfred Nobel, sino que lo creó en su memoria el Banco de Suecia en 1968. Está dotado con un millón de dólares (191 millones de pesetas), que será repartido entre ambos premiados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de octubre de 2000

Artículo de: Ricardo Moreno y Ricardo Martínez De Rituerto

http://elpais.com/diario/2000/10/12/economia/971301624_850215.html

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Premio a la economía social

12 OCT 2000

La primera característica común que resaltaría de James Heckman y Daniel McFadden es que se trata de humanistas con una preocupación genuina por la resolución de problemas sociales y no de aficionados a la técnica por la técnica.Otra característica notoria es su afán por explotar la ingente masa de información estadística de la que disponemos hoy en día sobre las circunstancias de los hogares, así como las posibilidades de hacerlo que ofrecen los ordenadores modernos, a fin de estudiar empíricamente las decisiones individuales y la efectividad de las políticas públicas.

En tercer lugar Heckman y McFadden han proseguido este afán con extraordinaria originalidad y calidad científica. Esto ha hecho que se cuenten, junto con Zvi Griliches y G. S. Maddala, fallecidos en 1999, entre los que han influido más, tanto en sus métodos como modos de pensar, sobre varias generaciones de economistas e investigadores sociales en todo el mundo.

Los galardonados son economistas, pero el ámbito de sus preocupaciones y métodos trasciende lo estrictamente económico, por lo que su actividad nos resultaría igualmente familiar y pertinente desde el punto de vista de la sociología, de la psicología social o de la ciencia política.

James Heckman ha sido descrito por la Academia Sueca como el investigador líder mundial en la evaluación de políticas laborales y educativas. Su trabajo ha tenido por objeto dar respuesta empírica a cuestiones como cuál es el impacto de la participación en un programa de formación profesional sobre las oportunidades de empleo o los salarios posteriores.

Incluso con información abundante, la respuesta a este tipo de cuestiones es difícil porque en economía carecemos de datos experimentales, o incluso teniéndolos estos pueden no ser adecuados. Por ejemplo, en las encuestas se suele observar que salarios más bajos van asociados con tasas de participación en cursos de formación más altas. ¿Quiere esto decir que el efecto de la política es reducir los salarios? Desde luego que no. Lo que ocurre es que los trabajadores menos aventajados suelen tener mayores incentivos a formarse, y su desventaja se refleja tanto en salarios más bajos como en tasas de participación en cursos más altas. Heckman ha caracterizado este efecto de autoselección y sus implicaciones para las posibilidades de evaluar empíricamente las políticas sociales.

Para dar una muestra de la importancia de sus resultados es mejor darle la palabra al propio Heckman (lo cual, dicho sea de paso, le encanta): «Toda la evidencia disponible apunta al gran valor a largo plazo de aumentar la formación y la educación de los más jóvenes. (…) La formación trae consigo más formación; el aprendizaje temprano promueve el aprendizaje posterior. La inversión en educación de los más jóvenes proporciona una rentabilidad social mucho mayor que la inversión en los quinceañeros o en los adultos de mediana edad. (…) Con los trabajadores adultos, la situación es más compleja. Las políticas para mejorar la formación pueden ayudar, pero mi investigación y la de otros demuestra que tales políticas son muy costosas, incluso si se dirigen a jóvenes con bajas cualificaciones, y ciertamente si se dirigen a trabajadores más maduros. La rentabilidad económica de la formación para estas personas es tan baja que una política más útil sería subvencionar su empleo. Los empleos subvencionados ofrecen una alternativa atractiva a otro tipo de subsidios: promueven empleo, integran a los no cualificados en la economía, y les proporcionan a ellos, a su entorno, y a sus hijos la dignidad y el beneficio social del trabajo«.

Daniel McFadden ha contribuido decisivamente al desarrollo de los métodos para el análisis de decisiones discretas, combinando magistralmente la teoría económica y la observación empírica. A menudo los economistas estudian decisiones continuas: cuánto gastar o cuánto ahorrar. No obstante, algunas de las decisiones más importantes que tomamos en nuestra vida son decisiones discretas: elegir estudios, ocupación, pareja, tener hijos, comprar una vivienda. McFadden ha estudiado numerosos problemas sociales de este tipo. Por ejemplo, las decisiones sobre el transporte urbano: ¿De qué depende que nos desplacemos a trabajar en coche propio o en transporte público? ¿Cuál es el efecto de un nuevo túnel urbano sobre la demanda de transporte? A los responsables del tráfico en Madrid les convendría comprender el sentido de los estudios de McFadden al respecto. Daniel McFadden también ha destacado por su interés en la economía medioambiental. Ha contribuido a la estimación del valor de los recursos naturales y a la medición de los daños ecológicos sobre la costa de Alaska producidos por el desastre petrolífero de 1989.

Los trabajos profesionales de Heckman y McFadden pueden resultar incomprensibles para el no especialista. Los problemas son complejos y su empeño está en ir más allá de los trazos gruesos. Pero no se dejen engañar, tipos como Heckman y McFadden son muy útiles a la sociedad. Por eso el que hayan sido galardonados es una buena noticia de la que debemos congratularnos.

artículo de Manuel Arellano; es profesor de Econometría del CEMFI.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de octubre de 2000

http://elpais.com/diario/2000/10/12/economia/971301625_850215.html

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